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St AÑO UNO. NUMERO 69 XRÓNICA BISEMANAL ILUSTRADA, POR LOS TEATROS p S P A Ñ O L MARIUCHA La personalidad lite raria de Pérez Galdós es de las que imponen respeto muy profundo en el ánimo que se dispone á juzgar de una parte cualquiera de su inmensa obra. Diríase que, para el intento crítico, sentimos mermada la libertad en una no escasa parte que se llevan siempre la admiración, el prestigio de la personalidad, la abrumadora grandeza y hermosura de una obra ¿n que se ofrecen juntas dos cualidades inestimable- la extensión y la intensidad. Pérez Galdós lleva la aureola triunfal de los creadogico poder del dinero en la sociedad moderna, El dinero es como el agua, que lo limpia todo, á condición de venir de claros manantiales. El trabajo es la regeneración, pero el dinero es la libertad. Y he aquí que los humildes, los desposeídos, los náufragos de la sociedad, los expulsados de ella por la desgracia ó por el código, pueden volver regenerados, libres, fuertes, con medios de defensa adquiridos en la suma tenaz de esfuerzos, de voluntad, de esperanzas y hasta de átomos... Ha querido el autor envolver su pensamiento, nacido de una tendencia generosa que viene á ser el espíritu de todas sus producciones, en formas sencillas y caseras; y es forzoso acudir á donde el autor nos llama, porque Sé MADRID, 17 DE NOVBRE. DEi 9 o3 NÚMERO SUELTO, 10 CÉNTS efc Los Ayacuchos hay una página admirable de realidad y de ternura. Dos amantes que luchan con obstáculos creados por la familia, se juntan una tarde bajo cierto árbol secular, en presencia de un cura que es su confidente. Allá me dirigí por entre viñas lozanas y no tardé en ver á Demetria, que en pie me esperaba guarecida del sol bajo un árbol. ...Unos pasos más y advertí que no estaba sola. Vi á su lado un objeto obscuro que me pareció tronco de un árbol. Otro paso, y vi que era un clérigo... No me causó pena ver un sacerdote en compañía d: mi presunta esposa. Parecíame que el cura alzaba ya la mano para echarnos la bendición... m MARIUCHA ACTO 5. ESCENA FINAL DE LA OBRA Fot. Muñoz de Bacila MARÍA (Sra. Guerrero) LEÓN (Sr. Díaz de Mendoza) DON RAFAEL (Sr. Cirera) DON RAFAEL: ¡Juventud! ¡aquí! res. Ha creado sociedades, hombres y símbolos. Y vi- puestos en distintos planos la obra y quien va á fingirla, vas aún- -acaso siempre- -algunas de sus creaciones por- difícilmente convendrían en acertado juicio. Ese sabor casero y de vida corriente, da á toda la obra tentosas, es difícil, mejor dicho imposible, sustraerse á la influencia admirativa de su prestigio, de su significa- una sensación de placidez casi infantil que, sin embargo, no interesa hondamente al público; no lo subyuga; no lo ción y de su renombre. El gran público que ha juzgado á Mariucha tuvo reúne en la ignorada vibración del entusiasmo. Hay pensamiento amplio y humano; hay artística senque sentir fatalmente la inexcusable solicitación de aquella influencia. Y esto, unido á la bondad moral del pen- cillez en su desarrollo teatral; hay realidad en muchas samiento encarnado en los moldes teatrales, produjo el figuras; hay pureza en el lenguaje; hay luz en aquel cuaéxito, que, ni se puede negar, ni tampoco sería pruden- dro. Pero falta algo, el quid dramático; la llavecita de te elevar á la categoría de lo decisivo. De obra tan cono- oro que abre las puertas del alma en un momento que no cida, sólo- puede darse alguna impresión de su estreno se sabe cuál es, y que rinde y avasalla la voluntad y la conciencia. en Madrid. Harto juzgada viene de las provincias. Acaso el mismo Pérez Galdós nos lo explique. En Como Balzac, ha comprendido Pérez Galdós rel trá ¿Para qué estoy aquí, para qué soy tuyo en cuerpo y alma? Una vez presentado, retiróse el presbítero sin añadir palabra, con delicada y oportuna discreción, y nos dejó abandonaditos bajo la espesa verdura de los álamos. Marido mío, adiós, hasta luego, hasta muy luego. Date prisa... Me entraron ganas de correr detrás del coche gritando: Mujer, mujer mía, detente... vuelve atrás... Estamos borrachos de ideal, de ese insano bebedizo que me has dado. ¡Desemborrachémonos... casémonos! La escena primera del cuarto acto de Mariucha es la culminante, la que anuda el drama, la que decide el conflicto. Dos amantes que luchan con obstáculos creados por