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¿Dónde estamos? -repite mi compañero de expedición- De manera que si hasta ayer vivíamos como quien dice- ¡En Barajas! -responde clara una voz que surge del en un corra de- vacas, hoy ya nos vemos metidos de hoz abismo, y añade luego: y coz en el más elegante rendez vous. Y si antes, como- ¿Quiénes son ustedes? cosa estupenda, hallábamos de tarde en farde á una mu- -Capitán Cartón, periodistas madrileños, -contestamos. chacha decentemente vestida, ya ¡bendído Dios! da usted Otra vez corren ge tes hacia nosotros. Son las seis y cinco minutos, y el globo está á 45o metros de la tierra; pero en cuanto se echa á la calle con una mujer que lleva encontinúa nuestra elevación, y cinco minutos más tarde alcanza- cima un caudal en perifollos. mos los 6oo metros de altura. Playas y balnearios han sido para nuestras elegantes Barajas, ai cual nos dirigíamos en derechura, se desvía á los galantuomos de unas semanas, los tenorios áz unos la derecha; el crepúsculo avanza y el capitán resuelve efec- días, los novios por pasar el rato. Madrid es el amado de tuar ei descenso. siempre, el de las grandes adoraciones y el de los odios Tira de la cuerda de la válvula, se escapa de la cabeza del grandes: el elegido del corazón, enfin. Y Madrid, gaglobo una bocanada de gas, arroja luego medio saco de lastre para graduar la caída, que se acentúa pausadamente, y la lante y exquisito, con sus nuevas calles asfaltadas, con multitud que nos aguarda por allí prorrumpe en vítores y sus bonitos revoques modernos, con sus lindos escapa- rates relucientes, recibe en palmas á la triunfante legión aplausos Los rebaños de ovejas huyen espantados, levantando espesa de hermosas. polvareda Vuelven frescas, sanas, juveniles. Aires del campo y Ya rastrean las cuerdas por el suelo; los garfios del ancla brisas de la mar salutificaron sus adorables cuerpos. Cien máquinas nos enfocan desp: chelamente; óptimo yola muerden la tierra, y tranquila, pausada, majestuosamente, Traen las miradas más brillantes, el andar más garboso; Ttja ansiando verme arriba, y desciende el g obo sobre un dilatado campo escueto de vege- ¡Suelten! -grita el capitán. tación, donde nada puede estropearse como no fuera el glo- hasta en el hablar ss- las advierte más gracia. Y, como Thais al regresar á Alejandría, ellas, al volver á Madrid, Un aplau o cerrado, unánime, entusiástico; millares de bo, por los muchos rastrojos punzantes que hay. voces resuenan, multitud de pañuelos flameando van hundiéntín sinnúraero de buenas gentes se habían agarrado á las llenan de alegría las calles dose rápidamente, apagándose los ruidos, y al dominar la cuerdas y tiraban con fuerza, en tanto que Air. Cartón abría Con ellas vuelve el lujo que tras ellas se fue. Y en sus espe a arboleda del Retiro y del Parque, nos sentimos ro- repetidas veces! a válvula para quitar fuerza al globo y poder maliciosos paseos triunfales, las ambiciones que sestearon deados por torrentes de luz. Un silencio sepulcral... -no, no, salir de la barquilla. durante dos meses despiertan con deseos terribles. Cada ya he olvidado los sepulcros; a egria, satisfacción, todo ríe A las seis y veinte minutos ponemos píe en tierra; unos en torno mío, todo me inunda de bíenesla -un silencio ab- cuantos hombres sujetan el cesto, y luego todos nos rodean; vestido de los estrenados en Biarritz, en San Sebastián ó en el Sardinero, ahora, en su reprise madrileña, es el soluto nos envuelve. hombres, chicos, mujeres, nos hacen mi! preguntas y nos dan banderín de enganche de los deseos. Y las señoritas que Madrid apare: ede pronto í nuestra vista encubierto, entre ía enhorabuena por el feliz descenso. esa bruma amarillenta de los días estivales. El Parque es un El campo donde hemos caído es de la duquesa visida de no pudieron veranear, y las modistas soñadoras y alocajardiniüo minúsculo, u estanque un cu- drito verde esmeralda; Fernán Núñez; está próximo á la fuente del Olivo y á un ki- das, y hasta el propio mujer o viandante, huelen, atisban, fuera, casitas desperdigadas acá y allá en un fondo de ocre; e! lómetro de Ba ajas. Se llama leí frontera. curiosean, se hablan ai oído y sz miran y remiran en e sol hiere d: traves y hace destacar todas las prominencias y espejo cada vez que una veraneante presumida les pasí Elarga las sombras; una 1 ebra p ateada á trechos, surgiendo D. Emilio Yráyzoz y su amable y bella esposa; el médico el lujo por la cara. de la sombra ver- osa del Pardo y la Casa de Campo y des- de Barajas D. Pedro de Pedro, el rico propietario del citado En esos torneos de callejera vanidad, se siembran las ap- reciendo haiia Villaverde, marca el paso del Manzanares; pueblo; el alcalde D. Antolín Sevillano, el comandante del Aranjuez rompz con sus frondas la desesperante mancha ama- puesto de la Guardia civil, cabo D. Ramón Vígil, y ía pareja infamias más grandes. La aurora de un lujo alborea traí rilla; en el fondo los montes de Toledo, J otro lado la sierra del mismo instituto, nos atendieron cariñosos y nos colmaron la noche de un pecado, y por conquistar el vellocino d; de Guadarrama; y salpicados en la circunferencia que abarca de atenciones. un buen traje, más de un Jasón con faldas dará que hacei nuestra mirada, todos los pueble. illos vecinos... En la preciosa quinta del Sr. Yráyzoz, hermano de! aplau- á la justicia... Qué hermoso espectáculo! ¿Quién se acuerda ya de cosas dido autor cómico, pasamos un rato agradabilísimo, y mien 1 a ola de vanidad envuelve otra vez ¿Madrid. Un lujo tristes al gozar á sus anchas de la contemplación de la Natu- tras descansábamos disfrutamos de la muy grata compañía de raleza? ¿Y quién piensa en los posibles peligros al saber que tan amables personas, de la encantadora conversación de ía audaz y dominador se enseñorea de toda moral dénuestro amable capitán hace con esta su 223 ascensión sin profesora de instrucción de Barajas y de una hermosa seño- bil, y el latido de los corazones se spaga con el froufrou de las sedas. Como el protagonista de Teau du chahaberle ocurrido nada jamás? rita amiga y huésped de los señores de Yráyzoz, y de la sesión A los cuatro minutos d: haber subido ssceidimos tres- de cante y baile andaluz con que nos obsequiaron dos precio- grín, las virtudes de hoy van á pie. Y cada hermosura en flor, canta, como Voltaire en su Mondain: cientos metros, y la ráfaga de viento nos arrastra hacia la sas niñas y un simpático mocito amigo de la casa. Plaza de Toros. Mr. Cartón desenvuelve una cuerda y la A las ocho y media de la noche efectuábamos cí regreso á J aime le tuxe, Vargent, Íes orw. ments. deja pendiente de la barquilla. Madrid en el milord que había ido á buscarnos y en un coTout hoMine honnéte a teh sentimenh. A las cinco y doce minutos llegamos á setecientos metros; el che que galantemente puso á nuestra disposición el señor Balzac ha d cho: Tío no podría querer á una mujer guiviento ha cesado por completo; en un mil uto subimos ciento Yráyzoz. cincuenta metros más, y alas cinco y d: ecinue e minutos lleAjas diez y media machos y muy sonoros besos me decían ñaposa. Y los hombres de hoy, que ante una muchacha gamos á los mil. elocuentes, raás que las reconvenciones de sus vocecitas fres- de trapillo son castos, se vuelven locos en cuanto ven á Nos estaciona el viento sobre e! circo taurino, un circo de- cas, que mis pequeños habían participado, 1 conocer el viaje, una mujer bien vestida. juguete en el cual multitud de puntitos blancos, tamaños como del general temor al peligro. Hay, pues, que relacionar íntimamente el lujo de las cabezas de alfiler destacándose de una cinta obscura, nos deROBFRTO DE PALACiO mujeres de! día con el deseo de! os hombres actuales. nuncia la posición de los espectadores; una oruga cortita, La defensa de ellas está en la modista y en el tocador. blanca y obscura se mueve perezosa en aquel anillo; es el No hay hombre que, como el Rafael de La piel de zapa, toro; la masa enorme del globo refleja en nuestros oídos el no sueñe con carruajes y palacios para su preferida. N o rumor vago de las voces. hay una sola mujer que, como la duquesa de Stendhal, ¡Mil veinte metros! salimos de la zona de viento fresco y Nuevamente queremos llamar la atención del no ambicione el lujo para agradar y trastornar á su nos envuelve otra vez el calor sofocante: son ¡as cinco y veintidós minutos. Nuestro amable capitán arroja cinco kilos de lastre, picblieo hacia el abuso que algunas personas amante. Así es que la moral de nuestros días se queda r. ed ¡o saco de los que llevamos á bordo, y seguímos ascen- conisten ati ibiiyéndose la representación le como el asno de Buridán, indecisa entre los dos piensos diendo; Pueblo Nuevo está í nuestros pies; el viento nos hace Blanco y Síegroa y A B C. que no tienen, para del lujo. avanzar, y al desviarnos hacía el NO, cambiamos de sitio y formular exigencias ó pedir favores: abuso que, ¿Qué hacer para escapar de esta ola de vanidad y de vamos á la Ciudad Linea! bien ú nuestro pesar, porque no podemos eviCinco y media. Mil cíen metros. Es preciso subir más. El tarlo, como reconocerá todo ei mundo, se viene encajes, de joyas y de plumas? Si se acude á la religión, ansia de las altura nos incita á proseguir; nos desembaraza- repitiendo, según liemos comprobado reciente- el Cristo, que puso cátedra de pobreza, nos dirá lo que mos de otros cinco kilos, lanzamos al aire unos pedacítos de mente en Iieganés y en Cartagena, entre otros al príncipe Cananeo: Vende cuanto tengas y dalo á los popapel de seda que on rápidamente atraídos hacia la tierra: casos que pudiéramos citar, y Hace dos días en bres. Pero la misa de doce de las Calatravas, con sus coes auc cí obo r. sciende con mucha velocidad, más de un Palacio Keal. rros de elegantes en la acera y sus devotas lujosísimas en el metro por segundo. ¿Y qué es esto comparado con los cinco Repetimos, pues, que ningún redactor ó re- el atrio, nos convencerá de que el Cristo sigue predicanmetió; en el mismo espacio de tiempo que tardábamos en do en desierto... presentante d Blanco y Síegro y d A B C ascender al arrancar del punto de partida? ¿Por qué hemos de prefex ir la lujosa á la modesta, la Dos corrientes de aire, cortr. ndose en la zona donde esta- pide á nadie dinero, ni bsoqtsios, ni recommos, nos vuelven a refrescar: son las cinco y treinta y cinco. pensa por sus trabajos de información, y agra- que va llamando la atención á la que pasa desapercibida, ¡Subamos más! Y otra nubccilla tenue se desprende de deceríamos mucho á las personas que reciban la rica á la pobre, Ja recatada á la vistosa? ¿Tan menguanuestro reducido albergue de mimbre, y á las cinco y treinta una demanda do ese género, que reclamen el do es nuestro intelecto que no da de sí un sistema filosóy nueve minutos alcanz. w. o; los mil doscientos metros. ¡Lás- auxilio de la mtorida l para entregarla el peti- fico que afirme la sentencia de Salomón: Vanitas vanitatirn. i es que nos abandone el fresco agradable y volvamos á la cionario orno so entrega á un falsificador ó ium ei omnia vanitas? ¿O es que pensamos como Campoaun estafador, en la inteligencia de que secun- mor, que la filosofía es una jaqueca de treinta siglos? temperatura de los trópicos! A las cinco y cuarenta, divisamos enfrente los desnudos daremos su acción para obtener de los TribuY si todavía cuando nos chiflamos por una mujer lujocerros de Paracuellos de jarama; delante, encerrado entre nales que impongan el correspondiente correedos espesas fajas de arboleda, el río cortado por el blanquí- tívo al autor ó autores de un abuso que, por lo sa nos siguiera la chifladura siempre, menos mal. Pero es el caso que las rondamos llamativas, descocadas, ligesimo puente de piedra, y á la izquierda Barajas. grave, tiene sra sanción en el Código Penal. ras de cascos, coquetuelas, gitanas y airosas; y luego, Seis minutos emplea el globo en bajar cuarenta metros. después que son nuestras, no Sas queremos sino sencillas, Oímos las esquilas de los minúsculos rebaños que pastan por aquellos campos y el ladrido de los perros de guarda. modosas, AS MUJERES DEL DÍA. ¡VIVA EL gas burlas honestitas, recatadas, santas, enfin. Las amarEl coche que nos sigue, y que es para nosotros del tamade sor juana Inés de la Cruz nos persiguen y LUJO... Y QUIEN LO TRUJO! ño de un grano de trigo, dobla la carretera de Aragón y se nos perseguirán mientras el mundo sea mundo. Y en mete por la Ciudad Lineal. De la noche á la mañana, en un soplo y como por tanto que haya mujeres locas de atar por emperifollarse- ¡Todo derecho! -pensé decir á mis queridos amigos ensalmo, el Madrid desierto, aburrido y pobretón de y ponerse de punta en blanco, habrá hombres tan necios Castell y Campo Moreno que lo ocupaban. hace unos días se ha convertido, por obra y gracia de A las cinco y cuarenta y nueve minutos, continuando el los veraneantes que regresan, en la gran ciudad del lujo y tan locos á quienes se les pueda echar en cara la gran contradicción de que nos habla ¡a poetisa de Méjico: descenso, nos colocamos á mil cien metros, y en diez minutos y del disfrute. lanzamos diez kilos más de arena, porque el globo ha perdiQueréis, por presunción necia, Dias atrás, la calle de Alcalá, por las mañanas, daba do su simpática redondez por abajo y empieza á arrugársele hallar en la que adoráis: grima. Ahora, en cambio, es una bendición de alegre, el vestido. para pretendida, Thais, Nos parece oír ía voz de un hombre, y el capitán, sirvién- animada y vistosa. y en la posesión, Lucrecia... En la Castellana y en el Retiro veíamos, hasta ayer dose de portavoz con las manos, pregunta: CRISTÓBAL DE CASTRO- ¿Dónde estamos? -como cualquier dama que vuelve de casi, la fatigosa procesión de unos cuantos coches, presun desmayo. tados por ausencia de los dueños ai primer conocido Su voz repercute en el globo algunos segundos después vanidoso. Pues ya en el Retiro bullen ios carruajes atesy, nadie contesta. tados de hermosas mujeres, y la Castellana cada anocheCURIOSIDADES El sol poniente ya no alumbra el suelo ni á la población; I a enciclopedia que publica la casa Larousse ocupa desde nosotros disfrutamos aún de sus resplandores, pero nos du- cer es un ferial de grandezas. Entre ocho y nueve de la noche, ía hora del callejeo hace seis años 600 obreros y 6 máquinas de imprimir, ran poco; el globo se obstina en bajar, y aunque le quitamos peso desciende, y á las seis y un minuto distamos del suelo y del flirt, me creí mucho tiempo que por la Carrera de gastando cada día 3.600 kilogramos de papel y realizando San Jerónimo no pasaba un alma. Pues si intenta usted una tirada cotidiana de 180.000 ejemplares. trescientos metros. Los seis tomos ya publicados han costado por salarios La lucha está empeñada; otro medio saco de lastre fuera, y pasar ahora, trabajo le mando. Ni los pájaros pasan por arriba otra vez. allí entre el jaleo de coches, peatones y corros en huelga, unos 8 millones de francos. 1 ffnsacerdote compró en una librería de Pígnerce (FranHajta nosotros llega el tañido alegre de las campanas déla según lo parados que están. cia) una Biblia del siglo xv. Le costó 80 céntimos y la iglesia de Barajas; unas lucecillas rojas 1? tenues, brillan á Y llegada la hora del teatro, de prisa, corriendo y con ha vendido en 3.600 francos- T lo lejos; corren las gentes de todas partes campo á través siguiéndonos, y se detienen al ver que subimos y que las cuer- el último bocado en la boca, nuestras hermosas de re- i a Banque de France ha empezado á grabar unos nuevos bijletes que tardarán lo menos tres añoí en entrar en das que desde la barquilla parecían tocar el suelo se elevan greso llenan los vestíbulos con la pompa de un lujo fabuloso. circulación. de prisa. ¿H brás hecho testamento; ¿Te has despedido de todos? ¿Dónde hay retratos tuyos? Adiós, querido Roberto; ya no nos veremos más! ¿Usted tiene fanrlia? -Yo creo que no debía usted hacer esa locura. ¡Acuérdate de Severo! ¡Sis tobillos se incrustaron en el suelo á través de las botas! ¡lina explosión sjría horrible! Y yo, abrumado ante tal chaparrón de augurios fún b es, á punto de encaramarme en la barquilla, i. e ceiitj a Iravialo. ¡Vio mío, morir si giovine! collozabs. Mas recordando que aún estaba vivo y que probablemente sentir a fre co por las alturas, dije á un grupo de amigos: ¿Hay quien me deje un grb nc- llo? Huelcr. de ir que md. e se dio por al- jdído. ¡Pcd correr! a misma suerte que yo! DE MADRID Á BARAJAS AL PÚBLICO ii li 1 MI 1 I- T mnnimim i T n r 1 i ininniinTitrTBiiTimi; nnn; rninnHiBiiinmTinm 11 i i1 1 11