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UN GITAN 1 LLO DEL MERCADO Fot Asenjo EXTERIOR DEL MERCADO EL MERCADO DE CABALLOS Fot. Asenjo Estableciéronse también los corredores de mercado, cuyo título era expedido por el Ayuntamiento, concediéndoles el i por 100 en los contratos de i á 200 escudos; el uno y medio, de 200 á 1.000; el uno, de 1.000 á 6.000; y 5o céntimos por 100 en toda cantidad que excediese de esa cifra. Actualmente, con pocas variantes, -vienen rigiendo las mismas disposiciones, y el mercado sigue celebrándose con la misma concurrencia de gitanos, que los jueves no faltan en aquel lugar, animando con su charla, sus rápidas evoluciones y su pintoresca manera de contratar, el espectáculo que brinda á los que pasan el día viendo asfaltar por no tener cosa mejor en qué ocuparse, y á los que desconocen el Madrid de las afueras, que es mucho más peligroso y más sucio, pero infinitamente más interesante q hál ái ifii ái que el del centro L. ALONSO v r- fct i LLEVANDO TERNERAS AL MERCADO MIRANDO LA EDAD Fotografías Alonso á los queridos libros que hablaron á las dos almas esposas. Entra en la alcoba y ve la cama nupcial, el lecho del amor, que es el mismo de la le entristece ¡I MUERTA, POR ALFONSO PÉREZ NIEVA. la renovada fecundidadmuerte... Sale al campo, yle llenaba de MADRID, i 9 o3. FE. SUÁREZ. EST. T 1 P. EL alegría. Llega el día de de la tierra, y que antescuitado de su su TRABAJO. UN VOL. EN 8. DE 192 PAGINAS. casa, donde todo le recuerda santo, huye el familiares... las muertas dichas DOS PESETAS. y se queda parado en la acera, mirando álos balcones, viudos Con éste debemos al dolor de la viudez, al sentimiento por también, porque nada más triste que un balcón cuando no hay la pérdida de la esposa fiel y amadísima, dos libros excelenuna mujer que á él se asome. Desolado, el poeta sube al tren, tes, impregnados de la más dulce poesía. Es el primero el favan corriendo ante sus ojos los mil pormenores siempre nuemoso libro Dolores, de Balart. Pero aunque el libro Mi muervo: del paisaje, las humeantes casitas, los tardíos rebaños, el ia, de Pérez Nieva, aparezca después y haya sido dictado por señor de pueblo, gordo y colorado, que refrena su jamelgo idénticas emociones, tan varia y extensa es la gamma del doen e ¡paso á nivel; todo aquéllo tan expansivo y elocuente lor, que nada se parecen los versos del poeta joven aún y que antaño, no le dice nada; las voces varias de las estaciones perllora pérdida reciente, á los versos del poeta anciano que p! adidas suenan huecas en su oído. La severa grandeza de T o ñía penas ya aposadas y endurecidas en el fondo de su alma. ledo le abruma y anonada; la del Escorial, más todavía. Las Además, el Übro de Pérez Nieva (sin duda el mejor de cuanrisueñas playas del Cantábrico le estremecen de dolor. Vueltos ha escrito) me parece muy superior al otro por dos cuave á casa; ¿para qué? Dura cosa es volver á una casa donde lidades indispensables en la poesía elegiaca: por la sinceridad nadie le espera á uno. Un cuadro, una Dolorosa de Alonso v por h sencillez. Cano, le trae nuevas y tristes remembranzas. Los amigos le El poeta cuenta, sin divagaciones filosóficas, ia terrible esaconsejan que trabaje. No, el trabajo no mitiga las penas cena de la muerte; vuelve primero sus ojos al Cristo que le grandes, porque afina y depura y agudiza la sensibilidad. Así, para el poeta adquieren insólito valor mil cosas desatendidas, inesperadas: la voz del campesino que pasa cantando soleares, la muda respuesta del médico á quien consulta, lao ílores que sobran en el campo y las que faltan en los nichos del cementerio, el último libro que leyó la esposa, los discípulos á quienes e ¡poeta enseñó historia, el campo engalanado por la primavera, la voz grandiosa del órgano sonando en las naves del Escorial... ¡Oh, hay algunos defectos de forma; pero todo ello e. s muy poético, muy sincero, muy honrado! El poeta lo lleva en! a cara. Parece que se le han caído veinte años encima. F. N. L. El libro de la semana rroquial de San Lu Se! a puso por nombre Adela, Juana, María. Cuenta uno de los biógrafos de Adelina, que ésta vino al mundo á las pocas horas de haber cantado su madre en el teatro del Circo de esta corte, situado en la Plaza del Rey, la ópera JVorma, ío- que hizo decir á un periodista de la época que la Patti era hija de la sacerdotisa ADELINA PATTI i a Prensa extranjera anuncia estos días que la célebre prima dqnna ha sido contratada para dar en los Estados Unidos cincuenta conciertos en diferentes ciudades, empezando por la de Nueva York el 1 del próximo Noviembre. Los periódicos norteamericanos é ingleses aseguran- -bajo la palabra de! empresario- -que nuestra compatriota, á pesar de sus años, ano parece tener un dra más de veintiocho, y que conserva toda la vl. eza de una chiquilla Podrá ser cierto, pero yo me permito ponerlo en duda. Después de cuarenta años de vida artística y de set senta bien cumplidos de edad, no es posible que está la ilustre diva como se dice. ALFONSO PÉREZ NIEVA Porque Adelina Patti, según la fe de bautismo que tentiende los brazos amorosos, gira después en torno la vista y go á la vista, nació en Madrid el 19 de- Febrero de 1843, se halía solo, tristísimamente solo, sin el supremo consuelo á las cuatro de la tarde, en la calle de Fuencarral, núde) os hijos que endulzan con sus risas y cantos la negi- a viumero 6 modei- no, piso tercero de la derecha, cas? de la dez. Llega un. domingo, y el trabajador recuerda! a inocente que era propietaria doña Dolores Zarate de Rojas. Fue. y plácida felicidad de los pasados días de fiesta y de expansión. i orna á casa, y en derredor suyo ve á los amigos comunes, bautizada el 8 de Abril del mismo año en la iglesia paADSDNA PATTI druida, y que á diferencia de lo que acontece á los mortales, sus primeros vagidos fueron trinos, grupettos y escalas cromáticas. La señora doña Catalina Chiesa, madre de la Patti, estaba ajustada de prima donna en el ya citado teatro con el nombre de Basilli, y era gran amiga de su compadre el tenor Sínico, cantante afamado y muy querido del público madrileño allá por los años 42 y 4 3 La Prensa, después de ahbar la hermosura de la Basilli, declaraba que era una soprano desafinadísima que había destrozado la ópera de Dom zetíi Jvfarino Traliero, con la cual debutó en Madrid. El público la rechazó luego en cuantas obras tomó parte, y si la empresa no rompió su contrato, fue porque el tenor Sínico la impuso, amenazando con no volver á cantar si se prescindía de su amiga ¿En cuanto á D. Salvador Patti, padre de Adelina, era un excelente sujeto que no se metía en nada, concretándose á tocar J violín en la orquesta.