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NUESTROS CONCURSOS del premio mayor ó los más próximos, se verificará un sorteo entre los coincidentes para adjudicar el premio de las 5oo r setas ó los dos de 25o. Me aquí el boletín que debe acompañar á las tarjetas: EN PARÍS se vende BLANCO Y NEGRO y A B C en Boulevard Montmartre, Kiosco 50, y en Rué Gaillon, número 11. CONCURSO DE AB C A B C ofrece hoy á sus lectoi cs un nuevo Concia so, cuyo premio consistirá en QUINIENTAS PESETAS EN EL DEL PREMIO GORDO E L NÚMERO SERÁ EL FECHA FIRMA SEÑAS METÁLICO. Este premio le será adjudicado á aquél de nuestros lectores que acierte á designar c! número que en ei sorteo de la Lotería Nacional del día 3 i de! presente mes de Octubre resulte agraciado con el premio mayor entre los 34.000 números que entran en suerte. BASES DEL CONCURSO 1. El lector puede designar libremente el número que á u juicio vaya á se agraciado con el primer premio de! a Lotería Nacional en el sorteo del din 3 de Octubre, f 2. a El número deberá escribirse con toda claridad en el boletín que insertamos a! pie di- estas líneas, y en el cual sólo deberá poner, como su texto indica, el número, ¡a firma, la fecha y las señas de! domicilio. 3. a Este boletín debe pegarse en una tarjeta postal que. franqueada convenientemente, se dirigirá a director de A B C. 4. Cada lector puede enviar todas las tarjetas que quiera, siempre que las ponga el correspondiente boletín. Lasque no retinan este requisito, serán anuladas, 5. a Las tarjetas se recibirán hasta el día 3o de Octubre. Las que lleguen á nuestro poder después de esa fecha, quedarán excluidas del Concurso. 6. El día 3 de Noviembre se procederá ante un notario de esta corte á examinar! as tarjetas recibidas y separar las que hayan coincidido en designar el número favorecido con el primer premio en el citado sorteo de la Lotería Nacional de) 3i de Octubre corriente. 7. a Si ninguna tarjeta acertase í designar el número del premio mayor, se adjudicarán ias 5oo pesetas en dos premios de 2 5o á los dos números que más se aproximen al del premio mayor de la Lotería. Si éste correspondiese, por ejemplo, al número 1, se- entenderá por los más próximos el 2 y c! 4.ooo, y así sucesivamente. 8. a S coincidiesen dos ó más tarjetas a! fijar el número APIÜLINA CHAPOTEAUT NO CONFUNDIRLA CON EL APIOL VERDADEROS GRANOS DE SALUD T rttTTlWvlv DELD. FRANCK GRAEÍS de Sanie 4 C t i mal I Es el más enérgico de los emenagogos que se conocen y el preferido por el cuerpo médico. 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Con rapidez me dirigí al lado inferior del barco y aquí observé que la Tierra también había disminuido notablemente de tamaño. De manera que nos alejábamos de ambos astros. Hasta hoy no hemos logrado explicar la causa que pudiera haberlo determinado. La culpa de que no se notara antes, fue del marino de guardia, que vencido por el cansancio se quedó dormido. De lo contrario, debió haber notado el error en el indicador, y todavía podía haberse empleado un disparo correctivo. Pero ahora era tan considerable la distancia entre nosotros y la Tierra, que para alcanzarla hubiéramos tenido que invertir casi el curso de nuestra esfera, y nuestra escasa provisión en disparos fuertes nos impedía volver sobre nuestros pasos. Alguien entre ustedes sabrá tal vez que de vuelta á Marte se encausó á Mitt, mas no pudiéndosele probar falta alguna, quedó absuelto. Todos los cálculos fueron escrupulosamente revisados, y sólo se hallaron dos explicaciones posibles. Una era que abandonada la atmósfera terrestre y á causa de la mala condición de nuestro barco, resultara errónea la primera determinación del sitio que ocupábamos, influyendo esto más tarde sobre el juicio respecto á la dirección ó la velocidad que llevaba el barco. La consecuencia era naturalmente una nueva equivocación al hacerse el disparo correctivo. Igualmente podían suponerse correctas las observaciones y cálculos hechos estableciendo la hipótesis de que sin saberlo y durante el sueño del vigía, algún cuerpo cósmico nos desviara, aunque más tarde no le viéramos á pesar de su tamaño regular, pues podía haber entrado en la sombra de la Tierra. Sea como fuera, nos era imposible volver á la Tierra, y podrán ustedes imaginarse nuestro abatimiento, que aumentó cuando conocimos las dificultades de nuestra vuelta á Marte. Siguiendo nuestro camino, llegaríamos pasado medio año terrestre lo bastante cerca de la Tierra para llegar á descender sobre ella. Pero en el Polo Sur sería entonces invierno, lo que significaba nuestra pérdida segura. El camino usual para Marte se hallaba desgraciadamente obstruido por un cometa grande, cuya fuerza de atracción había que tener en cuenta. Un segundo camino- -deben ustedes tener en cuenta que en aquellos tiempos no podíamos cambiar nuestra dirección y modificar nuestra velocidad con la frecuencia y facilidad que hoy; -un corregir, y que para nosotros, que no estábamos en el caso de malgastar fuerza alguna, resultarían tal vez fatales. Al someter el barco á un examen riguroso, vimos con sobresalto que la presión del viento, mientras quedó anclado sufriendo golpes contra el hielo, había producido cambios en la forma de la esfera exterior. Las composturas, aparte de ser dificultosas, necesitaban de bastante tiempo, y antes de terminarlas no podíamos dar gravedad ni efectuar maniobra alguna. La reparación, que ocuparía algunos días, nos obligaba á mantener durante todo este tiempo la marcha en línea recta, alejándonos de la Tierra á unas distancias proporcionadas al cuadro del tiempo. Mas parecía que nada nos debía salir bien en este viaje. Apareció otra circunstancia desfavorable. La Luna de la Tierra se acercaba á la posición del plenilunio, y por lo tanto, nos alejábamos de ésta y en dirección á la Luna. De ser factible nuestro regreso durante el primer día, y aun en las cercanías de la Tierra, nos hubiera sido indiferente esta circunstancia; pero una vez transcurrido el tercer día y sujetándonos entonces á la gravitación, teníamos que caer en el radio de atracción de la Luna, y no en el de la Tierra. Así es que, de no poder terminar antes nuestras composturas, no teníamos más remedio que gastar nuestros disparos directivos á la ventura, con el fin exclusivo de aminorar nuestra velocidad. De lo contrario, teníamos que dejarnos llevar á una distancia de la Tierra tan lejana, que nos era forzoso emplear mucho tiempo precioso para volver á ella. Y ¿quién sabe si después lograríamos encontrar á nuestros compañeros todavía con vida? Por lo tanto, trabajamos con verdadera fiebre en la compostura; nuestro único deseo era poder soltar un disparo cuanto antes. Y efectivamente, en el transcurso del tercer día terminamos; las esferas no mostraban rotación sensible alguna. Era tiempo; pocas horas más, y hubiéramos tenido que combatir la influencia déla Luna. Todavía cabía en lo posible que, haciéndonos pesados, pudiera ayudarse á la atracción terrestre con un débil disparo correctivo. Levantamos la diabarie. Con suma atención esperamos los primeros resultados. El menor error cometido en los cálculos anteriores podía causar nuestra caída sobre la Luna, en Jugar de descender sobre la Tierra. Aún estaba aquélla sobre, nosotros, cubriendo una gran parte del cielo con su disco relumbrante: 38