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La leche en Madrid I A culpa de que en Madrid se venda leche mala la tiene el público, á creer á algunos vendedores de este producto ¿Razones que dan para hacer esas afirmaciones? Entre otras, dice uno de los aludidos: -Porque quieren mucha por poco dinero. Hay quien llega al puesto con una botella, echa un perro grande sobre el mostrador y por esa cantidad quiere que le llenen e! cacharro. Y prosigue el vendedor: -La leche está muy cara: paga mucho por derechos de consumos; cuesta más que vale, porque sobre todo cuando hace calor se estropea con facilidad; ¿cómo vamos nosotros á hacer el milagro de vender perdiendo? No deja de ser un argumento en pro de la causa de los vendedores de leche lo que decía éste en lo que respecta á la adulteración. Pero á este argumento se puede oponer, y desde luego se debe oponer, el cuidado y el celo de las autoridades municipales, de veedores é inspectores, que están en la obligación de impedir que los expendedores echen agua en lo que debía ser un alimento- -y como tal se suele administrar, -por dar gusto á compradores tacaños ó pobres que atienden más á la cantidad que á la calidad. En cuanto á que la leche se estropea con el calor, es cosa que puede arreglarse como la arreglan algunos expendedores: depositándola en cámaras frigoríficas. Desde luego, lo que no debe tolerarse es que haya puestos donde se venda la leche á tres precios distintos, según que tenga la mitad ó el tercio de agua, y aun otras substancias, ó que no tenga casi ninguna. El inteligente director del Laboratorio Municipal, doctor Chicote, merced al cual tan grandes progresos ha hecho en la práctica la higiene pública de Madrid, habla en su bien escrita Memoria acerca de las intoxicaciones por la leche, de las adulteraciones de que es objeto este artículo, y consigna datos muy curiosos respecto de la proporción en que se consume en la capital de España la leche buena y la mala. En efecto. para sustituir las substancias alimenticias de que carece la leche después de mezclada con agua, echan bicarbonato ó bórax. Otras veces contiene la leche el principio venenoso del cobre, por haberla hervido en calderas de este meta! ó está mezclada con la leche calostral (i) ó fermentada, cosa esta última muy frecuente en la época del calor. A todo esto hay que añadir la falta de limpieza que observan en casi todos los establecimientos donde la venden, donde para airearla la colocan en un barreño en un patio interior ó á la puerta de la calle, expuesta á la acción de todos los gérmenes y suciedades. en pésimas condiciones. Pero aún son peores las en que llega á nuestra capital la leche de las poblaciones que por lo general contribuyen al abastecimiento de este artículo. Encerrados los cántaros de zinc en vagones herméticamente cerrados, tapados aquéllos con yerbas ó paja nada limpia, á veces llega aquí con dos fechas, y claro es que en condiciones de producir un verdadero envenenamiento al que la tome. La vigilancia y el cuidado por parte de las autoridades para que ésta no sea vendida antes de sufrir la conveniente inspección facultativa, faltan casi en absoluto. Basta para convencerse de esto ir á la estación del Norte y sus inmediaciones á la hora de llegar los trenes que la conducen á Madrid. En los muelles donde se descargan los cántaros, en el paseo exterior, en el de la Virgen del Puerto, en San Antonio de la Florida y en la Cuesta de San Vicente, ha podido ver estos días, quien haya transitado por dichos lugares, multitud de vendedores y vendedoras al menudeo ofreciendo su mercancía. Y no es poca la gente pobre que, llevando niños en brazos, acudía y acude allí con la ilusoria creencia de poder proporcionar á sus pequeños un vaso de leche pura como no se bebe en Madrid. De los trescientos treinta y nueve establecimientos ó más que hay en la capital, ¿cuántos responden á las exigencias de la higiene moderna? ¿Y cuántas de las cuatro mil y pico reses que encierran no debían ser dadas de baja para la producción de leche? ROBERTO DE PALACIO que tiene verdadera afición. Como se ve, esta primera pista no ha dado resultado. El juez trabaja sin descanso. Anoche sólo durmió tres horas, y para eso encima de la mesa del escribano de actuaciones. Un detalle. Al entrar en la habitación de la víctima, notaron un fuerte olor á esencia. ¿Será una agresora en vez de un agresor? ¿O quizá se trata de un ardid del autor del crimen para despistar á la policía? ¡Vaya usted á saber! El juez se muestra muy contrariado, por tratarse de un criminal que ha tenido la mala ocurrencia de no dejar ninguna pista segura. En la población no se habla de otra cosa. Escribiré cuanto crea interesante. Con este motivo, las fiestas de Gorrigoitia están animadísimas. En este momento cesa de llover. -Sotillo. Por la copia, Luis GABALDÓN De todo el mundo I a verdad es que el nuevo rey de Servia no las tiene todas consigo. Tan es así, que á semejanza de nuestro D Pedro I, suele hacer con varios disfraces salidas nocturnas, que se aprovechan para pulsar directamente la opinión y saber á qué atenerse respecto á las aspiraciones populares. Y que aquellas excursiones no son infructuosas, lo prueba el siguiente sucedido. Una de las últimas noches Pedro 1, solo y convenientemente disfrazado, presentóse á las puertas de su propio palacio. Un soldado daba la guardia. El monarca trabó conversación con él, y á vuelta de algunas banalidades, solicitó que le permitieran pasar. El guardia, fiel á su consigna, resistióse á tal demanda; pero el Rey insistió en ella. Inútilmente. Pedro 1, encantado de semejante fidelidad, estuvo á punto de abrazarle; pero, profundo conocedor del corazón humano, se contuvo é intentó una última prueba. Sacó una moneda de veinte francos y la hizo brillar ante los ojos del celoso guardia. El resultado fue instantáneo. El centinela la guardó avarientamente, dejando libre el paso. Entonces Pedro I, dándose á conocer, gritó con voz de trueno: ¡Miserable! ¡Por veinte francos serías capaz de dejar asesinar á tu rey! -Señor, repuso el soldado modestamente: en Servia es más difícil encontrar una moneda de veinte francos que un rey. ¡1 reciente y misterioso atropello de un hombre por un automóvil en el paseo de Recoletos, que ha hecho gemir y hasta llorar á la Previsa madrileña, da cierta actualidad á la proposición de medidas contra los automovilistas. c AR 1 CATURAS DE VERANO. DESDE GORR 1 GO 1 TJA. HORROROSO CRIMEN Querido director: En este momento, cinco cuarenta y cinco de la tarde, se ha descubierto un horroroso crimen en la fonda del balneario, que, por el misterio con que aparece encubierto, ha de dar mucho que hacer á los Tribunales de Justicia. La víctima ha sido un distinguido señor grueso que todos los años veraneaba entre nosotros, y del que sólo se sabía era muy aficionado al juego del foot- bault. COMO SE DESCUBRIÓ EL CRIMEN Don Alejo Brihuega, que así se llamaba la víctima, reconocido inmediatamente por una de las camareras del hotel, era un hombre como de unos treinta á cincuenta y dos años. Vestía á todas horas elegantes trajes de alpaca y se bañaba los días impares, ignoro por qué superstición. Viajaba siempre en compañía de un hermoso loro; de costumbres un tanto excéntricas, rehuía el trato de las gentes y sólo se le veía conversar con la mujer de un carabinero de la costa, que era paisana suya. Esta mujer indudablemente ha de arrojar mucha luz en el proceso. En cambio, el loro hablaba mucho, para que se vea cómo la vida nos ofrece constantemente grandes contrastes. Respecto al móvil de! crimen, sólo puede decirse que rec bia con alguna frecuencia letras del Giro Mutuo y sobres monederos. Ayer estuvo la víctima en el estanco de la calle Real y compró un pagaré, diciendo al mismo tiempo á la estanquera: ¿Pagaré? ¡Ya veremos! Estas palabras fueron también oídas por el cabo de la Guardia Civil Román Inchaurri, que se encontraba comprando un librillo de papel de Layana, que es el que más le gusta. ASPECTO DE UNA GOTA DE LFCHE 0I1 SFRVADA CON EL MICROSCOPIO 1 Leche n c i m a l o b s e n a n s e los íjóbu os jíisosnui n u m c i o s r s apretados unes contra otros y sin Ilegal i soldaise. 2. Le he ó descremada, csjasos glóbulos flotando en un líquido opalescente Leche alterada los í óbulos estan soldirios, fot inundo ni isas a m o l l a s 4 Leche aloslial a l a que son debidos i.i n p i i t c- d e los glóbulos k n ella se e n aglomeraciones de glóbulos de gras i luimos sueltos. Unos glóbulos punteados que son leucocitos, unos cueipo j, ianulosos de m a o i tamaño, denominados de Donnc que caiactei i an i i leche calostral. Según cálculo hzcho en el Laboratorio, el aguado de la leche representa un fraude por término medio de más de dos millones de pesetas, fraude que consiste en hacer pagar al consumidor por leche lo que es agua... sucia, cuando menos. De doscientas quince muestras de leche que analizó el Laboratorio en 1900, ciento setenta fueron calificadas como desprovistas de condiciones para el consumo; en 1901, de trescientas cuarenta y cuatro, trescientas cinco resultaron malas; y en lo que va de año, de doscientas cuarenta muestras, ciento ochenta y cinco eran malas, es decir, descremadas, aguadas ó con aditamento de bicarbonato, bórax ú otras substancias igualmente nocivas ó más aún. Las vaquerías, y en general los establecimientos de Madrid donde se vende leche, se hallan en su mayoría (1) De las reses preñadas. En éste, como en todos los asuntos humanos, luchan dos criterios extremos, que bien pudieran estar representados uno por el distinguido político francés M Hugo Le Roux, y otro por nuestro beatífico Ayuntamiento. El primero propone sencillamente cazar á balazo limpio á los chauffeurs que amenazan nuestra integridad con su embriaguez del espacio; el segundo, por el contrario, encuentra más cómodo no oponerles dique, aunque aplasten á los infelices vecinos que tienen la desgracia de tropezar con ellos. Por fortuna, para solucionar esta lamentable discrepancia ha surgido un tercer sistema puramente ecléctico, representado por el aplaudido autor inglés míster V. V. S. Gilbert, el cual lo expone en una amena carta Don Alejo Brihuega se retiró temprano al hotel, com- dirigida al Thimes. pró dos onzas de queso de Villalón en los coloniales de la Ni la bala rasa de M Le Roux, ni la indiferencia de Viuda, hijos y sobrinos de Telesforo, y al llegar á su nuestro Municipio; el comunicante es más equitativo, y cuarto, según su costumbre, comenzó á regar los tiestos. solicita que se conceda á los vecinos un permiso especial Precisamente por este insignificante detalle se descubrió para tirar con perdigones menudos á los automovilistas el crimen. Cuando la camarera llamó en la habitación lle- que lleven velocidades excesivas. vando un segundo cubo de agua, no obtuvo respuesta, cosa i I na anécdota referente á León XJ 1I que le represenextraña, pues D Alejo abría inmediatamente que llamaba ta como delicado humorista. Entre los cardenales la camarera. Aterrorizada por el silencio del huésped y el que hacia 1880 figuraban en su corte, había uno, M Jadel loro, la muchacha puso en conocimiento del dueño cobini, famoso en Roma y aun en Italia por su elegancia del hotel que algo grave debía ocurrírle al viajero del 1 3. y su pulcritud en el vestir. Sin embargo, á Monseñor ¡Hay números fatídicos! El amo del establecimiento, que Jacobini se le iniciaba un defecto que ennegrecía su inlo es el inteligente industrial Acosta, seguido de las autoofensiva satisfacción. Se iba quedando completamente calridades, se dirigió á la habitación de D Alejo. Cuando vo. ¿Cómo remediar tan antiestética falta? Jacobini tuvo entraron en ella, el cuadro que se ofreció á su vista era una idea luminosa: llamó á un peluquero y le mandó fabriaterrador. car secretamente tres magníficas pelucas rubias. Una con el pelo al rape, otra en que ya el cabello figuraba más LAS PRIMERAS SOSPECHAS crecido, y una tercera de mechones desaliñados y rebelDon Alejo Brihuega aparecía en paños menores, con des, que respectivamente se proponía usar á primeros, la cabeza separada del tronco, y el tronco dentro de la mediados y últimos de cada mes. ¡La calvicie ha muerto! mesa de noche; á su lado el loro, con una gran herida- -dijo para sí el purpurado, -y puso en práctica su peliaguda invención, Una mañana apareció en el Vaticano con por la que manaba mucha sangre. Por la posición que ocupaba el cadáver, los médicos la cabeza cubierta de pelo, como en los mejores días de afirmaron que D Alejo había muerto después de una su juventud. La gente, maliciosa de por sí, dio en afiragonía más ó menos larga, y por la manera de tener mar que Jacobini usaba peluca; pero ¡oh asombro! no era abierta la boca dedujeron que debió ocurrir el ctiraen de peluca, era pelo, pelo natural, puesto qu se le veía cretres y media á cuatro menos cuarto. Este, como se ve, cer. ¿Dónde había hallado Jacobini aquel maravilloso específico? La noticia hizo sensación entre los calvos, los peres un importante descubrimiento. El detalle de estar abiertas las ventanas del cuarto hace fumistas se pusieron en movimiento, los químicos se desospechar que el autor del crimen trató de tirar á su víc- dicaron á serias investigaciones; todos, en fin, cayeron en tima á la calle, as! como la muerte del loro se efectuó el engaño, menos León XIII, que desde el primer inspara que éste no pudiese hablar y descubriera el asesina- tante lo había advertido. Sin embargo, y aunque molesto to. El juez, por primera providencia, ha dispuesto sean con aquella inocente superchería, no hubiese dicho nada detenidas las camareras del hotel, ordenando un registro á Jacobini si éste mismo no le presentase la ocasión. En en todas las habitaciones de los huéspedes. En una de efecto, un día y después de una solemne audiencia, el ellas se ha encontrado un almirez perteneciente á un indi- cardenal felicitó al Papa por conservarse siempre joven. viduo del sexteto del Casino. Aunque al principio se Entonces León Xlll, sonriendo maliciosamente, repuso: Sí, sí, Eminencia; pero ya va siendo tiempo de qae nos turbó, verificado un careo entre el propietario del hotel y el joven del sexteto, se comprobó que el almirez lo decidamos á encanecer. había pedido el músico para machacar unas nueces, por las JOSÉ RUIZ- CONEJO