Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
y el alma! Allá el lector se atenga á su propio juicio. Respondo, si, del diálogo. Incógnito. -Hace dos años se dijo que iba usted á Méjico. Z) Benito. -Tuve intenciones de ir, pero luego, por causas diversas, he desistido. El Incógnito. -Vaya usted á Méjico, le alfombraremos de oro y corazones amigos el camino de Veracruz á la capital. Le adoran allí á usted como adoraron á Don Emilio Castelar. D. Benito. -Muchos amigos de allá me escriben frecuentemente invitándome á que vaya. Y habrá que dar gusto á quien tanto estima. El Incógnito. -De Chihuahua y de California había de ir gente á la ciudad por conocerle; pero si el viaje le arredra... D. Benito (con mucha viveza) -No, eso no; para mí no es molesta una larga navegación, ni me atemorizan los peligros... Y hay que pensar ese viaje, sí, señor... Como me parece que está D. Benito á punto de dar una palabra definitiva y decir: Vaya, pues voy á Méjico despiértase en mí el amor que la sagrada persona del maestro me inspira, y hablo de posibles enfermedades... Galdós asegura que él en todas partes disfruta de excelente salud, y el interlocutor pone por las nubes el buen clima de Méjico y dice que él ha pasado allí desde el fusilamiento de Maximiliano hasta el año 91 sin haber sentido un dolor de cabeza. Yo hablo entonces de una aventura arriesgadísima, á ver si de ese modo se asusta el maestro y desiste. Digo así: Pero si usted va á Méjico y no visita á las otras naciones de origen español, que tienen también mucho gusto en glorificarle, D Benito, esas naciones se quejarán con fundamento. Galdós, lejos de sobrecogerse, como yo esperaba, ante la magnitud de la empresa, me dijo sonriendo bondadosamente: (Todo se haría La respuesta me dejó anonadado. Me despedí, y también se levantó el incógnito y se despidió con estas palabras: No tenía pensamientos de regresar á Méjico; pero si usted va, avíseme, D Benito, que iré á esperarle á Veracruz. Salimos juntos el incógnito y yo, -y algo enfurruñado le dije: Buena la ha hecho usted, amigo: ¿y si D. Benito va á la América española y le sucede una desgracia? Y el muy insolente incógnito me respondió: No sea egoísta En medio de esa desolación de la vida, de esa estepa infecunda y helada en q u e los espíritus acobardados se mueren, no hay más salvación que el Estado ni más rayo de so! que el empleo. T r i s t e salvación, pálido rayo de sol. A veces, un gesto de cualquier político advenedizo lleva el espanto á miles de familias... ¡Y aún nos extraña la degeneración mortal en q u e nos vamos hundiendo! Alrededor de ese mundo doliente, que no puede ser redimido, se agita ese o t r o mundo rozagante de los que trafican, trabajan, se enriquecen ó se mueren, confiados en su propia energía, en su propia audacia... E n los vigorosos raudales de la salud y del trabajo. N o no llegaremos á conseguir en nuestra Administración pública esa serena y justa simplicidad que en otros países afianza la relación indispensable entre e! pueblo y el E s t a d o La máquina es múltiple, excesiva, vieja, complicada; y su trabajo ha de reflejar esas mismas defectuosas cualidades. ¿Aligerarla? ¿Sustituirla? ¿Acomodarla al medio p r o Para esos sí es terrible la invasión del invierno. ¡Ahí durante el verano se vive con muy poco; la tie- gresivo? ¿Qué haríamos entonces de esa muchedumbre ni pendejo, amigaso; también allí son españole, ¡che! n o me rra brinda al estómago verduras y frutas que se compran desvalida, pegada á las ubres del Tesoro común, que no diga nada, que lo pincho. Y yo para entre mí juré escar- á escaso precio; lechos naturales que la sombra enbellece; sirve para otra cosa, que no sabe de otra cosa, que su mentar al gachupín. Buscándole ando, lector, y... lo pin- días de sol en que el trabajo de la obra no necesita sus- apocamiento mental n o la hace ya apta para otra cosa? cho. ¡Miálas! penderse; noches cálidas en que puertas y ventanas se N o deja de ser loable el propósito de ese ministro abren de par en par con objeto de dormir á gusto. que quiere simplificar la tramitación; pero la tramitación VIRGJLIO COLCHERO Pero cuando llega el invierno, cuando las obras se pa- es como una liturgia: tiene sus fundamentos en costumralizan y los jornales escasean y las necesidades acrecen, bres antiquísimas, en venerandas rutinas, en necesarios ¿qué es de toda esa gente? ¡Ella sí que necesita prepa- rodeos para d a r trabajo á la gente Asusta pensar el número de manos que cogen y suel 1 A sierra empieza á canear; el bostezo frío de sus rarse! He dicho mal, ¡ella sí que necesita que la pre cumbres trae hasta Madrid ráfagas heladoras que paren para no morir de hambre, de miseria y de frío! tan y soban la sencilla reclamación que hace un particuEn miles de hogares ha sonado estos días á grito de lar en medio pliego de papel. Generalmente se trata d e congestionan los pulmones y erizan la piel y contraen el muerte el aviso brusco del invierno. En esos hogares no una cuestión bien simple: de si se puede retirar, p o r tuétano en los huesos. Hemos ido del verano al invierno de un salto, sin gradaciones, sin crepúsculos. Los que hay baúles que revisar para extraer de su fondo abrigos ejemplo, tal ó cual fianza; de si el Estado ha cobrado de ayer desafiaban el calor con americanas de alpaca y bri- forrados, trajes fuertes que protejan el cuerpo; basta más unas pesetas- -de menos n o cobra nunca; -d e si tal llantísimos calzones de piqué, se acaracolan hoy entre abrir una cajita de cartón para encontrar esos abrigos y ó cual cuota está bien distribuida... Cosas de q u e todos los mortales nos solemos enterar los forros de un abrigo; los trajes vaporosos, que celes- esos trajes convertidos en papeletas del Monte de Pietineaban la estatuaria femenil con sus transparencias dad; en esos hogares entra el aire por todas partes: por en cuatro minutos. Va usted, pongo p o r caso, á la lascivas, caen al fondo del baúl, despidiendo emanacio- las puertas sin colgaduras, por las rendijas sin burlete, tienda y dice al t e n d e r o -M e parece q u e se ha equivocado usted en la factura. nes de carne fresca; gabancillos sin talle ocultan las for- por los vidrios rotos, por las rajas de las paredes; en- ¿S í? Vamos á verlo. mas de mujer no há muchos días gallardamente destaca- esos hogares no hay más chimenea que la de la cocina, Saca el libro, confronta, rectifica la cuenta y dice: das; los tranvías ya no son fresqueras económicas, son donde la lumbre entra de contrabando y la comida se- -E s verdad, me había equivocado. -O p o r el conestufas humanas donde la gente se refugia para ir á sus hace por sorpresa; en esos hogares se ha ido tirando duocupaciones y recibir, entre cristales, las caricias del rante el verano con los productos de jornales exiguos, trario afirma: -No hay equivocación; puede usted comsol; el sol mismo está pálido de sorpresa. No creía que pero cuando venga el invierno casi todos esos jornales p r o b a r l o Con tres minutos y ocho palabras queda resuelta la lo transformaran tan pronto de rey absoluto en monarca faltarán. ¿Qué va á ser de esa gente? constitucional. Ya he oído que el Ministro de la Gobernación y el reclamación. Vaya usted á decirle á la H a c i e n d a -M e han cobraClaro que esta insurrección brusca de la atmósfera Alcalde y el Gobernador tienen grandes proyectos. A no es una gran batalla presentada por el invierno: es cada invierno que llega dice lo mismo cada político que do de más peseta y media: aquí tienes el documento. Bien cargada la reclamación de sellos, timbres, póliuna escaramuza, un simulacro; menos- todavía, una gran manda; y el invierno pasa, y el político cae, y las prozas y perendengues, es admitida como favor especial. Va mesas no se cumplen, y la gente se muere de necesidad. parada hecha por el invierno con el propósito de contar Así ocurre siempre; y mientras las promesas se hacen pasando de mesa en mesa: aquí la registran, allí la decrey exhibir sus fuerzas. y no se cumplen, este año, como todos ia sierra comien- tan, más allá la extractan, acullá la van historiando... DesDentro de algunos días volverán los rayos solares á calentar seres y plantas; reanudarán los trajes vaporosos za á canear, enviando á Madrid el bostezo frío de sus pués, descansa. La obligan á escuchar los íntimos diálogos entre el sus celestineos; colgarán de las perchas, como criminales cumbres, y unas gentes se saludan en las calles sacando la cabeza por el entrecuello de! gabán y diciendo: oEl oficial y el escribiente; á sufrir los plumerazos del ordejustamente ahorcados, los gabancillos ocultadores de femeninos talles; y ¡os hombres saldrán de entre el forro invierno va á ser horrible, hay que prepararse mien- nanza, las gracias y donaires del auxiliar, los catarros del jefe, el humo de los cigarros de t o d o s P o r último, se de sus abrigos, al igual que los caracoles de sus conchas; tras otras gentes pasan junto á ellos, sin decir nada, sin hablar con nadie, mirándose con mirar hosco, yendo de pierde. N o hay más sino que el interesado la reproduzca. el astro rey restaurará su despótica dominación, y el existir pletórico, el instante ficticio de resurrección y cara al frío, con sus blusas rotas y con sus chaqués re- Que las cosas se pierdan, es muy natural. Si no se perdieran, no cabrían ya en el mundo. mendados... salud que preside toda agonía, sacudirá la Naturaleza. Vuelta á las andadas y vuelta á ir, venir y descansar. JOAQUÍN D J C E N T A Poco importa. El aviso está dado, y dado brutalmenAl cabo de los días mil, el oficial cae en la cuenta de que te por un puño de hielo que nos enrojece las narices y faltan tales ó cuáles documentos y que sin ellos es tan nos hace lagrimear. Las gentes se tropiezan en la calle, y imposible emitir su luminoso informe como al sol alumsacando cautelosamente la cabeza por el entrecuello del brar á las dos de la madrugada, salvo en el p o l o gabán como si fuesen tortugas asustadas, exclaman á Tricen que un ministro tiene en estudio un nuevo ReY as! se van empalmando los informes, los oficios, las una voz: ¡Qué frío! ¡El invierno va á ser terrible! glamento para simplificar notablemente el procedi- órdenes, ¡os extractos, y aquello es una hermosura de Hay que prepararse! miento administrativo en las reclamaciones de los parti- papel, de balduque, de letra de a d o r n o Hay que prepararse! Es decir, hay que tender al- culares á la Hacienda. Supongamos, q u e al fin la reclamación se resuelve, nafombras y esteras sobre los pisos de ladrillo y de márFalta hace esa simplificación, no sólo en lo que atañe turalmente en contra de) particular: pues nadie le cierra mol, para que los pies no se congelen al contacto entu- á las cuestiones entre el particular y la Hacienda, sino en el camino de la superioridad, una especie de camino de necedor de las baldosas: hay que revisar las chimeneas las cuestiones que se suscitan entre el Estado y el ciudaSantiago en que verá las estrellas. Allí le espera la para ver si funcionan y pueden absorber por sus tubos dano en todos los ramos y ramaje del frondosísimo árbol nueva serie de registros, decretos, extractos, historias, el yaho asesino del carbón hecho ascua, las partículas ce- de sombra de nuestra admirable Administración. oficios, informes, para ir pasando pausada y solemnenicientas que se desprenden de la leña y las llamas que se Mas, por lo mismo que hace mucha falta, verán uste- mente p o r negociados, juntas, jefes, mesas, que forman columpian con el ir y venir de sus brazos semi bermejos, des en lo que todo eso viene á quedar. la bella alquitara de la Administración. semi azules; las emanaciones fétidas del gas ó el vapor ¡Simplificar! ¿Para qué? ¿Qué van á hacer entonces los Después de t o d o n o sé á qué vienen las prisas: lo que de agua aprisionado en las cañerías; hay que suspender innumerables funcionarios Tendríamos que reducir el de las puertas cortinas, portieres y tapices; hay que bur- número de empleados, y eso en España es imposible. ha de ser, lo mismo es un año que o t r o Y á decir verdad, dado el tradicional criterio del mundo burocrático, p o ¡etsar los balcones para que el aire gruña burlado en las Hay que aumentar, porque, dígase lo que se quiera, cas venturas puede prometerse el particular. rendijas; hay que emparedar mantas entre las colchas y no vivimos en un régimen constitucional, ni parlamenta ¿Simplificar? ¡Ah, no en mis días! ¿Qué haríamos de las sábanas del lecho; hay que acudir en busca del sastre rio, ni las demás cosas que dicen, smo en un manso é inpara que nos abrigue el cuerpo por fuera; del vinatero variable régimen de socialismo mesocrático. El Estado toda esa gente que vive de tramitar modestísima función al parecer tan necesaria? para que nos lo caliente por dentro; hay que sustituir el coche abierto por el coche cerrado y tomar abono en los teatros de moda. ¡Hay que prepararse! -repiten las gentes sonriendo y tiritando, todo á la vez. ¡Hay que prepararse! ¡El invierno va á ser terrible! Y luego de estrecharse las manos cubiertas por el guante, siguen su rumbo, metiendo en el entrecuello del gabán sus cabezas, con movimiento de tortuga asustada. ¡Hay que prepararse! ¡El invierno va a ser terrible! Si todos los que aguardan la invasión del invierno fueran como los que se saludan en la calle con la mano enguantada y el cuello del gabán subido; si todos tuviesen casa que alfombrar, y chimenea que encender, y balcones que recubrir, y cortinajes prontos á descolgarse por los montantes de las puertas, y carteras donde rebosen en forma de billetes los trajes del sastre, las botellas del bodeguero, las acolchaduras del carruaje y las localidades del teatro; si toda la gente que mira de cara el invierno fuese como esa gente, la invasión del invierno sería, no invasión, cambio decorativo, mutación vistosa hecha para distraer y solazar á quienes somos á un tiempo espectadores y comediantes en esta larga comedia de la vida. Pero junto á los que en tales días callejean con el cuerpo embutido en gabanes, las manos enguantadas, el estómago repleto de manjares y la cartera de billetes; junto á los que tienen buena casa que vivir, buena mesa que disfrutar y buen carruaje de que disponer, hay otras gentes, muchas, infinitamente más que las otras, que circulan por las aceras tiritando bajo el lienzo tísico de sus blusas ó la trama rota de chaqués; muchos que trajinan con sus manos amoratadas sobre los tablones de un andamio, sobre la gutapercha de un pupitre, sobre los banquillos de un obrador; muchos y muchas que no tienen cortinajes para cubrir sus puertas, ni burletes para resguardar sus balcones, ni esteras para detener la frialdad de los ladrillos, ni mantas con que cubrir la cama, ni fuego para calentarse. Gracias que tengan techo con que cubrirse, colchón donde dormir y comida que llevar á la boca; gracias si un jornal mísero, ó un sueldo tan mísero como el jornal, les permite andar sin caerse por las calles, arrimándose á las aceras que los carruajes salpican de barro. ne derecho á que el Estado lo man enga, ya por ser bachiller, ó licenciado, ó simplemente azotacalles Es un concepto nobilísimo de la vida social ese que tenemos metido en los mismos huesos. En cuanto el muchacho acaba la carrera y ve que el Estado no se da por enterado del suceso, pone el grito en el cielo, viniendo á pensar y á decir: ¿Para esto estudié yo? ¿Para esto me hice de título y pasé el largo sarampión de la enseñanza oficial? ¿Es así como se corresponde á las esperanzas y ensueños de la juventud que necesita abrir casa y fundar familia? ¿Así se pagan los sacrificios y desvelos de los padres, parientes y maestros? Total, que no hay más sino meter al muchacho en cualquier parte con cinco mil, para que ponga casa, y siga la tuberculosis. Una desconfianza deprimente anula toda posible energía ¿n una extensa clase de ¡a sociedad española. E s una triste y profunda degeneración. E n ei horizonte de su vida de célula ven negruras que en la realidad sólo r e s ponden á las propias negruras de un odioso vivir entristecido. Todos los caminos se Cierran; todas las iniciativas se pierden. ¡Está el comercio tan mal! ¡E s tan pobre la industria! ¡Está tan pésimamente repartida la riqueza! Imposible que la energía de un hombre sea bastante para sustentarle en el mundo. DE CARA AL FRIÓ TRAMITAR ES VIVIR es el padre, el tutor, el despensero. Todo el mundo tie- r JOSÉ NOGALES r- -lamnarmr iiri IB- -r r i n i i mnnrrnrmT r n mninmniiiwi