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OS PERIÓDICOS DEL SIGLO PASADO Si la Prensa política ha variado de una manera extraordinaria, la Prensa ilustrada, artísticamente ilustrada, puede decirse que es muy de los últimos tiempos en España. Cuando, antes de mediados del siglo pasado, fundó, me parece que fue Mesonero Romanos, El Museo Pintoresco, este periódico, que se publicaba con estampas, según se decía por aquellas épocas, causó verdadera sensación. Las láminas- -había quien las llamaba así, -ó eran clichés importados de periódicos franceses, ó grabados en boj, algunos de mérito, pero absolutamente ninguno de actualidad. Más tarde, Gaspar y Roig fundaron El Museo Universal, que también publicaba grabados, y cuya redacción, la del Museo principalmente, cultivaba la nota histórica y las leyendas tradicionales. Una generación literaria de la cual ya no existe ninguno, D Ángel María Segovia, Balbino Cortés, Jenaro Morquecho, el conde de Fabraquer, no el actual, sino su padre; Viso, Carlos Pravia, que principió muy joven á escribir; Alcántara, D Eugenio de Ochoa y muchos otros, escribían de materias puramente literarias, y repito que sin tener en cuenta para nada la actualidad, ni mucho menos la que hoy llamamos información gráfica. Ya por estas épocas, allá por los años del 5o al 54, Montemar, que dirigía un periódico díAfio que se titulaba Las Novedades, comenzó á publicar folletines en forma que pudieran ser cortados y encuadernados, y esíos folletines publicaban grabados en madera. En uno de ellos me parece que se publicó una novela nu y bien hecha, titulada Otro Jlriagnan, original del inolvidable Carlos Rubio. Más tarde vio la luz otro semanario, periódico para todos, que tenía ya la novedad de publicar muchos artículos traducidos del francés, y que muy de tarde en tarde apuntaba á los asuntos de actualidad. Cuando Abelardo de Carlos, que había fundado en Cádiz La Moda Elegante, vino á Madrid y fundó Xa Ilustración, creo que habiéndole servido de base El Museo Universal, puede decirse que fue cuando en España comenzó á ver la luz pública un periódico ilustrado hecho á la moderna, aunque el atraso de las artes gráficas y lo caras que resultaban de hacer publicaciones de la índole de La Ilustración, hiciera que no pudieran tener la popularidad y la circulación con que hoy cuentan los periódicos que en el argot periodístico llamamos de monos. De la misma manera que no se concebía un periódico político diario y de información que fuese un periódico de empresa establecido para ganar dinero, del mismo modo hubiera pasado por un demente el que hubiera pretendido hacer un diario ilustrado á diez, á quince y á veinte céntimos. Como estos apuntes ligerísimos no pueden tener más que un pequeño interés histórico, toda la brillante colección de periódicos ilustrados que se han publicado y se publican en el final del siglo xix y los comienzos del siglo xx, no pueden ser objeto de estos trabajos, que se limitan, como he dicho muchas veces, á consignar algún recuerdo. La Prensa satírica, que hoy tiene alguna importancia y dignísimas representaciones, tuvo, sin embargo, mayor resonancia que hoy en la segunda mitad del pasado siglo, y esto se explica porque los periódicos diarios y políticos trataban todas las cuestiones siempre bajo el punto de vista más seriamente serio, y casi consideraban indigna de ellos la sátira y lo que hoy llamamos el humorismo; y por consecuencia, esta forma de crítica se refugiaba en los periódicos satíricos. Prescindiendo del Fray Gerundio, de D Modesto Lafuente; d e Guirigay, del célebre González Bravo (Ibrahim Clarete) y algunos otros periódicos que, como se decía por entonces, se pierden en la noche de los tiempos, El Padre Cobos, que se publicaba el año de 1854, fue uno de los que en España han alcanzado mayor resonancia. Leopoldo Bremón, en un artículo muy bien escrito publicado en Gente Vieja- -y no es reclamo, -ha dado muchos detalles sobre este periódico, que al principio fue puramente literario y de la propiedad de Pepe Selgas y de Esteban Garrido; pero como la ley de Imprenta era muy estrecha, el periódico, aunque se las traía, como se dice ahora, no podía tratar de política por no tener depósito. D José Salamanca, que había dado el depósito para El Horizonte, que dirigía Gutiérrez de la Vega, y en el que escribían Severo Catalina, Valero y Soto y otros, al cesar Horizonte cedió el depósito para El Padre Cobos, en cuya redacción tomaron parte Ayala, Severo Catalina, Gabino Tejado, Villoslada, Garrido, Goizueta y Selgas; el público creía que D Cándido Nocedal formaba parte de la redacción del festivo semanario, pero, según mis informes, nunca escribió en él: en cambio, Leopoldo Bremón tomó en El Padre Cobos una parte activa; á su amistad con Salamanca se debió la publicación de El Padre Cobos como periódico político. Sólo el Gil Blas, y La Gorda después, llegaron á tener la importancia de Ei Padre Cobos, en términos que todavía ha quedado la frase, cuando se quiere hablar de una insolencia dicha con gracia, Es una indirecta de ElPadre Cobos. do un depósito, y gastaba otro en sostener un periódico, porque tenía verdadero entusiasmo por las ideas moderadas; escribieron en este periódico Valero y Soto, que ya ha fallecido, y cuyo recuerdo es para mí respetabilísimo y sagrado, que llegó á altas posiciones que hoy se conquista en pocos meses, después de cuarenta años de servicios y de consecuencia y de treinta y cinco de vida parlamentaria, y D Antonio Prida y D Teodoro Guerrero, que afortunadamente viven y no me dejarán mentir. Más tarde el Gil Blas, en el que tomaron parte Ribera, Manuel del Palacio, Eusebio Blasco, Federico Balart, Alvarez Guerra, Sánchez Pérez y algún otro, alcanzó extraordinaria boga, y según un estudio muy curioso publicado por Manuel del Palacio, todos los números denunciados del referido periódico eran leídos en Palacio. El Saínete, fundado por Ramón Chico de Guzmán, un escritor insigne y un poeta de altísimos vuelos muerto en la flor de la vida, tuvo también bastante resonancia; y para cerrar esta enumeración de periódicos satíricos he de citar La Gorda, en que escribieron Santiago Liniers, Juan José Herranz y algunos otros, periódico que produjo tal sensación, que hubo número de los primeros que se vendió á cinco duros. Por cierto que el mismo día que el periódico apareció, y no hay que olvidar que en aquellos tiempos funcionaba á diario la partida de la Porra, se encontraron en el café de la Iberia dos de los fundadores. -Estoy malo, me duele la cabeza, -dijo uno de ellos. -Lo comprendo, eso es miedo; lo mismo me sucede á mí. JUAN VALERO D E T O R N O S LAS MUJERES DEL DÍA. BUSCANDO NOVIA Un amigo mío, harto de pupilajes y de trasnocheos, anda por ahí loco diciendo que se va á casar. Como al mozalvete de Quevedo, á mi amigo sólo le falta una guitarra y salir por esas calles de Dios cantando aquello de Muchachas, iodo me caso, niñas, todo me desposomarido de quita y pon, entre ciegoy entre sordo... TÍ Allá por el final del 55 ó principios del 56 apareció otro periódico satírico titulado Merlin, que alcanzó grandísima boga: era propiedad de un señor Alfageme, uno de aquellos políticos románticos que antes se gastaban en España, y que, aun no siendo político activo ni esperando nada de la política, amortizaba un capital ponien- La otra noche, en uno de esos furiosos avenates, dio sobre mí: ¿Sabes que me caso? ¡Hombre! -Nada; que me caso uno de estos días. ¿Y con quién? A ésto, se quedó parado. ¡Con quién, con quién... -dijo entre dientes. ¡Pues esa es la cuestión! Que no he decidido aún con quién... Y como me lo decía muy en serio, y como, además, sé los puntos que calza, en lugar de hacer aspavientos me eché á reir. -Vamos á ver, cuéntame: ¿cuántas novias hay en cartera? -Mira, te las voy á decir por su orden. Tú me conoces casi tanto como á ti mismo. Sabes que recién venido á Madrid, con el cuerpo salvaje y el alma enteramente pura, pasé el sarampión romántico. Y mi cuerpo y mi alma y mis odios y mis adoraciones se enterraron en las ojeras de una mujer. ¡Divina sepultura que de cuando en cuando riegan sus lágrimas por otro hombre! Este poema, de sobra lo sabes, me ha costado una vida: la de la juventud. Hoy, con mis veinticinco años, vivo á cuenta de la vida de la vejez. Bueno; pues desde entonces, desde que aquella profesora de amor me enseñó que el amor no está en ellas, sino en nosotros; desde que un atracón de lectura me hizo ver á Ovidio poniendo su ars amandi á los pies de una perdida borracha; á M o liere, maestro de la comedia femenina, pordioseando amores de una cómica de tres al cuarto; á Schopenhaüer, juez del sexu sequor, disfrazando su fealdad de sabiduría CRISTÓBAL DE CASTRO sólo porque una mujer le amase; á Bismark, antifeminista enragé, escribiendo durante seis meses, cada día una carta, á una señora que le tenía á media correspondencia... Desde que la mujer me echó por el tajo de los libros para que á poco los libros me despeñasen por el tajo de la mujer, he resuelto no hacer caso ni de la una ni de los pn Constantinopla se publican cuarenta y seis periódicos. trece de ellos turcos, trece armenios, seis griegos, cinco otros. Y aquí me tienes sereno, calculista, frió, lógico, domado ya- ¡yo, el más cerril de los temperamentos! -y franceses, dos franco- ingleses, dos israelitas, dos búlgaros, decidido á sentar la cabeza y á casarme. uno alemán, uno italiano y uno servio, pn Bélgica hay ochenta y uno grupos obreros que socorren El cuerpo está harto del baqueteo solteril; el alma, á sus miembros en los casos de falta involuntaria de fatigadísima de las infructuosas correrías del pensar. ¡Me caso, me caso y me retecaso! ¿Preguntas que con trabajo. Las indemnizaciones que pagan son como sigue: quién? ¿Te he dicho ya que aún no lo he resuelto? Pues ahora escucha atentamente. 4 grupos 0,75 francos diarios. 4 e 1,00 n Trato á una muchacha rica, joven, guapa. Me gusta, 4 i,5o y creo que también le gusto yo. ¿Qué pasaría si nos ca 1 1,75 sáramos? Esta casilla de mi padrón espiritual y cor 5 2,00 poral no la lleno, por más vueltas que le doy. ¡Y mira 32 o, y 5 á i,5o que le doy vueltas! Lo que pasará por fuera me tiene sin 4 1,00 á i,5o i) cuidado, en absoluto. Lo de por dentro es lo que me trae 24 1,00 á 2,00 loco. Ella es guapa, pero hay muchas que lo son tanto ó 4 %i,5o á 2,00 más; también es rica, pero también hay muchas tan ricas 1 i,5o á 2,5o v y más que ella. ¿Quién me dice que el día de mañana no 1 1,00 á 3,oo 1 B 4,5o francos semanales. he de encalabrinarme yo por una mujer que no sea mi 6 i) ó, 00 mujer? Y, al contrario, ¿quién le dice á ella que luego 1 7,5o de casada conmigo no ha de querer á otro? Descontemos 1 a 9,00 la máscara de la educación; no hagamos la culpa real y 1 w 9,5o j de acto, s no ideal y de potencia. Si ella es lista pasará, 1 c. uo 1 O,OO ü como yo, las de Caín. Los dos llevaremos la espina en el 1 i5,oo corazón. O nos despreciaremos 1 uno al otro, ó los dos 5 se ún los fondos. nos tendremos lástima. Y ya ves, casarme para no tener otro remedio que ser despreciado ó compadecido... No, no me repliques. ¿Los demás matrimonios? ¿Todos los que vemos por ahí en el paseo, en el café, en el tren, en el teatro? ¡Échate á averiguar! Yo respondo de mí, de lo que me pasaría. Y como de yo casarme sería mi cuerpo y sería mi alma los que tomaban mujer, me atengo á mi cuerpo, que no piensa pero que mira, y á mi alma, que no mira pero que piensa. Dirás tú, y dirán muchos, que el que una mujer mire á un hombre honestamente, es una cosa natural. Yo niego, en primer lugar, que una mirada pueda ser honesta; al mirar, se desea, forzosamente, necesariamente, fatalmente. Al menos, á mí me pasa esto siempre que miro. Y niego, en segundo lugar, que porque los demás pasen por eso de las miradas honestas, naturales y sin nada de particular, tenga que pasar yo. Sé que estoy desenvolviendo uno de los capítulos del celoso. Pero sé, de la propia manera, que todos los demás hombres y todas las mujeres son celosos. Ellos no lo confiesan y yo sí; ellos se someten y yo me rebelo con toda mi alma. Bueno, ¡y qué! La rebeldía- -ha escrito Proudhon- -es la levadura del pensamiento. Yo no pienso como los demás, no soy como los demás, no he de casarme como los demás. Y como ves, la novia joven, guapa y rica tiene un sin fin de contras. Hay otra muchacha que también me gusta muchísimo. También es guapa y joven; pero ¡ay! la pobrecita no tiene dos pesetas. Y para que veas si me he curado de romanticismos, esta circunstancia de ser la muchacha una pobretona, lleva aparejado il veto. Non possumus. Antes siempre caía yo del lado de la libertad Ahora, como cualquier horterilla ambicioso, saco el Cristo de que para chanclas, descalzo. Si alguna vez me lleva el diablo, que sea en coche. Del lobo un pelo y de la mujer la herencia. Como ves, soy un perfecto Sancho Panza. Y sin embargo, esta muchacha me deleita. Es lista, habla con un gran sentido lógico, conoce su necesidad de defenderse por la gracia y por el talento, á falta de joyas y de trajes, y hasta en sus malicias tiene cierto pudor. He pasado ratos deliciosos con esta ingenua á fortiori. Oyendo sus confesiones dolorosas, entre melancólicas y humorísticas, entre burlonas y sinceras, pensé muchas veces en casarme. Pero en cuanto volvíamos á la realidad y nos fijábamos en el mundo y en la gente, notaba yo que se le iban los ojos detrás de cualquier sombrero de plumas. Y aquel poema de minutos, pasaba á ser la elegía de una noche entera... 1 J ay una tercera en discordia. Esta no es pobre, ni rica. Vive regularmente, sin grandes lucimientos, pero también sin apuros grandes. Y ésta, esta tercera, que es más joven, mucho más guapa y muchísimo más graciosa que las otras dos, es la que me pone las peras á cuarto, precisamente porque no se quiere casar. Así, como lo oyes; no se quiere casar. Como la, Armanda de Moliere, esta femme savante es enemiga declarada del matrimonio; pero no fingidamente, sino de verdad, absolutamente de verdad. He discutido con ella cien veces, y otras tantas me ha dejado frío. Y tú dirás: ¿Espera esa mujer para casarse á un príncipe ruso? No es eso. ¿Tiene, como cierta heroína de Prevot, el miedo insuperable á dar á luz? Tampoco. ¿Es una romántica? Nada más lejos. ¿Es una sensual? De ninguna manera. Pues ¿qué es entonces? -me preguntarás, harto ya de tantos enigmas. -Y yo, que me he devanado los sesos preguntándome lo mismo muchas veces, te diré únicamente lo que ella me decía anoche en la confianza de su tocador, asombrando á la madre con su franqueza y dejándome turulato á mí: ¿Sabe usted lo que pienso de todos estos líos del casorio? Lo que decía Campoamor en aquella deliciosa humorada: Se casaron los dos, y al otro día la esposa, con acento candoroso, al despertar le preguntó al esposo: ¿Me quieres todavía? CURIOSIDADES