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EL CRIMEN DE LA n t e a n o c h e sé cometió un horrendo crimen en el hotel núm. 11 de la calle de Ferraz de tel, Antonio Comyn y su esposa Eugenia Aizpurúa. casados hace un año. Frecuentaba la casa Saturnino Gómez, casado con una hermana de Comyn. Anteanoche estaba éste de servicio en CALLE DE FERRAZ cuencia de tres heridas de arma blanca en el pecho. Cuando las autoridades penetraron en el hotel hallaron en el pabellón de la portería á una mujer anciana llamada Úrsula, amiga de los esposos Comyn, muerta de una tremenda cuchillada en el vientre, y en un cuarto, del hotel á Saturnino Gómez, que se había disparado dos tiros de pistola. Los tres murieron SÍP ¿a -v. ÉÉfc í yi i. ¿k ¿Te- f w H r i í f i t r y. ftt -í- EL HOTEL DONDE SE COMETIÓ EL CRIMEN 1 A PORTERÍA- ONDE LAS TRES VICTIMAS HABÍAN CENADO el G o b i e r n o civil, p o r s e r guardia d e O r d e n p ú b l i c o A las ocho y media d e la noche salió del citado hotel Eugenia A i z p u r ú a d a n d o g r i t o s d e s o c o r r o P o c o d e s p u é s caía muerta á conse- poder declarar, por lo cual el secreto de esta tragedia no ha podido esclarecerse, aunque se supone que ha sido una pasión de Gómez por Eugenia. EL CUARTO DONDE GÓMEZ SE SUICIDO VI. CADAVFIÍ DE EUGHN 1 A OH SATURNINO Foít! üY: tfi ¡ts Alonso F. L DE 1 A A CI NA U 5 ULA En cambio los listos, los entendidos, los elegantes, los que en 3 a vida social cortan el bacalao, con perdón sea dicho de o s a s de juego. los dependientes de ultramarinos, tienen los juegos á pasto Ahora sí que no se puede decir Uniré bobos anda el jueY buena prueba de que el juego en verano v en casino es go, y no porque haya bando, circular, ni ley siquiera que lo cosa muy distinta del de invierno, la tenemos en la clase de prohiba, sino porque en las circunstancias presentes sería una gente que lo cultiva. Gente respetable, gente de paz. solemnísima mentira afirmar que el juego anda entre bobos. ¿Han visto ustedes nunca, en la temporada de invierno, El juego, y aun los juegos, pues los tenemos de varias claasistir á alguna timba á las señoras? ses, florales inclusive, no anda entre bobos, ni mucho menos. Allá, en los lejanos y ominosos tiempos de mí adolescenPrecisamente en esta época del año, la versátil fortuna, cia, veía yo algunas en una timbirimba; pero ni aun en ella dueña y señora del azar y libérrima distribuidora de las pepod a decirse que andaba el juego entre bobos, ni menos ensetas, entra en la moda y d- ja las modestas estancias de la tre bobas, pues á aquellas jugadoras se las llamaba todo lo clandestina chirlata y se va por esos balnearios de moda y esas contrario: ¡cucas! Y es que la presencia de la mujer, en cualplayas de lujo, hospedándose en los casinos más espléndidos. quier esfera de la vida, aleja toda sombra de bebería. De donde viene á resultar que los bobos precisamente son Perspicacia: tienes nombre de mujer. los que se quedan sin juego, y por eso: por bobos. En esos juegos, florales hasta cierto plinto, jíues por ser COSAS NOTA NÁUTICA de azar sólo les falta una h para tener su flor, no hay reina d la fiesta propiamente dicha, pero las hay de la elegancia, de ¡a hermosura, de la distinción y de una porción de cosas. Lo que sí hay son reyes... y caballos y sotas. En cambio no hay mantenedores. Y se comprende. En estos juegos de envite y azar, se diría que iban á mantener vicios. En los otros sí, y sin riesgo de que nadie les acuse de mantener el vicio de hacer versos malos, porque en honor de 1 verdad, ninguno suele ocuparse gran cosa de la poesía ni d t los poetas, sino de las ciencias sociales y políticas, diviríarum aique humanorum rerum notitia. Así que cuando algunos de estos juegos florales se celebran, no se suele ni nombrar en los telegramas á los vates premiados, sino al mantenedor, cuyo discurso es la nota interesante de los dichos Juegos. ¿Quién puede decir, por tanto, que entre bobos anda el juego en estos días? Sólo uno he conocido, que era un señor á quien los muchachos de un colegio invitaron á ser su mantenedor en un certamen. El grandísimo bobo se- negó diciendo: Anda y que los mantenga su padre! CARLOS LUIS DE C U E N C A A 1 SAJES DE ESPAÑA. EL CREPÚSCULO EN LA MONCLOA Rancio achaque es la injusticia de nosotros, sus hijos, para con este Madrid, ciudad- prodigio, suscitada por el capricho de un rey triste á orillas de un río que apenas lo es. Creémosla ciudad flamante, sí, pero un tantico rastacuera, huérfana de blasones históricos y aun privada de bellos paisajes. Los áridos arenales circundantes, el río fétido, de caudal escaso... Y, sin embargo, yo sé de grandes fiestas de espíritu á orillas del calumniado Manzanares. Es en ese rincón de tierra brava que se dice Moncloa. Aún ahora, bajo los pinares, en las lomas que ondulan alfombradas de pasto, corren aires de primavera y huele á tomillo y á cantueso, que es bendición de Dios. Escúchase manso rumor de aguas, venido no se sabe de dónde: las sombras de los árboles, largas y desmayadas, acarician la tierra antes de sumirse en la definitiva obscuridad nocturna: el cielo está allá arriba color de amaranto, y el lucero solo llora sus soledades con luz pálida. A través del ramaje bermejea á Occidente la puesta de sol... Y la esquila bucólica evoca idilios inmortales. Ved el rebaño cómo viene con pausa, mordisqueando la hierba ruda y sabrosa de aquesta tierra. Pasó el rebaño: la nubécula polvorienta que suscita su paso, parece como que recoge los últimos chispazos de luz solar, y rebrilla. El pastor, en la luz que se extingue, es silueta negra y recortada: sobre una loma, quieto un instante, hierático y mudo, parece medianero entre el cielo y la tierra. Auras homéricas corren sobre su frente. Caminemos. Hay un plantel de acacias y otro de álamos blancos. Después, un jardín que habla de los jardines italianos pintados por Velázquez, de los tristes jardines de. España, pintados y, cajitados por nuestro Rusi- -En este taller tiene el señor Ministro preparado el banquete. -Pero si ya he dicho que no venía á divertirme... Como todos los antecesores de V E han venido á eso precisamente! 1 ¡I lilUJWI! K IWIIÍÜ!