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La crisis de! matrimonio escrupulosa U NA estadística comparativa hecha conHenri D Alexactitud por un sociólogo francés, merás, demuestra que ia raza tiende á extinguirse en esa nación con la cual se pretende aliarnos por temor de que favorezca una intentona republicana. He aquí las cifras: Rusia se reproduce proporcionalmente á un 49 por ¡00 de su población; Hungría, á un 42 por loo; Alemania, á un 40 por 100; Austria, á un 37 por 100; España, á un 36 por ioo; Holanda, á un 32 por loo; Inglaterra, á un 3o por 100; Suecia, á un 28 por loo; Suiza, á un 17 por 100, y, por último, la natalidad en Francia se da en una proporción de 22 por 100. Este resultado, ó demuestra la indigencia de la raza para perpetuarse, ó es indicio de un egoísmo bárbaro é inexcusable. Lo último tiene más trazas de verdad. Creyéndolo así, se fundó en Francia la alianza general para el acrecentamiento de la población, y su primer cuidado fue el de gestionar que se fijara un impuesto sobre el celibato. Ese paso fue ineficaz. Ni los hombres ni las mujeres se casan velando por un interés social. Aunque Shopenhauer haya sostenido que cuando asediamos á una mujer con nuestros ardientes anhelos, somos dóciles esclavos del genio de la especie, el hecho es que en la práctica nadie se dirige á una señorita en estos términos: ¿Quiere usted contribuir conmigo á que nuestra raza no se extinga? ¿La conviene á usted que nos pongamos de acuerdo para que España cuente dentro de poco con tres ó cuatro- -los que vengan- -ciudadanos más? La unión de los hombres con las mujeres, ó se verifica- -y esto es lo más común- -cediendo á un estímulo sentimental, ó se afirma por cálculo. En uno ú otro caso ningún riesgo amenaza á la descendencia. Procedemos unas veces del amor y otras del abrazo fortuito que se dan una mujer y un hombre que ni se aman ni se desean. La Naturaleza, indiferente á nuestras ilusiones, no se ha declarado jamás cómplice de nuestros afanes sentimentales. Con que el género humano se perpetúe, ¡e basta. Fracasó, pues, la Asociación á que aludo más arriba, porque el Gobierno encontró ridículo eso de exigir que pagara gabelas la soltería. Ahora varios sociólogos franceses, educados en la escuela de Letorneau, que es la misma, en cuanto á investigación, que la implantada por Spencer- -simple comprobación de hechos, -se preguntan qué motivos han podido influir en la decadencia de la natalidad en Francia. Henri D Almerás sostiene que entre aquellas causas, las más notorias y decisivas son el creciente gravamen de los impuestos, que hace la vida cada vez más difícil, obligando á las familias á moderar los gastos domésticos; la imposibilidad, establecida por la ley, de utilizar el trabajo del niño; las restricciones en la libertad de testar, tan contraria á las costumbres de! campesino, el cual es enemigo de fraccionar su fortuna; el feminismo, la emancipación exagerada de la mujer, el divorcio y el adulterio. El niño cuesta dinero é impone fatigas y penas. De ahí el que las familias dotadas de escasos recursos eludan el multiplicar u descendencia. Verdad es, y este dato contradice lo anterior, que según la estadística, la natal dad es más frecuente en los barrios pobres de París que en aquellas zonas de la capital en que reside la gente rica. Esto último debe ser atribuido, y harto lo dejan entrever las reflexiones de D Almerás, á que las clases mejor acomodadas, sobre todo) a aristocracia, se resienten de relajamiento y de caducidad á causa de los diversos y prolongados placeres á que se entrega. Algo parecido ocurre en España en determinado ambiente social. Las. mujeres hartas de sus maridos, les sustituyen con el amante, sin protesta ni escándalo de nadie, y de esa suerte la prostitución gana el terreno que pierde la aristocracia. Los retoños de esas familias vienen á la vida con el estigma de su raza degenerada; ellos son imbéciles y borrachos, cuando no carecen de sentido moral y se transforman en delincuentes; ellas, ó histéricas con manía religiosa ó golfas á caza de marido, en quien sólo ven el editor responsable. TE 1 feminismo es una aspiración social que va derecha mente contra el matrimonio. Ninguna mujer, como no sea una virago, lo predica y lo mantiene. En Francia, esa secta estúpida disponía de un periódico, La Fronde, que ha dejado de ser diario y que pronto desaparecerá de la circulación. Aquí no lo divulga nadie. Nuestras literatas son lo bastante discretas para eludir el ridículo que se derivaría de semejante propaganda. Un escritor de la antigüedad, Diodoro de Sicilia, refiere que, según remota ley egipcia, el esposo juraba obediencia á su mujer. Ya se ve, pues, que el feminismo no es de hoy. Se vivía en Egipto en aquella época- -bajo la dinastía de los Hatason- -á merced de las mujeres. Y todo aquello concluyó en la prostitución y en la decadencia. ¿Se pretende renovar aquel estado de cosas? Si sobre los peligros que ofrecen la fluctuante y caprichosa voluntad de la mujer, su humor tornadizo y su desmedida afición a! lujo, se la alienta á la rebeldía, á que se emancipe, el matrimonio concluirá definitivamente. La pluma del Solitario, que bordó con tan divinos primores aquel tapiz de las ferias de Mairena, hubíérase detenido atónita, pasmada, en éxtasis ante aquel ferial campesino. Porque allí, sin rumbo y sin boato, huérfanas del mantón de Manila, desnudas las orejas de arracadas, sin costosas sortijas los dedos, las mujeres del campo reinan por su sola hermosura. El gañán no es como el caballista fantasioso, ni valentón como el tratante, ni vende humos como el chalán de tumbaga. No tiene yegua con mantas de flecos, ni retaco con incrustaciones de oro, ni cinto con onzss, ni cartera con billetes. Su ejecutoria de cavador es obscura y pobre. Pero en cambio es el hombre hombre trabajador, sobrio, resistente, enamorado, rencoroso; tiene corazón para querer hasta CONSTANTINO ROMÁN llorar, y alma para aborrecer hasta andar á tiros. Es un pasional, pero es al mismo tiempo un melancólico. Oíd, si no, á aquel zagal rubiasco y triste que á falta de guitarra se acompaña con un cayado de olivo: 1 as tapicerías antiguas, tan estimadas hoy, tienen necesiYo soy como el árbol solo dad de que se las limpie con frecuencia. Esto se consique está en medio de un camino. gue teniéndolas durante veinticuatro horas en agua donde se Ño tengo padre ni madre. echarán antes patatas crudas cortadas en pedazos, sin quitar ¡Maldito sea mi sino! las la corteza. Las telas deberán estar sumergidas por com- P a s ó la ráfaga de alegría. El arrinconado pueblo tríspleto en el agua. Después debe pasárselas un cepillo que no ton vuelve á su soledad terrible. Por las calles, solas, sea muy fuerte, y por último enjuagarlas en agua pura hasta corren arroyos de tormenta. Alguna señorita desolada que. se vea que ésta no se enturbia. I os zapatos de seda blanca se limpian fácilmente frotándo- mira desde su cierre de cristales los pobres pingajos de los con un trapo de lana blanca empapado en alcohol, la feria: listones de pino, clavos en curva, cartones rodonde se disolverá un poco de jabón blanco. No se debe prac- tos. Y llueve y llueve sin cesar, de modo desesperador ticar esta operación sin poner el zapato en la horma, ni debe é irritante. Por las canales caen chorros de agua sucia, enfangando las fachadas que tan amorosamente se blansacarse ésta antes que el zapato quede bien seco. Los zapatos de piel blanca se limpian y conservan con ja- quearon días atrás. Y asomados á los balcones del CasiMANUEL B U E N O bón blanco y leche. Pero es indispensable secarlos bien. no, los señoritos holgazanes rompen entradas de los títeT as violetas blancas, tan apetecidas por las mujeres, se res, mientras que, arropado en su capote viejo y llevando limpian con facilidad. Basta meterlas en agua de jabón, el mulo de la jáquima, un gañán se para á la puerta de Ja haciéndolas girar por medio del tallo, que se frotará con am- botica. La noria del aburrimiento comienza ya á Henar bas manos como el molinillo de una chocolatera. Después se 1 A premura con que quieren las familias, y aun ¡os las envuelve en un lienzo hasta que estén casi secas. Después sus cangilones de tristeza. Y otra vez hasta dentro de jóvenes ministros del ramo que niños y adultos se las estira cuidadosamente y se las agita en el aire hasta que un año serán iguales- todos los días y todos los trabajos penosos. Y otra vez cada noche regresarán ios jornaleostenten lucidos títulos académicos, tan inútiles como se sequen por completo. deslumbradores y sonoros, trae consigo que en esta, T T emperador Guillermo II de Alemania, pintor, poeta, ros de cavar de sol á sol por tres reales. Y otra vez cada- -i como en casi todas las cosas que llevamos entre mamúsico, militar, hombre de Estado, etc. es hombre amanecer los señoritos del Casino tirarán la última talla nos- -porque se nos imponen casi siempre, bien sabe práctico y quiere que sus hijos lo sean también. Reciente- al monte... Dios lo aficionados que somos á escurrir el bulto, -trae mente ha dispuesto que una de sus hijas, la princesa Victoria CRIMÓBAL DE CASTRO Y lo más triste de todo es que cualquiera que haya visto en exámenes ó en clases á nuestros aspirantes á bachilleres, ha tenido ocasión de ver que aquí no faltan la inteligencia ni la penetración, por fortuna. Lo que sucede es que á esas fuerzas se las da ocupaciones detestables, y que, por consiguiente, todo se pierde y se evapora, así para el individuo como para la familia y la nación. Y mientras sin asomo de discernimiento sigamos intentando, por avenirse bien con nuestra holganza, lo que del fondo de las entrañas de la nación ha de surgir al cabo de dilatada labor, seguiremos en la misérrima situación de alma, madre de toda clase de murmuraciones. consigo que en Jas disciplinas escolares se olvide lo principal y sólo al exterior se atienda. ¿Quién es el padre que se preocupa poco ni mucho de la educación del carácter de su hijo, cosa en verdad más importante que las notas de fin de mes y que otras muchas cosas en las cuales se pone solicitud desmedida? Es evidente que casi todo el mundo, con excepciones que por fortuna nunca faltan, se figura haberlo hecho todo con enviar al colegio á las débiles criaturas, á fin de que con mejores ó peores procedimientos se las ingiera la porción de sabiduría correspondiente á cada día del año. De lo demás nadie se ocupa, y á lo que se ve, á todo el mundo le sienta bien el procedimiento. No tanto, sin embargo, que al cabo de privaciones sin término de una parte y de esfuerzos vanos de otra, encuentren los interesados, que contribuyeron á la formación de perfectos fantoches en lugar de haberse desvivido por la formación de un hombre. La organización de los colegios no consiente que del carácter se tenga cuenta, ni que pueda gobernarse, ni enmendarse, ni corregirse. Todo esto sin contar con las supremas cualidades de psicología intensísima que supone el conocimiento de los defectos en los adolescentes y la terapéutica que á ellos ha de aplicarse. De suerte que el carácter de nuestras criaturas se forma solo, á la merced del viento que sopla, á salga lo que saliere; y la experiencia enseña que de este modo todas las cosas salen mal. Y si alguna acierta á salir como Dios manda, es por puro y singular milagro. Contribuir á la Tormación de un carácter; hacer que las criaturas se acostumbren, cuanto antes mejor, á saber lo que quieren, á escoger con lucimiento, á determinarse y á perseverar; hacer que aprendan á pensar por sí mismas y á no sufrir bastardas influencias; á no vivir como pasmarotes, que obedecen á todas las sugestiones que las rodean, esclavizadas por el deseo de ser gratas, no viviendo más que en el instante presente, sin cuidar para nada de las consecuencias, sabiendo aguardar con calma, no es una labor de poco más ó menos, ni que esté al alcance de todas las fortunas. Así se tiende á educar en otros países de donde nosotros nos forjamos la ilusión que recibimos la luz; pero acontece que nos llega tan apagada y mortecina, que para nada podemos utilizarla. Sin contar con que en materia de educación, mucho menos aún que en otras disciplinas, nada ó casi nada puede copiarse ni imitarse. Ha de ser hijo todo de la necesidad imperiosa presente y urgente. Los procedimientos de los grandes educadores franceses é ingleses son sobrado fuertes para nosotros. Y como en este asunto, como en muchos otros, perdimos la tradición y el sendero ó no supimos renovarlos, resulta que nos encontramos á buenas noches en punto á encaminar espíritus, tarea trascendental y que en todas partes menos aquí ocupa dilatadas existencias y generaciones de artistas y de sabios. Una rutina aterradora preside entre nosotros á todo lo que con la educación se relaciona. Y el remedio, si lo hay, no está en la Biblioteca de Filosofía Contemporánea del editor Félix Alean, que puede orientar, sin duda, á los espíritus despiertos, ó estar, y es natural que así suceda, en la auscultación individual y colectiva de nuestros escolares, quienes teniendo derecho á todos nuestros desvelos y vigilias y á todos los sacrificios de los Gobiernos, los abandonamos á sus propios recursos y llegan á ser hombres sin conocer la vida, siendo además incapaces de utilizar para maldita de Dios la cosa la reglamentada ciencia oficial que mal aprendieron. Luisa, llegue á ser lo que se IJama una mujer ae u casa, empezando por enseñarla el arte culinario. Al efecto, ha mandado construir una cocina especial en Postdam, donde la princesa recibe diarias lecciones. Como la imperial cocinera no tiene más que seis años, todo en la cocina es pequeño. La princesita ha hecho su primer trabajo, consistente en un chocolate que, claro es, les ha sabido á gloria á sus augustos padres. LJrevisión de una señora de su casa- -Voy á invitar á comer á los López. Les diré que tendrán el gusto de encontrarse con los de Pérez, y á éstos que comeremos con los López; y como se aborrecen mutuamente, no vendrán ni unos ni otros. A l D A PROVINCIANA. DESPUÉS DE Y LA FERIA Por el arrinconado p. ieblo tristón ha pasado una ráfaga de alegría. La vida moderna libre, activa y neurósica paseó por aquellas calles de servidumbre, alborotó en as plazas medrosas, galvanizó á aquellas gentes de un amodorramiento secular. Y con sus caprichos de loca cortesana, en pocas horas revolvió el pueblo todo con el tráfico de los feriantes, el estruendo de las charangas y el ronco vocerío de los payasos. Un año entero la noria de la vida rural llenó sus cangilones de tristeza. Los días eran todos iguales; los trabajos, todos pesadísimos. Al amanecer salían los jornaleros al campo, y al anochecer volvían de su labor. Cada mañana sorprendía á los señoritos del Casino tirando el último albur pesetero. Cada anochecer hallaba á las señoritas de más tono rezando el rosario á la luz de un quinqué de petróleo. Y al fin una rosada aurora áz Septiembre, el sol de las ferias andaluzas baña de lujuriosa luz el feria! Al aire libre, en plena campiña anchurosa, Jejos del pueblo obscuro y á la vera de un río claro, surgen como por encanto las tiendas de aquel ejército de gañanes. Bajo su techumbre de ramas verdes, al son de un guitarrejo sucio- y jaleadas por aullidos de entusiasmo, las mocitas cortijeras bailan que se deshacen. No tienen más lujo que el de su juventud, ni más brillantes que los de sus miradas andaluzas. Pero en su mocedad saludable, fuerte y garbosa, hay tesoros de gracia. Y cada vez que, entornando los ojos, curvan las soberanas caderas, Pilpaí sonreirá en su gloria búdica, y las bayaderas cantarán himnos. Fuera de las casetas de álamos, los chalanes empinan sus cantimploras, y, tumbados con majestad de bonzos, los mansos bueyes rumian al sol. Entre las alamedas, el río da suspiros como un novio impaciente. Las tórtolas se arrullan entre aletazos, y una pandilla de muchachos en cueros se revuelcan en las arenas soleadas. Por caminos de retamares y de juncias, las Ruth de hablar ceceoso vienen, sobre sus bestias, arreglándose el peinado á la moda. Y á la puerta de sus cortijos envidiables, panzudos Booz con traje nuevo las ven pasar entre suspiros... La charanga siembra por los rastrojos el bullicio de un pasodoble. Algunas cabras asustadizas corren como si vieran venir a! lobo, y las muletas jóvenes y cerriles dan relinchos de inquietud. En el campanario suena un desenfrenado repique. Allá, á lo lejos, coloreando sus sombrillas al sol, las señoritas del pueblo avanzan entre los requiebros de sus novios. Un veterano de WadRás, llevando un gran cartel con muñecos, pregona los romances de Melisendra. Y dos gitanas jóvenes y garbosas llevan sus blancos delantales con rosas de pitiminí. El sol se ríe en aquellas caras de malicia, y las gitanas, con tanta luz, guiñan adorablemente los ojos... NOTAS PARA MUJERES CARÁCTER Y EDUCACIÓN irann Tríiinr 1 un m n a n n r iimTM rruniiiraii n mn