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Núm. 64 El nuevo pan de munición francés Ministerio un El tudio acercadedelalaGuerra de Francia ha hechopan escomposición del nuevo de munición. Este pan se compone de una mezcla hecha con harina de cebada y harina de arroz en las proporciones respectivas de 55 por 100 y 45 por 100, con exclusión de la harina de trigo. Sin hablar de las cualidades nutritivas de cada una de estas dos materias, parece que el arroz y la cebada combinadas en las proporciones antedichas, dan después de la cocción una pasta á la vez sustanciosa, nutritiva y refrescante, muy grata al paladar. Además, esa pasta no llega jamás al grado de dureza y desecación de los panes de trigo. ABC yo renunciaré á los teatros, como ha renunciado Silvela á la política. Retírate de todo eso que mata al país, y acepta, si tienes valor para tanto, tu último sacrificio. ¿Cuál? ¡Abre tu bufete! La abogacía salva á las naciones que perecen por falta de ideales y únicamente se preocupan del desarrollo de su Agricultura, de su Industria y de su Comercio... ¡Oh, qué buena eres y qué admirablemente raciocinas! Desde hoy seré útil á mi patria, desde hoy tendré un gran ideal, ¡la minuta! ¡Gracias á ti, á mí y á don Francisco Silvela, se ha salvado España! OSÉ DE ROURE Pág. 3 pelo, la boca sensual, la barba fuerte, el cuello redondo. Vista á distancia seduce, con el rojo pañuelillo caído sobre la frente, la chambra de ramas ajustada al talle, los brazos dando al aire su carne juvenil y dorada, y la pierna asomando con provocativa firmeza hacia los bajos del vestido. Cuando uno se aproxima más, se atenúa la seducción; casi está á punto de desaparecer; hace falta toda la fuerza que posee la belleza real de la moza para que no se truequen en desvío la admiración y en repugnancia los anhelos. La imagen está emporcada por las inmundicias que á diario revuelve: sus carnes desprenden las emanaciones del estiércol que desde su infancia respira; su traje, la miseria que regentea su existir. El pañuelo fojo, que visto de lejos parece limpia toca de seda, es un pedazo de percal deshilacliado y sucio; la cabellera, que parecía haz de finísimos azabaches, es maraña que el peine besa y no desflora; los lagrimales de sus ojos azules son depósito de légañas, en cuya limpieza constituyen los dedos el solo utensilio de tocador; los dientes amarillean, desprovistos de aseo; en la piel 1 hay manchas qué piden á voces, no un médico, una esponja; la chambra es ur. guiñapo donde, el remiendo hace, competencia al churrete; la falda, tina exposición de jirones; las medias un rosario de puntas; las botas, desigual enrejado de cuero, por el cual lucen los pies roñoserías de la carne; también las lucen! os, hrazos, t. 3 stados por el aire y las manos encallecidas pot la faena, agrietadas por el frío, desamparadas por el jabón. Y como que su cuerpo y su traje están nfcadoi por el. estiércol y por el señorío d 1 miseria, lo están su lenguaje y su 0 Lá voz suena ronca, el lenguaje resulta soez; el aguardiente estropeó la una, el vagabundeo deshonró el otro. La hermosa criatura, nacida y criada entre las inmundicias y desperdicios que tira la gente al arroyo, de lejos resulta, por obra de los encantos que le regaló naturaleza, una flor hechicera y gentil del placer; vista de cerca, todavía es flor, pero una flor miserable y fétida: la flor del estiércol. E NTRESEMANA. DIÁLOGOS CONYUGALES -Pues señor, desde que Silvela, retirado ya, según decíais, de la política, pronunció la otra tarde en el Congreso su malhadado discurso, parece que á ti fe han dado cañazo. ¡Vaya una cara tris f. te. y un geniecito que gastas! No se te puede sacar una palabra del cuerpo. -Mira, mujer, estas cosas son muy sarias para que no le produzcan á uno graves preocupaciones. He meditado todos estos días sobre las elocuentes palabras del ilustre D Francisco, y bien á mi pesar tengo que reconocerme como uno de los principales causantes de las desdichas que sufre nuestra infelicísima nación. ¿Tú? ¡Pero sí eres uno de los más decididos sostenedores de las carreras de caballos! -Eso es verdad, y con ello creía prestar un gran servicio á la patria. ¡Cuan equivocado estaba! Y como si no fuera bastante ese error, á mi desvelo por el mejoramiento de la raza hípica añadí la insensatez de preocuparme del desarrollo de ¡a agricultura. Harto sabes que el verano último visité tres veces nuestra dehesa, y hasta vi en San Sebas- tián al conde de San Bernardo para preguntarle en qué épocas se debe de escardar la remolocha y qué clase de aboSin embargo, los hombres que se nos le van mejor á las tierras hipotecadas aproximan á ella, pasado el impulso de como las que tenemos en Zamora. ¡Qué repugnancia que su exterior pobreza y ajeno me hallaba yo de creer que con necesidad producen, la contemplan con ansia, con deseos, con profunda codicia. esos desvelos aorícolas estaba dando de DE V 1 LLENA A YECLA Y JUMILLA ¿Qué importan la roña de su carne, los puñaladas á nuestro desdichado país! El. TREN OFICIAL ENGALANADO ENTRANDO EN LA ESTACIÓN DE YECLA jirones de su vestido, las enmarañaduras- -Sí que es terrible lo que me cuentas. Y CONDUCIENDO Á LOS INVITADOS, DESPUÉS DE LA COLOCACIÓN DE LA PRIMERA PIEDRA de su pelo, las grietas de sus manos, los- -Pues aún hay más. No ignoras que Fot. M. limen PARA LAS NUEVAS OBRAS DE. PROLONGACIÓN DE LA LINEA puntos de sus medias, los agujeros de el pasado invierno constituímos entre sus botas y las légañas de sus ojos? La carne es joven; varios diputados de la mayoría una sociedad industrial las curvas que denuncia el vestido, perfectas; los mechopara el aprovechamiento del corcho en sus múltiples manes de la cabellera, sedosos; el contorno de las manos, nifestaciones. La fábrica que ha de producir sombreros, señoril; el dibujo de la pierna, esbelto; los pies, cortos; botas, pantalones, barcos y papel de corcho, está ya casi C L día empieza á clarear; resplandores tenues se ex- las pestañas, largas. Un baño y una restregadura de jaconcluida; y yo ¡insensato! que pensaba contribuir de tienden por. el horizonte, que se tiñe de un gris bón quitarían las inmundicias; un frasco de Colonia, los esa manera al renacimiento industrial de España, ¡la estaazuloso; tres ó cuatro nubes, próximas al oriente del miasmas del estercolero; un peine, las marañas del pelo; ba matando por asfixia como si le metiera un corcho en sol, se franjean de oro; el aire frío de la mañana provo- una pieza de seda, las mezquindades del vestir. Todo lo la boca! ca erizaciones y estremecimientos á la piel; la campana pobre, todo lo repugnante desaparecería como lo que- ¿Pero es verdad lo que me dices? -Ciertisimo, por desgracia. Silvela lo ha declarado de una iglesia anuncia la primera misa y un reloj tim- era, como un accidente, y la mujer resurgiría pletórica de belleza y de lujo, para brindar á los ojos curiosos de elocuentemente: el país que sólo se preocupa de su agri- brea las cinco. Madrid duerme. Si en él vela algo, está oculto por mirarla y á los brazos hambrientos de ceñirla todos sus cultura, de su industria y de su comercio, es un país perdido, y además, un país ingobernable. Yo, inocentemen- las puertas de las casas, cerradas herméticamente por las espléndidos dones. Un hombre cualquiera que guste de esa criatura realite, es verdad, me he hecho reo de ese delito; y para pur- maderas de los balcones, que tapian el caminó á la luz. gar mi culpa he decidido, tras largos días de meditación, Sólo algún borracho, que acompaña- con los gruñidos zará tan fácil obra. ¡Obra egoísta, encaminada á la satisfacción de los perretirarme no sólo de la política, sino también de la agri- de su voz las oscilaciones de su cuerpo; alguna traficante cultura, hipotecando todas las tierras que aún nos quedan en carne que huye á la aurora el espectáculo de su rostro sonales placeres! libres, y de la industria dando taponazo á la fábrica de lleno de colorete; y algún miserable que no tuvo donde Yo que veía, contemplando á la carromatera, dibujarse corcho. No quiero que á causa mía nuestra nación mori- dormir, recuerdan la existencia humana. ¿La recuerdan? en ella no una hembra, un símbolo, pensaba en que así No; ellos no son seres vivientes; son muertos sociales como ella, nacida y criada entre el estiércol, sólo necesibunda caiga en el postrer colapso y se la lleve pateta. taba utia esponja fuerte y un traje nuevo para ser reina- Haces muy bien, yo te lo digo, haces muy bien. que se pasean por su tumba. ¡Retírate de todo antes que asesinar á tu patria! Si yo Poco á poco se acentúan las entonaciones del cielo; su de hermosura, otros seres á quienes la sociedad arroja pudiese retirarme de algo, me retiraría como tú. Ayúda- azul se afirma; por entre las nubes doradas asoman los en inmundos estercoleros sociales que fermentan todos me á pensar de qué me retiro. rayos del sol, como varillaje de un abanico enorme; el los crímenes y todos los vicios, sólo necesitarían que ma- -Puedes retirarte, ya que deseas imponerte ese sacri- aire se vuelve más tibio; muchas puertas chirrían cedien- nos ansiosas de policía quitasen á sus cerebros la ignodo paso á los trabajadores que marchan á la obra; varias rancia y á sus conciencias la corteza para que, de plantas ficio, de los teatros, de las reuniones... -Tienes razón: me retiraré de los teatros. Al de la ventanas destapan sus huecos, mostrando cabezas feme- horribles donde florece el vicio y sale el crimen, se convirComedia no iré más que una vez á la semana, los viernes. ninas que se restriegan los ojos y abren de par en par tiesen en saltcdab! es capullos humanos dispuestos á abrirse Al Español otra, los lunes. A la Princesa otra, los jue- la boca. La vida comienza. ¡Churrera! ¡calentitos! al bien, á la inteligencia y al amor. ves. Al Real las dos noches que nos toque el turno, y ¿Cuántos? vocea una vieja, extendiendo sobre el apara ¿Qué es preciso para ésto? Que la instrucción no falte: el sábado á Lara. Pero el domingo ¡á ninguno! Quiero dor de zinc su aceitosa industria. ¡Só! grita á su bu- que no falte el pan. decir: el domingo por la noche; por la tarde, si te em- rro una mozuela que gobierna un carromato lleno de También el vicio y la ignorancia y el crimen son accipeñas, podemos hacer una escapatoria á cualquier tea- inmundicias. ¡Arre! dice un auriga al penco que, ter- dentes sociales que afean la hermosura moral del hombre. minado el servicio nocturno, le conduce á la cuadra. trillo del género chico. También hay esponjas que pueden lavar esas manchas. -Exactamente lo mismo que tú, se ha retirado Silvela Y mientras yo pensaba estas cosas, la flor del estiércol de la política. No aparece por el Congreso absolutamenLa muchacha del carromato, la trapera que se ha de- se erguía sobre las inmundicias del arroyo, y el sol, te ningún domingo. ¡Ah, mujercita mía, no sabes cómo tenido á conversar con la expendedora de buñuelos y abriendo bruscamente las nubes, asomaba por entre ellas te agradezco el sacrificio que te impones! Se lo contaré churros, es un tipo airoso y gentil; aurora de mujer que su caraza de gigante congestionado. á. D. Francisco para que vea de qué modo cunde su he- promete un espléndido mediodía son las curvas medio JOAQUÍN D 1 CENTA roico ejemplo. hechas de su cuerpo, como la promete el sol con el bos- -Nada tienes que agradecerme. No soy yo de esas tezo ardiente de sus rayos. mujeres que imaginan que todos los sacrificios deben Tendrá catorce, dieciséis af. os á lo sumo. La figura es pesar sobre los hombres. ¡También nosotras sabemos sa- esbelta; la línea se extiende suavemente por ella, espiSe habla en una tertulia del entusiasmo de un maestro de crificarnos! Renuncia, pues, á la agricultura y á la fá- ritualizando la carne con delgadeces exhaustas de flacu- esgrima por su arte. brica de corchos, para no dar la puntilla á la Nación, y ra. El rostro es entrelargo, los ojos azules, negro el- -Ya ves- -dice un- hasta la ropa que lleva es de lance. DEL ESTIÉRCOL BURLA BURLANDO