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La Jucha económica jT ontinuará Inglaterra siendo proteccionista, ó se hará librecambista? He aquí Ja pregunta que se hacen todos los que se preocupan de estas cuestiones y ahora de la batalla económica que está librándose al otro lado del Ci ial de la Manga. Lucha vehemente, ardorosa, violenta es la empeñada entre los dos bandos. Las agrupaciones políticas están fraccionadas en esta cuestión; el pueblo británico, negociante hasta la médula, para el cual el comercio es la sang e de su carne, siente qtie en esta lucha está empeñada su prosperidad, su fuerza, quizá su vida, y con instinto maravilloso se caldea, se ag ta y se muestra ávido de resolver. La hich? empcñ? da es enorme y extraña también por lo1; medios empleados; los ingleses son admirables, y organizan una campaña política con la misma solidez de bases que un negocio industrial; hacen para ambas el lecla. io y emplean el mismo capital. Chamberlain va á inundar el país con sus folletos proteccionistas; Balfour, mer ministro, ha pronunciado su discurso- programa en oiK. 5 ld, en disposición de que doce receptores telefónicos transmitieran inmediatamente sus palabras á toda Inglaterra. El mapa que reorodusímos representa con gran claridad las ideas proteccionistas de Chamberlain. De este mana han hecho en la Gran Bretaña una tirada de mülo- que reproducimos en estas columnas, y que representan á los compradores y los vendedores de Inglaterra, los que van por su oro y los que, por el contrario, llegan para dejarle el suyo. En esas pirámides se puede ver que los países en que Inglaterra compra más son aquellos en que vende menos, salvo una excepción notable: la de las colonias británicas. Y entretanto, el americano llega á vender por valor de tres mil millones y medio á Inglaterra (cifra exacta, 141.015.465 libras esterlinas) y se contenta con comprarle la pequenez de 400 millones de francos; y en tanto que la insignificante Holanda llega á vender cuatro veces más de lo que compra, solamente las colonias inglesas toman cuanto les da la Metrópoli. Según las cifras del Board of Trade, las colonias han gastado en la Metrópoli 1.702.109.028.611 libras esterlinas, y ésta, en cambio, sólo ha gastado en aquéllas 106.793.030 libras. Nuestras colonias son las únicas que hacen equilibrar sus compras con las nuestras- -dice Chamb rlain- -y las únicas que nos devuelven el oro que las envnmos. ¿Quién, pues, al ver este cambio de productos ra- iravillosareente arreglado que con las colonias tenemos, podría decir que el Imperio británico detrás de su cintUTin de murallas no se bastaría? Quien puede decirlo, y desde luego lo ha dicho, ha sido el ministro de Hacienda de la Gran Bretaña, míster Ritchie. ciosos. Hemos, por lo tanto, menester como nadie influencias dulcificantes y flexibilizadoras, y entre todas las de esta índole, ninguna como la influencia del arte. Su gota de miel seria bien hallada y eficaz sobre la rudez de nuestra condición. Muévense á pensar en esto la lectura de varios artículos publicados en La 7 evue d Art Dramatique sobre el Teatro popular. Dicha revista abre tribuna libre de opiniones, y ha de ser interesante su lectura, siquiera porque revela un estado psicológico especial dentro de ía nación francesa. Ya es indicio harto significativo el ocuparse de poner la belleza al alcance de las multitudes. ¿Por qué no preocuparnos de ello en España? Creo yo que la empresa había de sernos más fácil que á los franceses, por varias razones. La pasión política, mejor disho, social, ha invadido al pueblo francés, hasta el extremo de que es gran preocupación para los organizadores de esta obra del Teatro popular decidir si ha de ser socialista, reaccionario ó independiente. El Ayuntamiento de París está, según parece, decidido á subvencionar el teatro para el pueblo; pero hay controversia respecto al carácter que ha de tener. M r Camille de Saint- Croix afirma: El teatro del pueblo será socialista, ó no será. Hablando Emile Faguet de estas diferencias de opinión, dice: Quiero suponer que el Consejo municipal esté dividido en dos mitades: socialistas de un lado, nacionalistas del otro; el Teatro popular ¿e fundará COK tendencias ó socialistas ó nacionalistas, esto dependerá de un voto; luego que haya vivido cinco años, por ejemplo, con el mismo carácter, un voto cambiará, y penetrarán en él de pronto tendencias opuestas. No sé qué buena labor sea, posible realizar con tales cambios. Hubiéramos querido- -dice Alphonse Seché- -un teatro absolutamente independiente. Pero reconoce que esto es imposible y, dada la imposibilidad, prefiere un teatro socialista á un teatro reaccionario, por creer que el primero favorecería más á la libre exposición de las ideas, al rejuvenecimiento y al desarrollo del arte dramático, que quiere ser grande y fuerte con el pensamiento moderno. Esta dificultad de la política pienso yo que no había de existir en España: el pueblo español está muy lejos de considerar el teatro como medio de propaganda, y no pide, hoy por hoy, al arte dramático más que diversión; con darle ¡nterés ó emocional ó cómico, basta para lograr el éxito. Entonces cabe preguntar: ¿Para qué el teatro del pueblo? Vaya á los otros que están ya creados, donde seguramente se conmueve ó se ríe. Pero si el Teatro popular no tiene misión política que cumplir, tiénela educadora: es preciso emplearle como arma de civilización y medio de cultura estética: por eso para él se requieren obras especiales, alimentos sanos- -sanos en el sentido de la belleza- -que pongan en su espíritu esa gota de miel que antes decíamos. ¿Cuáles deben ser esos alimentos? ¿Cuáles las obras que el pueblo es capaz de comprender? Jean Jullien, pesimista respecto del público en general y que afirma que para ponerse en contacto con la LAS ISLAS BRITÁfílCAS, SOMO QUIERE OHAMBERLAIN intelectualidad media, que es harto escasa, es preciso hacer obra mediocre, vuelve la vista hacia los teatros poY mientras Chamberlain pinta murallas semejantes á la pulares y encuentra en ellos la única garantía de resune 1; de ejemplares. Como se ve en el curioso dibujo, la famosa de la China, abre en ellas puertas minúsculas, exa- rrección para el arte verdadero. El pueblo es- -dice- -política de! stronges man británico, según le apellidan sus gera la nota del proteccionismo hasta dar en el aislamien- un público atento y vibrante que experimentará, sin anamás fervientes devotos, consiste en levantar una muralla aduanera en torno de la Gran Bretaña y de su imperio to son todo el mundo exterior, M r Ritchie va por toda lizarlas, las impresiones de arte, y que, cautivado por Britania predicando la buena nueva librecambista con una ellas, seguirá al autor á todas las cimas donde le plazca jolonial. En 1? muralla hay una puerta muy pequeñita, subir Creólo así: los espíritus ingenuos, niños y multipor la cual no dejan entrar ni salir nus que los barcos peqweña lista por todo argumento, en la eual se lee: tudes incultas, son los más aptos para experimentar senque vienen de otra parte del imperio británíso ó que va AUMENTO DEL COMERCIO BRITÁNICO. -Estadística oficial saciones de belleza; acaso no las gusten, toda vez que yan á él. El resto del mundo no está incluido en esta con- de las exportaciones inglesas: saboreo indica consciencia, pero sufren su influjo, dejan cesión; no puede entrar por la puertecita de la muralla, LJirati Qstei listas. que triunfe en ellos con todo su poder. Pienso con el ni aun mirar por encima lo que p? sa dentro. 1 85o 6l O00.000 ilustre autor de La mer, que en las obras hechas para el Asia, Europa, África y América del Sur están excluíl 855 89.000.OOO pueblo está el porvenir de los que quieren hacer, no teados del recinto de la muralla sagrada. 1860 124.OOO.OOO tro, sino arte dramático. Y dice Chamberlain á sus devotos: Nuestra política i865 144.000.000 Romain Rolland, hablando de La obra de los treinta actual es la del libresamblo más absolstto. De cían artícu 1870 188.000.000 años de teatro censura el que en este primer ensayo de J 88O 201.000.000 los importados, sólo hay o- nse que paguen derechos (la 1890 227.000.000 Teatro popular se haya recurrido preferentemente á las erveza, los S- ores, los naipes, la ashiaoria, el cacao, el 1900 253.ooo.ooo obras clásicas. Parece que las representaciones de Jlta afé, las frutas n oons rva, el asú ar, el té y el tabaao) las ochenta y nueve restantes antran libres de todo iraY despKés de leer dicha estadística, pregunta con la lia, El misántropo, Berenice, etc. aburrieron soberanamente á la concurrencia, con no haber sido ella todo lo psiesto. Consecuencia de esto es que la mayor parte de mayor tranquilidad á sus oyentes: hs industrias nacionales dedicadas á estos ochenta y nue ¿A qw é 1. se puede hacer creer que un régimen eco- popular que se pretendió. Alalia es admirable- -dic: Emile Faguet; -pero admirable é interesante son dos ve artículo 1? estén arruinadas ó gravemente comprometinómico que ha permitido á Inglaterra cuadruplicar su cosas harto diferentes. comercio de exportación en cincuenta años, aumentánEn esto también llevaríamos ventaja los españoles: dole de modo regular en más de quinientos millones cada diez años, á quién se puede hacer creer que tal ré- nuestro teatro clásico es mucho más divertido que el francés, y Lope de Vega, Calderón y Tirso interesan de gimen sea malo y deba ceder el puesto á otro? El lector puede escoger entre las dos opiniones la que hecho á las multitudes, á más de ser sus obras moneda de buena ley en arte. guste. Las luchas con cifras tienen el don de aparentar Creo, pues, que la fundación de un Teatro popular, dar la razón á los que con ellas combaten, aun cuando que es necesario puesto que implica saneamiento artístiunos digan una cosa y los de enfrente la contraria. De todos modos, resuélvase la lucha en el sentido que co, baratura de precios, horas compatibles con la necesidad del trabajo, habría de ser fácil en España. No necequiera, lo cierto es que por muy librecambista que fuese sitaría la empresa ir á buscar al público, como en París, Inglaterra, nadie o creería. por medio de townéesi los distintos barrios. Madrid no No hay quien crea en el des nterés británico. Nadie cree posible más que su proteccionismo egoís- es grande, y un teatro fijo, Novedades por ejemplo, podría bastar. ta, aun cuando trate de disfrazarlo. No hablo de subvenciones oficiales. El AyuntamienFORE 1 GNER to de París- -dice Seché- -suele hacer las cosas e i grande una vez decidido, aunque tarda en decidirse. El AyunLA PIRÁMIDE. DF LA 7 QcJlERDA REPRESENTA l AS EXPORTACIONFB LA D r LA DERECHA, LAS IMPORTACIÓN A RTE PARA LAS MULTITUDES. A tamiento de Madrid no tiene tan extraña costumbre, ni PROPOSITO DE LOS TEATROS PO- es de esperar que se decida tarde ó temprano. La fundación habría de ser obra de iniciativa particular; pero tendas en su existencia, en tanto que todas las que viven del PULAROS go para m; que, aun así y todo, daría fruto, porque comercio de los artículos protegidos están ricas y floreNo diré yo si España es nación fuerte ó débil: tengo además de ser buena obra, sería buen negocio. cientes... Luego la protección se impone. (Discurso sobre la fortaleza y la debilidad ideas que pudieran muy ¿No habrá entre los que en España saben de estas coproawaaiado en Birwninghan el ¡5 de Mayo del corrien- bien estar en contradicción abierta con el sentido de las te aio. palabras; pero sí digo que somos casi todos los españo- sas algunos que quieran decirnos su opinión sobre asunY para rafor ar s! poder de sus razonamientos, Cham- les gentes rudas y ásperas, de espíritu esquinado y ru- to -a interesante? berlain expresa de modo gráfico en las dos pirámides gosa constitución interior, poco flexibles y menos cariG. M A R T Í N E Z SIERRA