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S AÑO UNO. NUE MERO 61. CRÓNICA BISEMANAL ILUSTRADA. En los Balkanes 1 a insurrección de Macedonia, provocada por las tro pellas y atentados de Turquía, un pais en el cual, si ha posado su influjo benéfico la civilización, ha sido no más que para introducir algunas mejoras en el arte de la guerra, ha puesto en conmoción á todos los Estados cristianos de los Balkanes. Pero de todos ellos, el que con más energía y con mayores arrestos se dispone á refrenar la brutalidad de ios osmanlis, es Bulgaria, quien al ver la apatía de las grandes potencias, el abandono rayano con la medrosidad y el temor á resucitar odios acallados de aquellas que debían haber puesto ya un término al cruento espectáculo que presencia la humanidad en el Oriente, se prepara á luchar con un enemigo que dispone de soldados en número cien veces mayor. La opinión en Bulgaria está al lado de sus gobernantes en este punto; cunde la indignación y la protesta al ver todos los días violadas las fronteras por los destacamentos turcos, que á pretexto de perseguir á las bandas de bravos insurrectos nacedonios, se internan en Bulgaria. Jíl Gobierno búlgaro, refrenado por la actitud para con él amenazadora de las grandes naciones, ixsiste y aplaza el momento inminente de la ruptura oficial de hostilidades con los turcos. Pero esto no es obstáculo para que esté preparado y decidido á acudir á la lucha. El jefe del Gobierno, el prestigioso general Petroff, ha movilizado las tropas búlgaras y ha llamado á las reservas. Aquel ejército se halla ya en pie de guerra, y sólo aguarda las órdenes precisas para ir al encuentro de las tropas del Sultán de Turquía. A todas estas medidas enérgicas responden los otomanos con la continuación de sus desmanes; los asesinatos de cristianos se suceden á diario, y ya no son sólo las tropas regulares las que en el fragor de la pelea matan, roban y saquean; ya los asesinatos ocurren en las calles délas poblaciones, entre ellas Monastir, donde hace muy poco fue asesinado un cristiano por un turco á la misma puerta del Banco Otomano. Inglaterra ha reiterado en una nota á Turquía la ejecución inmediata de todos los artículos del tratado de Berlín, y en especial los concernientes á la provincia de Rumelia, á la situación de los armenios y á cerrar los estrechos. Rusia y Austria nada han hecho en resumen, y con su actitud autorizan las enormidades que se están cometiendo. 1 de la grasa y lo recio y abundante de los lomos. Con la vista te pesan, con la ta te matan, con el deseo te comen. ¿Para eso sólo servimos? -Para eso. -Pues no me parece justo. ¿No podríamos nosotros engordar y comernos á los hombres? -Díselo, á ver si están conformes. -Con todo, no me resuelvo á creer atrocidad tan grande. Paréceme que algo exageras. Quiero descubrirte lo que tengo en el seno de mi papada, y lo primero es que cuanto digo lo sé, y lo segundo que á ningún semejante se lo dije que lo creyera; y así todos fueron avisados aunque no les aprovechara. Todos los años por este día siento estos ímpetus de comunicarme y de advertir al prójimo, y has de saber que en tal día como éste es cuando comienza en nuestra casta la degollina, con lo que el misterio se aclara y queda patente la utilidad del aviso. -No estaría de más que acompañases tus avisos con f ¿MADRID, 20 DE OCTBRE. DE r 9o3 NÚMERO SUELTO, 1 0 do es forastero, porque yo conozco bien á todos los vecinos del pueblo, y desde ahora ha de quedar al servicio de nuestro santísimo Patrono. ¿Qué servicio es ese? -Uno bonísimo al principio, harto malo alfinal. Decorado ya con la marca del Santo, entraba y salía, comía y descansaba en todas las casas. Ni e! mismo alcalde era tan respetado. Por este entrar y salir me fui enterando, y vine á conocer que lo que querían era engordarme para rifarme en vivo, repartirme en muerto y acudir con mis carnes á la función del Santo y al regodeo de los vecinos. No les di tiempo, y creo que hice bien. Corrí mundo, vi muchos pueblos, me salvé de muchos peligros, que no hay talega de dinero que acucie al ladrón como á uno de nosotros; aquí serví, allá me sirvieron, acullá sufrí terrible operación que ya conoces... Entre las mil cosas que vi con espanto fue matar cerdos en todas partes: el mundo estaba lleno con nuestra sangre, con nuestra grasa, con nuestra carne, con nuestros despojos codiciadísimos. ¿Tantos eran? -Cientos de miles, millones... No tienes idea. j- ¿El hombre no está en el mundo mis que para engullirnos? -No todos. Hubo un tal Mahoma á quien le debemos reverencia. Hay no sé cuántos millones de gentes que, en nombrándonos, vuelven la cara y les da vuelcos el estómago. Es la mejor protección que podríamos desear. -Así fuesen todos. -Te aseguro que hay muchos hombres que parecen hermanos nuestros: son tan sucios y con la vista tan baja. Esos no ven más que el puñado de comida delante de sus hocicos. ¡Qué asco! -Pues á fe que no admiten que se les apee el tratamiento: dicen que son los reyes de lo creado... -Carniceros, dirían mejor. Y ellos, ¿no se matan? ¡Ah! siempre- están matándose. Coca eso se divierten. -Esa es nuestra venganza. -Alguna habíamos de tener. Mas sigue mis leales consejos, ¡oh compañero de mi vida! No te hartes, no te remojes, no duermas, no te entregues á los placeres, porque ellos te matarán. -Dime, ¡oh flaco hermano! ¿Tú no morirás también? -Cierto que también moriré. -Pues entonces déjame que goce hoy y muera mañana. Venga á mí el suculento grano, la legumbre exquisita, el agua íur bia, el sueño dulcísimo y congestivo, la. pérfida caricia, el fresco fangal en que me revuelco. Sería mayor sacrificio dejarlos P a r a comprar á la muerte unos cuantos días á precio también de mis regaladas carneSi dices que principia la matanza? Pues comamos y bebamos y durmamos y que nos despierte la puñalada. ¡Alguna había de ser! ¡Todos lo mismo! No he visto predicación más inútil que la mía. Sabes lo que pienso? Que ni te aconsejo más ni acabo de contar mi historia. Yo también quiero comer, holgar, dormir, gozar un poco, á ver si esto se acaba cuánto antes. Al menos, nos quitamos pronto 3 a inquietud de encima. ¿No te lo dije? Eso sí que se llama sabiduría. -Acaso la sabiduría sea no saber nada. En cuanto á eso, creo que estamos mejor los cerdos que los hombres. ¡Quién sabe! Lo que hay de cierto es que á cada uno le llega su San Martín cuando menos lo espera. José NOGALES OR SAN MARTÍN. COLOQUIO DE LOS CERDOS GENERA: PüI. V. EB MINISTRO DEL GABINETE BlH. CiAKO, ORGANIZADO! DE LAS THOPAS, Por permisión del que todo lo puede, 0 E n TÍ DANDO MUESTRAS DE GÍÍAN INTELIGENCIA Y GHAN HNTEItEZA Dü un día se pusieron al habla, es decir, al gruñido, dos cerdos que estaban cebando, el uno de otros documentos que aclarasen su certeza. Que más ellos con hasta once arrobas encima y el otro que no aprende uno sabiendo vidas ajenas que repasando la pasaría de las seis. Ambos estaban recluidos en un co- propia. rral de las afueras, donde no les faltaba ni agua, ni ali- -Que me place. Y con tan loabic intento, allá va una mento, ni reposo, con las demás condiciones de abun- sucinta relación de la raía. Nací en una digna majada de dancia y tranquilidad que requiere la gordura. Extremadura. Por parte de padre ya sabes que nada Y aún dicen que aquel día en que gruñeron con cien- podemos nosotros decir; no así de madre, que fue la mía tos toques ds inteligencia, era el de San Martín, y que excelente, y como pocas de limpia. Durante no sé cuánpor esc y por principiar la matanza se obró el milagro. tos días nos alimentó de su seno á mí y á cinco hermanos más, que fueron desapareciendo, hoy uno, mañana Lo que se dijeron mutaíis mutandis, fue lo siguiente: -Espantado me has, ¡oh noble amigo y compañero otro, hasta que quedamos dos. mío! -dijo el más gordo. -Si de cierto supiese que deCon esto fuimos creciendo que era un portento; que trás del bocado vendría lo que dices, aquí finaría de pura los hijos se crían mejor cuando son pocos, y esta es flaqueza. Atas imagino que juzgas demasiadamente mal orden en todas las castas. Porfinnos separaron y nos á ia casta de los hombres. echaron á la ubre del campo, donde hay que buscar la- ¡Oh incrédulo, oh bonachón, oh cerdo desventura- vida con mediano trabajo. Quedé solo y sintiendo cierdo é imprudente! Esos buenos bocados, esos baños, esas tos cosquilieos que me pedían libertad, por lo que me caricias, ese regodeo, te llevan á la muerte! Morirás resolví á dármela, saliendo un día con ese trote nuestro como mueren todos: de una sola puñalada. que llaman cochinero; y metiéndome por el monte, de cerdo aventurero, pasé allí buenos días y mejores no- ¿De una sola? Ya será grande. ches, hasta que por ver nuevas tierras y nuevos usos- -De un lado á otro de la papada. -Ya ves que gruño de espanto y hoy no me aprove- volví á los caminos. chará bocado. Dígote que no me cuentes sino cosas Llegué á un pueblo tan á punto, que con mi presenc ¡e -tas. cia dirimí una cuestión, y fue la sigu ente: habíanse jun- -Todavía crees ¡infeliz! que te engordan por tu tado los vecinos para designar, según luego supe, el bella cara y por el gusto de contemplar tus lomos. Ob- cerdo de San Jíníón para aquel año, y no se ponían de serva con qué codiciosa mirada tratan de inquirir el au- acuerdo sobre quién tenía que proveer á tan santa obli- mento; con qué palmaditas aquí y allá van apreciando la gación. En esto me vio el alcalde, y dando un golpe con buena disposición de las magras, la excelente repartición la vara sobre un álamo, dijo: ¡Ya lo tenemos! Ese cer- CURIOSIDADES p l metro cúbico de agua cuesta en Constantinopla 70 céntimos, 68 en Rennes, 66 en Lyon, 60 en Versalles, 5o en Tavbes, 40 en Florencia, 35 en París, 27 (término medio) en Madrid, 3 i (término medio) en Barcelona, i5 en Tolosa y 20 en Marsella. pl primer periódico ilustrado que se publicó en Madrid fue el Semanario Pintoresco, fundado por Mesonero Romanos en 1836. P uando en alguna zona de Londres la mortalidad excede de un i 3 por 1.000, la visita un inspector Sanitario, que puede ordenar hasta el derribo de barrios enteros sí es preciso. Q o r término medio, cada día se sacrifican en el Matadero para el consumo de Madrid, 240 reses bovinas, 63o lanares y 3i5 de cerda. Estas últimas durante ia temporada.