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I A VIDA EN BROMA. ELMAN 1 FJES TO DE PELLEJ 1 N No sabía Pellejín que su regreso á Jaca había de proporcionarle disgustos. Las señoras propietarias del frac se convencieron al fin y al cabo de que no había habido intención de quitarles la prenda, pero el joven tuvo que oir apreciaciones poco favorables respecto de su conducta. ¿Qué se habían figuíado ustedes? -hubo de decirlas Pellejín; ¿que iba á quedalme con el flac? ¡Vaya una idea lepugnante la que tienen ustedes de loe diputados á Coltes! -Es que estamos muy escarmentadas de los hombres políticos- -contestó una de las señoras. -Tuvimos de huésped á un señor hace años que venía á presentar su candidatura por este distrito, y se nos fue á los quince días sin pagar, llevándosenos una colcha y dos quesos que habíamos puesto á secar en el balcón. La mamá de Pellejín dijo entonces: -Hay políticos y políticos. Nosotros pertenecemos al partido conservador, que es el más decente hoy en día; y ya comprenderán ustedes que si fuésemos personas poco delicadas, no nos hubiera admitido en susfilasdon Francisco Silvela. -Basta de explicaciones, mamá- -repuso Pellejín. -Mi dignidad como leptesentante en Cotíes no me pelmite descendel á ctello ieleno. La madre y el hijo cerraron la boca por el momento, encaminándose á la fonda. Allí dijo la primera al segundo: -Atilano, debes hacer uso de tu derecho y formar parte de la comitiva regia; tienes deberes que cumplir como representante de Villamulos. Mañana ó el otro podrían exigirte responsabilidad tus electores. -Voy á vel ahola mismo al gobelnadot. Y se fue efectivamente. Pero el gobernador le dijo que él no podía designarle puesto alguno en la comitiva. Pelkjin montó en cólera, dejando entrever la amenaza de separarse del partido. -No haga usted eso, -atrevióse a decir la puniera autoridad de la provincia. ¿Que no? Usted no me conoce, señol gobelnadol. Estoy decidido a lealizal un acto, y á date un disgusto al Gobielno. Si no se me invita á la excuísión ployectada, dihgiié un manifiesto á mis elecloles. -Haga usted lo que guste. -Y le cosíala á usted muy cala la ofensa que se me Nemesia, entretanto, se enjugaba los ojos con el fleco de la corbata, que era de muselina azul, en forma de tirabuzón. Pellejín estuvo á punto de arrojarse á sus pies; pero triunfó la idea de un enlace más ventajoso, y girando sobre sus talones regresó á la fonda. Allí dio cuenta á su mamá de lo ocurrido con el gobernador. ¡Eso es intolerable! -exclamó la buena señora. -Debes dirigir un manifiesto á tus electores explicándoles por qué no formas parte de la comitiva regia. -Tienes mucha lazan, -dijo Pellejín sentándose ante la mesa. Y confeccionó el siguiente manifiesto: Vtllamulenges: M e habéis honrrado con vuestra representación, y devo daros cuenta de mí condupía con motivo del biaje regio que está leniendo lugar en los actuales momentos históricos. Mi señora madre y yo dejamos el Yalneano de Panticosa con ojecto de incorporarnos á la comitiva, creyendo cumplir con nuestros deveres, especialmente yo que me honrro con la imbestidura de diputado, que debo á vosotros, que me habéis sacado de los comicios con vuestros votos espontáneos. Pues bien; no ha sido así, siendo desairado por las autoridades, y este desaire hos lo han hecho á vosotros; yo no lo siento tanto por mí ni por mi señora madre como por vosotros, que sois diznos de respeto, lo cual que estoy dispuesto á realizar un acto político y hos lo anuncio, al par que besa vuestra mano vuestro diputado, Jiiilano Pellejin. j) Luis TABOADA Yo creo que ha llegado el caso de imitar al de la pregunta. Los señoies solos y de buena posición que tengan ciiadas, las mujeres casadas que tengan amigos o parientes, las muchachas solteras que tengan novio y las guapas que no le quieran tener, deben al despertarse todas las mañanas santiguarse devotamente, y entreabriendo con precaución la puerta de la alcoba, preguntar: ¿Se puede vivir? Los que no estamos en tales circunstancias, ya podemos vivir más tranquilos. Teniendo cuidado de que en la farmacia no nos equivoquen las medicinas, de que el lechero no nos enve. iene, ni el tranvía nos coja, ni un coche nos atropelle, ni un automóvil nos autorreviente, ni un hilo del teléfono nos carbonice, hay relativa seguridad. 1 1 ay quien se explica estos crímenes, que tanto menudean, -por el temperamento, y otros los relacionan con la temperatura. Estos le llevan á usted una estadística de las barbaridades que hace el rey de la creación en cuanto aprietan los calores, y le demuestran que el crimen que se comete á sangre fría obedece a un acatos amiento. Día llegará en que los termómetros, que hoy nos marcan la temperatura de los gusanos de seda, cosa que a los ajenos á la sericultura no nos interesa mayormente, pondrán entre sus indicaciones: Tiros y puñaladas. LA LASTIMA O í es verdad todo eso que dice El Libeial del miércok- coles último en el artículo titulado El cuenlo de la tásltma; es verdad que la mayoría de los que dan limosna á los pobres que se la demandan con aire amenazador, es por miedo, por evitarse un mal tropiezo; pero no es menos verdad que cuando ven- -quizá esas mismas personas- -que los agentes de la autoridad van recogiendo mendigos ó tratando de recogerlos, protestan contra la determinación gubernativa atentatoria á la libertad... de pedir limosna contra la voluntad de su dueño casi. Y no parece, por la forma agresiva de mendigos y transeúntes, sino que á los unos los llevan al suplicio y á los otros les privan de un placer de los dioses ó les arrancan un ala del corazón. Por lo visto, les gusta que les den con la badila en los ínflele. Pellejín salió del Gobierno enojadísimo, y ya en la nudillos; que se exhiban por esas calles y paseos, con decalle- ¡oh, qué sorpresa! -en la calle tropezó manos á trimento del estómago y de la higiene, trozos de seres llagados y repugnantes, chicos y grandes, sucios, medio boca con el Sr. Latiguillo y sus dos hijas. Nemesia, al verle, se puso colorada como un tomate, en cueros, y harapientos puestos de rodillas unos, otros y el Sr. Latiguillo, que aunque procedente del ramo de pidiendo con descompuestas voces, paseando sus pingasebos es persona de mucho amor propio, dirigió á Pe- jos en un carro, y todos llenando calles, paseos, merenllejín una mirada ofensiva. Aquella mirada fue una flecha deros, teatros, templos, tranvías, estaciones y cafés. Esque se clavó en el pecho del joven diputado, y no pu- pectáculo que ya i o se observa más que en la capital de España y en la de Marruecos, gracias en partea la filandiendo soportarla, dijo: tropía sui géneris del publiquiío. -No tengo cosíumble de que se me dthjan amenazas con los ojos. -Yo puedo mirar como me de la gana, -replicó Latiguillo. -i ntrabamos en un baile de mascaras varios amigos y nos- -íespeío á esas señoliías, y no quieto dal lugal á dis encontramos enfrente de una de las puertas á un tipo tegustos. -Usted se ha portado de una manera incalificable con rrible, de luenga baibay de mirada torva, en una actitud imponente. Dimos unas vueltas por el salón, y varias veces volmi hija Nemesia. vimos a ver al perdonavidas, siempre plantado, ceñudo y- -Tengo tazones podetosas que me obligan á lenunctal á amenazador, hasta que uno de nuestro grupo, que no quiero ella; peto eso no quita pala que la apkcie y la estime en nombrar, se dirigió á él y quitándose el sombrero le preguntodo lo que vale. to respetuosamente: -Caballero, ¿se puede vivirí Y los almanaques, que son los libros de los pronósticos y de las advertencias, del mismo modo que nos advierten los días en que se saca del Purgatorio el alma de los difuntos, nos avisen de los días en que los vivos se la rompen. Estos avisos nos harán precavidos, que es lo que hay que ser en este mundo. Lamentábase un sujeto de que una noche no había podido entrar en su casa por habérsele olvidado sacar la llave, y le contestaba otro: -A mí no me puede ocurrir eso, porque soy más precavido. Por lo pronto, pago espléndidamente al sereno; después llevo dos llaves de la puerta por si una se me extravía, y además... no vuelvo nunca á mi casa hasta las ocho de la mañana, que ya está el porta! abierto. 1 3 ay gente que todo lo toma al pie de la letra. -Un vecino mío ha dado en la flor de poner en práctica una frase del ultimo discurso de Unamuno, y está decidido á no ser siempre el mismo, sino cada día nuevo. Pero se encuentra en una terrible perplejidad, que explica en los siguientes términos: -Supongamos que hoy, 11 de Septiembre, empiezo á querer ser nuevo, y me encuentro con que mañana tendré que ser viejo si he de ser nuevo, y pasado mañana tendré que desear ser nuevo otra vez, y asi sucesivamente. ¿Y bien? -Que por este sistema sólo podré ser nuevo los días ira) ares, y acabaré por no ser nuevo ni viejo, sino intermitente. A lo que le replica mi sobrino, el de las chirigotas: -Pues no desmaye usted, y cuando se sienta intermitente aspire á ser lo contrario. ¿Qué? ¡Quinina! CARLOS LUIS DE CUENCA BURLA BURLANDO uí tal te ha ido en los baños? -Muy bien. Me encontraba en mi elemento. (El que habla así es dueño de una lechería de Madrid. -Tn una reunión: Presidente. -Uno de los señores presentes ha perdido una cartera con mil pesetas y ofrece ciento al que se la entregue. Uno de los concurrentes. -Yo ofrezco doscientas. COSAS Una Exposición en Rentería T entería es un pueblecito de la provincia de Guipúz coa, muy conocido de toda la gente que veranea en San Sebastián; pero conocido porque en media hora le lleva el tranvía al veraneante al centro de la villa; conocido, porque hay en la localidad un restaurant que se llama Oarso Ibai, que da muy bien de comer, y que puso de moda hace tres años las patatas souflées; conocido también por ser la cuna de pelotaris famosos como Elícegui, Sampeno y Gamborena, y por haberse jugado en su frontón partidos memorables cuando el pelotarismo vasco estaba en auge y no se había dejado herir de muerte por el longo americano. Pero los que conocen Rentería por estos detalles ignolaran, sin duda, que es aquél el pueblo más industrial de España, y casi puede afirmarse que del mundo, porque ni en Suiza, ni en Alemania, ni en Bélgica, ni en los Estados Unidos habrá, probablemente, un pueblo tan pequeño por su extensión y por su población que tenga establecido el número de industrias que cuenxa 1 Rentería. De su prodigioso desarrollo industrial acaba de hacer gallardo alarde. O. Pedro Viteri, un ilustre filántropo guipuzcoano que consagra gran parte de su fortana á fundar magnificas escuelas espléndidamente dotadas en pueblos como Mondragón y Fuenterrabja, acaba de edificar á sus expensas otra escuela soberbia en Rentería. Para inaugurar el edificio se ha organizado una Exposición de Industrias locales, la cual Exposición ha sido visitada recientemente por los Reyes y por cuantas personas interesadas en el progreso patrio han desfilado por San Sebastian este verano. Tan pequeño es Rentería, como queda expresado, que su vecindario no alcanza á más de tres millares de habitantes y su termino judicial no pasa de tres kilómetros cuadrados. Pues bien, en su Exposición ele Industrias locales están representadas catorce fabricas de importancia. Convengamos ¡ay! en que si cada pueblo de España fuese un Rentería, nos reiríamos de las naciones más prósperas y más adelantadas. Cuando se habla de regeneración, ¡y se habla mucho! sería preciso fijar los ojos en pueblos como Rentería para señalarle como testimonio único irrecusable. Rentería predica con el ejemplo. Guipúzcoa puede enorgullecerse legítimamente de contar en su territorio localidades como Rentería, como Tolosa, como Eibar, NOTA MARÍTIMA El activo ministro de Marina, Sr. Cobíán, es un hombre infatigable. Acaba de llegar de Cádiz, donde ha visitado la Carraca, y marcha á Santander para visitar a Maura. No se cansa de ver Carracas. rinin i uutriTr- rn iwirirntmn i inami n