Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
RÚNICA. LA MISERIA Y EL INVIERNO Vamos á entrar en el invierno. El almanaque no marca esta fecha terrible para los pobres hasta el I Í de Diciembre; pero en cuanto empiecen las lluvias, comenzarán las noches frías, y la vida á la intemperie será imposible. Los que hoy duermen en el caí o y en los bancos de los paseos públicos, volverán á formar montones de carne viva y 1 lada en los quicios de las puertas: la vía pública volverá á ser invadida por los que no tienen casa ni hogar; la miseria que la falta de trabajo está causando, arrojará un buen continoente de desoraciados al arroyo... ¿Se va á repetir este año el espectáculo de los anteriores inviernos? Ya se ha hecho una ley para los niños abandonados, pero ¿quién confía en la eficacia de las leyes? Para dar cama al que no la tiene, para que coma el hambriento, las leyes, los reglamentos, todo el balduque de nuestra Administración sobra; lo que hace falta es dinero, y el dinero lo deben dar los que lo tienen. Madrid está rodeado de asilos religiosos y laicos; las gentes acomodadas, yo no lo niego, dan muchas limosnas; la caridad se ejerce por buen número de personas; la filantropía enjuga muchas lágrimas; pero el espectáculo del Madrid nocturno demuestra que todos esos actos son insuficientes, que no llegan á todo el mundo, que hace falta más caridad y más dinero. Allí mismo, en el teatro de la Opera, mientras se lucen joyas que valen fortunas, junto á la puerta de la plaza de Isabel II, y para utilizar el calor que despide la maquinaría de la luz eléctrica, hay todas las noches infelices seres que no tienen más cama que el empedrado ni más alimento que el rancho sobrante de los cuarteles. Este horrible contraste no debe continuar; en los actuales momentos no se necesita tan vivo espectáculo para envenenar la cuestión social y poner en los corazones que sufren el odio en vez de la gratitud, la ira en vez del reconocimiento. El egoísmo humano ha inventado una cruel leyenda, la leyenda de que los pobres lo son porque quieren, la leyenda de que muchos tienen en el forro de sus andrajosos chaquetones billetes de Banco reunidos por la avaricia... Esto no es verdad: hay casos, hay excepciones; pero no se puede sostener, teniendo sentimientos humanos, que haya quien prefiera para dormir en una noche de Enero las gradas de piedra de San José, á un lecho blando, caliente y limpio. Calumniar al Creador del mundo llamando ley providencial á que unos carezcan de lo necesario para vivir y otros posean lo supérfluo, es muy cómodo para adormecer un poco las conciencias, pero ni es cierto, ni es humanitario, ni es cristiano. El invierno que se avecina, porla falta de trabajo agravará la situación y aumentará el horrible espectáculo que en Madrid se presencia todas las noches. ¿Qué se hace en previsión de este horror? Nada; los que van tener lumbre y abrigo dejan llegar con los brazos cruzados la época del frío, y hay que acordarse de los que no tienen medio de combatir la inclemencia del tiempo; es una obligación social y es una obligación cristiana; no se puede tolerar más tiempo ese abandono del ser humano en una población de primer orden donde abundan los medios y la fortuna para socorrer al indigente. Si la sociedad no toma por s! la iniciativa, debe sustituirla el Estado, y en su representación la provincia y el Municipio. La iniciativa particular carece de fuerza para verificar la coacción que debe impedir la exposición pública de la miseria. Durante los inviernos ingresan en el hospital una porción de desgraciados que se fingen enfermos para tener cama y comida por unos días. El hambre les lleva á buscar un lecho en la horrible y simétrica fila de las salas del hospital, teniendo enfrente el espectáculo de un hombre que agoniza, á los lados los ayes del que sufre, y en toda la atmósfera el peligro del contagio. Este- -admírense los que duermen en blandas plumas y en lujosas alcobas, -este es el ideal de muchos desventurados, y como ideal dificilísimo de realizar, porque la ciencia se entera pronto- de que no tienen dolencia alguna, y desde ese momento se les pone un mote, el de Calandrias, y se les planta en medio de la calle. ¿Quién los recoge en este caso? ¿Dónde está la institución que los ampare y dé albergue? La oblijnción de mantener á los pobres existe en todas partes. En Inglaterra es un deber de las corporaciones locales, pero este sistema primitivo se ha sustituído por remedios más eficaces, por sistemas que conduzcan á disminuir su número. La limosna sola no basta; evita la angustia de unos días, pero perpetúa la pobreza si no se la combate con otros medios que la sociedad y Estado tienen obligación de emplear. En el montón de infelices que, acurrucados fuertemente para prestarse calor mutuo, pasan la noche sobre el empedrado, la autoridad puede y debe hacer una investigación minuciosa. Lo constituyen siempre niños, jóvenes y ancianos, y cada uno necesita una clase de remedio para arrancarle á la indigencia. El niño debe ir á la escuela, á la escuela- asilo donde halle alimento para el cuerpo y para el alma: la instrucción le arrancará de la miseria seguramente; en la escuela aprenderá á luchar para no caer en la vida nómada á que la ignorancia y la brutalidad de los padres le ha lanzado. El adulto debe ir al trabajo; hay que proporcionárselo si no lo encuentra por sí; para este fin hay en el Extranjero multitud de instituciones cuyos estatutos y procedimientos pueden copiarse; en la edad de la juventud es muy raro el caso del hombre que no quiera ganarse su subsistencia si para ello se le dan medios; si existe alguna excepción, s ¿borrará de seguro y eficazmente prohibiendo con rigor la mendicidad en la vía pública. El anciano y el inútil, al asilo; pero no al asilo- cárcel que aquí solemos organizar, donde se cree que la comida se debe pagar con la absoluta falta de libertad y donde existe un régimen del que huyen los favorecidos como de una prisión, sino al Asilo caritativo donde domine el amor al prójimo, y en lo posible se sustituya, por los encargados de regentarlo, á la familia con su calor, su interés y sus alegrías Recoger los pobres de la calle y llevarlos al sótano del Gobierno no es solución: es otro crimen de la sociedad, que castiga y atropella á la víctima de sus egoísmos y abandona, por el delito de que ella es responsable. El problema social es muy complejo; se escribe mucho sobre la materia y se publican libros con soluciones más ó menos prácticas: los sociólogos investigan las causas de! mal y por todas partes se buscan remedios para desdichas universalmente reconocidas. La ciencia hallará ó no hallará el procedimiento pacífico para una organización futura, donde no existan los actuales horrores; pero entretanto, el hombre de sentimientos generosos puede hacer mucho en beneficio del bienestar común. No se necesita estudiar á Lasalle ni á Cari Marx para hacer el bien, y á todos los corazones puede llegar la hermosa frase del pastor alemán, que ha dicho: En el cuerpo social, la Economía Política es la Anatomía; los escritos de los socialistas, la Patología; la Terapéutica, es el Evangelio. Va á llegar el invierno con todas sus crudezas... ¿Van á tolerar las gentes pudientes de Madrid y las autoridades el horrible espectáculo de la pobreza humana arrojada en montones á la vía pública como la basura? EMILIO S Á N C H E Z PASTOR Vaiwfaapa ijbH iwnnr n u n Basta á la gloria de la inmortal pensadora la admiración de la posteridad, que hace brotar alrededor 4 tumba las flores del agradecimiento; los que necesitamos honrarnos somos nosotros, haciendo justicia al indiscutible mérito de la ilustre escritora. Y ahora tienen la palabra aquellos en quienes esta idea halle un eco simpático. CARMEN DE BURGOS SEGUÍ M ADR 1 D RELIGIOSO. LAS IGLESIAS DE LA CLASE MEDIA Entre las que pudieran denominarse as! por no hallarse enclavadas en barrios aristocráticos ó populares, se cuenta en primer término San Sebastián. Su atrio ofrece un carácter muy español, ó con más propiedad hablando, muy madrileño. Y pruébalo, el qu ¿lo haya escogido para escena de un cuadro en uno de sus sainetes el famoso Ricardo de la Vega. En efecto, su verja de hierro encierra un verdadero jardín. Es una de las notas nuestras que más chocan á los extranjeros esa promiscuidad de tiestos y campanas, esos montones de geranios y rosales que viven al amparo de una torre y recibiendo del templo los besos del incienso que se escapa por sus puertas. Fuera de tal encanto, lo único notable con que cuenta el exterior de San Sebasián es la imagen del Santo recibiendo el martirio, de oran mérito escultórico. El interior es igualmente anodino. Naves ahogadas, muros pobres. Hay, sin embargo, que hacer una excepción con el grupo de la capilla mayor, lu huida á Egipto, el Cristo de la Fe, obra de D. Ángel M o nasterio y los cuadros de D. Antonio González. La capilla de la Novena es digna de mencionarse por la tradición referente á su virgen, que no es otra que la curación de la actriz Catalina Flores, que baldada á consecuencia de un parto, y después de una novena á la santa efigie, entonces situada en la calle de León, esquina á la de Santa María, vióse un día curada, tras una noche entera pasada en oración en el arroyo. Allí quedaron las muletas al pie de la hornacina, fundando entonces l. s cómicos, en agradecimiento al milagro, la hermandad de Nuestra Señora de la Novena, instalándola para mayor lustre y decoro en San Sebastián. Una página histórica, digna de perpetua memoria, registra en sus anales esta parroquia: las exequias fúnebres de Lope de Vega, tan solemnes y fastuosas, que ya había entrado la manga parroquial en la iglesia y aún no hab a salido el cadáver de su casa dice en su Madrid Viejo el erudito y amenísimo literato D. Ricardo Sepúlveda. Otro de los templos madrileños de macetas en el atrio, es San Ginés. La tradición asígnale por fecha de origen el período sarraceno. Los datos auténticos rebajan un tanto su antigüedad, apareciendo construido, según unos, en i 358, y según otros, en 1465, costeando su edificación D. Diego de San Juan. En 1814 fue maltratadísinTo por un incendio, perdiendo al levantarse de nuevo sus bellezas arquitectónicas. El atrio actual sirvió en tiempos de cementerio. Los tiestos ocupan el lugar de las sepulturas. Es notable el cuadro del altar mayor representando á San Ginés de Arles, como asimismo lo son los ángeles que coronan el lienzo, de D. Pedro Hermoso. En su día hablaré de la capilla del Cristo; hoy mencionaremos sólo la del lado del Evangelio, con una escultura de San José, de D Juan Adán, y la de la Valvanera, muy venerada en Madrid, obra de Alonso de los Ríos, con los santos del retablo, de D. Valeriano Salvatierra. En esta iglesia se halla la famosa bóveda en que antaño se disciplinaban a caer de la tarde y durante la cuaresma los penitentes, ascético acto presidido por dos hermosísimas esculturas de Giacomo Colombo, el Señor de la Columna y el Ecce Homo, y un Cristo caído bajo la Cruz, de Nicolás Fumo, regalado por un ilustre y culto procer, el marqués de Mejorada. Un paso y en el Carmen, la irregular y desmantelada fachada, del cual ha quedado ahora bien al descubierto con el ensanche de la calle. Aquel atrio alto con covachuelas al pie, ofrece verdadero carácter. No tendrá mérito para el artista, pero lo posee para el rebuscador de costumbres pasadas. Fue erigida la iglesia en 1 5 5, en el mismo solar que se alzaron unas mancebías trasladadas desde la casa del conde de Oñate, y que no darían escaso contingente á aquella turba de mujeres que pululaban por la Herrería durante las obras del Monasterio del Escorial, y de que se lamentaba su historiador fray Juan de San Jerónimo. El templo es de amplias proporciones, aunque pesado y frío, y de cruz latina. La Virgen del altar mayor es atribuida á Sánchez Barba. Los Profetas Elias y Elíseo son debidos al pincel de Pereda, y la escultura de Santa Elena al cincel de Rubiales. Antiguamente se denominó esta iglesia de San Dámaso y corrió á cargo de la orden de Carmelitas descalzos, que al fin la dieron su definitivo nombre. ALFONSO P É R E Z NIEVA H OMENAJE NAL A CONCEPCIÓN ARE- El Ayuntamiento de Vigo tiene ya concluido el proyecto para el monumento donde se han de guardar los restos de doña Concepción Arenal. Así ó en términos semejantes ha corrido esta noticia por la Prensa española, inspirando algunos comentarios. En La Época recuerda Zeda el hermoso rasgo de la insigne pensadora, cuando en vida se proyectó levantarle una estatua: Las estatuas, escribió la Arena) deben levantarse al genio, á la santidad, al heroísmo; yo no soy un genio, ni una heroína, ni una santa. Su modestia, sin embargo, la engañaba, porque esta mujer singular, que dedicó la vida entera al bien de sus semejantes, tenía por su talento cualidades geniales y era por la abnegación y la extremada bondad de su carácter una heroína y una santa. Lleva la caridad á las páginas de sus libros, impregnándolos con un aroma suave, lleno de sublime resignación; la miseria le aterra, el dolor estremece su alma, y entra en el mundo dispuesta á sacrificar su existencia por todos los que sufren. Hay momentos en que parece un apóstol predicando el amor y esparciendo por todas partes las semillas fecundas del bien. En su cerebro privilegiado domina siempre una idea que persiste á través de todos sus libros; esta idea se amplifica y extiende, se transforma en infinitos pensamientos y constituye la aspiración única que la guía en su grandiosa peregrinación. Concepción Arenal tiene el profundo convencimiento de que no existe ninguna persona sin disposiciones al bien; considera la maldad como un accidente impuesto por el fatalismo de las cosas; pero cree que existe siempre, aun en los espíritus corrompidos por el vicio, un espacio tranquilo y oculto donde se cobija el amor. Toda su obra está aquí: en penetrar esas honduras del abismo humano, esos océanos psicológicos donde el alma se conserva sin mancha ni contaminación. Para ello visita los hospitales, entra en las cárceles y presidios; los miserables la buscan para contarle sus dolores; los desgraciados le relatan sus penas, y su presencia, su palabra reposada con dulce acento gallego, prestan consuelo á los débiles y despiertan extrañas sensaciones en el corazón de los corrompidos. De esta labor santa nacen unos cuantos libros, que son únicos en la literatura universa! porque El visitador del pobre, La Beneficencia, TLa Vilantropía y la Caridad, las Carias á los delincuentes y los Estudios penitenciarios serán leídos mientras exista la lengua castellana. Yo, que he logrado alcanzar el principio de la evolución de las ideas penitenciarias, tan limitadas en el tiempo de la Arenal; que, como ella, aunque en una extensión más modesta, he recorrido las cárceles estudiando la psicología de las pasiones, puedo aplaudir su obra sin reservas y con entera imparcialidad. El Ayuntamiento de Vigo se cubre de gloria honrando á la ilustre hija de aquella ciudad. Pero ante esa manifestación de justicia realizada por un pueblo, se me ocurre pensar: ¿Acaso nosotros, hijos de un siglo descontento y voluble, no debemos nada á doña Concepción Arenal? Hace poco tiempo se inauguró en Madrid un Panteón de Españoles Ilustres; allí reposan, quizás para siempre, los restos de Espronceda, Larra y Rosales. ¿Por qué no trasladar á él los restos de doña Concepción Arenal? Esto sería un homenaje solemne rendido al talento extraordinario de esta mujer incomparable. No pretendo restarle gloria á Vigo; pero en este caso se trata de un talento universal, de una honra que pertenece á España entera. Las fiestas de San Sebastián í a bellísima capital guipuzcoana ha realizado este año un acto muy raro en España, pero muy necesario, y de cuyas consecuencias no tendrá que arrepentirse: ha acabado con la rutina. Con la rutina desdichada, que es causa de tanto arraso en todas las manifestaciones de la vida nacional. La rutina hizo hasta aquí que el veraneo en San Sebastián se concretara á medio mes de Julio y á Agosto completo. El problema que había que resolver era que la T n Í- -n a T í f 1 1 ¡r mi un u n E mrmun i i nti i- rimniín i ¿1 u ani TÍ ni rnnn- -tn 1