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eipio y de dicha sociedad. Al regve. 60, las orillas Jal U m mea estaban iluminadas con profusión de luces de coló res, los montes cercanos con fogatas y bengalas, Jas casas: de la ribera con farolillos de rail colores, y el espacio por la quema de cohetes y fuegos de artificio. Fiesta más fantástica no es fácil imaginar. La batalla de flores fue también magnífica, digna de la población que la celebraba Los ramos de flores se tiraron por millares de millares, y al concurso de carrua- temporada se resolvía á la exente. Eso ha he pleto. La i IMBJRCACION CCNnuCiENDO INVITADOS CUCAÑAS NÁUTICAS KX EL RIO IIRUM 5- tfON MOTIVO DE LA FIHSTA ORGANIZADA EN EL VALÍ E DE LOYOLA, ADJUDICÁNDOSE POR EL AYUNTAMIENTO DE SAN SEBASTIÁN PREMIOS EN Fots. Otero jes adornados se presentaron muchos, y todos revelando en su decoración un exquisito gusto artístico. Tomaron parte en la fiesta ochenta y cuatro cr. rruajes, y de ellos cincuenta y cuatro engalanados. Las casas de floricultura de aquella ciudad, ir Villa María Luisa y La Orquídea fueron las que engalanaron la mayor parte de los carruajes que más llamaron la atención. ¿1- premio de honor fue adjudicado al carruaje de los señores de Diaz, cuyas hijas, dos bellísimas americanas, le ocupaban. El primer premio se adjudicó á D. Inocencio Echeverría por su milord tirado por cuatro caballos, convertido en enorme corbeille y ocupado por las bellas señoras de Echeverría y de Carrasco. De los coches de dos caballos obtuvieron los primeros preraios el Sr. Olea por su bombonera, y el Sr. Berasaluce por su corbeille. La Villa María Luisa obtuvo otro premio fuera de concurso por su corbeiUe. La fiesta resultó, pues, grandiosa, y de ella, como de la celebrada en la ría, dan alguna idea las fotografías que publicamos. i. Primer premio á D. Inocencio Echeverría. i. -Premio de honor á los Sres. de Díaz. 3. Premio al Sr. Olea. J ts oicmyiu- sínei tas. Por el mismo camino se llegará- -por algo se empieza- -á deshacer otras prevenciones, mandadas retirar por lo ridiculas, de muchas playas extranjeras, y San Sibustián llegará á ser lo que puede y debe ser: una población de verano y de invierno con atractivos, con comodidades y con respeto para todo el mundo. Las fiestas organizadas para eí mes actual son espléndidas. Batalla de flores, concurso de carruajes adornados, fiesta náutica por la ría, feria, carreras de caballos, corridas de toros, conciertos y bailes en el Gran Casino, etc. De las ya celebradas merecen citarse por su esplendor la fiesta náutica en el valle de Loyola y la batalle de flores. La gloria de la primera corresponde poi igual al Club Cantábrico, sociedad aristocrática y ríes cuyas felices iniciativas tanto bien hacen á San Sebastián, y al Ayuntamiento. Surcaron la ría infinidad de embarcaciones engalanadas con mucho gusto, y llevando al vecino valle de Loyola á infinidad de personas de la colonia veraniega y de la sociedad donostiarra, que fueron obsequiadas con esplendidez en los pabellones del Muni- ir J i- -Tí