Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
IDEAS Y NOTAS MISTARES, OTRA VEZ LA CUESTIÓN DE ORIENTE Pudieran muy bien ser estos primeros disturbios que tienen lugar en los Balkanes, por la semejanza histórica que ofrece este período con el que precedió á la campaña turco- rusa de 1877, los preludios de otra nueva guerra de Oriente en la que vengan á dirimir sus eternas rivalidades naciones tan formidables, por sus poderosos ejércitos, como Rusia y Turquía, guerra sobre la cual sería difícil predecir la marcha y las ventajas que una ú otra nación pudieran llevar, por la imposibilidad de saber concretamente, hasta el momento preciso, los medios de acción, de los que. se utilizan en las Juchas modernas, con que contaran ambos países. Si la intervención de Rusia y Austria continúa siendo pacífica como hasta aquí, y obligan á Bulgaria á que permanezca neutral, la cuestión se resolvería entre Macedonia y Turquía. Los turcos no permanecen inactivos; acumulan, con gran apresuramiento, poderosos medios de defensa en los Balkanes, para tratar de ahogar en sus comienzos tan extraordinaria y sangrienta rebelión. Se han librado ya los combates preliminares de todas las guerras, revistiendo un encarnizamiento y una tenacidad que les ha dado carácter verdaderamente sangriento, haciendo ya suponer la faz que esta lucha ha de tomar. Con profusión y en enormes cantidades están empleando los insurrectos la dinamita contra las tropas turcas, produciendo este terrible explosivo, en las filas de éstas, los espantosos efectos destructores que se proponen los sublevados. Como en todas estas luchas de ejércitos regulares con tropas desorganizadas, mal armadas y sin grandes elementos ni recursos para su defensa, los insurrectos han seguido la táctica de dividirse en pequeñas partidas como los de Cuba y Filipinas y los boers en el África del Sur; y esas partidas, hostigando constantemente á las columnas turcas, tienen en jaque á fuerzas considerables, á las que en momentos oportunos y aprovechándose del más ligero descuido atacan, y á veces destruyen, retirándose desp és rápidamente y á la desbandada para concentrarse de nuevo y proseguir las operaciones. A pesar de la superioridad de los turcos sobre los insurrectos, no pueden aquéllos moverse con gran facilidad, sacando fuerzas de otros Estados, como el de Uskub, por ejemplo, para atender á sofocar la rebelión en las inmediaciones de Monastir, que es hasta ahora donde se ha manifestado con más fuerza por el peligro que les traería un alzamiento de los habitantes de la Albania, que son temibles por su carácter guerrero y levantisco, sólo dominado por la presencia de las fuerzas turcas, y que complicaría considerablemente la situación del Gobierno otomano. El ejército turco no es ya el que se batió en la campaña de 1877- 78. Confiada su organización, á raíz de terminada aquella guerra, á oficiales del ejército alemán, ha adelantado muchísimo, aunque nosotros creemos, por los datos que nos son conocidos, que supera el valor de sv número en mucho al de su calidad. Las distintas clases de armamento de su infantería, que tiene tres tipos de fusil, dos sistema Maüsser, uno de 7,5 milímetros de calibre y otro de 9,5, y uno Martini- Henry; los distintos tipos con relación á la velocidad del fuego de su artillería, toda ella sistema Krupp, y lo deficiente de su último modelo de piezas de tiro rápido; la falta de organización que se nota aún en algunos de sus cuerpos de reserva, y la deficiencia, algunas veces muy notable, de sus servicios auxiliares, todo ello nos induce á creer que si bien Turquía ha progresado en su organización militar, como hemos dicho antes, no ha llegado aún á la meta, donde caso de una guerra con una potencia europea, Rusia por ejemplo, pueda encontrar relativamente la tranquilidad que inspira una fundada confianza en la victoria. El ejército turco, al ponerse en pie de guerra, puede presentar un contingente de 1.073.000 hombres, de los que sólo 600.000 están hoy instruidos. La base de este ejército, ó sea el que tiene hoy en pie L e paz, son 247.000 hombres, distribuidos en 35o batallones de infantería, 201 escuadrones de caballería, 262 baterías de artillería, 145 compañías de artillería de plaza, 49 compañías de ingenieros y 24 del cuerpo de tren. Lo mejor del ejército turco, por su consistencia, organización, valor y condiciones militares, son los 320 batallones que constituyen el redif (ejército de reserva) FERNANDO Nació en Richmond. Poe no era, sin embargo, americano. ¡Grosero error de miopía el de suponer que el hombre es natural del país en que las entrañas de la madre se desencajan para crear! Y no porque el industrialismo yanqui mate en flor, cierzo de viles prosas, los mejores naceres artísticos, sino porque el temperamento de Poe era extemporáneo y extranjero, una y otra calificación mortal en el país- pólipo donde le tocó nacer. Longfellow y Wat- Witmann, el uno ungido con gracia apolina, el otro alimentado con médula de leones, son americanos sin embargo. Poe, no. Aun nacido en París, la ciudad del Arte por excelencia, hubiera pertenecido al pelotón sombrío de los poetas malditos. Echado á la vida en el país de los magazin s y del reclamo, Poe fue un aurífice saturniano venido al mundo para sufrir. A su muerte, ocurrida en una noche maldita, formada ¡como tantas otras noches suyasl por horas homicidas, de aburrimiento y de aguardiente, la prensa americana, todo el cani sajón, echó á vuelo las campanas del escándalo para aventar á los cuatro puntos cardinales de la Tierra las más estrictas intimidades del poeta, los episodios rojos de su vida errabunda salpicada de sangre propia, su pasión triste por el alcohol, su agonía solitaria sobre un banco público de un square en Baltimore, la muerte, su muerte luego, horrenda de vulgaridad, entre las sábanas anónimas de un establecimiento hospitalario... M Rufus Griswold, á quien el poeta, en previsión de la inminencia de su muerte, había confiado la revisión de sus manuscritos, lo difamó en un largo artículo; los más vastos periódicos de la Unión arrastraron Su memoria, descuartizada por las galerías de sus sendas publicaciones: Israel, la mala, lo lapidó en figuración; Beocia, la que en la historia del mundo significa el reverso de Atenas, lo crucificó en efigie; y apenas si de entre el coro de sayones, mejor que de críticos, convertidos en jauría, se muestran de píe ante la posteridad, que somos nosotros y que serán nuestros hijos, como espíritus justos y amigos del genio vilipendiado, las nobles y austeras figuras de M M Villis y Jorge Graham, dos nombres cuya combinación silábica mi pluma transcribe en estos instantes con emoción no exenta de agradecimiento. ¿Qué tienen, pues, que ver los Estados Unidos y sus manufacturas con Poe, el esforzado paladín de un Arte formado todo de Ideal? ¿Acaso Cristo es de Judea, ni Colón de la república genovesa? 1 a actualidad que se refiere á Baudelaire tiene por motivo el acuerdo de la Municipalidad parisiense disponiendo que se dé el nombre del poeta á la calle de Hauteville, donde nació. Un periódico propone que se declare monumento nacional al hotel Pimodan, donde Carlos Baudelaire vivió los años floridos de su juventud. Allí apareció, en efecto, Baudelaire como un triple dios de belleza, de juventud y de gracia... Era apenas mozo y se ostentaba ya resplandeciente con los fulgores plateados de la Leyenda y los rayos áureos de la Historia. Acababa de llegar á París de un más allá muy lejano, de países asiáticos, extraños y colosales, donde mejor que sufrir había gozado un destierro impuesto por la sever. dad paterna, y traía bajo el cráneo soles de la India y un gran montón de cosas del Misterio... Era de ayer y de hoy. De ayer, por su parentesco moral con la esfinge; de hoy, por su percepción taladrante de la vida. Como Napoleón en Dresde, pudo Baudelaire presidir en el famoso hotel de la isla San Luis una asamblea de soberanos: aquellos se llamaban Fulano de Rusia, Zutano de Prusia, Merengano de Austria; estos se llaman Teófilo Gautier, Enrique Heine, Honorato de Balzac, Bauville... Fueron esos sus días luminosos. Dios quiere que hasta los más miserables los tengan. Luego, el augusto ideal, todo alas, se tornó para Baudelaire en algo tan irónico, pero tan miserablemente irónico, como un león devorado de miseria... Y á su muerte, una veintena de amigos siguieron al cadáver y un centenar de líneas, como paletadas de prosa repartidas de mala manera en los periódicos, bastaron para anunciar á los navegantes la extinción de uno de los faros más refulgentes de la tietra... Realmente, el autor de Tleurs du mal fue un desdichado superior qus trató de ocultar muchas veces el rictus facial de sus dolores con la máscara de Momo, y el acuerdo del Municipio de París dejará luminosa y perennemente dibujado un gran trazo de justicia en el horizonte norr H de los hombres, permitiendo que el alma triste de Baud -iaire pueda por fin, después de los breves días de sol del hotel Pimodan, después de los lívidos crepúsculos de París y de Bruselas, conocer las poderosamente balsámicas caricias de la gloria... ALEJANDRO S A A ALCAZARREÑO CRÓNICA evocaQ UIERO ocuparme en esta crónica, formada de de Poe ciones y recuerdos, de dos poetas malditos: y de Baudelaire. Altos y fuertes ambos, como montañas que fueran concreciones de gloria, son, pues, de una actualidad permanente. Hiergue aún más esa nota de actualidad la circunstancia de que, por razones de fausto público, esos dos hombres son estos días comentados prolijamente por los periódicos. Se presta, en efecto, á los americanos la intención de conmemorar con un monumento grande, grande, tanto que puedan suplir las proporciones lo que en él falte de artístico, el primer centenario del natalicio de Poe. Tal hecho es digno de una seriación de notas, no todas en honor, ni mucho menos, de Jonathán, la monstruosa metróooli dsl rail y la línea recta. Las mañanas del Retiro T o todos los madrileños pueden tomar el tren é irse á cien leguas buscando el fresco. Pero casi todos los que se quedan lo hacen, sin duda, porque no necesitan ni fresco ni aire puro, puesto que no son muchos los aue van al Retiro por la mañana. En estos días en que el sol nos tranquiliza, un tanto exageradamente, con la seguridad de que no ha de apagarse en algún tiempo, hay en Madrid dos ó tres horas de primavera cada mañana que no cuestan más que madrugar un poco, sin exceso, y unos céntimos de tranvía al Retiro ó la Moncloa. El último sitio, además de ese ambiente primaveral, ofrece panoramas y horizontes que, con algo de buen deseo, pueden recordar los de Vizcaya y aun los de Suiza. Por su aspecto asimétrico y agreste, la Moncloa hace pensar, con otro poco de buena voluntad, que se está en el campo. Y para un madrileño, ver algo que parezca ó recuerde el campo es tan desusado y emocionante como ver el mar aunque sea en pintura. En el Retiro la decoración varía; líneas rectas, árboles uniformes, paseos limpios; corrección y pulcritud elegante y coquetona, y en medio de ella, acabando de hacerla grata, se vislumbran entre arabescos de hojas contornos femeniles y airosos, ya cruzando á través de los troncos en diverso juego, ya discurriendo por las aisladas calles, á veces seguidos de lejos por algún fauno vestido á la moda, con aire enamoradizo ó esperanzado. Aunque abundan más en Mayo, el Retiro es el único jardín del mundo en que nunca faltan lilas. Hay en aquellos sitios durante las horas matinales recreos para todos los gustos y estados de alma y aun estados civiles. Los jóvenes tienen lugar apropiado para iniciar el eterno idilio; los casados bien avenidos, paseos solitarios y poéticos donde renovarlo, si lo tuvieron, antes de volver á la prosa económica y doméstica, los viudos, espesuras retiradas ó avenidas melancólicas donde evocar recuerdos ó suspirar tristezas, á dúo con las tórtolas. Los artistas de acción ó de sensación, los poetas... ¡no! no hablemos de poetas en estos tiempos... los enamorados de la Naturaleza, tienen allí el mejor sitio para comunicarse con ella y entrever sus encantos. Los sabios de todo género, soledad para la meditación, y aparte de las manifestaciones ornitológicas, geológicas y botánicas, un compendio viviente de historia de España por todos lados. Cualquiera que sienta entusiasmos monárquicos, aun después de las cartas de Costa, puede saludar á los antiguos reyes colocados por parejas á los lados de la avenida de ingreso, fronteriza al estanque, en actitud de esperar á que el Ayuntamiento envíe una música para lanzarse á un minué que llevan casi un siglo sin empezar. El entusiasta de nuestras glorias marítimas puede asomarse al estanque, recordando las barcas de antaño y el vaporcito que silbaba como un crucero, cuando ya no nos quedaban para salvarnos más que los de las iglesias. Fueron y no son; el símbolo es de los más completos. El año pasado aún bogaban, contribuyendo al recreo público y á evocar el recuerdo de nuestras grandezas. Pero hasta estos ejemplares han desaparecido. Tal vez hayan ido á reforzar la escuadra. También se nota en el estanque la ausencia- -en España todas van siendo ausencias- -de los carteles puestos antes en los ángulos sobre lanzones de hierro, y que decían amistosamente á golfos y jeiteros de lance: Se prohibe pescar Sin duda se habrán acabado los peces, ó los golfos... También podrá ser que el marqués de Lema, deseoso de hacer un buen debut, haya dispuesto que se instalen esos rótujos en alguna dependencia municipal donde abunden proyectos y expedientes. Sobre todos los de ensanche. Ya iba siendo hora. Para consolarnos de la pérdida de nuestros barcos de todo tamaño, no hay más que echarse á vagar por las calles y plazas vecinas: Avenida de Méjico, Plaza de Guatemala, Paseo de Chile, etc. etc. Otro símbolo histórico: la America española metida en un puño. Si alguien cree que esto representa una aspiración funesta de pasadas generaciones que, si equivocadas, fueron viriles, puede irse con sus deducciones á otra parte: hacia el Palacio de Cristal, emblema de la solidez de lo que aquí construímos. Allí encontrará nuevos recuerdos y hondas nostalgias. Los terrenos de la Exposición filipina con sus bambús á orillas de los canales, sus puentes de troncos, sus chozas emboscadas en las copas de los pinos, sus pabellones de ñipa y hasta sus microbios palúdicos cultivados en las aguas muertas, recuerdan que fuimos algo, que tuvimos imperios y que los cedimos espontáneamente á una insinuación cualquiera. Hoy tenemos en cambio la satisfacción de decir que hemos cedido los imperios como bastones. Por fortuna, el rugido del león y otros personajes de la Casa de Fieras nos recuerda que poseemos el Muñí. Y que en la colección y en el Muni hay micos. Con esto, refrescado de cuerpo y ánimo, ya puede uno volver contento á casa á contemplar con la imaginación á Villaverde nivelando los presupuestos generales mediante la desnivelación de los particulares. Dios le ayude, para ver si con el superávit podemos alquilar en un apuro algún estadista europeo, aunque sea de deshecho. Entretanto, los que no vayan al Norte ni se preocupen de la política presente, futura ó pretérita, pueden contentarse con ir por las mañanas al Retiro. En ellas, el Parque tiene atractivos y misterios que no ofrece á otras horas: frescuras y reposos de bosque auténtico, visualidades de selva efectiva, fragancias y bellezas de jardín aristocrático; todo alfombrado de arena suave bordada de sol cernido, y cubierto del dosel de hojas inmóviles bordado de cielo límpido. Y entre todo ello, á través del bosque reposado y quieto, que lanza trinos de pájaros como recuerdos de sinfonías primaverales, y- isas de niños como promesas de la esperanza para un mejor mañana, se vislumbran riendo, jugando ó corriendo entre columnatas de troncos y completando el conjunto de sensaciones que pueden alegrar la vida, cuerpos femeniles que pasan tras de las hojas con la gracia siempre sugestiva de la mujer bonita y la gentileza siempre seductora de la juventud risueña, J. ALMENDROS CAMPS IBII 1 M n m n v i rrar n mi- -imnTM nrtn i iiznrririmiirmnnriTrnn nnti- -irin n