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Wt AÑO UNO. NUMERO 52, CRÓNICA BISEMANAL ILUSTRADA. L MONASTERIO DEL PAULAR. V 1 SJTA DE LA INFANTA ISABEL Todos los años, por estos días primeros de Septiembre, la Infanta doña Isabel viene á caballo desde La Granja, seguida de un aristocrático cortejo de amazonas y jinetes. La expedición sale á las siete de la mañana, tocadas las señoras de blancos quitasoles que las caen de las alas de los sombreros. Desde La Granja, en fila los caballejos por las estrechas y pedregosas veredas de cabras, los expedicionarios suben hasta más de 2 oob metros sobre el nivel del mar, para ganar el puerto del Reventón, que da SEPTBRE. DEioo 3 io LAS PAREJAS DEL ULTIMO COTILLÓN BAILADO EN LOS JARDINES DEL REAL SITIO Y PATROCINADO POR SU ALTEZA LA INFANTA DOÑA ISABEL tivos ha sido nervioso, ha sido trastornado. Los muchachos se han subido á los campanarios, han empuñado las cuerdas y se han dispuesto á echar las campanas á vuelo. En los arcos de Rascafría y en los lindos adornos que han hecho las señoras que veranean en el Paular, se ha refrescado el monte y se han renovado las flores. Y mientras, ante la ermita de Nuestra Señora de la Peña, á un par de cientos de 9 V ALTEZA LA INFANTA DONA ISABEL PASEANDO EN LOS JARDINES DE LA GRANJA ENTRE LA COLONIA VERANIEGA 4 paso al valle del Lozoya, donde está el Monasterio del Paular. Desde el puerto la expedición baja caracoleando por cimas, barrancos y laderas, hasta el curso del río, y corre por lechos de piedra, entre márgenes de pobos, alisos y fresnos, d; troncos gigantescos. Mirados desde abajo, se ve á los excursionistas desprenderse por la montaña como na hilera de muñecos. Tardan cerca de seis horas en atravesarla. Cinco mañanas han pasado el Paular y Rascafría contemplando el puerto del Reventón y escudriñando con el ojo experto del montañés las orillas de los pinares y las salidas de las gargantas de rocas, sin ver aparecer la expedición esperada. Durante ese tiempo han estado hechos los arcos de follaje, han vestido las gentes por las mañanas sus trajes de fiesta, los chiquillos han andado limpios y han tenido que esperar pacientemente la hora de la limosna la mujer de los dos mellizos que vino de Alameda y la vieja desnarigada que trajo de Oteruelo ai ciego tullido, caballero sobre un asno. Penacho, el vaquero, ha escondido cinco días en la faja el cubierto de cuerno, con adornos primitivos, que regala á la Infanta y que le vale cinco monedazas de á cinco pesetas. Tanto tiempo como Penacho las cucharas, muchas mujeres han guardado entre el pecho y la camisa sus memoriales llenos de lamentos y de lástimas- y hasta el cura i 1 -5, I II f 6 R U P 0 DE EXCURSIONISTAS ALMORZANDO EN UNO DE LOS RINCONES DEL VALLE EL DÍA DE LA EXPEDICIÓN metros del Monasterio, el personal á. z las cocinas de la Infanta ha descargado los víveres, ha desembalado la cristalería, la vajilla de plata; ha armado y encendido los hornos, y pronto, en torno de las marmitas cociendo y de los fiambres extendidos sobre la hierba, los chiquillos y los pzrrcs ss han puesto á mirar con ojos muy abiertos EL PASEO EN LOS JARDINES DE LA GRANJA EN UNA DE LAS TARDES DE LA TEMPORADA de Rascafría y el conservador del Monasterio se han visto obligados á tener en el bolsillo muchos más días de los que pensaron la salutación que el primero lee á la Infanta á su entrada en ¡a iglesia y el razonado capítulo de quejas que el segundo viene presentándola desde hace muchos años, anunciando siempre para el invierno próximo Ja ruina total del monumento, que se descascara, se ablanda y se cae á pedazos, y que realmente vive de milagro. Las cinco mañanas seguidas, á eso de las diez, la decepción de los que esperaban ha sido cada día más comentada y discutida; pero entretanto se han ido quitando peñascos de los caminos y ha habido tiempo de asear personas y cosas, sin que pueda decirse por esto que haya sido causa de perjuicio la espzra. Mas hoy, precisamente á las diez, que venía siendo la hora crítica, la llegada de las cocinas de Palacio fue la señal indudable de que la expedición venía de cemino. Entonces, una actividad febril, una alegría loes han conmovido al Paular y á Rascafría. El último toque á los prepara- LA CRUZ DE LA ERMITA DE NUESTRA SEÑORA DE LA PENA, Fots. E. T r a u m a n n DONDE ALMORZÓ SU ALTEZA LA INFANTA DOÑA ISABEL Y MUCHOS DE LOS EXPEDICIONARIOS de deseo. Allí ha sido el almuerzo, después de la rápida visita que ¡a Infanta y sus acompañantes hicieron á Rascafría y al Monasterio del Paular, donde este año les ha servido de cicerone el pintor Villegas, que con su señora vino en la excursión.