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SUSCRIPCIÓN PAGO ANTICIPADO i,2 POR CADA 1 O N Ú M E R O S PUBLICIDAD SOLICÍTENSE TARIFAS Anuncios econóniicos. fíg í Reclanios co- España, pts. i csg- í Portugal, pts. Unión Postal, 2 trancos. Administración: 55, Serrano, 55, M a d r i d j JL 3 brillaiite. s y p i e d r a s d eolor, iieceíítito c o m p r a r PKIilGROS, 5 (Riueonada) N. 64. MADRID, 3o DE OCTUBRE DE 1903 iV k V- merciales. í 5 si, Anuncios por palabras, clasificados en secciones. (í Noticias. Administración: 55, Serrano, 55, M a d r i d NÚMERO SUELTO, DIEZ CÉNTIMOS EN TODA ESPAÑA Cia WnHUJMa Sa k ií s PERLAS SUSCRIPCIÓN PORCADA l O N Ú M E R O S (PAGO ANTICIPADO) CHOCOLATES DEL España, ptas. 1. í gj Portugal, ptas. 1,25. 8 J 3 unión postal, 2 francos. t í- t J La suscripción, que puede comenzar en cualquier número del mes, podrá hacerse por diez, veinte, treinta ó más números, pero siempre por grupos de decenas. ADMINISTRACIÓN SE COLOCAN CAPITALES únicamente en asuntos de verdadera garantía, obteniéndose segura una buena renta, cobrada por meses adelantados, y pudiendo reintegrarse del capital cuando se desee. n ilM F R C sobre toda garantía sólida y con veniente en buenas condiciones. P. Fernández. Infantas, 32, entr. dcha. D e t 0 á l y 6 á 8 SAGRADO CORAZÓN EL MÁS PURO Y EXQUISITO DE LOS CHOCOLATES V É N D E S E AL P R E C I O DE 1,50, 2 y 3 pesetas paquete f) Calle (le SeiTaiio, 55, M ESci iiálíIcz ha realizado imporluiiles compras de géneros ingleses que vende al detall en su EN PARÍS se vende B L A N C O Y NEG RO y A B C en Boulevard Montmartre, Kiosco 5 0 y en Rué Gaillon, número 11. eu los acreditadoís l d Sos? íres. al iii4 G a l á n Recoletos, y Villalar, 11: Fraacisí- o d e C os, 8 alesaH, ü, y A l m i r a n t e Sres. Alijos ale Saeit iso, l laxa d e Ant Mi iVlartín, IS. PRUÉBESE ES SU MEJOR RECOMENDACIÓN Sastrería, P u e r t a del Sol, 15 CHOCOLATES 160 BIBLIOTKCA DK A B C DE L O S RR. PADRES ÚNICO l Kl OSITO K BENEDICTI M nKin LHARDY, Carrera de San Jerónimo, 6. eran algo parecido. Extrañas eran también las sillas, todas con brazos laterales y tiras que unían las cuatro patas. P o r medio de una mecánica especial se podían correr á voluntad de un lado al otro; en cambio, era imposible levantarlas del suelo. Apenas cerrado el coche, sonó otra señal, y en seguida buscó cada pasajero uno de los aparatos colocados á lo largo de la pared, instalándose en él. A Grunthe y Saltner se les indicó cómo habían de conducirse. Se metían los pies en una especie d e zapatillas para no resbalarse; los brazos iban apoyados fuertemente sobre asas en ambos lados, y el cuerpo se reclinaba contra la pared tapizada, mientras que la cabeza descansaba entre blandos cojines como sumergida en un h o y o -T e n g o curiosidad de saber para qué es todo esto- -dijo Saltner. ¡Ojalá no tengamos que estar metidos aquí como momias durante las dos horas! -E s por poco tiempo, -dijo uno de los marcianos. -A g á r r e s e bien- -agregó Ld- -desde el momento en que suene la campana y empiece á obscurecerse la luz, hasta volver á esclarecerse otra vez. N o se mueva usted ni lo más mínimo. -Seguiré ciegamente... ¿P o r qué... -iba á pVeguntar Grunthe, cuando sonó la señal. Las luces se amortiguaron tanto, que apenas se percibían los puntos de donde pendían. Sonó una detonación apagada. Los pasajeros del coche sufrieron una ligera sacudida y se sintieron fuertemente oprimidos contra el suelo... Se había colocado debajo del coche un d e p ó sito con aire comprimido, que al hacer expansión arrojó el vehículo con una velocidad de treinta metros por segundo por el campo abar para arriba. Al mismo tiempo quedó la gravedad del campo compensada del t o d o y si hasta entonces había sido en el interior de la esfera la acostumbrada por los marcianos, desde aquel momento quedó suspensa del t o d o La sensación que embargó á los hombres no era desagradable ni aun muy fuerte; era parecida á la que se percibe en un baño, sólo que faltaba la impresión causada por el contacto con el agua. Pronto se acostumbraron á la nueva situación, y únicamente notaban una ligera afluencia de sangre á la cabeza. Volvieron á brillar las lámparas, y algunos marcianos salieron cautelosamente de sus aparatos y comenzaron á jugar y solazarse, aprovechando la circunstancia de hallarse el coche absolutamente falto de gravedad. Daban un ligero golpe en el suelo y se ele- C A P l T U LO A 6.356 KILÓMETROS SOBRE IL XV POLO NOIM 1 OS alemanes descansaban todavía en sus camas, cuando ya se agitaba en animada vida todo el campo abar. Los marcianos que habían de ocupar el barco aéreo se encaminaban á la estación exterior en grupos de veinticuatro personas, que tal era la cabida del coche que prestaba servicio entre la isla y el punto d e salida del buque, aquel anillo que flotaba á una altura de 6.356 kilómetros sobre el P o l o Así es que para llevar á los viajeros y á los amigos que iban á despedirlos al barco, se necesitaban tres coches. La subida se hacía en una hora, y como nunca podía hallarse en el campo abar más c ue un coche á la vez, el primero salía muy de madrugada, mejor dicho aún, durante el tiempo destinado á dormir, pues el Sol ni salía ni se ponía. Eran, conforme á la división fijada por los marcianos para el Polo N o r t e de la T i e r r a las j 6 ó sean las i i de la mañana según la hora media europea, una hora antes de la usual para levantarse. P o r consiguiente, los amigos tuvieron que interrumpir su sueño algo más temprano para llegar á tiempo al tercer coche que los llevaría á la estación exterior, y que salía á las 0,6 de la isla, llegando así al anillo una hora antes de la partida del bai co aéreo. Cuando llegaron al campo abar, ya estaban reunidos en la sala de salida casi todos los marcianos. Los alemanes conocían á la mayoría de los presentes, y todos los saludaron con afabilidad. Tíil, el médico, se hallaba también allí. Como aquel era el primer viaje que los hombres hacían por el campo abar, descontando el involuntario en el globo, ofrecín sumo interés científico el observar cómo lo pasarían. N o era fácil presumir lo que pudiera ocurrjrles al- hallarse expuestos á condiciones tan desusadas. P e r o al penetrar en la antesala, arreglada á la gravedad de M a r t e los dos sabían moverse con bastante destreza. Con admiración vieron que los marcianos no llevaban ya los cuellos de piel que usaban siempre al caminar por la isla, s no que estaban en su traje usual de casa. 40