Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
Juby. La frontera española al Sur del Marruecos francés podría comenzar en el cabo Nun y seguir una faja de la costa hasta el actual territorio español de Río de Oro. Los aliados naturales de Francia son en primer lugar L IMPERIO D E LA El papel que Francia ha LA 1 España, Italia y Grecia; en segundo, Portugal é InglateRKPllRl ir 4 FRANREPÚBLICA F s w representado en la His- rra; últimamente, Alemania. La alianza con Rusia es abCESA Y SUS ALIA- toria moderna, el que surda é ineficaz, á más de innecesaria para Francia, que debe seguir representanDAS LATINAS do, es el de restaurar la con su hermoso clima y su universal cultura es la nación grandeza del antiguo Imperio Romano, á quien la civili- que goza de mayores simpatías en el mundo. Respetables le parecen al Sr. Johnston todas las actuazación debe el derecho y lo mejor del arte y de la literatura europea; pero lo- que principalmente interesa restau- les posesiones de Francia con tal que no saque los pies rar de este Imperio es el Norte de África. Desde i83o del plato, salvo en Siam. donde se le permitirá una ocuá 1881 Francia sola ha contenido la ruina de la inculta y pación ó dominio efectivo. En China les dejan á los franceses la isla de Hainán y algún otro cachito de terreno. salvaje Mauritania, procurando colocar á la raza beréber en el lugar que le corresponde entre ¡as europas. Al pro- En cuanto á la influencia de los franceses en Siria y Papio tiempo, ha fomentado y protegido la agricultura y lestina, el Sr. Johnston la considera funesta y está por la creación de un Estado independiente indio, á condición dulcificado 1? intransigencia mahometana, y si continúa esa magna labor, llegará á hacer del Norte de África el más de que los israelitas vayan retirándose de Europa, lo delicioso lugar del mundo civilizado. A ello deben tender cual coincide con los deseos expresados en los últimos todas sus energías, y á ello aplicar su poder de expansión. Congresos sionistas. No era un sarcasmo lo dicho por lord Salisbury en 1890 En fin, Francia debe renunciar á la ¡evancha y contenacerca de la fertilidad posible del suelo del Sahara, que tarse con que le devuelvan Metz y los lugares de Loreregado y cultivado con los métodos modernos, podrá na que hablan francés. producir cereales y dátiles en abundancia. Desarrollando así su influencia en el Norte de ÁfriDESPUÉS DEL ESTRENO ca- -añade sir H Johnston, en quien, como en todo inCAIÍAMOS de un teatro por horas luego de ver y oír reglés, se advierte una inevitable tendencia á arrimar el ascua á su sardina, -Francia podría obtener de Inglaterra presentar, hablar, accionar, bailar y cantar uno de la cesión de sus florecientes posesiones del Gambia, veci- esos esperpentos cómico- líricos que el púbiico aplaude nas del Senegal, con tal que renunciase á sus derechos unas veces y silba otras porque le coge así, no por otras sobre las islas, de Saint- Pierre y Miquelon, con lo que razones de mayor enjundia. Casi todas las producciones, se resolvería la cuestión batallona, que tanto preocupa á silbadas ó aplaudidas, en el género se llevan el canto ingleses y canadienses, de las pesquerías en el banco de de una moneda de dos reales. Salíamos, digo, del teatro cuatro ó cinco señores, Terranova. A la obra de Francia en el desarrollo de la civiliza- cuando uno de aquéllos, tras de proferir mil improperios ción norte- africana, debe y puede contribuir considera- contra la pieza recién estrenada, gritó con voces de soblemente Italia con su posesión de Trípoli y Barca, chantre rabioso: -jLos autores que traen á escena semejantes mamarradesde Ras Ajir, por el Oeste, hasta el golfo de Soluen, por el Este. El articulista tiene la generosidad de conce- chadas, no tienen excusa ni perdón! ¡Merecen la horca! ¡Esto es prostituir el teatro! ¡Esto es un crimen literader á Italia una buena parte del interior de África, sin más condición que la de que los italianos cedan su pose- rio! ¡Esto... -Vamos, amigo, un poquito de calma- -interrumpí sión en la Eritrea y toda influencia próxima d la Somalilandia y Abisinia, á la cual, cort no menos magnanimi- yo, cogiendo al furioso por un brazo; -un poquito de dad permitirán los ingleses gobernarse por sí mismas, calma; no descargue usted sus rayos todos contra los acaso porque escarmientan en cabeza ajena del desastre autores de esta ú otras obrillas. No lo merecen. ¿No? italiano de Adua ó en la propia cabeza de las recientes- -No, señor. Ellos, como todos los hombres, necesipalizas recibidas en Somalilandia. De igual manera, al conceder á Francia el papel de civilizadora en África, tan ganar su pan. Si les dejan ganárselo de este modo, tiene buen cuidado de observar que para nada podrá hacen perfectamente, escribiendo no una pieza, setenmeterse en influencias respecto de Egipto ni del golfo ta mi! No son ellos culpables de que el género prive y Pérsico ni de sus alr- dedores, que, como antesala de la se imponga; lo son quienes le permiten imponerse; y primero usted, por ejemplo, que protesta ahora como un India, deben seguir siendo ingleses exclusivamente. energúmeno y viene al teatro todas las noches, es más Llegamos con esto al enorme problema del reparto de Marruecos. Francia- -escribe el Sr. Johnston, -en el culpable de lo que sucede en la escena española que los caso de que Marruecos desaparezca, será la encargada de autores mismos. Ellos viven de eso. Usted y los que hala liquidación, como lo ha hecho también en Túnez, y si blan como usted y proceden como usted, llenando diariaMarruecos no opone resistencia, un sultán del país puede mente las localidades, hacen vivir eso. ¿Quién es el culcoexistir con ía organización francesa, como sucede con pable, señor? -De manera... el bey de Túnez. Para esto Francia tiene dinero suficien- -De manera que entraremos en este café, y sentadite y hombres á propósito; España no tiene ni lo uno ni lo otro. Pero para satisfacer los sentimientos espinóles, tos y cenando, así se discute mejor, probaré á usted que en estas mascaradas escénicas, más soeces y más groseras, desde el punto de vista artístico, que las que se celebran en los puebluchos españoles durante Carnaval, no son quienes, vistiendo sus obras con esteras viejas salpicadas por todas las inmundicias literarias, las exhiben al público, las que merecen castigo y desprecio y censura, sino quienes acuden á ver los mascarones y aplauden su repugnante indumentaria y sus gestos ridículos y sus contorsiones groseras. ¿Eh? -En mi pueblo (permítame usted que siga cultivando el símil) salió cierto Carnaval una comparsa tan pedigüeña como astrosa y tan astrosa como desvergonzada. Por los jirones de sus vestiduras enseñaban los comparsas todas las vergüenzas de su carne; por los giros de su lenguaje, todas, absolutamente todas las desvergüenzas del idioma. ¿Y sabe usted lo que ocurrió? que nadie les hizo merced de una perra chica; que las personas formales huyeron de los sitios que frecuentaban aquellos mamarrachos; que los ligeros de cascos la emprendieron agarrotazos con ellos, y que el alcalde, sin andarse en chiquitas, metió quince días en la cárcel á los causantes del alboroto. Al otro año no salió la comparsa. ¡Tontos hubieran sido sus individuos en lanzarse á las calles para no cobrar más que garrotazos y días de prisión! ¿Qué quiere usted decir con eso? -Muy sencillo, señor. Que no es sobre los autores de piezas criminosas sobre quienes debe él descargar sus iras y fulminar sus anatemas, sino sobre el público que frecuenta, en clase de maná provechoso á empresarios, autores y cómicos, las representaciones de esas piezas, y á la Prensa que las elogia y dedica tantas columnas, por lo menos, como á un delito emocionante ó á una corrida de toros con y sin D Tancredo. -Pero los autores... podría as gnarse a España dos tciceiai paites de ía penín- -Ya sé lo que va usted á decirme. Los autores que sula Tánger- Teíuán y una región en la costa que llegase por el Este hasta Melilla. La tercera parte Oeste de la estimen ia seriedad del arte, el decoro de la escena y el península Tánger- Tetuán, desde el cabo Espartel por el propio decoro literario, no debían prestar su pluma á la Norte hasta Alcazarquivir por el Sur, podría ser ocu- fabricación de tales esperpentos. Conste que hablo de esperpentos, y los llamo así, no porque tengan un acto pada por Portugal, recuperando la ciudad de Tánger, en que tanto tiempo se mantuvo contra los moros y que per y tengan música; obras hay de esa índole perfectamente literarias y artísticas y merecedoras de aplauso. Hablo dio por transferencia á Inglaterra. Entretanto, el Estre cho de Gibraltar sería convenientemente neutralizado, de esperpentos, y llamo esperpentos á la multitud de quedando bajo la vigilancia de las dos naciones ibéricas, piececillas sin pies ni cabeza, que el público ríe y paga y celebra como si le sirviesen el mejor festín estético del una de las cuales, Portugal, es grande aliada de Inglaterra. Francia podría permitirse el lujo barato de consentir á mundo. Acaso, y sin acaso, lo ríe y lo paga y lo celeEspaña la ocupación de la costa colindante con el cabo bra y lo frecuenta más. Ifaperios y coaliciones E ¡Entonces! -Entoaces, á ello vamos, queridísimo contrincante; entonces no hay que pedir á ciudadanos, para quienes la honra literaria es lo menos y el trimestre lo más, que renuncien al trimestre por el disfrute de una honra que probablemente no han de merecer; ni es de extrañar tampoco que, cegados por la codicia de la ganancia, apremiados por las urgencias del vivir y atraídos por las facilidades que la laña piecerista ofrece, autores de fama contribuyan á rellenar el escaparate de despropósitos exhibido diariamente en cuatro ó cinco teatros madrileños, y (ponga usted la cifra que guste) de provincias, á un público que forma cola en el despacho de localidades y aplaude ó patea esos despropósitos (todo es divertirse) con verdadero frenesí. No á los autores que de eso viven, al público y, ¿por qué no decirlo aunque yo sea del oficio? á la Prensa que hacen vivir eso, es á quienes se debe culpar. Vaya, vaya usted á los teatros serios, á aquellos donde mejor ó peor se rinde culto al arte, y, exceptuando los días de abono en que la moda y no el gusto del púb ico los ocupa, los encontrará más vacíos que; los bolsillos de sus empresarios y las carteras de sus autores; hojee usted los periódicos, y verá en ellos que mientras sus columnas se estiran para el elogio déla pieza ap audida 1 comentando sus chistes y discutiendo seria y enfurruscadamente si esos chistes pertenecen á los almanaques del año anterior ó pueden utilizarse para los almanaques del año venidero, se encogen para la censura reduciéndola á un par de líneas, como se encogen para el elogio y se estiran pata la censura cuando de obras formales se trata. ¡Ah, me dirá usted; es que las obras de pretensiones artísticas merecen más severo estudio y exa- nen! Conformes, mi querido amigo, conformes. Lo malo es que aquí, donde tenemos un jardín muy pequeño, los encargados de cuidarle se dedican, no á limpiar con escrúpulo á pisotear con saña las pocas flores que en él nacen, y dejan todos sus cuidados para el extenso plantel de cardos borriqueros que fomenta nuestra agricultura literaria. Parecía lógico en quienes tan despiadadamente censuran obras dotadas, á lo menos, de buenas intenciones artísticas, ser implacables con las obras que tienen una sola buena intención: dar de comer á honrados padres de familia. Parecía lógico, ¿verdad? Pues no ocurre. ¿Por qué? Ay, amigo, ¡vaya usted á saberlo! Acaso porque la Prensa necesita marchar con el público, y como el público está por el género chico, la Prensa tiene que achicarse; acaso porque muchos de los que usufrutúan esa faena periodística intentaron producir seriamente para el teatro por cuenta propia, y gracias si pueden zascandilear dentro de él por cuenta ajena, vamos, por ajena traducción, refundición, irregularización, ó como usted quiera llamarle; acaso... (Pero dejémonos de acasos. Si el público asiste á Jos teatros de piezas y los llena, y aplaude las piezas, admira á los cómicos y enriquece á los empresarios; si la Prensa echa las campanas á vuelo al más insignificante éxito pieceril, bien hacen autores, cómicos y empresarios en continuar cultivando el género, y muy mal hace usted dando voces y accionando con tanta fuerza. Mientras usted, y los parecidos á usted, sigan metiendo duros por la taquilla, no conseguirán con sus Voces y descompuestos ademanes más de lo que ha conseguido usted: ponerse ronco, descoserse la hombrera de la americana y pagarme la cena. Después de este discurso, comprenderá usted, amigo mío, que no estoy para gastosJOAQUÍN D 1 CENTA CURIOSIDADES IZ n i 859 la renta de la riqueza rústica, urbana y pecuaria de España se calculaba en 687.739.oo p pesetas; para 1904 se la calcula en 886.699.950 pesetas. El crecimiento de los cuarenta y cinco años transcurridos por cada concepto ha sido el siguiente: 1859 1903 Renta urbana 483.565.754 551.619.278 rústica 147.493.408 272.635.451 pecuaria 56.679.847 61.435.221 pfl número de obreros que trabajan en las minas de Inglaterra asciende á 855.6o3; y durante el año pasado han perdido la vida por consecuencia de accidentes en el trabajo 1.o53. O Municipio de una a dea de Suecia ha votado un impuesto sumamente original, que consiste en una contribución progresiva sobre la obesidad. Quien pese menos de 75 kilogramos no tiene que pagar nada; pero los que pesen más, pagarán con arreglo la escala siguiente: De 75 a 100 kilos, i5 pesetas al año; de 100 a 1 35, 3o pesetas, y de 1 35 en adelante, á razón de 3o pesetas por año cada 10 kilogramos. i p l valor de una parte de la producción agrícola de tspaña en 1902, sube á 2.440.441.319 pesetas. Las producciones que han dado mayor contingente al total, son: Xtigo 710.907,955 pesetas Vinos 36o.56o.4ii Cebada 255.787.736 Patatas. 199.331.857 Aceites 189.826.817 Maíz 127.854.018 C e n t e n o 119.962.680 1 as distintas aguas de Madrid tienen la siguiente cantidciG mínima de bacterias por centímetro cuadrado: Berro, 40; Alcubilla, 90; Abroñjgal Alto, 1 10; Retamar, 120; Retiro, 120; Casa de Campo, 220; Reina, 260; Abroñigal Bajo, 270; Lozoya, 20.0; Castellana, 440, y Amaniel, 980 inrnrrnnirr- B MI rom T nrunnUHJiiinTErnu 1 iinrnimiinrnnsn rimi iininrrnniimmuinjmuiiw! i m