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1 EAÑQ UNO. NUMERO 64. CRÓN CA BISEMANAL ILUSTRADA. Un incendio terrible 1 I ace pocos días quedó destruido totalmente por el fuego el grandioso almacén de maderas, con amplios talleres de elaboración de carpintería y cajonería, propiedad de don Antonio Díaz Blanco, y que este señor tenía en la capital de la Isla de Cuba. Según manifestación de algunos empleados, el incendio, que se produjo á las doce del día, comenzó en el depósito de virutas, próximo á los hogares y al motor, en un edificio de manipostería, que, como se ve en la fotografía correspondiente, ha ardido por completo, anejo al cuerpo de edificio de los talleres, que tenía tres pisos y que ocupaba un área de 20.000 pies cuadrados. A los ocho minutos de advertirse el fuego, éste se había enseñoreado de toda la edificación, y merced á la pronta llegada y eficaz funcionamiento de las bombas de incendios, no se quemaron las soberbias casas de las calzadas de Belascoain y Príncipe Alfonso, vecinas de los talleres del Sr. Díaz Blanco. Los daños producidos por el espantoso accidente se calculan en 25o.000 duros, de todo lo cual sólo estaba asegurado por valor de 1 1 2.000. Más de doscientos operarios han quedado sin trabajo. El dueño residía en Asturias desde hace algunos años. MADRID, 3o DE OCTBRE. DE i9o3 NÚMERO SUELTO, 10 CENTS. s 1- r- J i N MADRILEÑAS, ¡CAFÉEE! Yo me acuso de ser uno de aquellos individuos más inocentes que pescador de caña, que matan las veladas invernales enfrascados en el animado coloquio de una tertulia de café. Lo cual da á entender: 1. Que aún hay en el mundo quien logra reunir dos reales cada día, mejor dicho, cada noche... Y quede esto entre nosotros, caro lector. 2. Que tengo un valor personal rayano en heroísmo y una salud broncínea (ustedes perdonen el modo de señalar) al resistir indemne el uso y el abuso del obscuro brevaje que los cafeteros propinan, y 3. Que soy español neto, sin trampa, tocado de la afición nacional á matar el tiempo, estropearlo ó malmeterlo, como dicen los baturros. Bueno. Pues esta noche, abandonado por mis contertulios, voy á entretener el ocio trazando un croquis del espectáculo que á mis ojos se ofrece. A ti te lo brindo, amable lector. Envueltos por espesa nube de humo, se ven grupos de personas de las más diversas cataduras. Unos hablan, otros sé ríen, dibujan en el mármol de la mesa, escriben, ASPECTO DEL ALMACÉN Y SIERRA DÉ MADERAS A LOS VEINTS MINUTOS OÉ INICIARSE EL INCENDIO Fot. Ak- mnny disputan, produciéndose un monótono zumbido, amenizado por el tintineo de las cucharillas y por la estentórea voz de cajéee. con que los camareros llaman al echador. ¿Solo, ó con leche? -Solo. Póngame usted leche en la copa, y que me traigan unas gotas de ron, y unos terroncitos más, y un par de periódicos para matar el rato... -A quien va usted á matar es al amo, si le hace dar todo eso por cuarenta céntimos. El parroquiano sorbe el etiope licor (Quevedo sea sordo al plagio) y comienza á beber agua en cantidad tal, que parece que se le han incendiado las entrañas. ¡Ese hombre es una alcantarilla! -exclama el amo dirigiéndose al camarero. -Dígale usted que elija una mesa para su servicio particular, y le pondremos cañería... Frente á mi mesa, dos enamorados departen sotto voce, mirándose de hito en hito y... Seamos discretos. -Camarero: ¿esto es leche ó bicarbonato químicamente puro... -Es buena... sí, señor; de toda confianza. ¿Sí? Pues adentro... y sea lo que Dios quiera... En otra parte toman asiento varios matrimonios, dos ó tres chicas casaderas, algunos jóvenes bien portados, y otros... que no se portan tan bien. Léense los periódicos y se pasa á la orden del día, á la conversación insustancial, salpimentada por chistes de dudoso gusto. Tin sociólogo en embrión. -Sí, señores; el proletariado, despreciado, vilipendiado, abandonado por el capital, reclama sus derechos... Coro de señoras (roncando) -Jjjj- -Un sietemesino relamido (hablando con el echador) -Cuando estornude usted vuelva la cabeza, porque he pedido café solo... Un pollo almibarado hace guiños y cucamonas á una niña de la tertulia desde la mesa frontera. -Mamá, ya está ahí mi sombra... ese gomoso que nos persigue. -j fff! En viéndole principia á andarme la procesión por dentro. lln contertulio. -Por algo dicen que no hay procesión sin tarasca... ¡Caballero! -grita la aludida. El esposo de la misma (hablando por lo bajo al contertulio, estrechándole la mano y esquivando las miradas de su consorte) ¡Chóquela usted! Ha estado bueno... ¿Ha visto usted, señora, cómo presumen mis vecinas? De seguro no han cenado y vienen dándose humos de marquesas. -La niña parece que se alimenta con la cordilla del gato... ¡Si una pudiera hablar! Porque han de saber ustedes... Tin señor grave. ¡Cuidadito! Que nos escuchan chicas solteras... Las interesadas abren cada ojo como un plato. Tina de ellas. -Todo lo que puedan ustedes decir Jo sé... me lo ha contado mi novio... La madre. ¡Niña! -Señores, á casita, ¡que son las doce! Unos pagan, otros dejan á deber el café, abríganse todos y vanse por el foro. Dejémoslos y... hasta mañana, que á la misma hora ocuparán la misma mesa las mismas personas. ¿Faltar al café un solo día... Jantes dejará el sol de darnos lumbre. LO QUE QUEDO DE LA CASA DE MAQUINAS Y DEL EDIFICIO EMPLAZADO EN EL CUADRO QUE MARCAN LOS ESCOMBROS EN EL SUELO Fot. Alcmuny J. BALMES Y FORADADA