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BURLA BURLANDO C e habla en sociedad de la próxima boda de X, viuda joven, bonita, rica y alegre: -Francamente- -dice uno de sus amigos, -no quisiera ser yo su segundo marido. -Pues yo- -interrumpe Calínez, -no querría ser su primero. C 1 pintor H está desesperado. Tenía en su taller un cuadro de naturaleza muerta que acababa de pintar; entraron anoche unos ladrones, y... ¿Se llevaron el cuadro? -Mucho peor: se llevaron los modelos: un jamón, un queso, una botella de champagne, etc. CRÓNICA, LOS MELONES Hay quien no los prueba en Madrid hasta el día en que se celebra la Natividad de la Virgen. El hijo de este pueblo que es amante de sus tradiciones y que tiene poco dinero, necesita un pretexto para comer muchas cosas, y el pretexto es la festividad de un santo. Este consorcio de la diversión, el jolgorio y el consumo de un comestible determinado en día fijo del año, no es sólo costumbre madrileña; en todos los pueblos hay, cuando menos, un dulce especial para celebrar determinadas fiestas; pero en ninguna parte esas tradiciones religioso- gastronómicas se guardan como en Madrid. La memoria de cada santo se celebra comiendo algo. San Antón y San Sebastián requieren panecillos; San Isidro, escabeche y rosquillas; las Animas benditas, castañas asadas; San Eugenio, bellotas; la Cara de Dios, aguardiente; Santiago, manzanas; los Santos que tienen verbenas, avellanas y garbanzos tostados; la Virgen de Septiembre, melones; y todo el Martirologio romano mucho vino, porque para beber, todas las fiestas son un gran motivo. Lo que no existe es el santo cuya fiesta se celebre comiendo carne. Esa sería una solemnidad cara. El origen de esta forma de celebrar santos se ignora; pero puede lucirse cualquier escritor erudito cogiendo el socorrido libro de Perico Larrouse para demostrar que todo esto es pagano, que en las fiestas celebradas en honor de Ceres, Venus, Apolo, Juno, Júpiter y demás dioses mitológicos, los griegos y los romanos se hartaban de uvas, de peras, de manzanas, ó de perlas escabechadas y esmeraldas á la maitre d hotel que, según parece, eran platos favoritos de aquellos gastrónomos. Pero sea cual fuere el origen, hay que adivinar la escrupulosidad con que la tradición se conserva. Llega el día de hoy, y los hijos de Madrid se conciertan para tirar un melón; se compra uno grande, se coloca en el suelo junto á una pared, y los comensales empiezan á tirarle perras gordas por turno y desde una distancia convenida. La moneda entra como una bala en la carne, unas veces dura y otras blanda, de la exquisita fruta; el vigor de) brazo se prueba suficientemente con la penetración del proyectil. Luego hay que probar el vigor del estómago, y después que las piezas de cobre han envenenado el melón con su cardenillo y demás sustancias que lleva adheridas la moneda usada, lo parten, se lo comen y no se muere ninguno. Por lo menos, hasta ahora no se tiene noticia de ninguna intoxicación por comer melón enriquecido con perras grandes. Un Gobierno moderado (siempre han sido los moderados los que se han atrevido á estas cosas) trató con el Sumo Pontífice de la supresión de algunas fiestas en España. Se quitaron muchas de acuerdo con la Santa Sede, y entre ellas la Natividad de Nuestra Señora, ó sea la que popularmente se denomina la Virgen de Septiembre. Enterarse los españoles, y principalmente los madrileños, y protestar, todo fue uno. El espíritu religioso se unió al amor á la fiesta de los melones, y aunque estaba terminada la negociación, el Gobierno tuvo que suplicar que dicha festividad no se suprimiese, á lo cual accedió Pío Nono, no sin asombrarse de la informalidad de un pueblo que después de pedir la reducción de días feriados comenzó á demandar su aumento, porque este caso se repitió con otros santos que recuperaron la solemnidad que les habían suprimido. Gracias, pues, á la energía de los madrileños y á la bondad del Pontífice, la fiesta de la Virgen de Septiembre subsiste, y se puede comer melón con tan fausto motivo. Se puede comer y se puede hacer gimnasia, porque no es flojo el ejercicio indispensable para agujerearlo con monedas; se juega con este motivo en los dos sentidos de la palabra: se merienda, se pasa la tarde, y hasta se hallan á cada instante pretextos para disputar por la legalidad de tal ó cuál tirada. Es verdad que el melón siempre ha servido para varios usos en Madrid. Antiguamente se vendían por rebanadas en los barrios bajos: no se había inventado todavía el perro chico ni el grande, y los vendedores pregonaban la mercancía gritando: ¡A cuarto la raja: por un cuarto se come, se bebe y se lava la cara! Y había individuo que no se lavaba, efectivamente, el rostro más que con las rajas de sandía que consumía en esta época del año. Hoy, esta venta al por menor ha desaparecido casi del todo. En primer lugar, no existe la moneda ínfima que se llamaba cuarto; y en segundo lugar, la mercancía ha subido de precio, y la rebanada, por pequeña que sea, no se puede dar tan barata como entonces. Además, la diversión principal, que consiste en fusilar el fruto antes de consumirlo, no puede verificarse sino con un melón entero y de regular tamaño. Este es el Tiro nacional de Madrid. Los que consideran que para nuestra regeneración es necesario que los españoles se ejerciten en el tiro al blanco, pueden estudiar esta costumbre para fomentarla por los mismos medios que se alientan otra clase de deportes. Se puede crear la Copa de... Peleón, como existe la Copa del Cantábrico, y no faltará quien haga maravillas colocando monedas en el corazón de una sandía y atravesando de parte á parte, con la fuerza de penetración del maüser; el más duro fruto de Añover. El pueblo estira lo que puede el placer de consumir la sabrosa fruta. Por una peseta hay merienda y diversión para toda la tarde. Además sirve para satisfacer la vanidad humana, que en lo grande y en lo pequeño halla ocasiones de manifestarse siempre. El que la da de conocedor en materia de melones, obtiene grandes triunfos. Ahí es nada acercarse á un inmenso montón de melones, rebuscarlos primero por su aspecto, escoger luego uno por el tacto, y que sea dulce, que se halle en su punto de madurez, que satisfaga el gusto de los que han escotado para comprarlo ó de los obsequiados por el conocedor... El acertar un premio de la lotería no causa mayor contento, porque al fin en este juego no cabe más que resignarse al capricho del azar; pero en el descubrimiento de un melón bueno, aunque muchos creen que es otro azar como el de la lotería, se puede suponer el conocimiento de ciertas señales misteriosas, el buen ojo y hasta la existencia de las condiciones que más ama hoy la gente del pueblo y que se resumen en el calificativo de vivo. Un vivo es el que sabe distinguir el melón del pepino y la sandía de la calabaza, y un vivo es el que cree que ha engañado al vendedor arrebatándole lo mejor de su puesto por ana cantidad inferior á la valía del fruto. Ksto aparte de que se prefiera la venta sincera de la mercancía, que es la venta á cala. De aquí arranca una filosofía popular que puede ser á veces muy profunda: ¡Si pudieran tomarse los maridos á cala como los melones! dice Ja mujer del albañil que recibe una paliza periódica y semanal. ¡Si pudieran tomarse así los ministros! -exclama el país que está harto de los que han salido pepinos, á pesar de su excelente aspecto. ¡Si pudieran aceptarse así las comedias! -piensa el empresario á quien una silba desbarata el negocio de una temporada. ¡Vano empeño! La cala no existe mas que para las sandías y los melones; en todas las demás cosas de la vida hay que correr el riesgo de acertar ó equivocarse, y éste es quizá el único, el mayor encanto de la existencia. No se debe poner nada á prueba de cala, ni siquiera la devoción de los que hoy conmemoran la Natividad de Nuestra Señora comiendo melones y bebiendo vino en el Puente de Vallecas. EMILIO S Á N C H E Z PASTOR espacio, con mayor baratura y con e) aditamento de la información escrita ó gráfica de Ja actualidad. Aún tiene, sin embargo, el libro numerosos cultivadores y devotos; pero aquéllos y éstos irán disminuyendo de día en día, hasta que los volúmenes impresos queden reducidos á circular solamente entre los hombres de estudio y los bibliófilos recalcitrantes. He aquí una verdad triste, pero innegable; consulten á los libreros los que de ella duden; asesórense de los literatos; observen el movimiento bibliográfico, y oirán cómo los autores y los expendedores de libros lamentan la escasa demanda de ellos, y verán cómo en las casas y en las calles y en los trenes, donde quiera que haya lectores y ocasiones de leer, abundan más que los libros los periódicos y las revistas. Estas, especialmente por su variedad, por su módico precio y por su actualidad, van adquiriendo rápidamente una vitalidad tan vigorosa y robusta y próspera, como endeble y mezquina y precaria va siendo la de los libros, que pierden mucho de lo que aquéllas ganan en el favor público. Tan manifiesta evolución de la vida literaria responde perfectamente á la de las tendencias y las costumbres de todos los pueblos, por lo que en todos ellos se advierte de igual modo. ¿Responde de la misma manera á las conveniencias de la literatura y de sus cultivadores? Díganlo los que en esto sean ó se consideren competentes ó interesados. Unos y otros tienen la palabra. EM! LIO D A G U E R R E Sueltos diversos uestro querido amigo y colaborador D. Alfonso Pérez Nieva ha publicado, con el titulo de Mí muerta, un libro de poesías muy bellas y sentidas, dedicadas i la memoria sagrada de la que fue su esposa. T a m b i é n nuestro estimado amigo ha publicado, editándola la casa de Sopeña, de Barcelona, una novela titulada Memorias de una cortesana, y muy interesante como todas las suyas. I ienen los dependientes de comercio un órgano en la Prensa, El Descanso Dominical, cuyas campañas en favor de la clase que representa han conseguido interesar á la opinión pública. El último número del colega, que hemos recibido, revela que los dependientes de comercio saben defender sus ideas, ajustándose á las necesidades de los tiempos y al desarrollo de la cultura. ET Descanso Dominical es un periódico ameno é interesante, cuya dirección está encomendada á un periodista conocidísimo, de méritos probados: nuestro compañero el redactor de El Liberal, Enrique Trompeta. N UESTROS CONCURSOS. EL PROBLEMA DE LOS GARBANZOS CORRESPONDENCIA PARTICULAR J. M. Madrid. -Sí, señor; puede. J. M. J Madrid. -Se publicará el facsímil. F. V. Madrid Tarjeta postal, sí, pero sin sello. Tin suscriptor de A Ti C. -Sí; cada lector puede enviar más de una tarjeta. V. Manzanares. -Se publicarán los de los que entren en sorteo. 7. S. Lérida. -Puede enviarla como indica. E. 11. Aguilar de la Frontera. -Entre las anuladas 1 o figura ninguna con esa firma. LA MUERTE DEL LIBRO I os libros, como los dioses mitológicos, se van. Se van retirando poco á poco de la circulación y en no remoto plazo llegarán á desaparecer de ella por completo. Un redactor de Le Fígaro ha hecho la observación en Francia; en España la puede hacer lo mismo cualquiera que se fije un poco en las vicisitudes de la vida literaria. Los libros, empujados por las revistas y los periódicos, van cediendo á estas publicaciones su puesto en la afición de los lectores. Esto no es extraño, sino más bien natural y lógico. Así lo exigen las condiciones características de la vida moderna. Caracterizan á estas dos cualidades predominantes ia actividad y la inquietud. Y con ninguna de ellas se aviene bien el cultivo de los libros, que requiere tranquilidad y reposo. Hoy se vive de prisa, muy de prisa; no ya al día, sino al momento; rindiendo constante y fervorosísimo culto á la actualidad momentánea en todos los actos y en todas las relaciones de la vida. En todo y por todo se propende á aprovechar el instante actual de la mejor manera, escatimando el tiempo en minucioso regateo de minutos y hasta de segundos, prefiriendo la duración por la intensidad en todas las acciones y pasiones. Esta tendencia influye y aun rige la vida de relación en todos sus órdenes; la transmisión del lenguaje oral ó escrito ha adquirido celeridad maravillosa con el teléfono y el telégrafo; la locomoción ha alcanzado velocidades sorprendentes con los ferrocarriles, motociclos y automóviles; la industria ha conseguido notables adelantos en la rapidez de la fabricación con la maquinaria; la gastronomía ha inventado la condensación de los alimentos para que puedan ingerirse con la mayor prontitud; en la literatura la novela corta ha derrotado á la larga, y aquélla, á su vez, ha sido derrotada por el cuento; en el teatro son preferidas por el público las funciones que se llaman por horas, y que sólo duran unos cuantos minutos por sección, y lo mismo en todas las manifestaciones de la actividad ó de la pasividad humanas se vive y se hace ó se padece, Msí, de prisa, de prisa, todo al vuelo, todo al vuelo. ALMANAQUE MEMORÁNDUM 8- f. Fiesta de precepto. La Natividad de Nuestra Señora; San Adrián y compañeros mártires. La Misa y Oficio Divino son de la Natividad de Nuestra Señora. Rito, doble; segunda clase; color, blanco. Cuarenta Horas: Parroquia de Santa María. s 1900. La ciudad de Galveston es arrasada por un ciclón. El día dura doce horas y cuarenta y ocho minutos. T filÉRCOLES 9 Santa María de la Cabeza; San Gon- -zalo, mártir; San Sergio, papa. La- -Misa y Oficio Divino son de Santa María. Rito, doble; color, blanco. Cuarenta Horas: Iglesia del Buen Suceso. s 3 Fiestas en Albacete. 1881. Insurrección en el Cairo. El día dura doce horas y cuarenta y seis minutos. UEVES 10 San Nicolás de Tolentino; Santa Pulquería, emperatriz; el beato Francisco Morales. La Misa y Oficio Divino son del beato Francisco. Rito, doble; color, encarnado. Cuarenta Horas: Iglesia del Buen Suceso. Sy 33 Fiestas en Alicante. 1893. Atentado contra el general Martínez Campos en Barcelona. El día dura doce horas y cuarenta y tres minutos. JWlARTES J No se devuelven los originales IMPRENTA I E BLANCO V N E I J R O EL ESTOMAGO ARTIFICIAL ES EL ÚNICO Y VERDADERO ESPECÍFICO QUE CURA LAS AFECCIONES DE ESTÓMAGO POR A N T I GUAS QUE SEAN, SEGÚN LO DÍCEN M ¡LLARES DE CURADOS AGRADECÍDOS Y D O AÑOS DE ÉXÍTO CONSTANTE. Con esta agitación vertiginosa de la vida nueva se concilia mal el sosiego que exigen la confección y la lectura de los libros; de ahí que éstos sean postergados en el gusto general á los periódicos, y con mayor razón á las revistas, que ofrecen lo mismo que aquéllos en menor rjTirnirrrmnriri rr m