Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
AS DELICIAS DEL VERANO EN LA VILLA Y CORTE La verdad es que no hace falta salir de Madrid en verano, -decía ayer una señora en un circulito de vecino? en la puerta de la Concepción, después de la m; sa de una. -Así es la verdad, Luisita, -añadió Salomé. -Yo no siento tampoco ese ca r asfixiante de que se quejan muchos, -repuso Ricardo Cantimplora; -por la mañana tomo mi baño, voy al Ministerio; al volver á casa me doy otro baño y me quedo como una lechuga. -Tampoco yo siento ese calor de que se quejan muchos por tontería; con mis baños y abluciones estoy fresco como las prooias rosas, -dijo el ioven Manolito Car. talauva. -Pues yo, señores, creo que más que sentimos el calor, sentimos no tener dinero para librarnos de él, -replicó D. Marcial Romoelanzas, coronel retirado de Carabineros- -Eso, eso es hablar en razón, -exclamó Isidoro Zurrapenas. -Aquí no se puede respirar. Salgo de la iglesia atufado con tanto tocayo. ¿Pero qué quiere usted decir con eso de los tocayos? -preguntó doña Bibiana, la viuda de Iscariote. -Pues, señora, si se llaman inodoros los que no huelen, por razón inversa se llamarán Isidoros los que nos embalsaman la atmósfera con suaves perfumes. Y sobre eso de los baños y la limpieza dude usted, porque hay mucho de leyenda y de pico; yo estoy en el secreto. -Usted exagera, Isidorito, -replicó doña Bibiana, que venía enyesada como Don Tancredo y la caían dos perlas de sudor por las mejillas. -Teniendo la casa cerrada durante el día y saliendo de noche; yendo al Retiro ó al elegante Recreo de Salamanca, ó tomando el tranvía como paseo, crea usted que se oasa el verano sin sent -Y su buen gazpacho, y sus pepinos, y su cebollita, para que no se le olvide á uno que los ha comido, ¿eh? -dijo el coronel en su tono zumbón. -Pues ya que han citado los paseos en el tranvía, contaré á usted una escena de anoche, cómico- trágica- pirotécnica, -y tomó Jsidoríto la palabra. Salimos de la Puerta del So! á las once con rumbo al Hipódromo. En la plataforma anterior íbamos un guardia municipal, que nunca falta y siempre sobra; un dependiente de Consumos, un pintor con su blusa que era una verdadera paleta de colores frescos, un dependiente de una choricería, y un pescadero que despedía un olor á marisco que verdaderamente nos permitía hacernos la ilusión de que estábamos en un puerto de mar. En el trayecto hasta Cibeles fueron entrando algunos viajeros poco molestos: una chica con una cestita con comida poco incitante, pero caldosa por la huella que dejó; un caballero con buen cigarro de caoba, de quince céntimos, en una hermosa boquilla de á cuarta que representaba la cabeza de un caballo con grandes crines; otro fumador de puro y pipa, que despedía un olor embriagador á incienso, y un sacerdote rural, de esos de escopeta y perro, con un sombrero de teja recortado, pero lo bastante grande para incomodar. En las primeras filas de la jardinera iban unos ciudadanos con los pies colocados en las banquetas de enfrente, que ya se encargarían de limpiar con sus vestidos ó pantalones las damas ó galanes que entraran después. En la segunda fila iba una familia de Getafe que venía á comprarse abrigos, que en esta estación, por temor á la polilla, los comerciantes los dan más baratos. En las últimas banquetas iban acoplados los viajeros en sus respectivos asientos como podían. De pronto el silbido estridente, agudo, insoportable que hiere la trompa de Eustaquio, dado por el cobrador con ese maldecido pito, nos hizo creer que algo extraordinario ocurría. El conductor paró en firme el tren. A la sacudida brusca, el caballero de la pipa del caballo metió por las narices al otro que también fumaba en pipa, aquella escoba convertida en brasa. Se armó el jaleo. Las narices del interfecto se le pusieron como una remolacha. A la chica de la cesta se la vertió la comida, y el único que sacó de todo aquel desorden raja fue un perro goloso que venía entretenido lamiendo con fruición los pantalones al choricero v se dedicó á comer el contenido de la cesta. Ya un poco más serenos, volvimos la cara para ver qué había dado motivo para aquel inesperado y repentino alto. ¡Fuego á bordo! -gritó un guasón. Y en efecto, había fuego. A una señorita de Zumárraga, una chispa de un cigarrillo la había incendiado el monumental sombrero de gasa y tul, que parecía un paraguas japones. Un individuo que estaba á su derecha, y por su traje y finas maneras parecía de la clase de mozos de cordel, la dio un manotazo en el sombrero, del cual empezaron á caer cerezas, naranjitas de la China, trébol, heno, adormideras y hasta un melocotón de tamaño natural. Aquel sombrero, que parecía una huerta, se quedó reducido á una especie de alambrera para un brasero. Ninguno de los compañeros de viaje, ni la misma interesada, se ocuparon del fuego m que por los pisos altos, y, sin embargo, otra picara chispa la prendió los bajos. Pronto se extinguió ese incendio, con tanto bombero como se prestó á este acto benéfico. La mamá sufrió un pequeño síncope. ¡Un botijo, un botijo! -gritó uno de los compañeros. Y antes de que acabara de pedirlo, ya estaba en las manos de un manguero improvisado el refrigerante produsto de la cerámica eachawera. ¡Con el pitorro no; por la boca, por la boca suelte usted e! agua! -gritó otro pasajero. Y excuso decir á ustedes cómo pusieron á aquella señora con aquella ducha: parecía una torrija. Como la señora era obesa en grado superlativo, hubo que ponerla de canto para sacarla del coche. Una vez en tierra, la señora, con ademanes descompuestos, vociferaba en vascuence: -A rayúa. Jaungoicoa. A San Sebastián mañana; indesentes tranvías; quinse pesetas el sombrero, sortsizi chalecua isu el vestido que estrenaba chica. Aguru, aguru á San Sebastián mañana, indesentes tranvías; allí sombrero que te comprarás, hermoso chapelandry. ¿Oye usted, doña Bibiana? ¿qué tal los tranviítas? -dijo D. Marcial- ¡Cuarenta grados á la sombra, cuarenta grados, uf! ¿Y quién le manda á usted estar á la sombra? -exclamó un chusco que por allí pasaba. las noches medita en vano el problema de ¡a fuga, no hay un dios que quiera estar en aquellos sitios. Allí no hay más que un trozo de desierto para los vecinos desheredados. Sin duda, para ellos se ha querido establecer una especie de Limbo entre el paraíso del Buen Retiro y el infierno del retiro doméstico. Si yo pretendiera ensayarme de sociólogo, añadiría que en esto palpita y así brota el germen del socialismo y del anarquismo en muchos cerebros que en esa soledad y de esas deducciones sienten nacer involuntariamente con rencor de víctima el lógico, sí, el inevitable odio del que nada tiene, del que nada goza, hacia el que junto á él todo lo tiene y todo lo acapara y puede gozar de todo. Mucho cuesta igualar en satisfacciones materiales á unos y otros; pero hay muchas diferencias sociales de carácter más inmaterial que podrían atenuarse atenuando también esas consecuencias, contra las que, si alguna vez medran y se conglomeran y forman ambiente, no hay en la gobernación del Estado más panacea aun las balas de FEDERICO H U E S C A Maüsser Un poco de pan para el cuerpo y un poco de alimento para el espíritu podrían ser preventivos y más eficaces. Creo que sería una buena y una sabia obra enviar alguna alegría, alguna animación al Prado, y á muchos millaC E R cronista de salones es cosa fácil y harto lucida. Algunos conocimientos generales de lances y gentes res de vecinos, en forma de música gratis. Todavía no es tarde; queda Septiembre, y, sobre todo, quedaría el hede buena sociedad y algunos otros de modistería, un mediano repuesto de frases exóticas, principalmente bri- cho. Cuando más, si hubiese detractores, dirían que aquí tánicas y galaicas, y un más que mediano depósito de todos los sistemas de gobernar son música. Pero eso, adjetivos entre el conocido y el ilustre y desde la aunque no vaya ninguna al Prado, sabe el señor alcalde discreta á la deslumbradora y cátate á cualquiera que lo decimos todos los españoles. cronista y desde luego brillante aunque coloque aquéAsí también habrá tema para la crónica pintoresca. Pollos á modo de rehiletes de compromiso al buen tun drá hablarse entonces de la animación, de la alegría, de la tun y como caigan, vayan ó no en adecuado lugar y sitio. nota de color que ofrezqa el paseo más adecuado, caPero, salvo algún añejo artículo inhumado por el paz y céntrico de la Corte. Y mientras muchas gentes tiempo, y aquel que Mesonero Romanos tituló Las sillas que hoy se consumen en solitario tedio, allí lo olvidan, del Prado, ningún cronista, y menos de salones, se ha se habrán suavizado, á la vez que las costumbres populaatrevido con la crónica actual del Salón del Prado. res, las reflexiones amargas y temibles de tantos que ¡Es mucho salón! dirán los aludidos, y no podrá contrastan su eterna abstinencia moral y física con la eternegarlo nadie que tenga ojos. O añadirán, sin que tam- na contemplación de los goces del afortunado. poco paeda negarlo nadie: ¡Para la gente que va allí! J. ALMENDROS CAMPS Y yo, que no hablo ni i e opongo á que se hable del confort, de la toilette, del smart y de lo very selet, contestaría: Por eso convendría. Por eso mismo. L PROBLEMA DE LOS GARBANZOS No há icvacho abogaba A B C con loable tino porque el magnífico Parque de Madrid sea para Madrid ¡A bien que no es difícil hallar la solución al pavoroso también de noche, durante las de verano. problema de los garbanzos! En alguna ocasión creo recordar que se ha indicado Tres cuartas partes de los españoles, y algunos más, también la conveniencia de que concurrieran bandas de nos devanamos los sesos por resolver el dichoso problemúsica á determinados sitios para solaz gratuito de los mita; pasamos días y noches haciendo números y cabalas, que no pueden comprar ninguno. Pero, dedicados á y cuando creemos haber hallado la ambicionada incógellos, sin duda parecen éstos demasiados lujos. nita, nos encontramos con que se nos ha adelantado otro Es bien fácil, sin embargo, hacer una reflexión que á más vivo. alguien pudiera parecer amarga. Madrid es sólo para el Antes, los pensadores más ó me. os calamitosos porico, para el pudiente, á quien sobra desde la media pe- nían sus miradas en una cartera para resolver el problema; seta del café ó la peseta del género chico ó la ópera de pero la supresíqn de las cesantías de los ministros ha los Jardines, hasta las pesetas del automóvil y el sleeping. sido algo así como añadir un par de incógnitas más á El pobre, el que no las tiene, es un detritus, una broza esta enmarañada solución; porque una cartera de minisdesdeñada que ya se encargan de quitar de en medio, si no tro sin cesantía viene á ser un chocolate sin cacao, que de los rincones sociales, el hambre, la epidemia latente, alimenta menos y ensucia más. el hacinamiento, la consunción del cuerpo y el espíritu. M e figuro que llegado el día 15, y publicado en Y menos mal, que como nunca la comen, están á salvo de A B C el nombre del dichoso mortal que haya resuelto la carne barnizada. el problema, nos vamos á llevar muchos micos; y mucho Quedaría una pequeña observación que hacer. Los di- será que no nos encontremos con que el agraciado se nerosos, los que pueden gozar de todo y por cuyos de- llama D Raimundo Fernández Villaverde, y que el que leites vela el Ayuntamiento, son algunos millares. Los más se le ha aproximado es Romero Robledo, que se que no pueden gozar de nada, son cientos de miles queda tres puntos por bajo. Para los primeros, Madrid es un encanto; para los seEntre los políticos cuyos nombres leemos á diario gundos. Madrid es espantoso, un anticipo del cemente- en las cok annas de los periódicos de gran circulación, rio; ni una alegría, ni una compensación, ni un consue- hay algunos que se han dedicado con ardor á la resolulo; y, en cambio, en la soledad moral y materialmente ción del problema planteado por A B C Yo he hecho hambrienta desfilan todas las tentaciones que no han de algunas gestiones en averiguación del estado de sus cálsatisfacerse. culos, y de mis particulares informes resulta lo siguiente: He aquí hecha por sí misma la crónica actual de las SILVELA. -En vista de que no le puede resolver, ha noches del Prado. resuelto no resolverle... por ahora. En el centro de la gran explanada, á manera de vérMAURA. -Cuando estaba resolviéndole, llegaron los tebras de su enorme espinazo, algunos grupos de sillas republicanos y le rompieron el bote. dan descanso á los que pueden malgastar diez céntimos. SALMERÓN. -Está casi convencido de que para la reGentes que se esfuerzan en adecentar el porte y el vesti- solución del problema, nada es menos á propósito que do á costa, quizá, de milagrosos sacrificios de privación la Metafísica. y economía. Señoras en cuyo atavío resalta una correcALBA. -Está á punto de resolverle. ción- modesta y resignada. Muchachas jóvenes, pasaditas LERROUX. -Le ha resuelto ya. algunas, graciosas y atractivas muchas, que pasean su enCOSTA. -Tiene bote para la cubicación, pero no tiene tristecida nostalgia de bienes y aspiraciones que no han garbanzos que cubicar. de conseguir nunca, endulzada por la forzosa sonrisa de ESTÉVANEZ. -A éste le pasa lo contrario. Tiene garaceptación de su destino. banzos, pero no bote. Bajo algún arco voltaico, porque á distancia de ellos WEYLER. -Ha hecho la cubicación por la cabida de ape ñas se ve la gente, relee algún periódico quien sobre sus bolsillos, v e resulta un montón de garbanzos tan los diez céntimos de la siíla pudo gastar otros cinco. Los grande como el Puig Mayor. que ni cinco ni diez, pasean. Los que ni fuerzas ni calAGUILERA. -Hace la cubicación bien, pero al contar zado, menestrales y obreros de ambos sexos en su ma- se come los garbanzos y después pierde la cuenta. yoría, se instalan en los bancos de piedra alineados ante LACIERVA. -Ocupado en descubrir la incógnita de Recolos puestos de agua y de otros líquidos de filiación me- letos, no quiere ocuparse del Problema de los garbanzos. nos determinable. VEGA DE ARMIJO, MORET, MONTERO RÍOS Y ROMANOAsí se pasan dos, tres horas, que el reloj del Banco NES. -No tienen para la cubicación más que un bote, y mide y cuenta con el repique de sus previos y dobles disputándosele es muy posible que se les pase el- tiempo cuartos, lanzados cada vez con una especie de vanidad y se queden fuera del Concurso. insolente. Ocho cuartos para cada hora. Por algo es el COBIÁN. -No sabe qué bote escoger para la cubicación, reloj del Banco. Parece decir cuando los suena, sobre y dudando, dudando, se le pasa el tiempo. los que no tienen ninguno: -Aquí es donde sobran. ROMERO ROBLEDO. -Ha hecho la cubicación con un No hay más música ni otra distracción que esa. Hasta bote de pimientos morrones que le ha regalado Villaverde. el Apolo de la fuente está siempre cabizbajo. La Cibeles, Si le salen picantes los pimientos y encima no le sale la de quien dijo alguien al mirarla en su antiguo puesto cuenta de los garbanzos, habrá que oírle... con paraguas. bajo la arboleda de Recoletos, Aguardaremos, pues, aunque con impaciencia, hasta en carrera triunfal rompe hacia el Prado, el día i 5 y veremos quién es el afortunado mortal que no se atrevió á entrar en él á última hora y á poco de resuelve en tan corto tiempo el Problema de los gararrancar torció el carro. Neptuno hizo otro tanto con banzos. desdén no menos olímpico Y salvo Apolo, que todas EMILIO P E D R E R O LAS NOCHES DEL PRADO i t n r iiaifir rn r u n n r r r G r c r r r r i r i inmTimiinriinrsTn i m i n