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A VIDA EN BROMA. PELLEJJN DE VIAJE El viaje del Rey ha venido á turbar la dicha que disfrutaba Nemesia Latiguillo. Cuando se creía más segura del amor de Pellejín, éste, obedeciendo á las sugestiones de su elevado cargo, hubo de decirla: -Tengo que dejal á Panticosa. ¿Cómo? -exclamó ella. ¿Te vas, Atilano mío? -Sí, Nemesita de mi colazón- -contestó él. -Como diputado á Colies de la mayolia, debo satil al encuentlo del Sobelano y ponelme á sus óldenes. En los labios de la madre de Pellejín se dibujó una sonrisa de triunfo. -Por de pronto, lo que conviene es que mi Atilano se separe de Nemesia. El es muy joven todavía, y el tiempo hará lo demás, -se dijo la madre mientras hacía el baúl. La noticia de aquel viaje inesperado cayó como unabomba en el seno de los Latiguillo. ¡Qué contrariedad! -murmuró el padre. ¡Yo que esperaba colocar á la chica! Venancia, á su vez, pensó: ¡Pobre Nemesia! ¡Ahora que le había salido una exceknte proporción! En cambio, la mamá de Pellejín se frotaba las manos de gusto, diciendo: Tras de hablar tanto de créditos- ¡Qué suerte la de mi Atilano! ¡Poder formar parte para marina de guerra de la expedición regia! Con este motivo, el Rey le conoy Estado Mayor acuático czri personalmente y hasta es posible que me conceda un sin que haya un barco siquiera, cai go en Palacio. ¡Tengo unos deseos de ser dama no ¿quién no espera en día próximo ble de María Luisa! ver tostadas sin mantecas y ver jardines sin árboles En m dio de su satisfacción, Pellejín sintióse contray ver camisas sin tela? riado por tener que abandonar á su Nemesia y por habzrse dejado el frac en Madrid. ¿Cómo voy á asisfil á las lecepciones con amelicana y- -Hoy no sé- -dice Ventora zapatos blancos? -dijo tristemente. Rodrígtrez de Matamoros- -Quizás alquilen fraques en Jaca, -objetó la madre. quién en las plazas de toros- ¿Tendía flac el señol Latiguillo? demuestra mayor frescura: si don Tancredo el barbián- -No debes admitir nada de ese hombre. en la de esta población, ¿Pol qué? ó Don Jaime de Bonbón- -Porque es indigno de tu amistad. He averiguado en la de San Sebastián. que ha tenido fábrica de velas de sebo en Jaca. Un puñal que hubiesen hundido en el pecho de Pellejín, no le hubiera causado más efecto. Hubo el domingo un mitin de planchadoras, ¿Con que es decil que Nemesia ha pasado su niñez en el cual abundaron las oradoras, resultando furiosas republicanas enlle sebo? -exclamó Pellejín. las Rupertas, las Puras y las Marianas; -Las hijas eran las encargadas de los pábilos, -añay es posible que algunos, desorientados dió la madre con sorna. al ver que hoy los papeles están trocados, ¡Qué holol! -dijo él, desplomándose sobre una ¿Salmerón pretendan coger á solas silla. ¡Pernal que he estado á ponto de heteela diputada! para ver si les olancha las camisolas. Y á la mañana siguiente abandonó á Panticosa, no sin escribir antes la siguiente carta para Nemesia: ¿Al Ministerio te va La diferencia de clases me obliga á dar por finiquitadejando á tu Filo amada? das nuestras relaciones; usted ha querido ocultartae su- -Sí; no me detengas raás, origen sebáceo, y esto no se lo perdono. Besa los pies de que va á reñirme Besada. Venancia y queda suyo seguro servidor, Atilano Pelle- -Pues bueno, si lo hace así jín, Diputado á Cortes. Expresiones á su papá. (aunque presunzo que no) Lo primero que hicieron la mamá y el hijo al llegar á le dices qae para ti Jaca fue preguntar si había fracs de alquiler. no hay más besada que yo. -Aquí quien tiene un frac muy hermoso es D. CasiaJHAN P É R E Z ZUÑIGA no, el confitero, -les dijo una camarera de la fonda. ¿Ha sido concejal? -preguntó la madre. -No, señora; el frac se lo dejó á él, como prenda un diputado provincial que le debía once duros de merengues. -Hay que il á vel á ese confítelo, -propuso Pellejín. h. CASO no sea todavía fuera de sazón consagrar unas- -De ninguna manera- -objetó la madre. -No está cuantas líneas á la persona del famoso abogado bien que un diputado á Cortes descienda al terreno de M Labori, defensor de nuestros exinqctilinos de la calle las peticiones personales. Lo que debes hacer es enviarle de Ferraz, y antes defensor también de Dreyfus en el un recado para que se te presente, y si se negara á ello, proceso de Rennes. Son hasta ahora las dos causas más puedes reclamar el auxilio de la autoridad civil. célebres en que ha intervenido, con un éxito tan grande- -Yo no sé si los diputados tenemos autolidad soble en ambas, que los que le oyeron han llegado hasta calificar su elocuencia de fuerza de la Naturaleza los confítelos, -pensó Pellejín. ¡Ya lo creo que la tenéis, y más en el presente caso! M Labori es un espíritu batallador que ha vencido Tú perteneces al Congreso; el Rey va á venir, y necesitas en cuantos combates ha terciado, y que han sido grandes ropa de etiqueta; por consiguiente, el confitero tiene y recios. Sus comienzos en la vida son una lección de obligación de facilitártela. energía ininterrumpida. Primero intentó ser comerciante. ¿Y si es lepublicano y enemigo de las instituciones Un amigo de su familia, negociante acaudalado de La Champaña, secundó sus proyectos y le envió á Magunfundamentales? -preguntó Pellejín. cia á fin de que aprendiera el alemán; apenas se hubo- -Aunque lo sea; se le quita el frac. Pellejín, instigado por la autora de sus días, fue á ver iniciado algo en esta lengua, leyó un poco á Goethe, se al alcalde y éste le dijo que el confitero era hombre de divirtió cuanto pudo y evitó cuidadosamente toda freideas avanzadas y que no se prestaría á facilitar ninguna cuentación vinícola. Luego pasó á Inglaterra para conprenda que pudiese dar brillo á la Corte; pero que él co- tinuar sus estudios pseudo- comerciales; estudió á Shakesnocía á unas señoras que poseían un frac procedente de peare y á Dikens, y volvió á Francia para cumplir su un gobernador civil. Las señoras no tuvieron inconve- servicio militar. niente en prestar la prenda, con la condición de que se El mismo cuenta en estos términos como se alejó de la devolviesen intacta. su espíritu toda idea de tráfico: -Es un recuerdo de familia- -exclamó una de las se- -Mientras se trató sólo de instruirme en las gentes y ñoras. -Con este frac recibió nuestro tío el gobernador en las cosas del Extranjero, todo marchaba á las mil maá D. Amadeo cuando vino de Italia. ravillas; pero cuando á los veintiún años me bajaron á la- Luego á usted no evoque lecueldos que están en pug- bodega y me dijeron amiguito, ahí t nes las botellas; na con mis ideas políticas- -dijo Pellejín. -Siento tenel primero debes saber la manera de limpiarlas, luego cómo que ponelme un flac levolucionalio; pelo- tlansijo á la fuelza. se llenan, después cómo se tapan, y, por fin cómo se Y se probó el frac, que le sentaba lo mismo que á un colocan... cura un corpino de terciopelo carmesí. ¡Cielos! -exclamé yo, -no me parece muy aseado Resuelta esta importante cuestión, la mamá creyó pru- este oficio. Y subí rápidamente á la superficie. dente que su hijo dirigiese un atento besalamano á las auM Labori tuvo siempre el don de la persuasión. Contoridades, dándoles cuenta de su llegada. venció á los suyos, é hizo el viaje de París provisto de- -Oficialmente no saben que estás aquí, y por eso no subsidios modestísimos; y para dejar sentado que á pesar de ser un comerciante de vinos raté estaba muy lejos han venidera visitarte, -dijo la buena señora. -Yo cíei que me dallan seíenaia, como hacen con J o- de hallarse imposibilitado de sacramentos, alcanzó un premio de Derecho romano en el primer año. dlíguez San Pedio cuando llega á Astulias. -Ten paciencia, hijo mío, que ya llegarás á donde ha Posee M Labori la rarísima cualidad de ser modesto, llegado él. Talento tienes de sobra. y si bien reconoce que ha trabajado, alguna y aun mucha- -Glacias, mamá. parte deja á la suerte en la buena estrella que hasta hoy- -Lo que debes hacer, cuando llegue la Corte, es di- guió los destinos de su vida. rigirle la palabra á Su Majestad dándole la bienvenida, -He amado el derecho con oasión verdadera- -dice, y de paso aludes á nuestra estancia en Panticosa para que vea que acudimos á los establecimientos de lujo. De fijo que te preguntará por mí, aunque no me conoce personalmente, y tú le sacas la conversación sobre los puestos que desempeñan las señoras en Palacio, á ver si te ofrece alguno para mí. ¡Tengo unas ganas de tomar la almohada! ¿Te quietes acostal? -No, hijo; me refiero á una ceremonia palatina. -Pol de planto, voy á pedile al alcalde que me envíe un oldenanza á la fonda pala tenele de pie á la puelta de mi cualto. -Tienes razón; todas las personas de cierta altura social necesitan gente á sns órdenes para mandarla á los recados y que le limpien la ropa. Pellejín y su mamá están deseando que les citen los periódicos con motivo del viaje de la Corte, y es fácil que lo consigan, porque ya lo dice él: -Si ahola que soy diputado no me doy á eonocel, ¿pa? a cuándo lo dejo? Luis TABOADA COPLAS DE CIEGO y me esforcé en procurar á los míos la prueba de que no habían ido descaminados fiándose en mi palabra... ¡Pero cuántos otros, con méritos más grandes que los míos, no logran salir del camino que emprendieron! Su primera defensa ruidosa fue la que pronunció en favor de Duval, un anarquista que saqueaba á las gentes pudientes como tal anarquista en primer lugar, y luego por llevar sus principios á la práctica. Todo el mundo recuerda las audiencias tempestuosas del proceso Dreyfus, en Rennes. M Labori desplegó en aquellos momentos, verdaderamente solemnes para Francia, fuerzas más que sobrehumanas. Los nacionalistas arrastrábanle á diario por el fango, pero M Labori no cejó un instante en la ruda labor que se impusiera; hasta faltó muy poco para que perdiera la vida á rr. anos de un fanático que le hirió en el pecho, al salir de una de las audiencias. Sus aspiraciones literarias empujáronle á fundar la J evue du Patais, que luego cambió el título por otro más comprensivo, La Grande 1 evue, y que es una de las más importantes de París y acaso la más independiente de todas. M Labori gusta poco de la vida de sociedad. Recibe con amabilidad exquisita á contadísimos amigos, con quienes conversa de buen grado hasta las altas horas, yes hombre muy casero. Le gusta el teatro, pero le falta el tiempo para frecuentarlo. La tarde la destina a! Palacio de Justicia; recibe á sus clientes de cinco á ocho, y la noche se la lleva el estudio ds legajos interminables. Dice que es hombre feliz con la vida que z ha trazado, y afirma que siguiéndola librements había ya tenido ocasión de experimentar satisfacciones sin cuento, las que nunca echa de menos quien á conciencia realiza la saludable labor que Ubérrimamente se impusiera. C. R. T j e la misma manera que para el bello sexo ttjvo el poeta aqHella conocida lamentación ¡Ay, infeliz de la que nace hermosa! pudiera hoy otro vate, si ahora se estilaran poetas y poesías, dedicar otro elegiaco verso al sexo fuerte diciéndole: ¡Ay, infeliz del que salió conspicuo! En vano al llegar la época estival buscará el cuitado la escondida senda por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido. defensor de los Humbert Se ha perdido la senda para huir del mundanal ruido en los meses de verano, y se ha perdido precisamente porque la diligencia de los averiguadores la encuentran enseguida. Sea usted (conspicuo, ó siquiera notable, ó cuando menos distinguido, que es el grado mínimo de la pena dz la notoriedad, y échese usted á buscar un solitario albergue para sus ocios veraniegos, y ya verá usted lo que consigue. O cae usted en la mismísima órbita de un cometa reporteril que le coge á usted al paso, ó se mete usted sin advertirlo en sin nido de noticieros locales que todo se lo pían, y así en el pico anas alto de la sierra como en el rincón más escondido de la costa no han de faltarle cigüeña ó gaviota que le averigüe y le publique sus cosas. Síicede con esto lo que con muchas de la vida: que mientras nos pasamos todo el año al lado de Fulano ó Mengano sin importarnos dos cominos lo que piensa ni lo que hace, así que llega el verano y los hombres tratan de descansar, les cae encima el trabajo de satisfacer la curiosidad que con el calor se nos despierta de averiguar lo que piensan. Sé de un literato que cautelosamente se ausenta de la corte y busca un plácido y solitario escondrijo para trabajar cuando los demás dicen que descansan. Dispónese el infeliz á perpetrar un hurto del francés, un secuestro del alemán ó un mero refrito del español, y cuando más seguro cree estar de ajenas indiscreciones, se encuentra en letras de molde los títulos de sus futiros originales, con todo el argumento, vevsos y cantables que tiene la obra... á diez céntimos. p o r lo demás, pasa en esto lo que con el Metropolitano de París: que las victimas son las menos, y los beneficiados ron el progreso, los más. Mientras ¡os conspicuos tienen que rascarse de los mosquitos de la averiguación, el vulgo disfruta de la amenidad de la noticia fresca en plena canícula. ¿Por dónde, si no existiera esta costumbre, hubiera yo podido, en este apartado rincón en que oculto mi conspicuidad con éxito satisfactorio, tener noticias de D. Tancredo? pur si muove. Las tengo aquí, á cientos de leguas de la Puerta del Sol, y me entero con complacencia íntima de si el gobernador trata de levantar el entredicho al rey del valor, y escucho por mí teléfono sin hilos los ecos de la canción fiaj que ver á don Tancredo suhido en el pedestal. Diré de paso que me parece un dechado de lógica la opinión de los que creen que los gobernadores deben volver sobre sus acuerdos y dejar de evitar el peligro que D. Tancredo voluntariamente corre. Aquí del cuento. O se tira de la cuerda para todos ó para ninguno. ¿Por qué desvivirse porque el barbián de D. Tancredo no corra peligro, mientras el resto de los habitantes de la Península tenemos hilos telefónicos, cables del tranvía y automóviles sueltos? pTntre los deportes últimamente puestos de moda, figura por derecho propio el del alambre, que si tuviera nombre inglés daría seguramente la vuelta al mundo. Los golfos de Chamberí atraviesan un alambrito A cierta altura, y el desapercibido viandante tropieza y cae, con extraordinaria y fuera de abono algazara de chicos y grandes. El golfo, como es sabido, es un ser interesantísimo y romántico, lleno de sentimientos generosos, que se ponen en quintillas en el género chico, que á veces es un chico de su género. Clamen los que quieran contra esta libertad del golfo y pidan el asilo y la escuela para los microbios del hampa. Yo, mientras ellos claman, leo tranquilamente la noticia de que en Inglaterra se ha condecorado á un caballo, y me pregunto si aquí, que no tenemos tanta importancia europea, podríamos contentarnos, por ahora, con condecorará los burros. CARLOS LUIS DE CUENCA l M l l l l l w 111 MU ii ii ir rnniiB