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34, FUENCARRALf 34 PROVEEDOR OE LA M ASOCIACIÓN COOPERATIVA MILITAR CASCOS. CHACOS, ROSES, TERES ANAS, GORROS GRAN FABRICA OE GORRAS CIVILES Y MILITARES EN CONDICIONES INSUPERABLES OE CONFECCIÓN, CLASE Y PREClO Mis gorras han conquistado fama en España entera por su excelente clase, confección y forma. Su notable superioridad consiste en que dispongo de los medios más modernos para su fabricación y la dirección más hábil en los trabajos, circunstancias que, unidas á la de ajustarme á una utilidad ínfima, me permiten vender la gorra mejor hasta la fecha conocida, un 10 y 15 por 100 más barata. IOO BIBLIOTECA DE A B C ción por el audífono, y preguntó si podrían cederle el librito por algún tiempo. Lá cambió la gravedad para poder moverse con libertad. ¡Pero qué distraída soy! -exclamó. ¿Qué necesidad tenemos de mortificarnos con un solo ejemplar? Si me permite usted el libro por otra media hora más- -dirigióse con el teléfono á Grunthe, -lo haré reproducir en seguida. Trazó algunas palabras sobre un pedazo de papel, lo colocó en el librito y envolvió éste en un forro. Entonces tiró el paquetito á un cajón fijado en la pared. Admirado, la miró Saltner. -Es el correo neumático al taller de reproducciones- -explicó Lá. -No tardaremos mucho en recibir las copias del libro, pero no en la forma torpe en que ustedes las hacen, sino en la bonita y cómoda forma por nosotros usada. Acompañaba estas palabras con diferentes ademanes y gestos explicativos. ¿Y quien se encarga de ello? -preguntó Saltner. -Cualquiera de los técnicos que esté de servicio hoy. Las horas de trabajo cambian conforme á relevos reglamentados. Yo, por ejemplo, tengo que martirizarme aprendiendo los horribles idiomas humanos. ¿Me ha comprendido usted? Como Saltner revelara al oír esto una expresión de duda, volvió á repetir la contestación, para sorpresa suya, en alemán bastante extraño, pero comprensible. ¡Habla usted en alemán, Lá Lá! -exclamó. -Usted no ha puesto atención- -dijo riendo; -todas las palabras son de nuestra lección. Repasemos. Se acercó á la mesa y oprimió el botón del gramófono. En seguida se oyeron las palabras que dirigiera Lá á Sé al despedirse la última. Lá se sentó en el diván, cerró la abarie é indicó á Saltner que se sentara. Una sensación extraña le invadía al oir así su propia voz, palabra por palabra, cada una con su genuína acentuación, cada falta de pronunciación, y entremezclada la profunda á la par que suave voz de Lá y la apagada risa de ésta. Los oblicuos rayos del Sol llegaban hasta el sofá de Lá y encendían un raro juego de colores entre los sueltos rizos de su espléndida cabellera, como un océano de chispas jugueteaban sobre los hilos relucientes del velo y subían y bajaban silenciosos al compás de su rítmica respiración. Saltner estaba confuso. ¿Seguiría sien- Lo iba hojeando cuidadosamente... CAPÍTULO DÉCIMO LA Y SALTNER 1- 1 IL se mostró satisfecho del estado de sus enfermos. Miró sus objetos de viaje con mucho interés. Pero sorpresa y admiración extraordinarias se dibujaron en su semblante al presentarle Grunthe el pequeño diccionario alemán- marciano. Lo iba hojeando cuidadosamente y señalando los diversos signos de la escritura marciana; y haciéndose pronunciar la palabra alemana al lado, logró pronto formular algunas preguntas, que Grunthe contestaba, invirtiendo el procedimiento. Como careciera del tiempo suficiente para empezar en seguida con deteni-