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CARTAS A UN AMIGO f OMO en ese rincón de Ja Alpujarra donde vives con sagrado al mejoramiento de tu salud y al cuidado de tus bienes, ni se publican periódicos, ni aun llegan frescos los que desde la capital de la provincia dan conferencias telegráficas, cumplo tu encargo y quedo en escribirte con frecuencia lo que por aquí ocurra, y no digo pasa, porque realmente pasan muchas cosas que no debieran tener tan libre el tránsito. Ya habrás visto que hemos tenido nuestros pequeños Humbert: estábamos así como desprestigiados no pudiendo ofrecer á la nación un Escándalo Madrileño, y la basura arrojada al aire, si no sirve de guano para la próxima campaña de curiosidad pública, me río yo hasta de los abonos minerales. Es igual para nuestro pueblo que la suerte caprichosa y loca haga célebres á un héroe, á un salteador de caminos, á un misántropo, ó á un criminal vulgar que secciona el cuello de su novia, con tal de que se levante alguna figura, grande ó chica, noble ó repugnante, pero que se eleve sobre los demás con carácter de celebridad más ó menos triste. La retirada de Silvela ha producido que se hable de él ahora más que nunca. Ya verás cómo si es definitiva, y creo que sí, se hace pronto el silencio en derredor de esta figura; generalmente se ocupan poco del que llega á la situación del sujeto de aquel cantar, cuyo cantar principia así: A! pie de un árbol sin fruto me puse á considerar qué pocos amigos tiene, etc. Han caído dos teatros que se anunciaban muy boyantes. El Católico, cuyo género iba á ser explotado en la Princesa, y el Libre, que se estaba formando por acciones: el primero parece que iba á ser una mixtura de nacimiento dramático y autos sacramentales; y el segundo, el teatro Antoine de París; pero resultando como yo veo las cosas cuando asgo- -me parece que resulta gramático- -los anteojos de teatro del revés. Como las cosas no fructifican a! sembrarse, y hay algunas que han menester gran período de gestación, cierto artículo que hace muchos años publicó D Salustiano de Olózaga titulado No meterse en política y aconsejando á sus conciudadanos que no abandonasen los oficios concejiles ni los derechos electorales, ha venido ahora á producir sus frutos, y hay verdadero furor en casi todos los partidos por sacrificarse por el pueblo y venir á los próximos Ayuntamientos. Es un progreso. Las ferias, aquellas ferias tan legendarias como deslucidas de Madrid, se han instalado en el paseo de Atocha, como se publican algunos periódicos, con la mayor reserva; y hay cada catre pintadito de verde, eubiertas las tablas con una arpillera, ostentando nueces, avellanas y castañas, que verdaderamente parte los corazones. Vuelve la buena sociedad de sus expediciones; los felices se preocupan sólo de la nueva campaña teatral; de qué día se quedarán en casa por la tarde la marquesa de Tal y la distinguida señora de Cuá! fuera de las expediciones cinegéticas, la más próxima que ya se les prepara es la de la feria de Sevilla; se limpian las mesas de tresillo y de bezigue, los sastres afilan sus tijeras y, sin embargo, el vientecillo que ya se observa por las tardes anuncia que dentro de pocos meses podrá tomar realidad el fantasma de la crisis obrera, y que en las próximas noches de invierno dormirán en los quicios de las puertas de Madrid muchos niños sin camisa, á quien HamaEIOS golfos por no llamarlos abandonados de Ja sociedad. Y como la filosofía es cosa muy fea para los que no somos filósofos, aquí corto esta carta, y hasta Ja próxima quedo tuyo afmo. jfjara liga origina! la que acaban de constituir Jos médi eos alemanes. ¿A que nó adivinan ustedes contra qué? ¿Contra Ja tuberculosis? ¿contra el alcoholismo? ¿contra la peste? No se devanen los sesos, que es inútil; contra el... piano. Así, como suena, contra el piano; en nombre de la higiene. Según los doctores germánicos, la enseñanza y estudio del piano debe prohibirse en absoluto antes de los dieciséis años, sopeña de que los estudiantes padezcan trastornos nerviosos de importancia. Es más, aun después de esa edad, el estudio excesivo del melódico instrumento origina en la mujer accesos de histerismo, y en el hombre de neurastenia, que pueden acelerar Ja muerta. Prueba de ello Mozart, Chopin, Mendelssohny Schuman, muertos en plena juventud, y BeeJUAN VALERO D E TORNOS thoven que, si bien llegó á viejo, tenía, según cuentan, un humor de dos mil millones de demonios. Atendiendo á esto, la nueva liga inicia una activa propaganda que, en ASEANDO. LA CALLE DE TOLEDO. plazo más ó menos breve, dejará sentir su influjo en Ja LA TIENDA DEL BOTIJO legislación. ¿Cuánto va que aquí se imita el ejemplo, y dentro de poco, para dedicarse al estudio del piano, va Que la naturaleza y el arte me perdonen si Jes prefiero á ser necesario exhibir la partida de bautismo? el hombre. Que los agrestes panoramas dilatadores del I enemos el gusto de presentar á nuestros lectores una espíritu y las macizas páginas de historia me compadez república de que probablemente no tendrán noticia: can incapaz de saborearlas. la George Júnior 1 epublique. Este Estado, hoy floreciente, Alma inquieta de hoy mismo, amo la vida sobre todo. sólo data del año 1900, y fue fundado por M George, Me gusta más lo nuevo ¡ue lo viejo y más ío viejo que lo rico comerciante de Nueva York, en una granja de su antiguo. Prefiero- ¡sacrilego! -una almoneda á un mupropiedad. Sus ciudadanos son todos niños, y la poblasfeb... Y el balcón abierto de una casa habitada es para ción, que empezó con cinco individuos, cuenta hoy con mí la boca más interesante de la esfinge... ¡Oh, el acre más de doscientos. En un principio, M George properfume de la vida, el misterio de los ojos, la música porcionó á los colonos cuanto les era preciso; pero, sainefable de la voz human- a! He ahí mi teatro, mi mutisfechos y desocupados, hicieron taJ cúmulo de diabluMANUEL M A C H A D O seo, mis libros, mis conciertos... Un paseo por Ja tarde, ras, que M George tuvo serios disgustos. Entonces ideó á Ja hora viviente de los matices, Jo largo de las calles, un sistema que ha producido excelentes resultados. En sin fin ni rumbo, respirando ese aire déla ciudad un povez de sostener á sus huéspedes por caridad, les entregó co venenoso, que lamentan los higienistas y á mí me enlo que necesitaban á cambio de trabajo. Para evitar discanta, tan respirado. Ese aire familiar en que hay alien 1 A temporada teatral ha comenzado felizmente. Quie- turbios, organizó una policía compuesta de individuos to humano y fluido de miradas y efluvios de carne y san re esto decir que el gobernador civil que disfruta- pertenecientes á la misma colonia, y un jurado, también gre y todo lo de la vida y la muerte... mos tampoco se mete con las empresas y con los reven- de ellos, se encargó de administrar justicia. Políticamen Y esa vida yo la amo y la odio, según su carácter. dedores, dejando á éstos que campen por sus respetos y te los constituyó en forma republicana, estableciendo unp Aquí entra en juego el corazón. Ante un cuadro, mi ad- desplumen con tranquilidad al público, y tolerando que asamblea que vota! as leyes, sobre Jas cuales e presidenmiración más ó menos docta. Ante una calle, alegre aquéllas comiencen y terminen á Ja hora que las viene en te, M George, tiene el derecho de veto; la moneda, en simpatía, cariño- ¿por qué no? -ó instintiva enemistad, gana las funciones anunciadas á una hora determinada. un principio de cartón y hoy de aluminio, lleva la siguienodio, sí; se odia á los lugares como á las personas. Hay Ya sé lo que dirá el Sr. Lacierva: que la culpa la tiene te leyenda: Nada sin trabajo. Y es de ver á los dimisitios antipáticos. el público. Es verdad. Si el público se declarase en nutos ciudadanos de la Júnior T epublique plantear todo géEl centro de Madrid, por ejemplo, me enfada y me huelga, como se declaran los albañiles y los panaderos y nero de industrias para buscárselas honradamente. E! encocora. Aquella inevitable Puerta del Sol, con su cin- los herreros y todos los trabajadores cuando se creen éxito ha sido tan grande y los resultados educativos tan tura de curiosos estacionarios y su caos de tranvías, co- asistidos de razón para pedir una mejora; si los espec- satisfatorios, que hoy muchos de sus ciudadanos son niños ches y carros en el medio. Siempre cuajada de una mul- tadores de los teatros tuviesen arranque para unirse y condenados por los Tribunales, que los envían allí como titud insolvente, los de oficios inverosímiles ó indecibles. obligarse á no concurrir á ningún teatro mientras no les á una casa modelo de corrección. Pintoresca, sí, pero incómoda, con sus amenos golfos, diesen garantía de que los revendedores no habían de sus conspiradores rid culos, su randas y sus polizontes. abusar y de que las empresas habían de levantar el telón JOSL RU 1 Z- CONEJQ P Molesta, con el piTM; forzoso del todo- Madrid que no lia nacido aquí, oficinesco, híbrido, sin raíz y sin carácter. La calle Mayor, en cambio, tiene ya cierto dejo de amable reliquia y sabor propio. Va al Madrid viejo, con sus pesados soportales, sus casas antiguas de balcones volados- -en una de ellas nació Calderón. -Va al Madrid viejo, al Madrid de Qjevedo, de Villamediana, del cuarto Felipe; al Madrid siglo- de- oro, de los madrigales y los cintarazos. Teatro clásico y novela picaresca... Y después, Madrid galante, intrigante, peluca empolvada, palaciego y campestre á lo dixhuitiéme. ¡María Luisa! ¡Goya! Otro día. Hoy he caminado á la izquierda, y en la gran Plaza Mayor me he despedido del Madrid clásico- -prometiéndole una larga visita- -para entrar de lleno en mi barrio favorito de Toledo. Menos arte y más vida, más actual y palpitante, siempre joven, aunque antiguo; colorido y alegre, sin monumentos y muy característico, sin literatura ni larga historia, archipresente y evocador constante del alma del pueblo. Único Madrid verdadero de hoy y de ayer. Todo está aquí como estaba, y sigue siendo lo que fue... Las mismas casas de vecinos á lo Tócame Roque; los mismos mercados pintorescos de en medio de la calle. La multitud insigne de manólos y chulas, ingenua y graciosa, que ríe siempre fuerte. Gente de buen ingenio, sin embargo, enredada á lo mejor en un tiroteo de conceptos con verdadera gracia fresca y sabrosa, bien cruda muchas veces. Despacio voy paseando toda la gran calle, fermentada de vida popular. Y pasan alegremente ellas, menudas, pizpiretas, chispeantes los ojos, deliciosamente peinadas, las obreritas de Madrid en busca del hogar que está siempre aquí, á la vuelta de estas callejas coloristas de la Ruda, de Santa Ana, de Puerta Cerrada, famosos nombres evocadores de motines populares y saínetes de Cruz... Pasan ellos: arrieros, trajinantes, matarifes, gente del mercado, con sus dos ó tres ideas simples de amor, de vergüenza, de... La gente del barrio, el pueblo de Madrid que quedó después del 2 de Mayo. El cuchillo fácil y el corazón sano. Buenos bebedores de vino tinto. Y son las mismas posadas tan características déla vida, aquélla, la del León, de la Paja, del Gallo... Calesas y diligencias. Lujosas recuas lucientes y carromatos historiados. El café de San Millán, donde tuvo Frascuelo su banquete de bodas. La célebre plaza de Ja Cebada, con sus temibles verduleras. La Fuentecilla. Movimiento de carros y tranvías á la llegada de los Carabancheles. Gente. Público- -para el teatro de Novedades- -que insulta á los traidores de los melodramas. El Matadero... primera aula del toreo y la chulería, cosas vagamente complicadas con la sangre. Y casas y más casas y casuchas desiguales, pintorescas y personalísimas, enzocaladas de comercios y tabernas. El tabuco del remendón, empapelado de Lidias viejas. La bruma de la noche oculta ya la puerta de Toledo. El puente y las rondas son ya una masa negra inextricable. Vuelvo a! centro por la misma calle, animadísima y dificultosa, á Ja menguada luz de los faroles y de los escaparates abigarrados. Mantas de Palencia, chaquetones marselleses, sombreros de ala cuelgan de las puertas y soportales, forma clásica del comercio madrileño primitivo, aquí donde no han llegado modas exóticas. La tienda del Botijo, frente al café de San Isidro, iluminadísimo. ¿No la conoce usted? Entre y beberemos en los vasos del rey Amadeo. El amigo que me acompaña se queda estupefacto ante dos enormes cuernos huecos donde nos traen el vino. Son Jos vasos de Amadeo. ¿La historia? El Gobierno de aquella época había mandado al comercio de Madrid que se engalanase para recibir al nuevo rey de Saboya. El- amo de la tienda del Botijo era republicano furibundo, y en vez de cortinas y gallardetes puso los célebres cuernos en su muestra. Y como le obligaran á quitarlos, dio de beber en ellos á su parroquia. El amo actual sabe apenas la historia de su tienda. Y aun ha quitado el botijo que le servía de enseña. -Dicen que aquí estuvo oculto el célebre Candelas. -Sí. Esto es muy antiguo. Y han puesto la historia en muchos libros. ¡Hombre! Dígame usted alguno. -Pues... en Los Miserables. ¡Delicioso! Salimos de la tienda. ¡Luis Candelas, Cuchares, Pwcheta, Cayetano! ¡El barrio de Toledo! ¡Hoy como ayer! á la hora anunciada, otra cosa sucedería. De seguro que la huelga no duraba tres días, porque los patronos se avendrían más que á escape. Y algo hay que hacer, porque los Laciervas no hacen nada, y empresas y revendedores son los únicos que hacen algo: la pascua al soberano público. Los que también podrían hacer algo, y no les pesaría, son los autores. El noventa por ciento de culpa en las pateaduras de sus obras corresponde já empresas y revendedores. Juan España, el espectador más paciente y tranquilo del mundo, se propone asistir á un estreno. Va al teatro. En la taquilla no Jiay billetes. Los revendedores le piden por una localidad que vale setenta y cinco céntimos, dos ó tres- pesetas. Regatea inútilmente. Reflexiona que, en verdad, aquello no es un hurto, porque nadie trata de apoderarse de lo ajeno sin la voluntad de su dueño; pero que la usura está perseguida por Jas leyes y que pretender ganar más de! trescientos por ciento es usura y media. Bueno. Juan España se resigna, por no perder el viaje y no privarse del espectáculo. Pero él, tan bonachón de suyo, se siente poseído de un humor de todos los diablos. Tiene que esperar veinte, treinta, cuarenta minutos de pie, con frío, sufriendo pisotones y codazos de todo el mundo. Cuando llega el momento de levantarse el telón, Juan España está que echa bombas. ¡Que le vayan á él con dramas comprimidos, con retruécanos, con musiquita ligera los autores; que hagan los actores Jas maravillas que puedan hacer los propios ángeles, si representan comedias en el cielo... Todo lo que hubiera sido benevolencia, alegría y buen humor si los revendedores no le hubiesen emprimado y si la empresa no le hubiera tenido una hora esperando de pie, á dos dedos de una pulmonía, es prevención, mal humor y ganas de desahogar su encono. El público trae mal vino suele decirse de telón adentro cuando vienen mal dadas. ¡Qué vino ha de llevar! El que le dan empresas y revendedores. Pónganse autores, empresarios y revendedores en el caso del espectador, y entonces Jo comprenderán todo Qe deduce de aquí que de la mayor parte del fracaso en los fracasos teatrales tienen la culpa las empresas y los revendedores. Y no digamos que el gobernador, porque Lacierva, como sus antecesores, miran al público madrileño con el más soberano de los desprecios. ¿No ha prohibido el concurso de las quinientas pesetas deAB C por temor á un desorden? ¡Bah! Un público tan paciente que aguanta Jos abusos de los revendedores y de las empresas, no se altera por quinientas pesetas más ó menos. Por eso tampoco puede esperarse la huelga de espectadores. Y en cuanto á los autores, probable será que no hagan nada, pero de ellos será el reino de Jos pateos gritas y demás expansiones ruidosas. AEMECE DE TODO. EL MUNDO MADRILEÑERJAS murin T i i r m n m n r m iimmirmnmnmiinnmpninummmi mmirairmmnnntii