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R l A n n i l t T R F S C U R A FRESCO Y FRESCA T 7 XT 17 m A C L a s tres cosas ha ciones v así estamos de adelantados nosotros! Ya ven MADRILENERIAS ye n M a drid sabiéndolas buscar. La frescura la ha habido en todas las épocas, desde los tiempos de! rey que rabió y de Mari- Castaña. Se manifiesta aun en los días de más ustedes es frescura. Ha 1 u i e n e s s e o f r e c e n e n holocausto á la República, para lo cual empiezan por imponerse el sacrificio cruento de hacer toda clase de gestiones á fin de que les elijan concejales del Ayuntamiento de Madrid. ¡También es frescura! gratuitos para los golfos que van á buscar sus remansos y en ellos se sumzrgen, usando el primitivo traje de Adán. Pero nuestros eximíos randas son más prácticos. ¿Para qué darse tan largo paseo en busca del Manzanares y tomar sol que no conviene al cuerpo humano? Mas en el centro de la capital tienen las fuentes del Prado, cuyas pilas k s ofrecer, agua límpida donde remo- rv 1 4 lTi í EX PLENO RIO Fot. M. de Buena LOS BAÑOS DEL MANZANARES Fot. Ascnjo sol. Ejemplo: la del Sr. Carmena en pleno Agosto, diciendo que la obra musical de Wagner es pamplina para los canarios y que la gente de buen gusto no tolera las óperas del gran revolucionario, lo que en buen romance Con idéntica facilidad se encuentra fresco en la coronada villa. El Manzanares lo ofrece en su amoroso seno, y aun cuando no sea muy madrileño un brindis con agua, el caso es que él con la suya brinda. Brinda fresco á jar sus no tan límpidos cuerpos, y á fe que no ha da faltar sueño en los ojos de los Argos de rayadillo encargados de vigilar por la seguridad y por la moral del vecindario, para que duerman apacible siesta mientras DEPARTAMENTO DE SEÑORAS Fot. Asenjo EN EL SALÓN DEL PRADO Fot. M. da Baena quiere decir que sólo en la Corte de üspaña, suponiendo como él supone que el público madrileño está por los gorgoritos italianos, hay buen gusto y cultura artística, y no en el atrasadísimo Extranjero, donde se pirran quien quiera zambullirse en sus tranquilas corrientes. Los famosos baños del Manzanares tienen y tendrán numerosa clientela. Son, además, económicos hasta la exageración, porque en sus taquillas no se cobra más que EL RECREO SALAMANCA EN DÍA DE MODA por la música wagneriana y levantan estatuas á Wagner y construyen teatros para cantar sus obras y se hacen Ticas las empresas. ¡Así están de atrasados en otras na- un baño, y, sin embargo, el bañista toma tres. Dos de sol (uno al ir y otra al volver) y el tercero de agua; como quien dice, dos rusos y un español. Y son enteramente ellos practican maravillosos ejercicios de natación en derredor de Cibeles y Neptuno. Tienen estos dioses á li devoción de sus aguas más colonia de proceres capitalistas y senadores vitalicios que las playas de Trouville, Ostende y Biarritz, Nuestra información gráfica da fe de que no exageramos. Los Muergos madrileños se bañan ¡dichosos ellos! en las fuentes monumentales, y no cabe duda de que se quedan tan frescos... La fresca, como la frescura y el fresco, también se encuentra en Madrid. Es patrimonio casi exclusivo dz las clases pobre y media, porque las altas no pueden, sin lesionar su amor propio y su rango social, salir de noche á sentarse en la mitad de la calle, á dar una vuelta en el cangrejo de la calle de Velázquez, ó tomar un vaso de horchata en La Edipa ó en los bulevares de Chamberí. Para la burguesía es Madrid. Ella reina de noche en las calles y paseos, y para ella son todas las delicias de la fresca Los Jardines del Retiro no están al alcance de todas las fortunas, con ser tan económica la entrada. Hay que vestirse un poco. Además, ir á ellos es proclamar que no se ha salido de Madrid, lo cual constituye un desdoro para el orgullo y una patente de cursilería. Es mejor no salir de casa y asarse entre las cuatro paredes, para poder decir luego que se ha pasado fuera, en el Sardinero, en San Sebastián ó en Biarritz, la saisón. La gente que no es esclava de esas preocupaciones tontas y que no veranea porque no quiere ó porque no puede, es la que va á los Jardines y al Recreo de Salamanca, un nuevo centro de reunión éste donde por poco dinero se encuentra la fresca en el jardín, concurrencia distinguida, música amena, vistas cinematográficas, columpios mágicos y cuanto puede apetecerse para pasar unas cuantas horas agradablemente, sin faltar la coissabida horchata, la necesaria cerveza y las inevitables patatas fritas. Hay, pues, digan lo que quieran los termómetros frescura, fresco y fresca en Madrid. La cuestión está en saberlo buscar. ¿No ha de haberlo en este pueblo, que tiene merecida fama de que sabe, cuando llega la ocasión, soltar cuatro frescas al lucero a d alba? C.