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IDEAS Y NOTAS MILITARES, SUELJ DOS DE LA OFICIALIDAD EN LOS EJÉRCITOS EXTRANJEROS En los momentos actuales, en los que no el Gobierno, sino algunos hombres públicos y algunos escritores más ó menos desconocidos, se preocupan extraordinaríanienle por la enorme cuantía de nuestros gastos milita res, creemos oportuno dar breves noticias sobre e) modo cómo 11! OD ejércitos extranjeros se atiende á la vida económica de la oficialidad, que es una de las partidas nM importante. y sagradas de todo presupuesto de Guerra. Para no hacer prolijo y pesado al lector nuestro trabajo, nui ocuparemos tan sólo de los sueldos de los capitanea, empleo que venía á ser en todas las naciones el promedio de la primera parte de la carrera militar, es decir, Jesde la salida del Colegio para ascender á oficial, hasta L! ascenso á coronel, En el ejército inglés, tan discutido po os técnicos militares en su última campaña del Sur de África, termi. uda en la misma forma que nosotros pudimos terminar las nuestras en Ultramar si nuestros, estadistas hubieran visto con la claridad que leyó en el porvenir lord Chamberlain; en el ejército inglés, repetimos, oscila el sueldo anual de ÍX capitán entre 5oo libras esterlinas (i2.5oo pesetas) que con sobresueldos y gratificaciones permanentes reúnen los capitanes del Estado Mayor Central, y 3o3 libras (7.575 pesetas) que disfrutan los de Infantería. Comprende el Estado en Inglaterra que en la vida mil. tsr de los oficiales se les presentan ocasiones en que el cumplimiento de sus deberes exige gastos á los que no pueden tender con su paga, y establece con muy buen acuerdo indemnizaciones y pluses siguientes: en los via; es, 12 chelines (i5 pesetas) diarios y transporte gratuito de todo su equipaje, que puede consistir en su mobiliario completo cuando se trate de un traslado de Cuerpo ó dependencia; en guarnición, por concepto de casa, 5 chelines (6,2 5 pesetas) diarios; y en caso de ascenso, para compensar los gastos de uniforme y equipo que requiera su nuevo empleo, tienen señaladas 1 00 libras (2.5oo pesetas) los jefes y oficiales de los institutos á pie, y 15o libras (3. y 5o pesetas) los de los cuerpos montados. Los sueldos é indemnizaciones correspondientes á este empleo, z ¡tientan considerablemente cuando los oficiales prestan servicio en las colonias. En Alemania oscilan los sueldos permanentes de los capitanes entre 7.8 5 francos que tiene consignado en presupuesto el de primera categoría del arma de Caballería, y 6.o85 el de segunda categoría de Infantería; pero como en el ejército inglés, existen en el alemán indemnizaciones por distintos conceptos, que elevan bastante estas cantidades y facilitan los considerables desembolsos que exige la vida militar en aquel Imperio. Los oficiales destacados, en marchas ó de n aniobras con las tropas, tienen 5 francos diarios de tus. Por cambio de destino y residencia, los casados perciben una indemnización fija de 375 francos, y otra diaria de 1 1,25 francos hasta la toma de posesión de su nuevo cargo. Los solteros sólo tienen derecho á la mitad dexstas indemnizaciones. Clasifican las poblaciones del Imperio, según la carestía de la vida, en cinco categorías, y con arreglo á ellas señalan á los capitanes como gratificación de casa cantidades comprendidas entre 1.1 z 5 francos que perciben los de la guarnición de Berlín, y 525 que corresponden á ¡os que prestan servicios en las plazas más modestas y de condiciones más económicas. Las gratificaciones de residencia, señaladas también con arreglo á esta clasificación, varían entre 1.215 y 540 francos. En Francia fluctúan Sos sueldos de los capitanes entre 5.277 y 3.675 francos; perciben gratificaciones de mando, que varían entre 2.3 y 6 y 576 francos anuales; de residencia, que en París asciende á 4 francos diarios, y en otras plazas ó en asambleas á 1,40 francos. Los capitanes de los institutos montados, como gratificación de montura reciben 180 francos anuales. Además existen en Francia gratificaciones denominadas de marchas, maniobras, viajes de Estado Mayor, trabajos topográficos y geodésicos, etc. etc. reguladas á razón de 10 francos diarios. En Suecia el sueldo anual de un capitán es de 7.040 francos; es decir, 586,76 francos al mes. En España hay dos sueldos para la clase de capitanes: sueldos de cuerpos á pie, y sueldo de institutos montados. El primero es de 3.ooo pesetas al año; el segundo de 3.6oo. Es decir, que en nuestro país, y teniendo en cuenta que aquí se disfruta en ese empleo el cinco por ciento de descuento, un capitán de infantería, de artillería de plaza, de ingenieros zapadores ó en cualquier oficina, cobra liquidas al mes 237,5o pesetas, ó sea 7,92 pesetas al día; lo que viene atener de jornal un mediano oficial de ebanista ó un regular cajista en esta corte. Y el capitán de Estado Mayor, de artillería montada, de caballería ó de ingenieros telegrafistas, cobran al mes 285 pesetas. En cuanto á pluses, el capitán español sólo disfruta ochenta y tantos céntimos diarios cuando va de maniobras. Gratificaciones, sólo existen la de 40 pesetas mensuales para los que ejercen el mando directo de compañía, escuadrón ó batería, y la de n 5 pesetas para los profesores de las Academias militares y para los oficiales que prestan servicio en las fábricas militares, peligrando estas incomprensibles gangas, porque el general Linares, que si a duda disfrutó poco las ventajas de este empleo, en su pr mera etapa de ministro intentó ya suprimirlas. Téngase finalmente en cuenta, que proporcionalmente en España la vida, aun en sus más apremiantes necesidades, es mucho más cara que en el extranjero; y con este dato, y ante las cifras estampadas en este trabajo, haga el sensato y desapasionado lector las consideraciones que su recta conciencia le sugiera. FERNANDO ALCAZARREÑO P. S. -Según nos manifiesta quien tiene sobrados motivos para estar bien enterado, parece ser que el comandante de artillería Sr. Martín Peinador no sufrió correctivo alguno con motivo de su intervención en el Congreso Agrícola de Segovía, como habíamos manifestado en nuestro último artículo, basando nuestra afirmación, como en aquel trabajo dijimos, en el testimonio de respetabilísima persona, cuya indudable buena fe ha debido sorprenderse. Y AS JUNTAS DE REFORMAS SOj CÍALES No ha sido inútil la reunión celebrada en los Jardines por las sociedades de obreras pidiendo el cumplimiento de la ley que regula el trabajo de la mujer y del niño, pues el Sr. García Alix ha encargado la formación de las Juntas locales y provinciales de reformas sociales, v en cierto modo el cumplimiento de la ley. Pero aun siendo la institución de estas Juntas un acierto feliz del Sr. Dato, que quizá no les dio la importancia y trascendencia de que son susceptibles, y que también encajan ó pueden encajar en el estado actual de la cultura, de la organización y del problema obrero en España, el Sr. García Alix ha incurrido en igual defecto que su antecesor, con lo que se malogrará una vez más lo que pudiera y debiera haber sido una buena obra La ley da á esas Juntas facultades inspectoras en lo que se refiere al trabajo de las mujeres y de los niños y cierta intervención en los casos de accidentes, y también implícitamente atribuciones de tribunal de arbitraje y conciliación. Como en realidad la composición de las Juntas locales da cierta garantía de imparcialidad á los obreros, se debería haberlas hecho objeto de una buena reglamentación, y también ampliado algo sus funciones. Pero no se ha entendido así, y cada alcalde determina la forma de elección á su capricho, y así resulta que se eligen vocales obreros á gusto de los patronos. Y, sin embargo, la garantía del buen funcionamiento de las Juntas está en que sean representación genuína de los dos intereses en lucha, para lo al los delegados obreros deberían ser nombrados siempre por las sociedades de resistencia, con excepción de todas las demás, así como los patronos deberían ser elegidos por las sociedades patronales de defensa, si las hubiera. Con esto podría emplearse tales organismos para prevenir huelgas y para solucionarlas, pues una y otra parte tendrían la seguridad de que sus intereses estaban bien defendidos. Aparte de esto, que no parece que lo hayan visto claramente los distintos ministros, las Juntas deberían funcionar con regularidad, y hasta ahora esto no ha ocurrida más que en contadas poblaciones. En Madrid, por ejemplo, ni se ha formado la Junta provincial, ni la local se ha reunido arriba de cuatro ó cinco veces, y en definitiva no ha podido hacer labor apreciable. Por esto la disposición del ministro, si ha sido rápida, también ha pecado de ligera, y ya con las manos en la masa, debió haber atado todos los cabos para que las Juntas funcionaran debidame nte y rindieran el todo efecto útil de que son capaces. ¿Cabe la enmienda? JUAN JOSÉ MOR ATO encastillo en un mutismo aDboiuio. r t i u ci icp nw, hombre experimentado á todas luces, sonrió satisfecho: habia previsto, y no se engañó, que su pregunta excitaría la curiosidad de las damas. Una banda alegre y gárrula de hermosas jóvenes rodeó inmediatamente á Edison é hizo suyo aquel deseo. Fue en vano defenderse... Y tuvo que comenzar su relato en estos términos: -Cuando yo no era más que un pobre vendedor de diarios, tenía la cabeza llena de ideas y los bolsillos completamente desprovistos de dinero. Una vez leí que el banquero M r N N se había encontrado con que sus cajas de hierro, que él creía inviolables, habían sido forzadas. Se decía también que, mortificado por este descubrimiento, el banquero habíase manifestado capaz de dar su alma al diablo con tal de encontrar el medio de poner sus grandes caudales á cubierto del más hábil atentado. ¡Este es mi hombre! -dije para mis adentros. Y un instante después me hallaba frente al millonauo, que me preguntaba, no muy afablemente, el objeto de mi visita. -He oído hablar- -le dije- -de la desgracia que ha ocurrido á usted. Y vengo á verle, porque yo he inventado un aparato que puede hacer caer en sus manos á todo el ladrón que pretenda abrir sus cajas- ¿Es posible? -contestó sorprendido. -Y si lo es, ¿cuánto quiere usted por su invento? -No quiero más que la mano de su hija única, -contesté resueltamente. El banquero abrió unos ojos tremendos, pero acabó, por sonreírse. -Eso es imposible- -me dijo; -pero podría darle á usted hasta diez mil dollars si su invento responde á mi x deseo. -Puedo probarlo, -agregué. -Pero reclamo Í 2 mano de su hija. ¿Insiste usted en so todavía? -Sí, señor; insisto... -Entonces, entonces... veremos. Ante todo, será menester que ella consienta. -Por supuesto, -le respondí. Me puse á trabajar inmediatamente, y aquella misma noche quedaba colocado mi aparato en todas las cajas de hierro que el banquero tenía en su casa. Al día siguiente fui á verlo, y, como esperaba, me dijeron que estaba en cama. Después de dar un vistazo á las cajas en que había estado trabajando el día anterior, me hiceintroducir en el dormitorio del banquero. ¡Hola, amigo! -dijo a! verme; -he probado... -Sí, señor- -le interrumpí. -Anoche, poco después de yo haber salido, entre las ocho y las ocho y cuarto, ha querido usted abrir la caja grande que tiene en su despacho. -Es cierto. -Y se quedó usted sin sentido; y sin sentido se hallaría aún si hubieran dejado de auxiliarle. -Es cierto. -Bueno; otra vez que quiera usted abrir sus cajas... Y le expliqué lo que tenía que hacer para evitar la descarga eléctrica. -Ahí tienen ustedes cuál fue mi primer invento, -dij o Edison, dando por terminado su relato. ¿Y la hija del banquero? -interrogaron á un tiempo varias de las jóvenes. -Nunca pensé, de verdad, en ella. Entonces, frotándose las manos de puro satisfecho, intervino el repórter. -Y diganos, señor Edison, ¿tendría usted la amabilidad de manifestarnos ahora cuál ha sido su último invento? -Con mucho gusto- -respondió el gran hombre. Mi último invento ha sido la novela que acabo de contarles. ORUTRA ZERAVLA E DISON. SU PRIMERO MO INVENTO Y SU ULTI- Crimen horrendo en Sevilla La ceguera casi absoluta que sufre este ilustre hombre T urante varios días ha sido la preocupación de Sevilla el de ciencia, presta a. alidad excepcional á su figura, hallazgo en el Guadalquivir de restos humanos extraísiempre interesante. Por eso damos á conocer la si- dos de la corriente del río, á la cual habían sido arrojados guiente curiosa y, en general, ignorada anécdota del por una persona desconocida. Un barrendero que vio arrojar al agua dos bultos los recogió, y al abrirlos halló en ellos grande, admirado inventor. Como á todos los hombres de acción, al insione elec- una cabeza de hombre con horribles mutilaciones, y diferentricista no le gusta hablar. A los periodistas les tiene tes miembros de, un cuerpo humano. Avisadas las autoridades, procedieron á recoger verdadero terror; sobre todo á los encargados de inter- ras diligencias del proceso. los restos y á instruir las primeviús y confidencias con las celebridades. Nuestro activo corresponsal en Sevilla Sr. Barrera se Ningún repórter ha conseguido hasta hoy arrancarle apresuró á sacar diferentes fotografías, de las que publicamos una entrevista. Edison ha opuesto siempre una resisten- dos: una del juzgado de instrucción y el fiscal de la Audiencia desesperada á las más hábiles tentativas con que para cia ante los restos humanos hallados en uno de los sacos, y otra de la cabeza de la víctima del espantoso crimen, cuyo conseguirlo se le ha venido acosando. Hace algún tiempo, un redactor de cierto gran diario misterio ha quedado ya desvanecido. En efecto, reconocido el cadáver por varias personas, reneoyorquino pensó por un momento que, más feliz que conocieron éstas que era el de Cayetano Alvarez, á quien por todos sus colegas, había conseguido la capitulación del ser bizco, el criminal, sin duda, saltóle los dos ojos á fin de más recalcitrante enemigo de la publicidad. hacer más difícil la identificación. Cayetano Alvarez vivía con Ese repórter había encontrado á Edison casualmente su mujer y un hermano de ésta, llamado Miguel Molina. en el salón de una profesional beauty. La conversa- Preso éste, empezó negando que fuese autor del crimen; pero ción de los tertulianos no tardó en abordar el tema de después confesó de plano, dando detalles aterradores. El mala vida del hombre ilustre y de sus inventos prodigiosos. trimonio Alvarez vivía con Miguel en la casa número 34 de El yanqui cogió la conversación por los cabellos, y en la calle de Pascual Gallangos. En una habitación dormían los un momento dado disparó á quemarropa la siguiente hermanos y en la otra el marido. Estando éste dormido, Molina le dio un mar Olazo en la cabeza que le produjo la muerpregunta: te. El viernes por la noche lo metió en un baúl. El sábado- -Señor Edison, ¿nos quiere usted contar cuál fue su buscó nueva casa, mudándose por la noche á la calle del Geprimer invento? neral Castaños, número 17. Dice que hasta la madrugada del domingo estuvo descuartizando el cadáver, metiendo los troEdison, que hasta entonces había tomado parte activa en la conversación, adivinó el lazo que se le tendía y se zos en varios sacos que arrojó en diferentes partes del rio.