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Núrn, 70 ABC PENAL. PRISIÓN AFLICTIVA DE E STABLEC 1 MIENTO MELILLA El establecimiento en el cual se alberga la población penal de Melilla es digno de visitarse. Da entrada al edificio una puerta de regulares dimensiones, con gruesos remaches, y en la parte superior de la cual se lee el odia el delito y compadece al delincuente pasada esta puerta encuéntrase el rastrillo, en el que prestan servicio día y noche dos cabos presidiarios para vigilar la salida, siendo á su vez vigilados por los celadores de servicio desde el próximo cuarto de guardia. Abrense las puertas del Establecimiento al amanecer á presencia del mayor ó del ayudante, que tienen las llaves durante la noche, y sucesivamente se van abriendo también ¡os dormitorios, dándose principio á las faenas de limpieza después de pasada la lista y de comprobarse que no falta ningún penado. Los dormitorios, que no reúnen todas las buenas condiciones de higiene que sería de desear, se componen de una larga sala que lleva un poyo corrido á todo lo largo de las dos paredes más largas y que hace las veces de colchón, extendiéndose sobre él el petate de cada uno de los presos que, a! toque de diana, le recogen y cuelgan después de arrollado en una percha situada á conveniente altura. Precédese después á la distribución del desayuno, consistente en un vaso de café, y acto seguido se distribuyen las conducciones. Llámanse así á los grupos de presos más ó meros numerosos que trabajan en una misma obra; asígnanse á cada una los soldados de escolta (pertenecientes a los cuerpos de la guarnición) que han de responder de ellas, y salen aquéllos al trabajo hasta la hora de distribuir el primer rancho, que suele UN DORMITORIO Es de notar que en un Establecimiento como el presidio de Melilia, que encierra algunos cientos de penados, todos ellos por graves delitos, hasta el punto de haber quien por diferentes condenas reúne tres cadenas perpetuas y varios años de presidio, que hacen un conjunto de ciento y pico de años, rara es la vez que se registra una pendencia ó una evasión. Desde hace gran número de años, ni un solo presidiario ha intentado fugarse de la prisión. Esto, unido á la calidad del rancho y á la limpieza, higiene y buen trato que en el interior se observa, habla muy alto en pro de la buena administración y el celo del Mayor del penal, secundado por el ayudante y por el personal de celadores, especialmente los últimos, que desempeñan un penoso servicio día y noche. Dentro del penal, pocos son los que se dedican á trabajos manuales, pues casi rodos procuran salir á los del exterior, que por todos conceptos les son más productivos; sin embargo, algunos hacen calceta ó dibujos en cartulina con sedas de colores, que van colocando con un punzón sobre la superficie engomada y dibujada de antemano, operaciones que requieren gran paciencia. ENTRADA AL ESTABLECIMIENTO ser á las diez de la mañana. A esta hora precisamente llegamos al Establecimiento, presenciando la distribución, que se hace á la vista del ayudante. Compónese el rancho de la ración de etapa, ó sea solamente de tocino, garbanzos, sai, aceite, pimentón y vino, pudiendo los que cuentan medios para ello, comprarlos comestibles que deseen, que son intervenidos á la entrada, siendo lo más corriente que después de recibir el rancho lo refrían por su cuenta. Semanalmente acude al Establecimiento el pagador del Cuerpo de Ingenieros, el cual, á presencia de los empleados del mismo, satisface á cada uno los jornales devengados durante los seis días anteriores, por trabajos en obras oficiales ó de fortificación; los trabajos de otra índole los cobran independientemente. Después que han comido los presos su ración, salen de nuevo las conducciones al trabajo, regresando á las cinco de la tarde; á esta hora comen los reclusos el segundo rancho; después se pasa lista en los dormitorios, se cierran éstos, y al anochecer ciérrase también la puerta principa quedando las llaves en poder del teniente- ayudante que presencia el rancho. SALID. DE UNA CONDUCCIÓN A LOS TRABAJOS Fots. R Desde las columnas de A B C damos las más expresivas gracias ú todos los empleados, y en especial al eapitán y teniente, mayor y ayudante, que con tanta galantería nos ayudaron en nuestra misión informativa. TEODORO F DE CUEVAS. DEL CAMPO: INVERNAL TJASÓ el verano con sus romerías y con sus ferias, donde los lugareños bien supieron gozar de aquellos solos placeres que la unicromía de su vivir les reserva. Llega ya el invierno: un invierno de perennes lluvias y huracanes agrios que obligan á for- zosa holganza. El campesino gallego ama las peregrinaciones de toda suerte, viendo en ellas, aunque sin conciencia de su visión, algo necesario á la sangre nómada que heredó de sus abuelos. Y así, cuando los caminos se encharcan, cuando oye el ulular del aire en sus campos y el batir de la lluvia sobre los vidrios de su choza, maldice el invierno, sin recordar que no hace mucho lo esperaba como la sola recompensa de una labor bien dura. Porque aquellos. meses de sol, de sol alegre como una sonrisa; aquellos meses que llenan el aire de aromas, que llenan de romeros las veredas y casi no dejan nieve en las cumbres, son meses de hambre, meses desolados y dolorosos para el campesino humilde, á quien sus siegas no dan nunca el pan de todo el año. Los siervos del terruño viven muy tristemente en cualquiera suerte de épocas. Sin embargo, durante ésta, yo creo su vida más fácil de llevar. Hecha le recolección, el invierno les brinda un descanso de meses, aunque las lluvias y las ventiscas no dejen apenas salir de la choza. Y con sus días grises, llenos de melancolía, preñados de saudades, es propicio á las veladas largas en el amor de la lumbre, donde se oyen consejas de sabor arcaico: consejas narradas en voz sombría, susurradora y queda, por alguna anciana, cuyos cabellos blancos las llamas encienden con su resplandor. Pocas cosas tendrá la siempre hermosa vida del campo que me sean tan amables como estas reuniones, quizá por su carácter hondamente primitivo. En ellas todo me habla de otras costumbres, de razas muertas, de una edad ya muy lejana. Los aldeanos de mi país no ven sólo en el fuego algo necesario á la vida; parecen concederle aún rango de cosa sagrada, obedeciendo la milenaria opinión de los vedas, que lo creían un dios. Y en su presencia no se habla de nada impuro: sólo se refieren ¡as leyendas aldeanas, ya llenas de albo candor como audiciones de ensueño, ya henchidas de solemnidad grave como ecos de pesadilla. Son siempre historias de grandiosidad humilde ó tétrica. A veces la voz de la sabedora parece llena de maleficio. Se hace brusca y habla íe lances macabros, de encuentros en la noche con brujas y con duendes. La pa- REPARTO DEL RANCHO Los presos que por su buena conducta se hacen acredores á ello, disfrutan de libertad dentro del recinto, dedicándose á diversos trabajos, todos, ellos remunerados, con el producto de los cuales hay quien llega á reunir un modesto capital. Los presos que noinspiran gran confianza, salen siempre acompañados de! soldado escolta, que con su fusil y su sombrero de palma les sigue constantemente como una sombra. Por último, los de pésima conducta permanecéis encerrados dentrodel Establecimiento, bien en los dormitorios, dedicados á las faenas de limpieza, bien en estrechos calabozos ó en los subterráneos, amarrados en blanca, castigo que consiste en una esposa empotrada en la pared sujeta por el ¡chillo a! corrigendo. Rara vez suele hacerse uso de este medio extremo, y sólo con aquellos presos que constituyen por el momento un peligro, á causa de su carácter díscolo y pendenciero. Este castigo los vuelve pronto sumisos y obedientes.