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El derecho de asociación lVTo pasa día sin que la Prensa nos cuente que el mi nistro de la Gobernación ha sido visitado por los representantes del partido obrero ó por los delegados de tal ó cuál entidad trabajadora, para quejarse de esta ó de la otra autoridad que menosprecia el derecho de asociación, pone todo género de obstáculos á los trabajadores que intentan organizarse, y ya asociados, persigue franca ó solapadamente á los elementos más activos é inteligentes de la organización. El mal es añejo; radica en el estado de cosas que creó nuestro abandono de los derechos todos; y así las autoridades estiman como una especie de rebelión, como un acto subversivo, el hecho de que unos cuantos ciudadanos rompan la tradicional y casi secular costumbre, y practiquen uno de los derechos más elementales: el de asociació que bajo una forma ú otra ha subsistido en todos los regímenes, hasta en los tiempos de la esclavitud. Y no es lo peor que las autoridades molesten á los obreros y los hagan objeto de vejaciones- -con ser esto una iniquidad; -lo más malo de tal conducta es que en vez de encauzar un movimiento que nadie puede evitar en la actual civilización, en el alvéolo de la legalidad, se le empuja al torrente de la violencia, con lo cual se consigue lo contrario de lo que se pretende, se siembra el odio y se preparan quizás días terribles de destrucción y de desahogo de las pasiones irritadas. No ya por deber estricto, por conveniencia, todo linaje de aspiraciones a buscar en el ejercicio de los derechos el instrumento de mejoramiento, debería ser facilitado y aun alentado por los Gobiernos y sus dependientes altos y bajos; mas ocurre todo lo contrarío, como si de entre nosotros hubiera desaparecido total y absolutamente la previsión, y las autoridades no aspiraran más que á quitarse la ligera preocupación de hoy, fin ver que con ello ocasionan la no interrumpida alarma y el constante temor para mañana. Aun esa conducta de los subalternos revestidos de poder tiene justificación en el feudalismo anárquico de) país, en esa especie de constitución interna que hace de España un conglomerado de bajalatos; pero no se concibe que los que están al frente de esa confederación no procedan con alguna energía, imponiendo á cada cual el cumplimiento del deber. No se concibe que de diez ó de doce ministros de la Gobernación que vienen escuchando á diario quejas y reclamaciones, ni uno sólo haya procedido con energía, mandando á todos que se atuviesen á la ley ó hacendó un ejemplar con algún alcalde recalcitrante. Producto de fenómenos sociales incoercibles, el movimiento obrero es una necesidad imperiosa de los tiempos, y aun los que le miren como un mal tieien interés inmediato y directo en que se produzca y manifieste en tales condiciones, que no altere la tranquilidad ni sea elemento de desorden; esto es, que marche y se mueva en ía legalidad. Esto es evidente; pero no menos evidente es que, si hay obstáculos en Ja legalidad, ese movimiento es fácil que llegue á saltar por ellos. Y lo que sería conquista gradual i incruenta de mejoras por medios racionales, se trocará en llamadas á la violencia, odio, apelaciones á la huelga no preparada; mal para todos, hasta para los mismos obreros. Las trabas, las insidias, los míseros expedientes, las persecuciones, las insoportables minucias y capciosidades con que se quiere dificultar el movimiento legal de asociación de los obreros, sólo pueden tener y tienen un resultado evidente: lanzar á los obreros á la desesperación, y á nadie- -y menos á los gobernantes- -puede convenirles que esto ocurra, como está ocurriendo cada día y cada hora. JUAN JOSÉ MORATO serna y Reus, publicación que fue popularís ma en su época entre ¡as gentes allegadas á los Tribunales. M e parece que antes de la J (evtsta de Españi, que fundaron José Luis Albareda y Fernando León y Castillo, periódico que ha sido la primera revista con el carácter de tal que entre nosotros se ha publicado, allá por los años de 1860 un señor D Jenaro Morquecho y Palma, muy dado á las cuestiones económicas, publicó algunos meses otra exclusivamente financiera y dedicada á defender el sistema proteccionista. En 1. de Noviembre de 1861 se publicó otro conato de revista española que se titulaba así: año 61, biblioteca de revistas; fundaron aquella publicación Santiago de Líniers, Javier del Palacio, Ramón Chico de Guzmán, Alberto Aguilera, Mariano VaJlejo, Eugenio Selles, Roberto Polo, Esteban Pinel y otro escritor que principió entonces á usar el seudónimo de Garci- Ternándes, y de quien me he propuesto no hablar nunca en los diferentes trabajos retrospectivos que llevo publicados, y que fue el iniciador de aquel pensamiento. Más tarde escribieron en este periódico Francisco Silvela, Ángel Carvajal, Luis Gómez Acebo, José Cavanilles, Vicente Lahoz y no sé si algún otro. De los escritores citados, ocho han muerto; los demás todavía andan por ahí, y no m; dejarán míntir. Más tarde se publicó la 1 evista Contemporánea, que me parece que fundaron los Perojo, y que después pasó á ser propiedad de D José de Cárdenas, y sólo en los últimos años del siglo pasado y en los primeros de este han visto la luz verdaderas revistas á la altura y con las condiciones que suelen tener este género de publicaciones en Europa. Hay que ser justos con España en cuanto se refiere á periodismo; en un país donde el número de lectores ha sido tan limitado, los esfuerzos realizados por Jos que que en unos tiempos en que el periódico político más apasionado y de más información no pasaba de diez mil ejemplares de tirada, representaban uno muy grande pretendiendo crear revistas en un pueblo en que por muchos años sólo se habían leído libros de religión, alguna novela por entregas y el J obmsón y el Bertoldo, T 3 er toldino y Cacaseno, como primer pan espiritual de las generaciones jóvenes. Hecho el esbozo de lo que fue la prensa política, ilustrada, satírica y científica en el pasado siglo, réstame dar alguna noticia anecdótica del interior de aquellas redacciones y pedir perdón á los lectores por el poco interés que tienen estos trabajos retrospectivos. JUAN VALERO D E TORNOS vida. Los crímenes ingleses superan en horror á todo lo que Hoffmann pudiera ver en el fondo de su gran jarro de cerveza negra. o No deduciréis de eso que el pueblo inglés sea el más liviano de la tierra. Con el mismo rutinarismo histórico y fatal se desencajan las entrañas de la madre inglesa para echar á! a vida á Shakespeare que á Jack el destripador. El vicio y la virtud son inmortales. La pasión también. Por eso, de toda eternidad, el hombre ama y odia; tiene igualmente apercibidos la dentellada y el beso. ¿Os vais á maravillar de que los Océanos tengan mareas y los hombres pleamares de angustias y deseos impotentes que se resuelven en sangre? No quiero practicar la moral del mundo. Mi compasión abarca entre sus brazos al matador y a la victima, al pobre resto humano traspasado airadamente de boquetes sangrientos por donde la vida se fue. y al trágico desdichado que viéndose en un in pace hizo uso del hierro para salir, para matar. Porque no sz mata así como así. ¿Sabéis cuántos como temblores de tierra, temblores dz alma, se habrán producido en el mísero que alza su mano armada para romper de una vez y cruentamente todo cuanto amaba, lo que más amó sobre la tierra? Y ademas, que el homicida queda de pie; buen amasijo de carne para los saladeros pznite ic anos... A medida que avanzo por la ruta mortal, siento cómo se funden todos mis rencores en una gran misericordia. Y á pesar de las bellas puzstas de sjl, de las euritinias femeninas y de los dulces días primaverales, vivir es tan amargo, que á las veces s: me antoja como uña extraña condena. Largas caravanas de forzados son las generaciones, y de entre ellas, los díscolos y los anormales no son los menos dignos de compasión. No matarás, es uno de los tres ó cuatro preceptos perdurables de todas las religiones. Vese en ello la prueba de que el legislador religioso ha previsto la inmortalidad de la ira, del odio, de la violencia, la inmortalidad del mal sobre la tierra. Por eso, en mi sentir, la compasión por la víctima no expresa sino el cumplimiento de la mitad del deber; la otra mitad consiste en compadecer también al delincuente, que cuando no es un loco furioso, es un desdichado que negó á su madre y quedó perdido para siempre, en el momento, después del de nacer, más culminantemente fatal de su triste destino humano, ALEJANDRO SAWA NUESTROS CONCURSOS CORRESPONDENCIA PARTICULAR 71. T. Sevilla. -Indistintamente. lín lector. Madrid. -Si GACETILLA ETERNA 1 f OS PERIÓDICOS DEL SIGLO PAL SADO ÍVo cualquier tiempo pasado fui mejor, y sin negar su ma- nto á periodistas y literatos ilu: tres que llenaron su misión en su tiempo, es innegable que en aqudlos- -los tiempos, no los escritores, -si la Prensa política y la ilustrada no habían alcanzado el desarrollo que hoy tienen, ía Prensa científica, las revistas, eran casi desconocidas en España. A muchos hombres cultos, y hablo de los años de 185o á 1860, si seles hablaba de revistas, casi estoy por decir que entendían que se les preguntaba por la formación del 2 de Mayo. Uno de los primeros periódicos científicos que se pubíicaron en España fue El Foro Nacional, que dirigía D. Francisco Pareja de Alarcón, escritor ¡lustre que todavía vive, que debe alcanzar una edad avanzadídisímj y que es seguramente ei decano de los periodistas españoles. Este periódico, que no tenía la forma de revista, estableció su redacción en la calle de! Carbón, 2, lo administró mucho tiempo un Sr. Latre, y estaba exclusivamente dedicado á cuestiones jurídicas, pero sin entrar jamás en lo que podría llamarse la actualidad de los Tribunales. Esta publicación, que duró muchos años, se completó con otra que también en forma parecida hizo el Sr. Pareja de Alarcón, y que llevaba por título Z Cristianismo, periódico doctrinalmente religioso. Una de las primeras revistas publicadas en forma de Sal, fue la de Jurisprudencia y Legislación, de los Sres. La- 1 f n hombre y una mujer, de fisonomía moral más ó Vanos lectores de A Tí C. -Si. M. L. Alcalá. -La garantía de que si acierta á señalar el menos definida, se encuentran por la vida, se olisnúmero premiado, obtiene las 5oo pesetas. quean como los brutos ó se saludan arrobados como los 4. J Cebolla. -Sí. serafines de Swedemborg, y se ayuntan. Los ha rozado con sus alas el amor al pasar junto á ellos. Están ya para 3- Tifi. siempre, ó para un largo lapso de tiempo, malditos y bendecidos. ¡El fuego bello y terrible! Ella es duquesa ó menestrala; él es príncipe ó villano. Son, á fin de cuentas, un hombre y una mujer ungidos por la ley de inmortalidad, que reverdece los campos todas las primaveras y hace la vida amable muchas veces. Idéntica ley preside el amor de Romeo y Julieta y las nupcias del lobo y de la loba... Todas las hembras superiores de la escala animal huyen para ser alcanzadas. La mujer coquetea, el hombre se torna arisco. Y un día el sol se nubla y la palabra sale casi inarticulada, con fonetismos rugientes, del fondo de la boca humana. Son esos los fatales equinoccios propios de los mares y de las almas, que tan bien conocen los nautas y los enamorados. ¿Que hubo naufragio; que un hombre ó una mujer fueros sorbidos por la gran avaricia del mar? No se puede culpar sino á la vida, que así lo tiene dispuesto. Muchos desean intensamente, más preocupados de lo ético que de lo estético, que no fuera así. Pero ¿acaso hay modo de suprimir la tempestad, el terremoto y el rayo, ni tampoco las potentes marejadas de las almas? Todos los días la Prensa, como reflejo escrito que es de la vida, tiene á su cargo la relación de un crimen, y todos los días es de ver el llantear unánime con que los periódicos comentan el naturalísimo fenómeno, que tuvo en Caín su gran aborigen y su más corpulenta representación en la mala raza de los conquistadores. Creo yo, contra todo el torrente de la vulgar- -y por eso formidable- -psiquiatría gacetilleresca, que la extensión de la cultura más bien favorece que traba el desarrollo del crimen pasional. En Mogador ó enTananar ve es mucho menos frecuente que en París ó en Londres. Ninguna civilización histórica ha sido bastante, ¿qué digo para cambiar? para modificar, simplemente, las entrañas del hombre. La misma cantidad de bilis segrega el hígado moderlos Uillisterios ¿u no que el hígada ancestral, y Hobbes dijo, hace cerca O de trescientos años, que el hombre es un lobo con resOT l a R e a l A c a á e m i a áe pecto al hombre: homo hotiinis, lupus. Ojeo un grueso cuaderno de estadísticas y en él adtos de Bismuto Tocia clase de V ó vierto que España, según el último censo oficia) con una y eerio de Vipoblación de 19.000.000, tiene, descontando los menomitos y Diarrevas Pérez. Asi lo res de diez años, 11.874.890 analfabetos. En Francia a s en niños y adultos son escasos. Leed, sin embargo, la Prensa francesa. Da afirman indiscutibles se curan pronto y bien horror. Penden de sus columnas, como de los garfios de autoridades médicas. con los Salicilauna carnicería, diariamente, constantemente, los restos venta en todas las farmacias más acreditadas del mundo descuartizados, formando legión de víctimas y victimaNo se devuelven los originales rios inmolados, ante la gran efigie invisible y ubicua del siniestro Molloch, que parece presidir los destinos de la IMPRENTA DE BLANCO Y NEGRO Medicamento de Familias nrn- rirnr n nn H MinMHí f iminranmFnTE FITI