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Los marcianos comenzaban á conversar sobre otros asuntos, cuando dijo: -Naturalmente, no puedo dudar de las palabras de usted; pero al darle á la materia del barco, que representa un millón de kilogramos, la velocidad de 1.000 metros, supondría para el proyectil una velocidad tan inmerisa como es imposible producirla de manera alguna. ¿Imposible por qué? -preguntó Jó. -Y aun suponiendo eso- -interrumpió ¿de qué le sirve á usted el disparo? ¡No podría mover el barco! -Eso sí- -corrigjó Grunthe, -sólo que no puede cambiarse J centro de gravedad de iodo el sistema. El centro de graveJad del proyectil y del barco guarda su velocidad, pero allí no x halla nada; el barco se aleja de aquél, debido al contragolpe, como oímos, á razón de un kilómetro por segundo; es decir, caminando ahora solamente con una velocidad de 29 kiloifietrQS. Pero al mismo tiempo tiene que volar el proyectil un dirección opuesta con una velocidad tal, que el producto de ella y la masa del proyectil sea igual al producto de masa y velocidad del barco (en cuanto al centro de gravedad) que es para el caso nuestro la suma de 1.000 millones. Ahora falta saber el peso del proyectil empleado... -Cien kilogramos, -dijo Jó. -Entonces- -dijo Grunthe moviendo la cabeza- -tomaría el proyectil una velocidad de 1 o millones de metros, ó sean 10.000 kilómetros por segundo... ¡Me parece increíble! -Y sin embargo, es así- -aseguró Jó. -Ni aún es este el límite de lo que puede alcanzar. Hemos calculado que la velocidad puede aumentarse á Hegar más allá de la velocidad de la luz... ¡Quiere usted chancearse conmigo! -De ninguna manera. ¿Por medio del desarrollo de gases explosivos? ¿Quién lo dice? Así, naturalmente, es imposible. Pero por uiedio de la explosión del mismo éter universal. Grunthe no hacía más que mover la cabeza. -He leído en los libros de ustedes- -siguió Jó- -que desarrollando los gases de la pólvora, arrojan ustedes proyectiles con velocidades mayores á la empleada por el sonido al propagarse por el aire. Bueno; la comparación no es del todo exacta; pero sí en el punto principal. ¿Por qué no nos había de ser posible desarrollar grandes volúmenes de éter y producir velocidades mayores que la empleada por la luz en el éter al propagarse? Lo importante es tener aparatos que puedan efectuarlo. ¿Y los tienen ustedes? -Seguramente. Podemos producir tensiones etéreas, que descargamos de repente. El éter condensado se llama repuhita. Nuestros cañones y proyectiles son de... vamos, ¿cómo podría yo traducírselo? Al fin, en resumen, todo consiste en retener grandes cantidades de electricidad bajo tensiones colosales, y el descubrimiento se relaciona también con la diabarie. -Por lo pronto, nos es imposible comprender todo esto- -dijo Grunthe. -Y ¿quieren ustedes todavía aumentar la velocidad? -Ssperamos llegar hasta 5oo.o co kilómetros. Entonces ganaremos á la luz, y el que viaje por el espacio en semejante proyectil veiía surgir en retroperspectiva los tiempos pasados, llegaría á tas ondas de la luz que dejaron el planeta antes de emprender su marcha el viajero. -Gracias, -dijo Grunthe enmudeciendo. -Además- -agregó Jó, -el empleo de semejantes velocidades en los disparos directivos no es ventajoso; el gasto de energía crece como el cuadrado de la velocidad. Nos resultaría mucho mejor empleando velocidades menores; pero entonces tendríamos que aumentar la materia del proyectil tanto, que nos sería difícil ó imposible llevarlos. Mil proyectiles directivos á 100 kilos dan ya un 10 por 100 del total de la masa de nuestra embarcación. Comenzaban á entrar nuevas visitas que, antes de salir para Marte, querían mirar por última vez á los hombres. De regreso en su país deseaban tener algo que contar respecto á los habitantes de la Tierra. Una parte de los presentes se levantó y despidió. 7 ó se puso de pie igualmente. ¡Eal- -dijo- ¡Lástima que no quiera usted venir conmigo! Pero mañana, antes de irme, nos veremos todavía. -Y pronto nos volveremos á encontrar todos en el Nú, -agregó Lá. un BinnaiK mmniminriTr tir 1 11 v,