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LITOGRAFÍA U. A CAL 1. K DE LOS AJ. MJVCE. NES OFICINAS DE DISTRIBUCIÓN Y COItltESPCNDENCl A ción, ni soy tampoco socio, ni la defensa de sus actos pudiera ser defensa egoísta de mis propias responsabilidades, p sto que no habiendo administrado la Sociedad, no puedo tener responsabilidad de ningún género ni ante los administrados ni ante el público. Mi independencia y mi imparcialidad son, pues, indiscutibles; pero lo que dije al disolverse las antiguas Galerías, digo hoy respecto á la Sociedad de Autores: con quien vengo, vengo. Y ahora vamos, al parecer, á otra cosa, aunque es seguir con idéntico tema. Soy individualista impenitente; pero, por grande que sea mi individualismo, no puedo desconocer que hoy las corrientes de la vida social siguen otro cauce. En el siglo xix ha dominado la nota individualista, y no le ha ¡do tan mal al ser humano con este sistema, hoy con encar- i nizamiento combatido, porque ningún otro siglo ha realizado prodigios mayores; pero de algunos años á esta parte, la idea socialista se extiende con empuje avasallador por ambos mundos; las clases humildes avanzan poderosas, y los Gobiernos, ó por convicción ó por miedo, transigen y ceden. No he sido nunca adulador de los poderosos, ni cortesano de los reyes, ni cortesano de los pueblos, y por lo tanto declaro que, aunque simpatizo profundamente con el obrero, que es un ser sagrado para todo el que piensa, aunque el progreso y el bienestar de la clase proletaria deben interesar á todo hombre más que nada, no por eso soy socialista, y aun creo que si el socialismo triunfase, la sociedad retrocedería unos cuantos siglos hacia la barbarie ó la tiranía y el obrero sería la primera víctima: ni más libertad, ni más dignidad del ser libre. Sin embargo, el socialismo, como todo gran moví miento, es digno de consideración y respeto; primero, por su parte crítica: toda crítica, por sañuda que sea, es elemento de perfección; y en segundo lugar, porque á la idea individualista del siglo precedente, agrega otra idea fundamental que ya existía, pero que toma nueva forma: la idea de asociación. Y yo creo que al fin y al cabo llegarán á armonizarse, y hasta se ha empezado á conseguirlo, la libertad individual y el principio de asociación; pero no la asociación forzosa impuesta por el Estado, sino la asociación libre realizada por el individuo; de suerte que en el porvenir tendremos, ó tendrán los que de tales bienes gocen, la máxima libertad indiviJual y la máxima asociación libre. Parece que todo esto nada tiene que ver, ni con la Sociedad de Autores, ni con las luchas de los pasados días. Pero yo, sin embargo, creo que tiene que ver mucho. La tendencia de todas las clases sociales, desde las más elevadas hasta las más modestas, es la de reunirse para reconcentrar sus esfuerzos en la lucha cada vez más encarnizada de la vida. Se asocian los obreros y emplean á cada momento el arma formidable de la huelga. Se asocian, á veces, los patronos para defender sus derechos y sus intereses. Se asocian las sociedades y los capitalistas, llegando hasta el monopolio de tal ó cuál rama de la industria; se asocia todo el mundo, grandes y pequeños, y los autores no han hecho otra cosa en su modesta, pero noble esfera, que asociarse, obedeciendo á esta tendencia general. Como se han asociado los actores, y como tienden á asociarse todas las profesiones, todas las artes todos los oficios. ¿Y no ha de ser lícito que los autores sigan el mismo camino que siguen, por ejemplo, los obreros? ¿Podrán hacer éstos, porque éstos han llegado á ser fuertes y poderosos, lo que no pueden hacer los autores, por ser incapaces de levantar barricadas? No creo que nadie defienda semejante injusticia. Pues esto han realizado los fundadores de la Sociedad; y para ello han tenido que luchar con empeño, y han necesitado desplegar gran energía y una cantidad enorme de perseverancia y de inteligencia y hasta de valor, porque se han expuesto á catástrofes individuales que pueden destruir todo un porvenir. El camino que han recorrido, desde la modestísima salita de la calle del Florín, hasta el verdadero palacio que hoy ocupan, amplio, desahogado, ¡lijoso, en que domina el más perfecto orden, en cuya planta baja se recorren galerías forradas de hierro que conservan centenares de miies de obras, y con todas las máquinas, aparatos y dependencias de un gran establecimiento; el camino recorrido, repito, desde aquella modestia, hasta la brillante situación actual, ha sido penoso; pero no ha sido muy largo, gracias á la unión de los socios, á la buena armonía que nunca debe perturbarse entre autores y actores, y muy principalmente alas condiciones es pecialísimas de ¡á Junta directiva y á las acultades extraordinarias como organiza dor y administrador, facultades de recti tud, actividad é inteligencia del Sr. don Sinesio Delgado. UNA SALA DE COPISTERÍA ¿Existen defectos? ¿Hay algo que corregir en la So- ciedad? ¿Hay algo que perfeccionar, como algunos sostienen, y yo para evitar polémicas no discuto? Pues á todo esto tengo la seguridad que irán acudiendo la Junta directiva y los socios; que las obras humanas, no nacen perfectas, y las intenciones rectas valen mucho. El instinto en nosotros los españoles nos lleva á destruir toda empresa en cuanto observamos en ella algún: defecto, para empezar de nuevo y cometer defectos mayores. No siguen este camino otras razas menos nerviosas, y de este defecto sí que debemos ir curándonos, dado caso que alguna vez hayamos de arrepentimos de nuestros pecados. Yo creo que habiendo en todos buena fe, nobles aspiraciones y deseos de concordia, no hay conflicto que no pueda conjurarse, interés legítimo que no pueda satisfacerse, ni discordancia que no pueda trocarse en armonía. Sobre todo contando la Sociedad con tan eminentes; maestros. Sólo agregara á lo dicho dos palabras, y con ellas, concluyo. En la pasada violentísima refriega, hubo UJV momento en que se habló de modificar la ley de Propiedad literaria, negando al autor el derecho de prohibirsus obras en determinados momentos. Esto sería tanto como negar la propiedad literaria. Aplicado este principio al obrero, se llama esclavitud. Aplicado á la propiedad literaria, se llama despojo, si es que no tiene otro nombre más fuerte. En todo caso, es destruir una propiedad tan legítima como la que más puede serlo, y en sentir de ilustres pensadores, más legítima que muchas de ellas. No insistiré sobre este punto, porque no creo en semejante enormidad; si el caso llegara, sería más explícitoy combatiría donde, cuando y como pudiese, absurdo semejante. El derecho de prohibir una obra, no habiendo contraído compromisos legales que lo impidan, es indiscutible, aunque claro es que en el ejercicio de este derecho, como en el de todos, debe dominar un principio de prudencia y de justicia, que depende, no de la Ley, sino del. autor; porque no depende del orden jurídico, entendido en sentido estricto, sino de lo más íntimo del orden mora! Concluyo como empecé, felicitando á la Sociedad de Autores y á su Junta directiva por la importantísima empresa que han realizado, y deseando que con su autoridad, su espíritu recto y su experiencia suavicen rozamientos, calmen pasiones y deshagan nublados, que todos vemos con profunda tristeza. PRESIDENTE DE LA SOCIEDAD, DON SINESIO DELGADO i otü ¿rcifí; s Asenjo.