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ROÑICA. EL DOMINIO PUBLICO Está sobre el tapete la cuestión del dominio público; y las personas que no sean versadas en Derecho se preguntarán seguramente qué es lo que quiere decir esa tan repetida frase. Pues verán ustedes: el que tiene una peseta y se la presta al Estado al interés del cuatro por ciento, es dueño de esa peseta durante toda su vida, y lo son sus legítimos herederos en una serie infinita de generaciones. Después que el Estado le haya devuelto por intereses muchas pesetas, todavía debe la que recibió en préstamo; esa piseta es tan eterna para sus dueños y tan permanente como el Estado. Pero usted, lector amigo, en vez de una peseta tiene una obra científica ó literaria debida á su ingenio y estudio, y la renta que pueda producirle se acaba en cuanto pasan cierto número de años después de su muerte. Así lo dispone la ley de propiedad literaria de España y las de casi todos ó todos los países. Para esta excepción, los legisladores han tenido en cuenta una porción de razones que ahora no voy á discutir, porque eso daría á esta crónica un carácter muy distinto del que yo quiero que revista; dan una porción de razones que á mi me parecen absurdas, pero que no es este el momento, de tratar. Aceptemos el hecho; la propiedad intelectual caduca en un plazo que la ley marca; en cuanto llega esta fecha todo el mundo es dueño de coger la obra que ha entrado en el dominio público, reimprimirla, venderla y representarla, guardándose buenamente los productos de la venta y representación sin tener que abonar un céntimo á los herederos del autor. He dicho que no quería discutir el fondo de justicia que hay en esta disposición legal, contra la que protestó Alfonso Kar ingeniosamente, ni las razones que en pro se aducen, pero no puedo prescindir de la opinión del gobernador civil de Madrid, que según la prensa, y á propósito de cuestiones de la Sociedad de Autores, ha dicho: El dominio público es una especie de expropiación forzosa por causa de utilidad pública y para que la humanidad no pueda ser privada caprichosamente del conocimiento de ciertas obras maestras. Está bien, y tiene razón el señor gobernador, que además es abogado distinguido. Sólo es de sentir que esa medida no se aplique á la peseta que también necesita la humanidad, lo mismo que las obras intelectuales; y quien dice la peseta, dice el millón que muchos guardan, con perjuicio de los que carecen de algunos céntimos para sustentarse. Aceptemos la teoría del Gobernador: la propiedad literaria se expropia como una tierra de pan llevar ó como una finca urbana; es verdad que á los propietarios de fincas y terrenos se les paga su valor al arrancarles la propiedad, y á los autores no se les da un eéntimo, diferencia bastante importante para el dueño de un trabajo intelectual; pero (hoy estoy en vena de aceptarlo todo) pase que también obedezca eso á una razón de justicia, y después de admitido, vamos á ver qué beneficio le resulta al público en las obras dramáticas, por ejemplo. Señoras y señores: cuando acudís al teatro Español ó á cualquier otro teatro para saborear las bellezas de una comedia dé Calderón ó Lope, ¿os cobran algo menos por la localidad, con objeto de favorecer y popularizar las inmortales producciones de nuestro teatro clásico? Nunca os habréis encontrado con semejante rebaja. Suele suceder y ha sucedido iodo lo contrario. Cuando se representa una obra expropiada por causa de utilidad pública, como mantiene el señor Gobernador de Madrid, los precios para ese público en cuyo favor se ha despojado de su propiedad á los herederos del autor, aumentan, y en muchos casos en proporción considerable. Deaquí resulta una consecuencia indiscutible: que el dominio público es en lo relativo á las producciones drara ticas, y en España por lo menos, el dominio del empresario. El espectador paga lo iismo; el empresario se guarda los derechos de propiedad que debiera pagar si la obra representada n, o fuese del dominio público. Lo cual es lo mismo que si se dijera: para comodidad del pueblo de Madrid, se va á ensanchar la calle de la Montera, á cuyo efecto se despoja del terreno necesario á los propietarios; y después el Ayuntamiento prohibiera el paso por la parte ensanchada de la calle. En todos los países donde se rinde culto verdadero al teatro nacional, se verifican representaciones populares para que los clásicos lleguen á todo el mundo por poco dinero; ahí está bien que se ahorre el empresario en ese día y con tal motivo el gasto de propiedad intelectual. El público en España no domina nada en esa propiedad que generosamente le regala la ley; le cuesta el mismo dinero que la propiedad ajena, ó lo que es peor, mucho más cara, como ya ha ocurrido en la propia capital déla Monarquía española. Ha venido, por lo tanto, á suceder que la utilidad pública, invocada para caducar la propiedad intelectual, se ha convertido en nuestro país en la utilidad del empresario, que no es precisamente ¡o que quieren las leyes que han hecho en la propiedad literaria la importante limitación que queda expuesta. Con quitar una propiedad para dársela á otro, no se beneficia en nada el interés invocado por el señor Gobernador, que es por cierto uno de los fundamentos que suelen exponerse para justificar el despojo que la ley impone á los herederos de un hombre que haya producido obras maravillosas para instiucción ó recreo del espirita del r énero lun. a. io. Algo parecido ocurre con el libro: una obra no se populariza por quitarle la propiedad á los herederos del autor. El editor que la publique lo hace siempre para ganar dinero, y lo único que se consigue es que le salga más barata la edición por no tener que pagar un céntimo al autor. Pero al público los libros le cuestan lo mismo cuando los da á luz un editor que cuando los imprime su autor ó sus legítimos herederos. Si al declararse de dominio público una obra para bien de la humanidad, el Estado se dedicase á publicarla sin ganar nada, vendiéndola por su coste y aun perdiendo algo, tendrían efecto las razones que se aducen en favor de la limitación de la propiedad intelectual. Pero el Estado no se mete en libros de caballería. La Academia es la única que publica libros de cuando en cuando, y á tales precios, que difícilmente los tasarían en más los herederos de los autores, aun siendo amigos de enriquecerse. Pocas obras necesitarán popularizarse más, ni serán más necesarias á la cultura pública que el Diccionario y la Gramática que dicha corporación publica y, sin embar oo, no se distinguen por su baratura. El Diccionario sólo está al alcanee de los primeros accionistas del Banco de España, y las diversas ediciones de la Gramática cuestan lo mismo que los demás libros de texto; libros que, como ya es sabido, son los más caros que hay en España, porque la letra con pesetas entra en estos tiempos más positivos, que aquéllos en que bárbaramente se proclamaba como verdad pedagógica que la letra entraba con sangre. De todo lo cual me permito deducir qne si ha de haber dominio público, es preciso arreglar las cosas de manera que efectivamente contribuya esa disposición legislativa á la cultura del pueblo, porque si no, bien se está la propiedad de una obra en los herederos de un autor, como está el cortijo y la viña en los sucesores legítimos del dueño. Que se tire de la cuerda igualmente para todas las propiedades del individuo, ó que no se tire para la propiedad intelectual solamente. Y caso de que continúe la excepción (que sí continuará) que utilicen los bienes lanzados á la circulación intelectual aquéllos á quienes la ley atribuye su disfrute. Esta especie de latifundios intelectuales no van, hoy por hoy, á beneficiar á nadie. Desamorticemos para bien de todos, y no desamorticemos en beneficio del editor y del empresario. EMILIO S Á N C H E Z PASTOR Un Concurso como el de A B C lr- 1 Daily Express, de Londres, ha celebrado últimamente un Concurso por el estilo del que proyectaba A B C, y que ha dado lugar a graciosos incidentes. Dicho periódico había prometido entregar 100 libras esterlinas ¿la persona q u í lograra descubrir el paradero de cierta señorita Watson, comisionada al efecto para perderse en la innií nsa ciudad. El Daily Express concedía á sus lectores un plazo de una semana para la busca y captura de miss Watson. Con objeto de ayudar las investigaciones de los policías amateur! publicaba el periódico las señas personales de la señorita y un excelente i- ettato dz la misma. Pues bien; á pesar d todas esas indicaciones, el descubrimiento de miss Watson no se realizó hasta unas cuantas horas ante; de tenieinarce el plazo. Las aventuras de la extraviada han sido curiosísimas. Un día alraorzó en una casa donde, desde el cabeza de familia hasta la criada, andaban todos locos tras de las 100 libras de! Daily Expías. Aquellas gentes perspicaces no leconocieron en su visitante á la persona que podía proporcionarles la ansiada suma. JVliss Watson viajó en el iube (ferrocarril subterráneo de Londres) e hizo largas excursiones en ómnibus, trabando conversación con numerosos individuos que aseguraban hallarse sobre la pista de la misteriosa comisionada del Daily En una ocasión, cierto viejecillo que se sentaba á f u lado en en tranvía, le preguntó: ¿No le Darece á usted que aquella joven es miss Watson? Por último, ciando se aproximaba el suprimo día del concoirso, un individuo llamado Higg detuvo á la síñorita en pleno Strand diciendo! Usted es miss Watson. Acompáñeme ustec á las oficinas del periódico. Miss Watson se declaro vencida, y dirigiéndole al Daily Express, hizo la presentación de su aprehensov al eme fue entregado el premio. Esta noticia, tal como la reproducimos, la ha publicado nuestro estimado colega Za Evoca en su número del último miércoles. Suponemos que la habrá leído en el diario ministerial el gobernador civil Sr. Lacierva, que prohibió el Concurso de A B C por temer que en Madrid iba á ocisrrir! o que, como se ve, no ha ocurrido en Londres ni, seguramente, lutbría oourrído aquí. con ellos a un público que se tiene por más intelectual, Tenía aquella gente bullanguera un barrio inmediato al corral del Príncipe, á ambos lados de la calle del León, cuyo principio, que formaba por el chaflán de la esquina una plazoletilla, fue llamado mentidero de los representantes. Hacia el centro de la misma calle, frente á la de Santa María, se veneraba una pintura de la Virgen llamada del Silencio, una de esas imágenes que, odeadas de exvotos, se veían entonces con profusión en las fachadas, y cuyos farolillos de aceite constituían el único alumbrado de las noches madrileñas. Recién vuelto á la villa el honor de corte por Felipe 111, llegó á ella procedente de Medina del Campo un matrimonio pobre: Lázaro Ramírez y Catalina de Flores. Venía ésta enferma por haber dado á luz en el camifio y tenido que levantarse á los cinco días, y con los fríos inviernos de este clima empeoró, acabando por tullirse y verse reducida á pedir limosna. Sin medios ni esperanza de que la curaran los médicos, contra quienes esgrimía entonces Quevedo sus crudas sátiras, juzgó mejor procedimiento terapéutico una novena á la Virgen de la calle del León. 1 mismo día que la terminaba, que fue el i 5 d ¿Julio de 1624, cuentan las crónicas que sanó; y loca de alegría, compró en Antón Martín unos clavos y colgó sus muletas junto á la imagen. El vicario de Madrid, D Diego de ía Vela, declaró oficialmente que se trataba de un milagro, y poco después dispuso la traslación de la Virgen, que trocó su anterior nombre por el de Nuestra Señora de la Novena, á la parroquia de San Sebastián. La hija que había dado á luz Catalina, Bernarda Ramírez, se dedicó al teatro, donde se la llamó más adelante la Napolitana, por haber- trabajado en Ñapóles. Tenía entonces cada gremio su patrón y su cofradía, pero formaban excepción los comediantes. Los hechos anterioi es, sin embargo, y el sentir muchos de aquéllos devoción por la Virgen de su barrio (que alfineran españoles del siglo xvn) tes persuadieron á seguir las indicaciones del párroco de San Sebastián, y en la primavera de 163 3 constituyeron su cofradía de Nuestra Señora de la Novena. Fuero- i sus fundadores I03 autores Tomás Fernández de Cabredo, Cristóbal de Avellaneda, Manuel de Vallejo, casado con la virtuosa y aplaudida María de Riquelme, Andrés de la Vega, marido de la no menos célebre Amarilis, y Lorenzo Hurtado de la Cámara, que se hicieron cofrades con todo el personal de sus compañías y las familias de todos. La congregación, que vivió prósperamente d; las cuotas y limosnas de sus individuos, no tenía por único objeto el culto, sino que, verdadera sociedad de socorros mútuoj, sostuvo con donaciones á innumerables cómico: viejos ó necesitados, y costeó entierro- y honras de todos, contribuyendo además á raejorar el concepto en quo la sociedad de entonses tenía á los artistas de la escena. La histórica cofradía se ha conservado hasra hoy, en que la preside Díaz de Mendoza. Su capilla, labrad? de 1662 á 1671, se encuentra un da á San Sebastián y es igualmente de ladrillo revocado y del mismo estilo J ¿Renacimiento austero que suele caracterizar nuestras iglesias del tiempo de los Felipes, lin otroj íierapc encerró muchos objetos de arte y de valor, pero todoo ha 1 desaparecido, sin que se sepa cómo ni cuándo. En la capilla propiamente dicha quedan un gran Cristo, qus es el mejor y parece del siglo xvn; varios cuadros de la misim época, y otro de la Virgen Patrona, obra por su estilo de la primera mitad del siglo xvni, y que adorna en marco rococó el centro del retablo. Una antigua escalera conduce al primer piso, donde hay una salita en que se reúne la junta, y el llamado Camarín. En éste se alza un altar cuyo tallado y dorado retablo de barrocos follajes da cabida á la antigua pintura de la calle de) León, cuadro no íalto de sentimiento, pero sobrado de dureza, y con reminiscencias aúr. de la escuela de Brujas. En la salita hay una copia libre que la condesa de Chinchón mandó hacer para conservar en su casa el original. No es tampoco obra de mérito, pero por su estilo más envuelto debe considerarse posterior al Velázquez del tercer período. Y ésto, unido á una antigua inscripción que figura m la mis. ua sala, demuestra el error de muchos, que ven cu cst; cuadro el primitivo. Eu un segundo piso, junto al coro, se abre la sala capitular con el archivo, en que abundan los datos sobre los cómicos de antaño. Si alguien extraña que en plena época positivista formen nr. ichos interpretes del alegre género chico una cofradía religiosa, mis se s o r p r e n d í de que descreídos autores de algunas de esas picantes obrillas hayan encendido velas á su Patrona para que tocata el corazón ai publico la noche del estreno. ero, en este punto, la discreción impida dar más deEMIUO H D E L VILLAR A VIRGEN DE LOS COMEDIANTES Días pasados se reabrió con una función religiosa en la iglesia de San Sebastián la capilla de la Virgen de la Novena, en la cual la cofradia de los actores acaba de hacer reparaciones que, aunque parezca ilógico tratándose de artistas modernos, demuestran más devoción que gusto estético. La historia de esa Virgen madrileña nos remonta á los tiempos en que, para indicar la excelencia de cualquier cosa, se decía jes de Lope! y al medio ambiente de aq líos comediantes que deleitaban al pueblo de su tiempo recitando lo que hoy llaman despectivamente largas tirada: d. VCIÍOS. Jos que, creyéndose superiores- -buiren CURIOSIDADES p n Abril del año próximo se celebrara en París una E posición ínternacionaJ áz Liíro rafíi. p nn los Estados Uii do hay dos importantes fabricas que construyen féretros de papel, y en Alemania se fabiican toneles de la misma materia. oegún cálculos, se publican cada año 3.200.000 libros y lo lletos, que, dadas las tiradas corrientes, hacen más de yS millones de volúmenes. I a Federación internacional del Libro, cuyo Comité cen tral reside en Berna, cuenta con 3i federaciones nacionales, J 5- 5.2OI afiliados y 2 millones 4 ¿pesetas. i im- -noisi mrnnin i ¡i IMITUrr 1