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Pág. 2 CHARLA FEMINISTA 1 A emancipación femenina se inicia. E! bello sexo- sa! cude el yugo que los hombres le habíamos impuesto y busca su dignificación en el ejercicio de las profesiones varoniles. Las damas inglesas estudian las ciencias y las artes, asisten á las Universidades, y poco á poco van recabando su intervención en la vida política. Las neozelandesas, nuestras antípodas, á cuyos pies, como es natural, me pongo, ejercen el derecho de sufragio en las mismas condiciones que los hombres. De día en día crece en Rusia el número de médicas, ingenieras y literatas. Las ladys norteamerieanas cultivan todos los deportes y oficios varoniles como cualquier míster, y fundan poderosas asociaciones encargadas de mantener sin menoscabo los derechos femeninos contra cualquier atentado. En Francia, en Alemania, en todas partes se alza la voz de la mujer reclamando sus indiscutibles prerrogativas. En España, en cambio, la reacción es tibia, tranquila; ¡a emancipación lenta... mejor aún, pesante, según el tecnicismo musical. Aquí, fueia de los oficios de institutrices, matronas v ABC Las aficiones matrimoniales tienden á desaparecer como ía forma poética. ¡Dios nos tenga de su mano á ¡os solteros! Lo malo es que, cerrada la Vicaría, ¿qué recurso les queda á las mujeres españolas para labrarse un porvenir decoroso? Los españoles, á pesar del caballeresco culto que á la mujer rendimos, tan cacareado por las historias, hemos sido implacables con el bello sexo. Le hemos negado y le negamos una educación amplia y moderna, le hemos secuestrado hermosos derechos, como si la Naturaleza no hubiera dotado á la mujer de corazón, de cerebro, de alma. Reconocemos en la mujer aptitud para gobernar un pueblo, y la incapacitamos para gobernarse á sí misma. La declaramos responsable de sus actos, y fiscalizamos su iniciativa. Es libre y la hemos esclavizado; de ella recibimos los gérmenes de nuestra cultura, y le negamos una educación completa. Pero los tiempos varean; el feminismo se impone. Nuestro deber es elevar el nivel intelectual de las mujeres, pertrecharlas de medios de vida, hacer nuestra compañera de la que fue nuestra esclava. Núm. 66 El ejercicio físico en los niños l eben ir los niños al gimnasio? ¿Debe ejercitárseles er los juegos corporales al aire libre? Estas preguntas se hacen y nos hacen muchos padres de familia, indecisos y dudosos en cuanto se refiere á la educación física de los pequeños. Aún subsiste entre muchas gentes la creencia vulgarísima de que la educación del desarrollo muscular, es decir, de la fuerza física, es en detrimento del desarrollo intelectual del niño. Y es que no ven en el desarrollo de los músculos más que al hércules de circo, al titiritero de feria, debiendo antes ver al hombre sano, al hombre equilibrado que, sin menoscabo de su salud y de su resistencia física, puede hacer un trabajo sedentario de importancia y de larga duración y contrabalancear ese desgaste cerebral, sanear sus pulmones paseando por el campo al aire libre, dedicándose á cualqu er deporte sin experimentar fatiga. Tienen razón los padres de familia en preocuparse por la enseñanza física que conviene dar á sus hijos, tanto más cuanto que no pueden contar con la gimnástica que se debe dar y que no se da en las escuelas. Cierto es que hay algunas en que podía darse, pero. no CONSULADO DE ESPAÑA EN TÁNGER EL PRIMERO DE LA IZQUIERDA ES EL CÓNSUL DE PRIMERA CLASE DON MANUEL NAVARRO, ACOMPAÑADO DEL VICECÓNSUL, JOVEN DE LENGUAS, INTERPRETE Y DEMÁS INDIVIDUOS QUE COMPONEN DICHO CONSULADO Fot. l. cón y Güittn LÍT situación cada vez más difícil del Imperio mogrebino, á la que le conduce la desorganización de sus tropas y la deficiencia de sus medios de combate, patentizados en sus encuentros con los rebeldes, va probablemente á precipitar los tan temidos como esperados acontecimientos á que dé lugar la intervención de Trancia y de las demás naciones que tienen intereses en Marruecos. Es- paña tío podrá sustraerse seguramente á ese movimiento colectivo, pues aun cuando no en tan gran de escala, por desgracia, como Francia, Italia, Inglaterra y Jllemania, hay compatriotas nuestros en el comercio de las principales poblaciones del Imperio y especialmente en Tánger. Til aspecto de las cosas no es mu- j tranquilizador, y así lo entienden en todos los países. otros análogos que no nos hemos atrevido á reservarnos los varones (algo había que dejar á las señoras) hemos monopolizado todas las profesiones, todos los cargos, nos hemos erigido en tiranuelos del sexo llamado déhil, que á veces resulta fuertecito, muy fuertecito... A la mujer no le hemos concedido otro medio de resolver el problema del vivir que el matrimonio... y gracias. ¡Lindo recurso! -exclamará alguna lectora refractaria al casamiento ó desesperanzada de encontrar cómplice para perpetrar un bodorrio sencillo al par que humilde. Cierto que cada día es más difícil casarse una mujer. Ocho mil seiscientos matrimonios menos que en ICJOI se celebraron en Francia el año pasado. Cinco millones doscientos mil ochocientos dieciséis varones yacemos en celibato voluntario, según el último censo oficial. ¡Cinco millones de hombres capaces de provocar la ira de otrastantas mamas políticas! No quiere esto decir, sin embargo, qu; debamos trasladarnos á 1 a isla de San Balandrán, confiriendo á las damas nuestro gobierno: nada de eso. Y no porque yo crea que, si ¡as mujeres mandasen, lo harían peor que los hombres, que harto mal lo hacen, sino porque al lado de los derechos cívicos tienen obligaciones naturales incompatibles con algunos de ellos. Tal vez, andando el tiempo, lleguen á sentarse las señoras en los escaños de las Cámaras legislativas. Entonces habrá que poner tasa á los discursos como á los telegramas. Y entonces sí que se protegerán las uniones matrimoniales con la sanción más severa. Al soltero impenitente, garrote vil. Al casado infiel, suegra de por vida y reclusión perpetua. Al viudo mal conservado que se niegue a reincidir, extrañamiento y costas. Entonces, entonces andaremos derechitos los célibes. J. BALMES Y FQRADADA hay profesor ni gimnasio. Buen ejemplo de lo que se cita es la Escuela- Modelo Municipal. Se creó con todos los adelantos que entonces se conocían (hace más de veinte años) incluso el gimnasio. ¿Hacen gimnasia los niños? Sí, corriendo y jugando en la Plaza del Dos de Mayo. Y aquí puede encajar la contestación á los padres que preguntan si deben ir sus hijos á desarrollar sus músculos al gimnasio ó ejercitándose en juegos tan saludables como! a pelota vasca ó valenciana, el foot- ball, el salto de altura y distancia, la carrera y los juegos infantiles, como el marro, por ejemplo. Respondan los higienistas, las autoridades en estas materias tan importantes. ¿Es útil ejercitar el esfuerzo muscular en los aparatos de un gimnasio local cerrado, y á veces de noche, porque algunos de los que van no disponen de medios de fortuna bastantes para asistir á la clase especial? ¿O lo es más educar la energía física en pleno campo donde se renueva el aire y donde la luz, al mismo tiempo, puede ejercer su indudable influencia bienhechora?