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Núm 65 LAS LAVANDERAS ualquiera que al pasar por los lavaderos del Manza nares oiga el desacordado son de multitud de voces canturreando las unas, en tono de pelea no pocaSj ABC sin cesar de aquellas mujeres, han servido ya para un regocijado cuadro teatral hecho por el maestro Ramos Carrión, cuadro rebosante de naturalidad y de gracejo, estudiado con arte y Tasiadado con notable verosimilitud. Parece increíble que esas mujeres puedan soportar un Pág. 7 La fiadora que va todos los días ó todas las semanas á cobrar el perro chico ó e! real del pañuelo, de la toquilla, de la falda ó del mantón dado á réditos, hsc: propaganda entre las que todavía no ha logrado ver entre sus garras, la proporciona lo que quieve con el rédito corres- r í t. 1- UNA LAVANDERA UN LAVADERO DEL MANZANARES en el de zumba y pitorreo bastantes, pero en general poniendo en el cuadro típico de aquellos lugares un regocijado brochazo de animación y alegría, no parará mientes en la penosa labor que cumplen quienes de tal guisa aparecen. Cuando las brumas de la noche comienzan á entreabrirse para dar paso á IOG pri- -meros barruntos de sol, y el río copia en sus mezquinas aguas el tinte mortecino del cielo, multitud de puntitos rojos, errantes algunos, aquí y allí hormiguean entre los escuetos palos de los tendederos. Son los farolillos de los guardas de noche que ss retiran, las luces de las casucas y de las tiendas que se preparan para el trabajo del día. Chirrían las carretillas abrumadas por el peso de la ropa chorreando. Arde ya la lumbre bajo los tinos de la colada, y los mozos de los lavaderos interrumpen su ir y venir para matar el gusanillo con bala rasa (vulgo aguardiente) El sol es muy perezoso en este tiempo y el frío de la mañana le enturbia y hace que sus rayos lleguen á la tierra de color sanguíneo. Al poco rato de haber tomado forma y color todos los objetos van llegando las lavanderas, arróllanse el mantón al talle las unas, pónenlo en la banca las otras, y no falta quien se lo deje en la tienda para recogerlo al terminar el trabajo. Y unos días tienen que aplazar su faen. hasta que los mozos del lavadero quiebren con palas la dura costra de hielo que solidifica el agua, y otros, en el rigor del estío, cuando la stmósfera parece arder, siente: i abrasarse la epidermis por el reflejo del sol, que las sitia por todas partes. Mas nada las priva de un buen humor, que allí parece pondiente, que hace subir la mercancía ai triple ó cuádruple de lo que vale. All: puede jugar á la lotería; á las rifas continúes. del bonito mantón de Manila del reloj de cabayero ¡a docena de pañuelos la cesta de huevos y e! jamón el par de gallinas el cordero etc. etc. á cinco ó diez céntimos el naipe. Allí le brindan con sus productos el cafetero ambulante en invierno con su (raromá: tico café de melele -según le llaman ellas- -y tas inevitables gctas de aguardiente; la ¡cañamonera, tostaos! con sus agujas para enhebrar vino el ¡nuecero, castañero! la de ¡cuántas, calentitas! y otros muchos vendiendo golosinas, comes, tibies y bebestibles; y en suma, entre todos V- -G sacando á la lavandera los pocos céntimos de que dispone y que tanto trabajo le cuesta ganar, Y, sin embargo, as! encuentra menos pe- nosas las horas de labor. Así le pesa menos la paleta y el paletín; apenas s: se fija en el grado de temperatura del agua, porque sí i está muy fría, para eso están los cubos de recuelo, donde además de penerse la ropa en condiciones de limpiarse mejor, se ca lientan las manos agrietadas, curtidas y yertas por el frío, el jabón, el cloruro, el sol y el aire. Lavada ya la ropa y tendida, el sol y el aire se encargarán de secarli. Si el sol falta, la ropa entrará mojada en los sacos, y las lavanderas tendrán que tenderla en su casa. UXA CASERA Madrid ganará mucho si ¡lega á canalilavanderas- -y hablo eri tesis general- -vive i fuera de su zarse el famoso aprendiz de río porque el único trozo con belleza natural que tiene esta población, se casa. El lavadero es su taller y su morada. Allí come, inte- convertirá en un lugar amenísimo y sano; pero al acorrumpiéndose á veces porque sopla viento f; ertc y ha he- meter tal reforma, desaparecerán Jos lavaderos, y con cho que se enganche alguna prenda ó que vuele, ó por- ellos es? multitud de mujeres que constituyen parte de trabajo tan rudo y persistente. Cierto es que las enfermedades harán muchas bajas en ellas. Pero ¡que diablol más bajas hace el hambre podríamos decir parodiando la frase del infortunado matador de toros Espartero. Por el género de vida á que las sujeta su profesión, las K vi- TENDIENDO KECOGIENDO ¿3, Fotogrntiys Asenjo como un contagio que se extiende rápidamente de banca á banca y de lavadero á lavadero. Los dichos punzantes, las frases picarescas que brotan que mi. nos extrañas han hecho presa en ella, tratando de aprovechar un descuido y llevársela. Allí, en el lavadero, se puede aprovisionar de todo. esa flor y nata creada por el genial Goya y cantada por el gran sainetero msdrikño. ROBERTO DE PALACIO