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ser famosos, por reunirse mujeres y hombres de lo más- -Basta- -interrumpió la esposa del procer; -esta sedistinguido de la época. ñora estará impaciente por llevar á su hijo la buena noSe citaba á Hortensia de Beauharaais, las condesas ticia. Fanny y de Houdetot y las señoras Caffarelli, Dumas, -Ay, sí- -dijo la interesada; -no pueden ustedes Andressi, Tallien y otras. figurarse la intranquilidad de mi Atilano. Desde anoche Entre los hombres abundaban los literatos y los artisestá con un huevo cocido y tres pasas. tas, siendo habituales concurrentes Bernardino de Saint- ¿Nada más? Pierre, el famoso autor de Vahío y Virginia; Arnault, -El siempre ha sido de poco comer; pero desde que Ducsi, Leugouvé, Valney, Alejandro Duval, José Cherestá enamorado, puede decirse que se sostiene con fénier, Lemercier, etc. culas. Esta especie de corte fue muy útil á Napoleón, y más Dicha; estas palabras, la mamá de Pellejín sacó del tarde, al regresar triunfante de Egipto, se transformó seno un estuche, que puso en manos de su futura conen partido político. suegra. La imaginación de Josefina revistió aquella morada de- -Es un brazalete que mi Atilano regala á la que va á un lujo fantástico, gastando sumas enormes en la realizaser su esposa. ción de sus ensueños. ¡Qué bonito! -exclamó la consorte de Bzsuoón. Se llenaron los grandes jardines de flores extraordina- -Sí, es de mucho gusto, -añadió éste. rias, y allí se cultivaron las rosas tan bellas que son co- -Lo ha elegido él; está mal que yo lo diga, pero mi nocidas con el nombre de rosas Malmaison. hijo tiene un gusto muy delicado. Lo mismo es para la El 17 de Diciembre de J 809 Napoleón se divorciaba ropa blanca. ¿No le han visto ustedes los calzoncillos? de Josefina, y la pobre abandonada se retiró á la mala- -No, señora, -contestó la de Besugón go ofendida. casa para llorar en la soledad los perdidos esplendores- -Podría habérselos visto usted por una casualidad al de susi. glorias y el amor por el cual se sacrificaba. hacer un movimiento impensado... Pues usa los calzonNo vivió mucho tiempo después de su desgracia; poco cillos color de rosa, bordados á cadeneta. á poco se fue extinguiendo la luz de su mirada, y el mes La hija de Bzsugón, oculta detrás de un portier, esde Mayo de 1814, el mes délas flores que tanto amaba, cuchaba atentamente aquellas declaraciones íntimas y prodejó d pertenecer á la tierra. curaba ahogar los latidos de su pecho. ha Malmaison, como agorero trágico, recibía alano Después de hablar de los calzoncillos, la mamá de PesigiMhte á Napoleón, que regresaba de la isla de Elba; llejín se extendió en otros detalles acerca del buen genio el guerrero infatigable salía de allí para emprender, su de su hijo, de su docilidad y de sus dotes físicas. últim xampaña. -Me parece algo escrofuloso, -objetó el eminente tfivaía, célebre en la historia, el 24 de Junio de 18 1 5, hombre público. se refugiaba en la mala casa el famoso emperador hasta- ¡Quiá! lo que tiene es algo, de humor herpético heentonces dueño de los destinos del mundo. redado de su padre. ¿No ha conocido usted á mi esposo? Tal vez la sombra de Josefina se le apareciera en las- -No, señora. imágenes confusas del sueño. La espesa abandonada le- ¡Qué hombre tan guapo! Lo único que le afeaba señalaría el campo de Waterloo lleno de cadávei- es, donun poco era la nariz. Cuando se sofocaba se le ponía de acababa de sufrir su gran derrota... verdosa. Y los salones solitarios de la Malmaison debieron He- -Este- -interrumpió la cónyuge de Besugón, -aunnar con tristes presentimientos las ideas del emperador; que lo ve usted tan robusto, no disfruta tampoco de buede! sombrío castillo salió para tomar el camino de Rona salud. Siempre que discute en el Congreso ó sufre chefort, que debía conducirle prisionero á la isla de Santa una contrariedad cualquiera, se cubre de sarpullido. ¡Si Elena. le viese usted las piernas! Le salen unos habones que dan Algunos días después de su marcha, ingleses y prusiamiedo. nos saqueaban el dominio; pero respetaron casi todo ese- -Me parece que has cometido una indiscreción- -edificio que tan severa lección presta á la historia. dijo e! procer. ¿Qué necesidad tiene esta señora de coCARMEN DE BURGOS SEGUÍ nocer ciertos detalles? -Yo soy de confianza- -añadió la mamá de Pellejín; -pueden ustedes considerarme como de la familia. ÁVIDA EN BROMA. PETICIÓN DE- -Bueno, pero suplico á usted que no, haga público 10 MANO de los habones. Sí yo fuera un hombre insignificante, Pellejín se casa. de esos que pasan desapercibidos, me tendría todo sin Su mamá estuvo el jueves en casa del ilustre Sr. Becuidado; pero, dada la posición que ocupo en la Política sugón con objeto. de psdirle la mano de su hija para el y siendo como soy jefe de una importante agrupación joven y ya elocuente diputado. monárquica, podrían mis enemigos emplear como arma- -Honra inmerecida es la que usted nos tributa, y no de combate lo de los habones. por eso menos estimada- -dijo Besugón, -y creo ex- -Por mí no se ha de saber. presar con estas palabras las ¡deas, no sólo mías, si que -Gracias, señora, -dijo Besugón, tendiendo la mano también de mi esposa. Entiendo yo que el distinguido jo- f á su próxima consuegra. ven que ha tenido usted el honor de dar á luz merece í Y no se volvió á hablar de humores herpéticos ni de por sus méritos, que son muchos, y ppr el brillante por- nada desagradable. venir que la política le ofrece, toda mi consideración y i La mamá de Pellejín salió de aquella casa llena de aletodo mi afecto. ¡Ah, señores! digo ¡ah, señora! la poli- i gría. En el café de enfrente la esperaba su hijo, que no tica, aunque falaz y engañosa cual cortesana, enciérrate- i hizo más que verla y arrojarse en sus brazos. soros inestimables. i- ¿Qué han dicho? -preguntó con ansiedad. -Todo está arreglado. ¡Qué alegíía! Voy á behelme una copa de ton pala celeblal el suceso. ¡Mozo! Tláigame usted Ion. ¿Qu ¿q: i. les tomal, mamaíta? -A mí que me traigan un té con agua de azahar. Estoy nerviosísima, -dijo la madre. Y mientras el mozo les servía, la mamá y el hijo entablaron el siguiente diálogo: ¿De manela que no hay dificultad? -Ninguna. Dentro de poco serás el yerno de Besugón. ¡Ay, hijo mío! ¡Que suerte la tuya! Ya te estoy viendo ministro; Silvela se retira; el partido liberal está cada día mas descompuesto; Villaverde saldrá pronto del Ministerio coalas manos en la cabeza, y habrá que llamar á Besugón... Excuso decirte que, dado tu parentesco, te confiará una cartera. ¿Tú cuál aceptarás? ¿Yo? la de Malina. -La tendrás, hijo mío, la tendrás. Al otro día la Prensa publicaba el siguiente suelto, redactado por el propio Pellejín: Ha sido pedida la elegante mano de la hermosa y discreta señorita de Besugón, hija del eminente hombre público del mismo apellido, para el joven y elocuente diputado Sr. Pellejín, esperanza de la patria. Felicitamos á su señora madre Luis TABOADA C RÓNICA. LA LOS TRIPULANTES DE STEIN NOTA POLÍTICA EN BUSCA DE UNA CABEZA, Ó EL PARTIDO LIBERAL SIN JEFE ht escultor. -Aquí tienen ustedes las únicas cabezas que por el momento puedo ofrecerles. Los comisionados. ¿No hay otras? El escultor. -No, señores. Conque, ¿cuál pongo? Los comisionados. -Cualquiera, porque ¡as tres son peaueñas. Todos iguales, de igual estatura, de igual fisonomía. Rubios, de un rubio claro, casi sin color; los ojos azules, de mirar plácido; la piel curtida por el aire del mari. 7 Dijérase, al verlos tan semejantes, que todos eran hi- i jos de una misma madre; que todos habían nacido drun 1 mismo vientre, poderoso y fecundo. Hombres hechos de encargo, á la medida, por orden soberana del Kaiser. Miradlos: Todos son uno; todos parecen uno. Es la marinería de la fragata alemana de guerra la Stein. A cabo de leer en el Larrquseque Alemania es un país esencialmente militar. Cuéntase de los subditos de Guillermo 11 que cuando ejercen sus funciones de. maridos dicen á sus mujeres gravemente, sin preocuparse para nada del amor: ¡Vamos á hacer hijos para la patria! Y en todo buen hogar germano hay un retrato de Molke, alumbrado con dos velas y una vieja espada colgada de la pared, recuerdo glorioso de la guerra del jo. Los niños, apenas saben andar, aprenden la ordenanza y se aporrean con sus espadas de madera jugando á franceses y prusianos Lu? go, ya hombres, entran en los cuarteles como en una Universidad, á estudiar todas las artes de la guerra. Los viejos bosques de Germania no dan ya de sí más que guerreros y filósofos, destructores de cuerpos y. destructores de almas. Krupp y Schopenhauerr dos negaciones. i a escena en Santander. I -í... Cuatro marinos de la Sle n erfíran en el Café del Jíncora. v s- Un mozo se les a; erca y les interroga con la palabra y el grito. ¡Ron! -responden los cuatro. (Esta palabra pertenece- al idioma universal. Pronuncíese como se pronunci ¿ro i íit, np hay camarero de café ó mozo de taberna que no conozca su significado. De un trago se apuran la copa. Luego encienden hs largas pipas de barro... y llaman por segunda vez al canvrero. ¡Ron! Cada cinco minutos tocan las palmas para pedir una nueva copa. ¡Y ya llevan en el café muy cerca de una hora! De pronto, uno de los marineros golpea furiosamente la mesa con sus puños enormes. ¡74 a- Va- gal (Otra palabra que pertenece al idioma universal. jOh, cómo les gusta á los buenos teutones el vinillo fuerte y dulce de Tas cepas malagueñas! Sus ojos azules, de mirar tranquilo, relampaguean de alegría, y hablan en voz alta, y ríen á carcajadas, y ya no parecen los tristes autómatas, sin libertad para andar ni para moverse, hechos de encargo por orden soberana del Kaiser. Sí, ya se ve que están alegres, que la librea mil tar 110 les pesa en el cuerpo como una camisa de Fuerza. ¡Ma- la- gal ¡Ma- la- ga! Y como niños mal educados, piden todo lo que ven, todo lo que solicitan los otros parroquianos del café, helados, chocbíates, pasteles... ¡Todo mezclado con vino de Málaga! Suenan las seis. Como movidos por un resorte, los cuatro marineros se ponen en pie, pagan su cuenta- -cuarenta pesetas en comestibles y bebestibles, -se encasquetan las gorras, se ciñen á la cintura la reluciente correa de hule, y erguidos los cuerpos ganan la puerta del café y atraviesan el paseo del Muelle, con la gravedad de hombres que no han mezclado el ron con el vino de Málaga y el helado con el chocolate. En el muelle los espera la lancha vapora que ha de conducirlos á la Stein. Y al bajar á ella, los ojos azules de los marineros np relampaguean ya de alegría y parecen llorar la nostalgia de su libertad perdida... l problema naval? Verá usted cómo lo resuelvo yo, señor Cobián: Unos cuantos barcos... ¡y que. núes- tros marineros tengan dinero para emborracharse con vino de Málaga al bajar á tierra! E MIGUEL S A A