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Núm. 67 t ABC Pág, ENTRADA DEL ASl LO R íNCOMES DE MADRID. EL DEL NORTE ASILO Aunque exteriormente aparece con todos los caracteres de una institución modelo EL UNJCO edificio donde las autoridades madrileñas albergan á los pordioseros y vagabundos, oculta en su interior tantos horrores y miserias; tiene tan pésimas condiciones higiénicas, que merece muy mucho sea el principal objeto de la atención pública. Es indigno, vergonzoso y abominable hasta más no poder que en la capital de España, en nuestra tan cacareada villa y corte, que debía presumir de ciudad moderna, exista un solo depósito de mendigos, y para eso ün depósito donde se cobijan cerca de doscientas personas en habitaciones construidas nada más que para ciento, y que, sirviendo únicamente de Asilo nocturno, se haya convertido de buenas á primeras en diurno, ó por mejor decir, en sempiterno; pues los que en él ingresan, con sobradísima razón, difícilmente lo abandonan. ¡Es tan grata la bazofia gratuita! En el Asifo del Norte hay tres naves, de las cuales una está destinada á los hombres, otra á las mujeres y otra á los chicos. Todas estaban repletas de huéspedes el día en que lo visitamos. En la de mujeres, á fuer de camas, vimos tan sólo tres ó cuatro tableros. (Los restantes se habían tenido r que arrancar y quemar por haberse infiltrado de pededumbre y de miseria. Los pobres duermen allí unos sobre otros; la cabeza de un tinoso tiene que descansar á veces sobre el cuerpo del que está sano, y como dijo muy bien Cerezo Irizaga, la lepra y la sarna se confunden en estos recintos satánicamente con las enfermedades secretas para formar un todo asqueroso y terrible, amenaza constante de violentas epidemias que aún no han estallado, gracias al Sumo Hacedor. Las techumbres son todas de zinc (últimos modelos para verano) y patios hay dos, si patios merecen llamarse aquellos inmundos callejones. Tienen de ancho metro y medio escaso y, como muestran las adjuntas fotografías, las asiladas están en ellos como sardinas en banasta DURANTE TODO EL DÍA, por serlos únicos rincones del edificio donde se respira un relativo aire puro; y digo un relativo aire puro recordando que en el patio de los hombres existe un mal oliente pozo negro, que sólo se desocupa de ocho en ocho días. Cuando visitamos el Asilo apenas si lo pudimos ver con detenimiento; el hedor de aquellas gentes, medio desnudas ó desnudas completamente, y la gran temperatura de los pabellones, tiraba de espaldas. (El edificio- -conviene advertir- -tiene agua corriente que serviría para el aseo de los suelos, único lecho de los pobres; pero... hay que economizarla si se quiere limpiar con frecuencia el pozo negro. En el pabellón de los golfos encontramos á un grupo de tatuados. Mi fotógrafo, entusiasmadisimo por el hallazgo, los enfocó en seguida. Tuvo razón al asombrarse, porque, á decir verdad, pocos casos existen en el hampa tan curiosos como aquéllos; individuo había que sobre sus carnes ostentaba un verdadero Museo de pinturas. EN EL PATIO DE HOA 1 BRES El encargado del local, Pedro Notario, es una persona en extremo agradable. no diré en cuál, porque esto no es reclamo) y alfombra Cuenta horrores de los recluidos, y gracias á su labo- unos cuantos metros del empedrado con otros tantos metros de tela ordinaria y sufrida. Encima de la tela coloca con cierta simetría grupos de camisetas, calzoncillos, calcetines, chambras, refajos y toda clase de prendas interiores (géneros de punto) de señora y de caballero. Y comienza la faena, n qué consiste su originalidad? En lo -que dice y en cómo lo dice, en que insulta despiadadamente ¡así como suena! a 1 numeroso público que se reúne en torno de su mercancía. Su voz es extensa, amplia, campanuda, pastosa, bien timbrada... y la maneja admirablemente. Sin que se sepa por qué (nadie ¡e da el menor motivo para ello) pone el grito en ú cielo, se muestra enfadadísimo, y desde el principio al fin de su discurso, ni deja de gritar desaforadamente, ni de denostar á los que pretende que sean sus compradores. Y- ¡cosa rara! -vende bastante y nadie se incomoda con él ni le lleva la contraria. Parece como que posee el don de sugestionar á sus oyentes ó que, por redaños, se impone á la multitud. kfo bien ha terminado su instalación, emLAS MUJERES DEL ASILO pieza á gritar con voz potente é imriosidad y amor á los pobres, ha evitado infinidad de perativa, sacudiendo el brazo derecho, fulminando centellas con la mirada y poniendo gesto avinagrado: sucesos desagradables. Fundó el Asilo del Norte el marqués de Santa Ana, y repitiendo lo que anteriormente dije, por ser de capitalísimo interés, los herederos de este filántropo cediéronlo al Ayuntamiento con la precisa condición de que sólo sirviera de asilo de noche, por sus circunstancias especiales, limitando, además, á cien individuos los que en él se refugiaran; pero el Cabildo municipal, que acostumbra á no respetar nada, juzgó conveniente convertirlo en Depósito de mendigos... En la actualidad aloja ciento ochenta personas. Esto me parece el colmo. Antes que verse allí, es preferible cien mil millares de millones de veces que merodeen en las vías públicas forzosa ó voluntariamente, por necesidad ó por vicio, los mendigos madrileños. Aquello no es la casa de los pobres, sino la casa de los microbios. Quien lo ponga en duda puede darse un paseito hasta los Cuatro Caminos, y allí, en la Ronda de Aceiteros, lugar de acción de la presente crónica, se convencerá plenamente. EDUARDO G. G E R E D A N OTAS MADRILEÑAS. GÉNEROS DE PUNTO Es único, típico y genial. Debe tener los pulmones de acero, la garganta de cobre, la lengua de caoutehouc... y ser todo él de la materia más resistente que se conoce. Entre los oradores ambulantes es sin duda el que tiene más público. Lo que prueba que, en ese como en todos los ramos del arte, el público está ávido de novedad y de originalidad y acude presuroso adonde las encuentra. Desde las siete de la mañana hasta la una de la tarde, se sitúa en medio de una plazuela de los barrios bajos GRUPO DE ASiLADOS OSTENTAN TATUAJES EN EL CUERPO GRUPO DE GOLFOS Fotografías Ayllíin EN UNO DE LOS PATIOS DEL ASILO