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Pero el temor y las elecciones tienen esta vez una relación muy directa en todos Jos partidos. El liberal se mueve también estos días á impulso de impaciencias mal disimuladas, sintiendo comezón por elegir jefe. Y teme, como es natural, que llegue la elección, porque las rivalidades que palpitan entre Jos elementos directores pueden dar al traste con el partido. La impaciencia no reflexiona. Parece natural que antes que jefe haya programa, bandera, credo. N 2 d de eso. Es n. uy español empezar á hacer de una casa el tejado antes que los cimientos. Los ministeriales, en fin, temen otra elección: la de presidente del Congreso. La candidatura del Sr. Romero Robledo, patrocinada por el Gobierno y hasta impuesta por el Sr. Silvela, según se dice, provoca el descontento entre algunos conservadores, que se disponen á resucitar- antiguos grupos y rebeldías. Es natural que el Gobierno sienta temores al acercarse la elección, porque de ella depende su existencia en el Poder; y en cuanto á la sumisión y disciplina de la mayoría, no puede creer en ella aunque lo juren Silvela y Maura y franciscanos descalzos. La opinión, entretanto, espera con ansiedad los acontecimientos, porque el Gobierno sigue prometiendo mucho (mucho, dado lo que está acostumbrado á recibir el país de cuanto se le prometed: presupuestos con rebaja, san miento de la moneda, i eoroanización administrativa provincial y municipal, obras públicas, reformas sociales... Todo ello lo espeía el país, no solo por la buena cuenta que le tiene, sino porque está deseando aplaudir á un Gobierno que muestre buen deseo y firme propósito de remediar, aunque sea lentamente, las necesidades generales. El viaje regio toca á su término. Camino de flores ha sido el que ha andado el joven Monarca, y de desear es que el Ministro que le acompaña haya podido observar las espinas ocultas por el instante y fáciles de extirpar con medidas de buen gobierno. paña; cuidar el interior de Ja casa nacional: esto es ¡o indispensable; y mientras la aldea no pueda disfrutar en el orden que le corresponde de las ventajas que la civilización y el progreso llevan á las grandes capitales, no habrá bienestar en la Nación. ¡Qué hermosa misión la del ministro de Agricultura! Ser para España en general lo que los indianos nobles y generosos para las aldeas en que nacieron. Los indianos cuentan para estas empresas bienhechoras con sus ingenios de América. A él no le faltará ingenio y buena voluntad. KASABAL ARREGLAR POR DENTRO ¡SPAÑA con sus líneas de ferrocarriles, con las carreteJ ras que unen á importantes poblaciones y sin caminos vecinales, se parece á esas familias cursis que cuidan mucho de la sala y del gabinete en que reciben á las visitas, y tienen en el más completo abandono el comedor, las alcobas, las habitaciones que reclaman más cuidados, porque en ellas se pasa la mayor parte de la existencia. De grandes capitales no estamos del todo mal. Barcelona, Bilbao, Sevilla, Valencia, Valladolid, Oviedo, Coruña. Zaragoza, Santander, San Sebastián y otras, han seguido las corrientes del progreso y son modelos de cultura. Tenemos, pues, como nación, bien arregladita la sala. ¿Pero el interior? Este está en el mayor abandono, y hacía mucha falta un ministro que, como el que se halla actualmente al frente del departamento de Agricultura y Obras Públicas, se metiese casa adentro para ocuparse de la aldea abandonada, del labrador desatendido, de los campos desamparados Aún hay al comenzar el siglo xx muchos españoles que viven en cuevas, como en los tiempos primitivos. El aspecto de nuestras aldeas no puede ser más triste, y salvo algunas excepciones en la comarca donde ha ejercido su bienhechora influencia algún indiano que ha vuelto acaudalado de América y ha fundado escuelas y se ha ocupado algo de la comodidad de sus convecinos, parecen mansiones de desheredados. Lo primero que necesita un pueblo después de la iglesia, que ésto entra en el orden superior, es la escuela, y con la escuela la fuente pública con agua cristalina y abundante; y establecida y bien dotada la escuela, franca y corriente la fuente, son indispensables los caminos vecinales que unan á los pueblos, que faciliten la conducción de los productos al mercado de la villa más próxima, á la estación del ferrocarril más cercana. Así como el ánimo se entristece cuando se entra en alguna de esas poblaciones rurales con casas miserables construidas con tierra, de calles que son sucios arroyos, y donde no se ve más establecimientos públicos que la taberna, se ensancha y se dilata el alma á la vista de algunos pueblos que han realizado progresos por la iniciativa de algunos de sus hijos favorecidos por la fortuna. Yo no olvidaré nunca la grata impresión que me causó La Cavada la vez primera que visité este culto pueblo de la provincia de Santander. Sus calzadas parecen calles de un jardín; sus escuelas con dos pabellones para niños y niñas, con su edificio central para los maestros, con los jardines que los rodean y los embellecen, son un modelo. Se escucha por todas partes el murmullo vivificador del agua; los chiquillos que se encuentran están alegres y sanos, los hombres fuertes y robustos, y las mujeres ostentan satisfechas la principal belleza: la de la salud y la limpieza. ¿A qué se debe todo esto? A lo que allí han gastado en interés del pueblo los que se fueron á trabajar en lejanas tierras y volvieron con algún capital, de cuyas ventajas quieren que participen sus convecinos. Pero como todos los pueblos no pueden tener esta clase de individuos, bueno es que haya un ministro joven, inteligente y animoso que desempeñe para España, en genera este redentor papel. El Sr. Gasset, desde el Ministerio de Agricultura y Obras Públicas, debe ser el indiano de esos pueblos olvidados de las dos Castillas, de esas comarcas sedientas de Aragón y Cataluña, de esas regiones de Levante y Mediodía que están pidiendo con anhelo reformas. Arreglar por dentro: esto es lo que hace falta en Es- f había pedido una de Jas mejores habitaciones de la rasa; que por el gerente habíase enterado de la especialidad de aquellas aguas minerales; que otro de sus cuidados fue el informarse de si merecía ser visitado algo notable en las inmediaciones, y por último- -y en esto parece ser que mostró gran empeño, -que procuró conocer los puntos de excelencia de la cocina de la casa. Taravilla, que era un gastrónomo, no dudó de que iba á habérselas con un rival; pero con un rival que le fue antipático desde el punto y hora en que no contribuía con las dos pesetas y cincuenta céntimos de arancel á los ingresos facultativos. J 3 ero como en todo ó casi todo cuanto opinó el doc tor respecto del desconocido, también equivocóse en lo loe ce al tributo que pagaban todos los agüistas, y CJn esta época del telégrafo, la tracción eléctrica y el al que estimo sustraíase aquel viajero por no necesitar rayo nada tan enojoso como la larga literatura. acaso restaurar su salud. Y se equivocó, porque al día subsiguiente vióse visitado Taravilla por el desconocido. Las cosas al vuelo, y cazadas á tiro rápido. -Pues es otro paciente, -se dijo el hipócrates viendo Cierto escritor amigo mío, por abreviar escribe siemque el forastero, después de saludarle, le c go el dopre con fuga de vocales. Yo le aconsejo que complete el cumento con que se acreditaba el pago de lus consabidos sistema añadiendo la fuga de consonantes. Quizá el desinteresado aviso, dado con la punta de la diez reales de vellón por derechos de consulta. Y bastó aquel pequeño detalle para que desapareciese pluma, me cueste arreglarlo con la punta de la espada, la antipatía con que el doctor le viera, á la vez que para ¡porque vivimos de sablazos! Y recuerdo un célebre couplet que se cantó en París que el pequeño dictador se mostrara con el nuevo cliente por el año... (Esto de por el año, á lo Portero del Obser- tan autoritario y despótico como solía serlo con cuantos vatorio, obliga al lector á perderse en la penumbra de los pacientes tenían que pasar por su despacho. ¿Llegó usted ayer, eh? ¡Sí! Creo recordarle, -dijo tiempos) por el próximo pasado: ppdo. como escriben Taravilla dejándose llevar de su verbosidad habitual. los comerciantes, y que resulta más breve. -Sí; ayer llegué al establecimiento, -asintió el visiAllá va la traducción del couplet que se cantó en París tante con voz apagada y un tanto gangosa. por el año ppdo. ¿Qué médico ha prescrito a usted el empleo de estas A Pranzzini aguas, caballero? le cortaron el cuello- ¡Ninguno! No vengo por dictamen facultativo... para enseñarle á vivir ¡Ya! vamos, viene usted por consejo propio... Ha Esto sí que es el colmo de la pedagogía. Como lo es el de la paciencia hacer cosquillas á un obrado usted prudentemente... ¡más! con acierto, con palo de telégrafos hasta que se ría el director de Comu- mucho acierto. La dolencia de usted está indicada, clara, nicaciones. Que no me censure quien leyere. La charla indudable, manifiesta. -Pero si yo no padezco... deshilvanada es el colmo del modern ityle, sino que los- ¡No! Hasta ahora no ha padecido usted las moleselegantes á lo Alejandro Bhér lo llaman Flirt. Y hacen bien; flirt se dice bien pronto, es casi un tias propias del mal, pero á poco que se hubiese descuitrino, va rápido y abarca picadillos de todo género. No dado... ¡ya, ya! ¡Si me siento bien! hay que olvidar que vivimos en laépoca del muestrario ¡Es natural! -interrumpió de nuevo Taravilla. -En política, muestrecitas mignon. Esos males en su principio apenas se hacen notar. Más En literatura, mignardisse. adelante es cuando aprietan de firme, ¡ya lo creo! En pintura... en pintura cedo la palabra á una chula- -Pero, doctor, -atrevióse á expresar el visitante con que oí al pasar por delante de un cuadro de la pasada tono entre alarmado y socarrón, ¿opina usted que yo Exposición: ¡Qué licencias se premíten á los pintores, Cerilo! padezco de algo? ¡Hombre, por Dios, si no hay más que oírle! ¡Miá que tié chupe esa ninfa ú damisela, que tié por Sin que usted me facilite antecedente alguno, p u i o yo ubres ú senos esas dos alcachofas espigas! explicarle desde sus orígenes la historia de! padecimiento. Sueño puro, fantasías, fantasías. ¡Viva la pintura ilóY montando sobre la nariz los quevedos, que se le gica con pelos descompuestos que brotan de una copa de vino; mujeres que se columpian en el pétalo de una flor, habían desprendido, prosiguió hablando el facultativo. -La causa primordial de lo que le aqueja es el abuso cuyas hojas se enredan en las estrellas, tan airosas, tan del tabaco. Ya sabe usted que el tabaco, por bueno que souples, tan ligeras... Todo ha de ser ligero; las mujeres flacas, las telas va- sea, irrita mucho la laringe- -Pero doctor... porosas, el veraneo corto, los trenes seguiditos, los au- ¡Qué va usted á decirme que yo no haya visto claro tomóviles á 778 kilómetros por hora y talegada. desde el primer momento! La irritación esa, descuidaTodo precipitado, descompuesto, febril, neurótico. da por no darle la debida importancia, ha sido... ¡Flirt, flirt, flirt! -Será otra causa... Este mundo está patas arriba y endiavolado desde que- ¡No, no! El tabaco, el abuso del tabaco y nada más, un Diávolo nos ha enseñado el ejercicio. ¡no lo dude usted! Diariamente estoy recogiendo testiJUAN VALERO DE TORNOS monios que confirman de modo indudable... -Pero señor, dispense usted, si... OS BALNEARIOS. EL ENFERMO- ¡Es cosa probada! Y va usted á seguir el plan indicado por mí, pero fielmente, ¿eh? Primero el agua en POR FUERZA Apoyados ambos codos en el alféizar de la ventana y bebida; luego, y simultaneando, irrigaciones é inhalaciososteniendo la cabeza con las manos, esperaba el doctor nes... Y para que yo pueda apreciar los efectos, volverá Taravilla en su despacho la llegada del carruaje que con- usted á verme pasados tres días. -No sospechaba, no podía sospechar tal dolencia... ducía los agüistas al establecimiento de que era médico- ¡Eso no tiene nada de particular, caballero! Los director. profanos no tienen obligación de ver lo que cualquier Era un hombre de corta estatura, grueso, de facciones vulgares, dotado de asombrosa movilidad, y que durante hombre de ciencia descubre desde el primer instante. -Y no podía sospechar por qué, según usted, la caula hora de consulta ni se resignaba á escuchar á nadie, ni sa de mi mal es el abuso del tabaco... cesaba de acomodarse sobre la nariz los quevedos, tan- ¡Ni más ni menos! El abuso del tabaco. ¡Eso! inestables cuanto continuados eran los movimientos de- -Y como yo no fumo ni he fumado en mi vida... su poseedor. Taravilla, como si aquella desautorización no fuese Cada minuto que transcurría desde la hora de llegada para él. prosiguió con el mayor aplomo: reglamentaria del coche, aumentaba la tensión nerviosa- ¡Bueno, bien! Eso no importa. Aunque la causa sea del galeno. Y no era, en verdad, por impaciencia justifiotra, el efecto es el mismo. Pero aténgase usted á mi cable, puesto que á ningún viajero conocido esperaba, sino porque, exageradamente ordenancista, no podía consejo, no fume usted ni ahora ni nunca. T ueño de la papeleta necesaria para tomar el agua medisculpar ni excusar la menor falta. Pero como todo suele dicinal, el enfermo por fuerza la bebió al siguiente llegar en este mundo, según dicen, también llegó el espedía. Necesitaba limpiarse para evitar las consecuencias rado carruaje, y por cierto que atestado de agüistas. ¡Buena entrada! -exclamó el doctor Taravilla, con- de ¡a excelente cocina del balneario, y como para conseguirlo no tenía otro recurso que la prescripción de Tatemplando el descenso de los que llegaban. Entre éstos apeóse un caballero de elegante porte, la ravilla, de aquí el que volviese á la consulta. Mas logrado su propósito, dos días después abandosoltura de cuyos movimientos no demostraba que fuese, nó el establecimiento y la localidad, con no poca extrañecomo la generalidad de los viajeros, un paciente más. Este encomendó su equipaje á un servidor del estable- za del médico- director. ¡Qué locura! ¡qué locura! ¡Jugar así con la salud! cimiento, y quedóse contemplando con curiosidad todo cuanto á sus ojos se ofrecía: la plaza, los edificios, las- -le dijo el facultativo. ¡Luego se afirma que los médigentes... Indudablemente aquel recién llegado, á juicio del cos! ¿Y quién es ese señor que tan bruscamente ha indoctor, ó era un aficionado á viajar por puro recreo ó terrumpido su cura? El administrador del establecimiento consultó el regisesperaba á alguien, por más que, si era esto último, no demostraba la menor contrariedad ni impaciencia alguna tro y pudo satisfacer la curiosidad de Taravilla contestándole: Don Isidoro Fernández Plores. por la tardanza de la personi ó personas esperadas. J ¡1 hecho es rigurosamente cierto, y si no se cita el Y allí, en la plazoleta que se extendía ante el balneario, nombre del balneario es por razones que no se le continuó el forastero cuando el doctor Taravilla retiróse ocultarán al lector. de la ventana. Tal fue la dolencia no sospechada que le hicieron pa on efecto, el desconocido era un viajero de afición que solía emplear anualmente la época del veraneo en vi- decer al ilustre escritor, honra del periodismo madrileño, y que él me refirió no mucho antes de su muerte. sitar cuantos sitios le sugería su capricho. Charlas deshilvanadas L Pronto supo el director del balneario que el turista PEDRO J. SOLAS nriE- nnniirr r i r n T i- 1 imOTrrnirrminiiEri IITTTI nnir- mn immnir