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mente, ó por la buena jumbra que tiene para los que allí se baten; pues hasta ahora, en buena hora lo digamos, no ha habido que lamentar desgracias sensibles. En la quinta de Sabater han medido sus armas las más ilustres personalidades de la Política, de la Prensa, de la Milicia y de las Artes, y allí han quedado honrosamente zanjadas las ofensas más graves y las más nimias, terminando con el fraternal abrazo que simboliza el olvido mutuo de pasados agravios, ó con el suculento almuerzo en Fornos, que, por regla general, corre á cargo de los padrinos del lance en concepto de gajes del oficio. A la vista tengo copiosos datos que servirían para escribir una detallada é interesante crónica del duelo en los últimos veinticinco años; pero en la imposibilidad de citar uno por uno todos los encuentros allí verificados, me limitaré á recordar algunos de los más sonados, atendiendo á la calidad de sus protagonistas. U n 1891, á consecuencia de un violento articulo que publicó J esumen contra el entonces ministro de Marina general Beránger, éste presentó la dimisión de su cargo, enviando inmediatamente sus representantes al director de dicho diario, D. Augusto Suárez de Figueroa. El encuentro se verificó el 6 de Noviembre, á las cinco de la tarde, interviniendo como testigos los señores Martínez Arce y general Ochando, en representación del Sr. Beránger; y D. Antonio Merino y D. Rafael Gasset, en la del Sr. Suárez de Figueroa. El duelo fue á pistola, á veinticinco pasos. El primer disparo del director de El J esumen falló, pero se dio como válido, por haberse así convenido previamente. Los adversarios que, como era de esperar, estuvieron bravos y serenos, salieron ilesos del lance. La Prensa comentó el suceso, elogiando sin reservas la noble y gallarda actitud del general Beránger, que contra la opinión unánime del Consejo de Ministros, renunció á su alto puesto para contestar con las armas á los ataques recibidos. I ffn año después fue la quinta de Sabater testigo de otro lance, digno de ser recordado, por las circunstancias especiales que en él concurrieron. A consecuencia de un suelto publicado por El Imparcial, dirigido en aquella época por el actual ministro de Obras públicas Sr. Gasset, la oficialidad del regimiento de Cuenca, de guarnición en Madrid, se dio por ofendida, acordando como inmediata consecuencia que uno de sus oficiales, el que la suerte designara, retase al director de aquel diario. Cúpole tal honor al capitán don Fernando Zúñiga, quien otorgó su representación á los Sres. D. Ramón González Vallarino, coronel del referido cuerpo, y D. Marcelino Delgado. El Sr. Gasset estuvo representado por los Sres. Conde de Xiquena y don Carlos Navarro y Rodrigo. El encuentro se verificó el 14 de Mayo, á las cinco de la tarde; fue á sable y constó de siete asaltos, en los cuales los adversarios demostraron serenidad y destreza, como lo prueba el hecho de haber salido incólumes de tan prolongado combate. El capitán Zúñiga se había incorporado al regimiento de Cuenca días antes de haberse publicado en El Imparcial el suelto que originó el duelo, y ni él ni el Sr. Gasset se conocieron hasta el instante en que tuvo lugar el encuentro. I Fna pequeña discusión entre D. Primitivo Clavijo y D. Teodomiro Maupedi, sostenida en el café de Fornos á las altas horas de la noche, dio origen á un lance á pistola entre ambos señores, que se verificó á las ocho de la mañana del 26 de Mayo de 1895. En representación del Sr. Clavijo intervinieron los Sres. Conde de Vadollano y D. Ignacio González, y D Carlos Company y D. Ricardo Ducazcal en la del segundo. Cruzáronse tres balas, resultando los adversarios sin el menor contratiempo. Ocho días después de este lance, el capitán Clavijo era pasado por las armas en el camino bajo de San Isidro, á causa del desgraciado suceso que aún está en la memoria de todos. El infortunado cuanto valeroso capitán mantúvose frente á las bocas de los fusiles del pelotón ejecutor tan asombrosamente sereno como ocho días antes lo estuvo ante la pistola de su adversario. Tpra el 23 de Abril de 1893. Se aproximaba el día de las elecciones municipales, como ahora precisamente, y los ánimos estaban un tanto excitados. En el Círculo Liberal se discutía acaloradamente sobre la designación de los candidatos del partido, y por si habían de ser Fulano ó Mengano los favorecidos con las simpatías del Círculo, los señores D. Enrique Arroyo y Ordax Avecilla dirigiéronse mutuamente unas cuantas palabras gruesas. Con tal motivo, y para arreglar el asunto del mejor modo posible, intervinieron los Sres. Arredondo, Chicheri, Saint- Aubin y Corrales, los cuales acordaron que el lance fuese á sable, como así fue, verificándose el día 7.5, ó sea dos días después del altercado que lo motivó. Los Sres. Arroyo y Ordax Avecilla resultaron levemente heridos. n suelto insignificante, al parecer, publicado en Nacional cuando este periódico estaba dirigido por el Sr. Bores y Romero, dio motivo para que D. Manuel S. Quejana, á quien el suelto de referencia había molestado un tanto, enviase sus representantes al Sr. Bores. Como los buenos oficios de los Sres. Carvajal, Sanchiz, Abascal y Conde de Gomar, á quienes se encomendó la solución del asunto, no lograron dárselo satisfactorio, fue necesario ventilarlo en el terreno. El encuentro fue á sable, verificóse el día 6 de Mayo de 1895, y resultó herido el Sr. Bores. C l 15 de Septiembre- de 1895, y como consecuencia de una discusión literaria, dos conocidos escritores, Luis París y Ricardo Fuente, acompañados de los señores Torres, Torrijos, Adelantado y González, estuvieron probando unos sables, resultando París ligeramente herido. A las ocho de la mañana del siguiente día, Eduardo Rosón y Antonio Pineda se batieron á sable, hiriéndose mutuamente. Apadrinaron á Rosón los Sres. Díaz Martín, y á Pineda el Sr. Cañadas y otro cuyo nombre no consta en mis notas. Por la tarde fueron al mismo sitio á medir el alcance de sus pistolas el malogrado Rafael Delorme y José de Cuéllar (muerto recientemente en Barcelona) Representaban al primero Cadenas y París, y al segundo Riquelme y Limendoux. Hiciéronse dos disparos por cada parte, fallando el segundo de los de Cuéllar. Estos dos lances y otros muchos que por aquellos días tuvieron lugar en Madrid, fueron á consecuencia de una empeñada polémica entre los periódicos ha Nación y El País. omo consecuencia de tal incidente periodístico, tam bien se batieron á sable los Sres. Cadenas y Ruiz Morales, sin más detrimento personal que unos cuantos rasguños. El combate duró cerca de una hora. En este lance intervinieron como testigos los Sres. Urrecha, Vela, Moreno y Rodríguez. Sería interminable el relato, siquiera fuese muy ameno, de todos los asuntos de esta índole que se han solucionado en la quinta de Sabater, y por eso he limitado mi tarea á consignar algunos de los que alcanzaron más notoriedad, no sólo por la calidad de los adversarios, sino por las circunstancias que han concurrido en ellos. Cuando se habla de algún lance periodístico, ya no hay que preguntar dónde ha de ser el encuentro. Desde luego se sabe que el sitio elegido es la quinta de Sabater. MANUEL SOR 1 ANO este espléndido baile, murió, á los pocos meses de la fiesta, la duquesa de Alba, mientras su augusta hermana hacía un viaje oficial por Argelia. La duquesa de Medinaceli quedó en Madrid sosteniendo el cetro de la elegancia y dando en su histórico palacio de la plaza de las Cortes espléndidas fiestas. Después de la Revolución de Septiembre, desempeñó gran papel en Madrid la duquesa de la Torre, esposa del regente del Reino, general Serrano, y una de las damas más hermosas y elegantes de sus tiempos. Ocupó el Palacio Real, donde obsequió con espléndido banquete al Cuerpo Diplomático, y tuvo el tratamiento de Alteza. Hoy vive retirada ea Biarritz, conservando rasgos- de su gran belleza y entregada por completo á ejercicios de piedad y religión. Entre las duquesas que actualmente ocupan un puesto en la sociedad de Madrid, merecen todos los respetos, por sus nobles cualidades, las duquesas de Fernán Nuñez y la Viuda de Bailen, duquesa de Castrejón. Al lado de éstas brilla la duquesa de Villahermosa, que enriquece de continuo la literatura patria con la publicación de preciosos volúmenes que recuerdan las glorias ds su ilustre casa. La duquesa de Alba no se contenta con su belleza y con su rango, dignamente ocupado, sino que, atenta á la cultura de su patria, publica también importantes libros enriquecidos con preciosos documentos que aclaran é ilustran hechos memorables de nuestra historia. KASABAL A FOTOGRAFÍA SOBRE LAS FRUTAS Nada hay que preste tanta belleza al decorado de la mesa como las frutas; entre las luces y los adornos ostentan sus hermosos matices y se muestran orgullosas como el más lindo fruto de la Naturaleza, reuniendosuavidad, dulzura, aroma, color; todo el jugo de la tierra fecundado entre las abrasadoras caricias del sol. Parece que nada puede hacerse para aumentar su belleza y, sin embargo, desde muy antiguo se conocen diversos procedimientos con el objeto de adornar las frutas y los frutos, haciendo uso, á veces, de una paciencia increíble. En general, las razas salvajes tienen un gran hábitopara grabar toda suerte de extraños dibujos, y entre ellosse han hecho famosos los que ejecutan en la costa africana del Calabar. De algunas cucurbitáceas y otros frutos admirablemente dibujados con la navaja, se pueden encontrar ejemplares en nuestro Museo filipino del Retiro. La primera tentativa formal realizada en Europa para ilustrar las frutas, alcanza la fecha de 1894, durante la Exposición Internacional de San Petersburgo, en la que se presentaron frutas que llevaban impresas sobre ellas las armas imperiales de Rusia. Desde entonces los modelos de estampación han variado mucho, y esta curiosa novedad toma cierta importancia en la venta de los frutos de lujo. Los grandes restaurants se hacen preparar por los arboricultores bastantes cantidades de frutas con sus nombres ó sus atributos. Pero el verdadero innovador es un jardinero de Romainville, que ha inaugurado con buen éxito la fotografía sobre frutos, con ayuda de clichés negativos. Las frutas así decoradas están ahora de moda, y puede asegurarse, usando la frase propia para estos casos, que hacen en París verdadero furor. La operación es muy delicada y exige una gran habilidad; es preciso servirse únicamente de películas muy delgadas y vaporosas. Esto constituye un agradable entretenimiento para las señoras, y más en esta época que pasan en el campo ó balnearios, donde pueden tener bellos ejemplares. Se necesita pedir á un fotógrafo profesional ó amateur los clichés muy vigorosos que presentan vivos contrastes de blanco y negro, los cuales se atenúan al imprimirse sobre la epidermis de las frutas; los que en el tecnicismo fotográfico se denominan duros, son los que mejor convienen. Las películas negativas se obtienen en gran número con la ayuda de un buen positivo, ó bien fotografiando directamente al sujeto cuantas veces sea necesario. No se debe olvidar que la impresión se realiza sólo con clichés negativos, pues si se empleasen los positivos, el resultado sería verdaderamente extraño, apareciendo los blancos transformados en rojo y los negros en verde pálido. Se principia por colocar las frutas dentro de un saquito de tela, privándolas en absoluto de la luz por veinticinco ó treinta días. Luego se descubre una parte de ellas y se les une el cliché á la epidermis de esa parte descubierta, sujetándolo con dos anillos de caucho ó pegándolo con clara de huevo ó albúmina, materias incoloras que no pueden interceptar el paso de la luz. No hay necesidad de baño, de viraje ni de fijado, pues la imagen queda perfectamente clara al retirar el cliché, y no se borra... hasta que la fruta se descompone. Se pueden imprimir todas las fotografías que se deseen, y en esto la imaginación ó el gusto de los aficionados puedeSi variar las creaciones, que producirán unos cuantos días de admiración. Esto no debe desalentarnos. Todo es transitorio, y en el tiempo igual valor tiene un siglo que un segundo. CARMEN DE BURGOS SEGUÍ DUQUESAS C u Madrid ha habido siempre alguna duquesa que, descollando entre las damas más en boga, ha llamado generalmente la atención. En el siglo pasado fue popularísima la duquesa de la Victoria, doña Jacinta, la esposa del general Espartero. Era de hidalgo y acaudalado hogar, muy buena moza y de hermoso y simpático semblante. Ocupó el palacio de Buenavista en la época en que estaba en el poder su marido, y se complacía en presidir á diario una tertulia de amigos, no gustándola el fausto ni las reuniones solemnes. Amaba entrañablemente al hombre ilustre al que se había unido, y le ayudaba mucho con sensatos consejos, que él algunas veces escuchaba, pero que con más frecuencia desatendía. En los dos casos ella respetaba las decisiones de su marido y ponía todo su empeño en secundarlas. Cuando Espartero se retiró á Logroño, la duquesa, su esposa, hizo gratísimos aquellos años tranquilos que pusieron término á la accidentada vida del caudillo y del político que tanto había influido en los destinos de su patria, y la noble dama murió dejando gratos recuerdos de sus virtudes. Después de la boda de la reina doña Isabel II con su primo el infante D. Francisco de Asís, duque de Cádiz, la sociedad de Madrid entró en un período de gran animación, celebrándose brillantes fiestas. En ellas brillaban y competían dos duquesas que descollaban entre lo más ilustre de la aristocracia. Era la una la duquesa de Alba, la hija mayor de la condesa del Montijo y hermana de la Emperatriz Eugenia, y la otra la duquesa Angela de Medínaceli, hija de los condes de Peñaflor. Eran dos tipos opuestos de belleza: la una rubia, pálida, esbelta, elegantísima; la otra morena, arrogante, majestuosa. Ocupaban en el recién inaugurado teatro Real las plateas de proscenio que estaban frente á frente, y asistían todas las noches con numerosa corte de amigos, llamando mucho la atención sus trajes y sus joyas. La duquesa de Alba pasaba muchas temporadas en París, después de la boda de su hermana con Napoleón 111, y ocupaba en los Campos Elíseos un elegante hotel en el que se dio el memorable baile de trajes, que fue una de las fiestas más notables del segundo Imperio, presentándose en él la comparsa de los Elementos, en la que representaban la Tierra la condesa de Persigny, esposa del embajador de Francia en Londres; el JKire la famosa princesa de Metternich, embajadora de Austria; el Agua la condesa Walenska, y el Fuego la de Pourtals. Figuraron también en esta comparsa la condesa de Morny, á la que hemos conocido en Madrid siendo la marquesa de Alcañices; la hermosa mejicana doña Manuela Errazu, y la condesa Seweiskosko, una polonesa muy notable que casó con el marqués de Noailles, que ha sido embajador con la tercera República. Las que representaban la Tierra, llevaban las faldas cubiertas de flores de piedras preciosas, representando las riquezas de la creación; las del Agua se distinguían por sus túnicas de tisú de plata con corales, perlas y profusión de plantas marinas; las del Mire llevaban trajes ligerísimos de gasa, con plumas y alas; y las del Fuego, trajes de raso rojo, con el corpino bordado de oro y aderezos de rubíes. En el hotel de los Campos Elíseos, donde se celebró U