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Núm. 65 Los que se crean perjudicados con ese que resulta irritante privilegio- -cuando se concede á los de la tienda de enfrente, -pueden y deben tratar esa cuestión- -que ya va siendo enojosa- -en una junta ó asamblea general, recabando de la misma un acuerdo, firme y solemne, mediante el cual ningún actor pueda pedir ni aceptar exclusivas, prohibiendo al mismo tiempo á los actores no empresarios trabajar con aquellas empresas que las soliciten y las obtengan. ¿Hay nada más fácil y sencillo? ¿No tiene esa Sociedad la sagrada misión de velar por los intereses de todos sus miembros? Pues ella puede, con un simple acuerdo, como dejo dicho, acabar con ese terrible mal de las exclusivas. No habiendo quien las pida ni quien las acepte, no podrán los picaros autores abusar de los pobrecitos cómicos que no pueden resistir la competencia de sus queridos compañeros, y todos vivirán tan guapamente... Eso es lo práctico, aunque no sé hasta qué punto pueda ser lo racional. Lo demás es andarse por las rsmas, perder el tiempo tontamente y tocar el violón á toda orquesta. on acuerdo ó sin acuerdo de la Sociedad de Actores, al autor le quedará siempre el derecho indiscutible de conceder ó negar el permiso para la representación de sus obras. Mientras los hados no dispongan otra cosa. ABC Pág- 3 C FRANCISCO F L O R E S GARCÍA DE ANTAÑO. EL A CTUALIDADES ESTRENO FINAL DE UN Que Silvela se retira resueltamente de la política, aunque muchos lo han dudado hasta ahora, es ya hecho confirmado: Silvela vuelve á ejercer su profesión de abogado. Lo celebro por él y por mí: por él, porque, alejado casi del. mundanal ruido, gozará más descansada vida sin aguantar ataques de los adversarios, impertinencias de los amigos, ironías de los indiferentes y sinrazones de todos; por mí, porque ahora puedo proclamar, libre de UN RETEN DE SOLDADOS DE CABALLERÍA DE ARLABAN EN LA PLAZA DE ARR 1 ACA los amisjos y compañeros del autor llenaron casi todas las localidades del teatro. Formando parte de ese público estaba Paquito Silvela, el cual, con media docena de los más decididos, ocupaba un palco proscenio. Los amigos llamaron al autor, está claro; el autor se resistía modestamente á presentarse; insistió el público, perseveraba el autor en su resistencia, y de pronto asoma en el proscenio, por encima de las de sus compañeros, la cabeza de Paquito Silvela, que dice suavemente: Que salga el autor, aunque sea poco. Con lo que, entre ruidosas carcajadas, se puso térmiao á la comedia. ANTONIO S Á N C H E Z PÉREZ Los sucesos de Bilbao Q O R fortuna, parece que ya se ha restablecido la norma lidad en la provincia de Vizcaya. Los mineros han vuelto al trabajo, y aquella hermosa región recobra su aspecto de mujer hacendosa, hábil y ordenada. No ha sido cosa fácil hallar la solución a! conflicto, pero sj breve relativamente, merced á la actividad y á la energía del general Zappino, que recabó de ministro de. la Guerra facultades encaminadas á resolver el problema. Al efecto conferenció con la comisión de patronos de las minas, los cuales querían como base primordial para tratar, que los obreros se presentasen al trabajo en las minas, y después acceder al pago de los jornales por semanas. La comisión de obreros llamada al despacho del general se sostuvo en no acudir á las minas en tanto que no LA CALLE DE BUENOS AIRES OCUPADA MILITARMENTE, MOMENTOS DESPUÉS DE SER DECLARADA LA LEY MARCIAL temores á parecer adulador y á ser excomulgado por mis correligionarios, que soy desde hace mucho tiempo muy buen amigo suyo y que lo he querido siempre mucho. A bien que de las excomuniones de correligionarios me ha importado siempre muy poco; estoy por convicción y hasta por temperamento en constante rebeldía; sin embargo, de las murmuraciones de los maliciosos sí tengo miedo, pueril si ustedes quieren, pero invencible, y este miedo me impidió antes lo que digo ahora sobre la sincera y leal amistad que á Silvela profeso. Paquito Silvela lo nombrábamos hace bastantes años unos cuantos jóvenes (entre los cuales él era casi niño) que admirábamos la agudeza de su ingenio, su ilustración verdaderamente Dasmosa y, sobre todo, su exquisito gusto literario. Burloncillo lo era, eso sí; y en ocasiones, sus burlas, motivadas y justas siempre, parecían sangrientas. Lo? compañeros objeto de esas burlas se enojaban á veces; pero muy luego ponían en olvido el enojo, convencidos de que no era el propósito deliberado de mortificar al amigo, sino cediendo al impulso irresistible de la propia naturaleza; así como al poeta latino le salía verso cuando intentaba escribir, á Silvela todo lo que quería decir le salía epigrama, sin él advertirlo siquiera. Ocurrió una noche- -y es posible que Silvela mismo no se acuerde ya de esto, -que en cierto teatro de Madrid se estrenó una zarzuelita en un acto titulada Por salirse de su esfera. Era autor de la obra un estudiante, cuvo nombre no hace al casu y c 4i2 ya no existe. Como en ocasiones tales ocurre ahora y ocurría también entonces (hacendé esto unos cuarenta y tantos años) Bien es advertir que la zarzuelilla había sido escrita para niños, y que una compañía infantil la reptesentaba. La obra, dicho sea sin agraviar la memoria querida de su autor- -un buen muchacho, excelente muchacho que no sabía escribir zarzuelas y que no volvió á escribir otras, -era muy mala; pero los amigos la sacaron adelante. Gran peligro corrió de hundirse en la última escena, no por culpa del autor de la letra, sino acaso por tórpida del músico, pobre señor aficionado, que no acertab á desenredar una frase para poner término á la partitura Era el cuadro final, y la protagonista Lola J ean, preciosa niña de cinco años, se aproximaba á las candileja y dirigiéndose al público le decía, cantando por supuesto. Señoras y señores, que habéis venido á pasar aquí un rato muy divertido: mucho sintiera que alguno disgustado de aquí se fuera. Y entonces rompía el coro á cantar, hasta desgañitarse: Aplaudidnos, señores, aunque sea poco. una vez, y dos veces, y tres veces, y hasta una docena de veces. La broma empez í á parecer pesada y ya se iniciaban las tosecillas y los golpecitos precursores de la tormenta, cuando- -afortunadamente para todos- -bajó el telón. Lo cual satisfizo de tal modo á la concurrencia, que rompió en aplausos, gozosa de que se hiV terminado el estribillo. UNA CARGA EN P. ERSP, FCT 1 VA. EL GRUPO PREPARADO PARA AGREDIR Á LA FUERZA PUBLIC i Fots. Torcida- y García se solucionara ese Dunto, a l o que parece, origen de h huelga. Y en conferencias posteriores, en las cuales 1 a autoridad militar acentuó, por creerlos necesarios, los temperamentos de energía con obreros y patronos, quedó resuelta la cuestión. Las conclusiones convenidas para la terminación de la huelga, fueron las siguientes: Primera. Los obreros acudirán al trabajo desde el 2 de Noviembre. Segunda. Desde i. de Enero el pago del joma! se hará por semanas vencidas. Tercera. Por ningún concepto se obligará á los obreros á dormir en locales determinados ni -ómDrar en tiendas obligatorias.