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En efecto; hace- por ahora precisamente cuatro años lle o á San Sebastián el ministro de Negocios Extranjeros de Rusia, conde Mourevieff, muerto un año después. Se dijo oficialmente que su viaje no tenía alcance político, que era una visita de cortesía. Mourevieff veraneaba en Francia y sintió curiosidad por conocer España. Estuvo veinticuatro horas en aquella capital, visitó á la reina, comió con Silvela y regresó á Biarritz. Muerto Mourevieff, resuelto Silvela á no volver á ocupar ningún Ministerio, desorientada España, como entonces, en materia de política internacional, no juzgo indiscreción ni imprudencia hacer público lo que voy á referir. Tampoco se trata de un secreto de Estado. Es, á lo sumo, un dato que prueba lo que Silvela afirma en su testamento: que ha fracasado en la política que él consideraba conveniente para sacar á España del aislamiento en que vive, y que puede ser causa, en lo futuro, como lo ha sido en un pasado próximo, de grandes desdichas nacionales. La misma tarde que el conde Moarevieff regresó á Francia, me dispensó el favor el presidente del Consejo dz Ministros ds retenerme á su lado largo rato, hablándome de lo que á su juicio debía ser conducta de los Gobiernos españoles en política internacional y de la conveniencia y hasta de la posibilidad de llegar á una inteligencia precursora de una alianza con Francia y Rusia. -De todo esto que acaba usted de expresarme se puede hacer una noticia interesantísima, -le dije presumiendo que no me lo decía á humo de pajas, y seguramente pensando él que yo no había de escuchar su opinión para contársela sólo á mi familia. -Con dos condiciones- -me contestó: -que lo que acabo de decirle no ha de ser, al publicarse en la Prensa, dicho por mí, sino por persona que conoce íntimamente el pensamiento del Gobierno; y que ha de leerme usted los telegramas antes de expedirlos, no por desconfianza, sino porque en materia tan delicada, una expresión, una palabra que se interprete mal puede traer consecuencias. Tenga presente- -agregó- -que mañana los diplomáticos y sus compañeros de usted me acosarán á preguntas; yo no podré afirmar que he dicho tal cosa. Lo atribuiré sencillamente á una fantasía bien pensada, pero fantasía al fin. Recogí en unas cuartillas sus manifestaciones, se las llevé aquella misma noche, las leyó, hizo de su puño y l a noticia ha producido grande emoción. Silvela se letra algunas, muy pocas correcciones (conservo, las retira de la vida pública, deja la jefatura del partido cuartillas, por mi afición desmedida á los autógrafos, conservador. ¿Por qué? como conservo otras, éstas escritas por él en Cestona y Corren mil versiones distintas de las que él da, pero se que también provocaron gran marejada: las famosas carconviene en una cosa: en que la explicación suya es muy tas á S. M de Un vecino del puerto de Pasajes) y las hice hábil, muy correcta, como fruto de su talento y de su telegrafiar á El Jmparcial. ingenio. Se trataba, bien lo comprendí, de un bailón d essai, y Mientras se discuten las razones reales de su retirada, no creo equivocarme al decir que muy del agrado de séame permitido decir algo que puede ser nuevo y que nuestro embajador en Francia, Sr. León y Castillo, á refuerza una de las razones alegadas por el Sr. Silvela quien sobre política internacional le he oído expresarse para dar un adiós definitivo á la política. muchas veces de acuerdo con Silvela, y quien un año des Además- -ha dicho al director de El Jmparcial, -pre- pués de lo que narro me decía en París, refiriéndose á ciso será decir que hondas amarguras me desalientan. aquellos famosos telegramas, que qué lástima que no hu Tenía yo grandes ilusiones inspiradas en el engrandeci- biera sido verdad tanta belleza. miento de España. Aspiraba á hacer algo de política Silvela no se equivocó en sus predicciones. Al siguien exterior. Aparecer ante las potencias con un programa te día acudieron al hotel donde se hospedaba todos los de relación con los interesas universales me parecía cosa diplomáticos que había en San Sebastián, el de Inglate correspondiente á los medios y á la historia de la nación. rra el primero, y, por de contado, todos los periodistas. La situación de España respecto de Marruecos se unía Estos se apresuraron á telegrafiar que el jefe del Go ¿n mi espíritu á estas esperanzas. Pero he de renunciar bierno negaba en absoluto (en absoluto no lo negó Sil i ellas. No son populares, no son simpáticas á la opi- vela, pero el compañerismo lo dijo así cariñosamente món. Ni me quejo ni protesto. que hubiese hablado de inteligencias y alianzas. Nosotros nos felicitamos de haber contribuido á hacer la felicidad de esa pobre niña y de poder citar el ejemplo de los Sres. de Albiach como estímulo para que otias familias que pueden hagan lo que ellos hacen; poique los niños que necesitan el amparo de los ricos son, por desventura, muchos. María Monfort, al despedirse de nosotros, nos rogó hiciéramos constar su gratitud al director de la Casacuna Sr. Estremera y su familia, por lo cariñosamente que la han tratado durante su estancia en aquel establecimiento. En el hotel que ocupa la Casa- cuna del Niño Jesús de Praga se verificó el jueves por la tarde el acto de hacer entrega de la niña María Monfort á su protector don Emilio Albiach. Con tal objeto se personó allí, delegado por el- Gobernador para extender el acta correspondiente, el jefe de negociado del Gobierno Civil, D Gaspar Gómez de la Peña, y una vez que la fueron hechas á la niña las reflexiones necesarias para que se hiciese cargo de la resolución que iba á adoptar, y ratificada ella en su determinación de aceptar la protección del Sr. Albiach, se extendió el acta de referencia, que firmaron el delegado del Gobernador, Sr. Gómez de la Peña, el Sr. Albiach y el doctor Estremera, y como testigos el doctor Clemente, médico de la Casa- cuna, y D José Campo- Moreno, secretario de esta revista. El viernes visitaron nuestra redacción el Sr. Albiach y la niña María, haciendo de ellos un compañero nuestro el grupo fotográfico que publicamos, y por la tarde marcharon á Alicante, satisfecha la niña de su buena suerte y satisfecho de su obra su generoso protector. No debemos cerrar esta crónica sin consignar otro hecho plausible, semejante al que acabamos de describir. La joven Amelia Sánchez Fernández, asilada por orden gubernativa en la institución benéfica Cuna del Santo Niño Jesús de Praga, ha sido recogida en Collado V J llalba por D Antonio Yagüe, quien se ha hecho cargo de ella previas las formalidades de rúbrica. ¡Dichosos los que pueden proporcionarse el inefable placer de hacer tanto bienl C. En lo que sí se equivocó Silvela fue en creei que el bailón d essai iba á surtir grandes efectos. La Prensa, y con ella la opinión, que concede á los asuntos de política internacional menos importancia que á un estreno del género chico, comentó los telegramas un día ó dos, no llegaron á tres. La opinión se distrajo con otro asunto, no recuerdo cuál, probablemente la alternativa de un torero ó el descubrimiento de un crimen pasional, y nadie volvió á hablar de las manifestaciones, no autorizadas, pero tampoco desmentidas, de persona que conocía íntimamente el pensamiento del Gobierno, ni á acordarse de Gilvela, de Mourevieff, ni del santo de su nombre. Es, pues, indudable que si tiene Silvela razones que no exterioriza para abandonar la política, tiene también las que alega públicamente al regreso de su viaje por Austria, donde por cierto, como es sabido, se han reunido estos días unos cuantos soberanos: el de Inglaterra, el de Alemania y nuestra reina Doña Cristina. Cierto. Tuvo grandes ilusiones inspiradas en el engrandecimiento de España. Aspiraba á hacer algo de política exterior. Los hechos que he citado lo demuestran. ÁNGEL MARÍA C A S T E L L Chismes y cuentos jj lene razón mi distinguido compañero en la Prensa ElDiablo Cojudo: ¡la juventud se nos ha puesto tristel De cien muchachos de los que llegan de las provincias ó de los barrios extremos con zarzuelitas en un acto y tres cuadros para Orejón, Chicote, Riquelme ú Ontiveros, noventa y nueve y décimas traen su nota sentida para encoger los corazones. Hasta el cesante clásico y el vagabundo hambriento que solían intervenir en la acción para arreglar noviajos difíciles y matrimonios mal avenidos, sueltan á lo mejor sus lamentaciones quejumbrosas sobre la diferencia de clases, sobre las injusticias humanas y sobre las satisfacciones que los Gobierno; deben dar inmediatamente á la honrada blusa. Hace mucho tiempo que las tiples y los barítonos de mayor ó menor cuantía no hacen reir á nadie ni lo intentan siquiera. En cuanto el director de orquesta da los golpecitos que indican que va á empezar un número, se le pone á uno carne de galli. ia. Si la tiple está sola es de temer una romanza, larga como un día sin pan, cuajada de ayes, quejidos y maldiciones á la picara suerte. Si la acompañan el elegido de su corazón ó el amante desdeñado, la cosa se pone más fea todavía. Todo se vuelve recriminaciones, insultos, lágrimas ó acentos de ira reconcentrada, precursores de la puñalada trapera con qíie ha de terminar aquello irremisiblemente. EJ asendereado y aborrecible género chico va á morir por lo que menos se figuran sus detractores: por empacho de cursilerja rabiosa. A los autores que tienen ingenio se les ha metido en la cabeza que no se pueden escribir obras importantes si no se resuelven problemas, y se empeñan en hacerse célebres estudiando pasiones hondas y difíciles y enrevesados casos de conciencia. A lo mejor lleva usted á su familia á Eslava ó al Cómico para que los niños espartan el ánimo, y se encuentra usted con que Paso y García Alvarez, que tienen la gracia por arrobas, someten í su buen juicio la resolución de la siguiente tesis: Una vendedora de churros que ha recogido una niña abandonada en el arroyo, ¿tiene derecho para violentar el corazón de la chica y apelar á todo género de recursos para impedir su matrimonio con el hijo mayor de un agente de la secreta? Claio está que al final I cuestión se resuelve favorablemente paia el amor, con la derrota vergonzosa del egoísmo de la madre postiza, que tasca el freno junto á la primera caja; pero cuando cae el telón acompañado por los estridentes chirridos de los cornetines imitindo las ansias salvajes de los deseos contrariados, usted se encuentra con la bilis revuelta y con los niños dormidos y muy expuestos á soñar con bandidos generosos y con entrañas palpitantes. Todo eso estará muy bien en los teatros dedicados á ese genero y representado por actores acostumbrados á matarse por un quítame allá esas pajas, pero es una castaña que se le da al público ¡rócente que acude á los coliseos por horas á distraerse un rato y tiene que asistir á varios disgustos de familia especificados, en cuanto uno se descuida, en unas cuantas relaciones en quintillas acabadas en punta, plagadas de afanes prolijos y de pechos que se taladran. Poquito á poco se van desterrando de la escena el buen humor y la gracia, que no parece sino que están reñidos con el arte y el buen gusto. ¿Quiere usted escribir una obra que tenga resonancia, que merezca la aprobación de la muchedumbre y las alabanzas incondicionales de la crítica? Pues póngase usted serio como un colchón y acabe usted por asesinar á la característica con un puñal envenenado, ó sacrifique usted á una vendedora de periódicos en aras de las conveniencias sociales... Pero por los clavos de Cristo! huya usted de los chistes. El chiste es cosa repugnante y de baja estofa, indigna de los intelectuales que tienen la obligación de haber leído á todos los filósofos alemanes polacos. El mozo aúo, ¿tiene algo de la grandeza de Tolstoi? ¿No? Pues ¡valiente producción literaria estará Elmozo crúo! Con este sistema de juzgar, donde vamos á parar sin pensarlo esa la tumba helada rodeada de sauces. Y bastantes penas tiene uno de día para que las aumente D. José Mesejo por la noche. Basta, si puede ser, de caras ceñudas y de gargantas añudadas por el terror, y digamos con los estudiantes de Salamanca descritos por el clasico: ¡Alegrémonos, alegrémonos, porque es justo que nos alegrémonosl SINESIO DELGADO LA RETIRADA DE SILVELA NOTA TAURÓMACA L i La retirada del maestro. Don Paco. -Esta vez me corto la coleta definitivamente. A la una... á las dos... á las... Don Raimundo. Se la cortará de veras? Y si se la corta, ¿no se la dejará crecer otra vez? LA FERIA DE RE 1 NOSA I J e s d e tiempo inmemorial ha sido la de Reinosa una de las ferias más importantes de España, por lo que hace al ganado caballar, mular y vacuno. Pero entiéndase bien que no fue antaño feria como las de Medina del Campo, Trujillo ó Talavera de la Reina; es decir, feria de ganado hecho y viejo, sino de ganado recriado. li 3 TE i ¡r t m r inlní ¡muí mTRB KÍWÍfífW MMl í m imsi iTininillBi ¡u i ¡i r i n I üllrnirnun i