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TRONICA, EL JUEGO DEL B A C H I V LLERATO Pues señor, cada país tiene un sport característico; el menos versado en estas materias sabe que los ingleses se divierten á cachete limpio; que los moros en una época del año se atizan recíprocos hachazos como caricias religiosas; qu ¿los alemanes se atiborran de cervezs, y que los franceses inventan un baile todos los años para ir sustituyendo al antiguo y ya desacreditado can- can. Los españoles teníamos los toros como nota característica de nuestra alegría, al par que de nuestra cultura; pero de una docena de años á esta parte, ese deporte se ha sustituido con otro más variado y ameno. ¿Que no lo conocen ustedes? Lo conoce todo el mundo, llega á todas las casas é introduce la perturbación en todas las familias. El sport nuevo es el arreglo del bachillerato. Llega el mes de Septiembre, y del mismo modo que se anuncia la reunión de otoño, ó sea las carreras de caballos, se pone en conocimiento del público la reforma que el ministro correspondiente se ha servido introducir en la segunda enseñanza para entretenimiento de padres de familia y chicos amantes de la instrucción pública. El bachillerato en España es una charada, un acertijo de Novejarque, un logogrifo numérico ó alfabético digno del. esfuerzo inquisitivo délos de Baticola de Abajo, y un problema bastante más difícil de resolver que el de los garbanzos, que tanto ha conmovido á las gentes últimamente. Viene un ministro que profesa la antigua teoría de que el latín es la llave de todas las ciencias, y allá van unos cuantos años de latín sobre los alumnos de la segunda enseñanza. Los estudiantes se deciden á dar al quis vel í ¡uid toda la importancia que el ministro quiere; pero en segundo año hay otro señor encargado del Ministerio de Instrucción Pública que da más importancia á las lenguas vivas que á Jas muertas, y el alumno se encuentra con que lo que interesa es el jnglés; el latín queda en segundo término y el estudiante se aplica el idioma que ha de servirle para comunicar con los yanquis. Pero al año siguiente hay otro ministro, naturalmente, y éste cree que los estudios agrícolas son más útiles á los españoles que los de lenguas, y el estudiante tiene que abandonar el inglés como abandonó el latín, y enterarse muy detenidamente del cultivo de las patatas, para convertirse e i uno de los elementos de la regeneración nacional, que según la moda de aquel período de enseñanza, ha de hacerse en la prosperidad del suelo. ¿Qué sabrá un bachiller cuando concluya su carrera? Un amigo mío, contestando á esta pregunta, me decía: -Cuando mi hijo empezó la segunda enseñanza dominaban las ciencias: creí que me le iban á hacer ingeniero en el Instituto; de repente varió el plan, y todo se volvía estudiar filosofía, latín y los clásicos griegos y romanos. En esa dirección iba muy á mi gusto, pero aquello desapareció, y cuando menos lo pensábamos se le obligó á estudiar lenguas modernas, frailees, inglés, alemán, todo á un tiempo, como si corriese prisa el hacer políglotas á los españoles. ¿Y al fin para qué le ha servido el bachillerato? -Pues está contratado en el circo de invierno de París para hacer los trapecios volantes. ¡Ave María purísima! ¡No ve usted que lo único permanente en el Instituto, mientras él estuvo allí, fue la gimnasia, que estudió seis años! Pero el entretenimiento de los ministros de Instrucción pública no se refiere sólo á las materias que constituyen la enseñanza, sino al orden en que deben aprenderse. El que no puede llegar al fondo se contenta con modificar la forma; la cuestión es hacer la segunda enseñanza para que siga el jaleo, y ande el movimiento. Hay individuo que tiene aprobados los segundos años de todas las materias humanas y divinas, y no ha podido cazar un año primero de ninguna asignatura porque los ministros han ido quitando de su alcance los principios de cada enseñanza en fuerza de variar el plan y el orden de los conocimientos que se dan en los Institutos. Hay quien sabe, es decir, hay quien tiene aprobada el álgebra y no sabe sumar porque todavia no ha llegado á la aritmética, asignatura que se le ha escabullido en la carrera, escamoteada por los ministros, que la han ¡do variando de sitio según su capricho y gusto. Y hay quien se ha vuelto loco en fuerza de pensar en las asignaturas que debe aprobar y las ya aprobadas, para someterse á las adaptaciones que los ministros inventan al pasar de un plan á otro. Qué daño ha hecho la segunda enseñanza á nuestros hombres públicos es cosa que se ignora, pero gordo ha debido ser cuando no la dejan en paz un solo momento y es el objeto de los mayores atentados. En muchas casas de familias católicas se ha modificado la oración dominical y se obliga á los niños á decir por la mañana: el pan nuestro de cada día dánosle hoy; que no vuelva el Gobierno á tocar en la segunda enseñanza y perdónanos nuestras deudas, etc. etc. Pero ruego inútil. Entre los males que la providencia permite que por nuestros pecados caigan sobre España, figura en primer término la rápida, constante y brutal modificación de la segunda enseñanza; es una enseñanza dinámica, variable evolutiva y danzante Es una instrucción de sorpresas, de barullo, de saltos atrás, de juegos malabares con las ciencias y las artes; es una, hay que decir la frase, de las mayores vergüenzas que soportamos en este bendito país. Aquí no hemos llegado al caso de estudiar el método, los fines y la dirección de ¡a segunda enseñanza: no hemos llegado al grado de estudiar cuál plan será mas acertado; aquí lo ingente es que se deje el que exista, bueno ó malo, que no se altere más lo que se haya establecido; es decir, tenemos que agarrarnos á aquella absurda teoría de que más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer. Verdad es que en nuestras costumbres políticas hay ya más idea de la enseñanza pública, que no podía menos de producir los hermosos resultados que estamos señalando. Cuando se trata de formar un Ministerio, los hombres de mayor talla política, los de más probados conocimientos, van á los ministerios de Hacienda y Gobernación; la cartera de Instrucción Pública es para los novatos, para los políticos de menos talla, para los que necesitan ensayarse en el oficio de ministro. Por ahí se puede juzgar el concepto que merece la materia á los hombres encargados de gobernarnos. Y por ahí hemos llegado á que el grado de enseñanza que en todas partes se considera de cultura general, sea el fautor de nuestra mayor incultura. Tal barullo se ha armado, que apenas si tiene esto otra solución que suprimir el bachillerato y que cada cual estudie donde quiera ios conocimientos necesarios para sufrir el examen de ingreso en una carrera. La medida parecerá excesivamente radical, pero contra el fomento de la ignorancia nacional hay que adoptar medicamentos enérgicos y rápidos. Que haya analfabetos, es cosa muy mala; pero que haya ignorantes con certificados de sabiduría, es mucho más grave para la cultura nacional. Convendría que los ministros de Instrucción Pública tomaran otro entretenimiento menos dañino que el juego del bachillerato. ¿Por qué no se dedican, para pasar bu tiempo, á buscar premios en los concursos de A B C? Yo les auguro que combinar pedacitos de papel para formar siluetas en blanco ó en negro, es mucho más divertido que andar trocando asignaturas de la segunda enseñanza y para formar ignorantes con diploma. Es un sport de más entretenimiento y menos nocivo para el país. Y además, se ganan un juguete, y se les puede quitar con eso la gana de jugar con cosa tan seria como la Instrucción Pública. EMILIO SÁNCHEZ PASTOR p- iso cerco á Madrid, acampando en el sitio que se Ihraa campo del Moro y ganando la v. a hacía poco conquiotada, por los cristianos. Nos dirá también que en la plaza del Alamillo hacía justicia el alamín, el juez que entendía en los asuntos de riego ó en los de pesas, medidas y clases y precios de los artículos de consumo. Nos dirá que, ya agrupados ios moros en un barrio, no par imposición de la ley, sino por la afinidad de creencias, eran continuas las acometidas de los niños cristianos á ¡os niños moros, acometidas que degeneraban en peleas de hombres, de las cuales acaso sean una reminiscencia las pedreas de bairio contra barrio, que por fortuna parecen haber desaparecido. ¿Qué hay de verdad en todo ésto? ¿Qué en el destino del caserón derribado hace años en la Morería, que las gentes llamaban Palacio del Moro ¿Qué en ¡a leyenda que asegura haber sido- la calle de Alfonso V el sitio donde los moros vendían el aguardiente destilado por sus alquitaras? Nadie lo sabe, y probablemente no se sabrá nunca. En otras panes las tradiciones corren de padres á hijos y se perpetúan y resisten el paso de tiempo; aquí las familias se esparcen á los cuatro vientos, y de estas viejas leyendas no quedaría ni remota memoria si los escritores no las hubieran recogido, con toda su indecisión. Pero á más de tantas cosas fabulosas, hay otras que son verdades comprobadas. Desde la conquista de, Madrid hasta algo entrado el siglo xvi, los alarifes de la Villa (arquitectos municipales, ó cosa así) eran moros. Desde la misma época hasta fines del siglo xiv los moros tuvieron su alcalde propio y sus jueces, pudiendo practicar su religión pública y libremente ha, n el año i 5o2. En 1481 el Concejo sancionó con un acuerdo lo que ya se había producido en el terreno de los Itechos. Se obligó á los moros á vivir en el sitio donde tenían su almagre (mezquita) y se ordenó que se cercara el barrio con una tapia, que probablemente no llegó á construirse; este barrio, que subsiste, y aunque hayan variado sus casas, no su estructura, es el trozo de Madrid comprendido entre ias calles de la Redondilla, bajada de San Andrés, calle de Segovia, cuesta de los Caños Viejos y calle de los Mancebos. Allí vivieron los moros, convertidos después en moriscos, hasta que los expulsó el odio popular que inspirara el decreto de Felipe III, por e que dejaron aquellas laberínticas calles y plazoletas muy cerca de mil personas. También es verdad que los moros no podían andar por el resto de la villa sino en traje distinto al de los cristiaTpntre cazadores: nos, y que les estaba prohibido salir de noche de su al -A. mí no me gusta tirar más que al vuelo. Ten- jama. go miedo á la caza de reses, porque se corre el riesgo Por uitimo, en algunas casas inmediatas á la Mjrería de que se vaya un tiro y se hiera á un semejante. se conservan minas que daban al campo, alguna de las cuales fue recorrida hace pocos años por dos periodisras; y el Sr. Fernández de los Ríos nos Habla de otras OEM 1 N 1 SCENC 1 AS ÁRABES ENMA- dos minas que arrancan de Jos cimientos del teatro Real, a y van á dar al Campo del Moro una y á las Cuatro Ca DRID lles la otra. Por ellas se puede marchar á caballo, y tanFue Madrid- -lo dice la historia racional, la que to estas como las anteriores no eran sino salidas secretas pasó por el tamiz de la crítica -un centro de pobla- de Madrid cuando era fortísima plaza c e j uena, cercación fundado por los árabes, á modo de plaza destacada da de sólida muralL flanqueada por más de cien torr s de Toledo en las cercanías del Guadarrama, y así no es de extrañar que hayan llegado á nosotros remembranzas de su dominación y vecindad, remembranzas que se conservan en nombres de calles y localidades y barrios, l ó que son leyendas y tradiciones vagas y confusas, como es lógico aue lo sean en población tan movediza como la nuestra. La calle y la plaza de Leganitos tienen su etimología en las alganit ó huertas que hubo en tiempos por aquellos barrios; la Almudena ó Albóndiga está diciendo ú gritos que aquello fue el mercado de cereales; las calles de la Redondilla y de Don Pedro fueron de la Alcantarilla, voz árabe hasta la médula; y sin contar las calles del Candil, Limón, T (uda, Carmen y plaza de la Serengena, cuya filiación lingüística es mora, aunque no lo sea la histórica, hay aún, nueve siglos después de la conquista, una puerta de Moros, una cuesta de la Vega, un Campo del Moro y hasta un barrio de la Moiería. éJ Carece Madrid, casi en absoluto, de monumentos antiguos, y, sin embargo, la simpática torre de San PeTROZO DE MURALLA ÁRABE EN MADRID dro delata con sus ventanas de arco de herradura la mano de algún alarife mudejar, como mudejar fue el alarife que construyó el recién derribado hospital de la Latina. ó cubos, con formidable alcázar y con dos torres destacaSi con las viejas historias en la mano recorremos las das fuera de los muros, una á Levante y otra á Poniente. Como se ve, tiene Madrid recuerdos de suo ¡nadadocalles del antiguo recinto de Magerit, conoceremos consejas que nos hablan de las atalayas que hubo en la calle res, pero son recuerdos tan confusos como los de la primera infancia en el hombre. del Espejo; de los baños públicos en los caños del Peral, á los que daba la puerta de Sainada ó Bal- al- nadttr (la EL ARRÁEZ MALTRAPILLO puerta de las atalayas) de otros baños en lo alto de la costanilla de San Pedro, corriendo sus aguas por la calle que hoy lleva el mismo nombre, esto es, de las Aguas, y de otros baños más en lo que ahora es plaza de la Cruz Verde, cuyo sobrante servía para regar las 1 A industriosa ciudad de Bejar celebra este año sus fiestas huertas del Pozacho, en lo que hoy es calle de Segovia. tradicionales con un nuevo numero que es un timbre de La tradición nos dirá que en la actual calle de la Al- gloria para aquel pueblo adelantado y trabajador: una Expomudena, donde antes estuvo la iglesia de Santa María, sición regional de Bellas Artes, Industria y Agricultura, gahubo una mezquita, y que mezquita fue también San llardo alarde de los progresos que en aquella región alcanzan Pedro. los ramos que concurren al certamen. Ei éxito de la ExposiNos dirá que San Martín y San Ginés fueron iglesias ción es grande y merecido, y como no tenemos espacio para mozárabes, y que mozárabes eran las alquerías ribereñas una crónica detallada, nos limitamos á reproducir varias de del Manzanares, donde San ¡Isidro vivía ejerciendo su las fotograíías que nos envía nuestro corresponsal, consignando á Ja vez nuestra enhorabuena á Bejar por el brillante reoficio de labrador. sultado que ha alca. izado su notable Exposición, en la que, Nos dirá que cuando el rey de Marruecos Yussuf- oen- además de obras muy notables de arte, figuran muestras de Tachfin, al frente de los almorávides, estuvo á punto de sus famosos paños, productos de SLÍJ acieditadas íaívicab, restablecer la dominación árabe en todos los ámbitos de modelos muchos de ellos de adelanto e i tan importante indusla península, malogrando las conquistas de Alfonso VJ, tria. BURLA BURLANDO rt k j LA EXPOSICIÓN DE BEJAR s ir, r unwmnr CTunilta 1 I W I T r I 1 iwirirnnun 1 jllamil HTiTiinnTrHnn