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E EUROPA Á AMERICA EN TRES DÍAS Y MEDJO Cuando se construyeron tes primeros grandes trasatlánticos que, con un- andar de quince millas por hora, podían ir de Europa á América en siete días, se creyó haber realizado una maravilla y que no se podría ir más allá en la rapidez de la navegación. Hoy día el inmenso Denfschland hace el viaje en cuatro dias y dieciséis horas, andando á razón de veintidós millas y media por hora. ¡Para lograr esto necesita máquinas é ¿treinta y cinco mil caballos y quema cuatrocientas toneladas diarias de carbón! Los destroyers pueden alcanzar la velocidad tremenda de treinta y dos millas por hora, con la que se podría ríravesa r el Atlántico desde Irlanda á Nueva- York en tres días y s Bs horas; pero los destroyers son buques especiales que no admiten carga ni pasaje, ni pueden navegar tan rápidanfénte, sino en ciertas condiciones. JVlas he aquí que un inventor dinamarqués ha descuSjierto el modo de dar a los grandes trasatlánticos la ve ¡ocidad de los destroyers, sin las limitaciones de estos i ItJmos en las condiciones de la navegación, y sin necesidad de aumentar el poder de las máquinas ni el gasto diario de carbón; es decir, que carga y viajeros podrán ser transportados de Europa i América en tres días y medio. jarnos cómo puede verificarse este prodigio. Todo el mundo sabe que las hélices que actualmente se psan como propulsores en los barcos, son semejantes en cu forma y en su acción a los ventiladores eléctricos; como estos voltean en el aire, aquéllos voltean en el agua, con la diferencia que el ventilador permanece fijo, recibiendo el aire el impulso, mientras que las hélices, apoyándose en el agua, son las que se trasladan, impulsando al barco. Ahora bien; si se coloca la mano frente á la región central de un ventilador, se notará que allí no hay corriente de aire. El viento procede siempre de los extremos exteriores de las hojas ó paletas del ventilador. Esta observación es la que ha sugerido al dinamarqués Cari H Flindt una modificación importante en las hélices de los buques. En estas hélices, como en los ventiladoi es eléctricos, la porción que ejecuta el trabajo más t itil es la parte más ancha y exterior de las hojas ó alas, de suerte que si el propulsor se redujese á esa porción solamente, suprimiendo lo restante, se aumentaría su potencia ó efecto úu ¡sin aumentar la fuerza de la máquina motoia. centro del barco, el eje ó árbol transmisor tiene una gran longitud. En la disposición sugerida por el inventor dinamarqués, las hélices van ajustadas á la mitad de la distancia entre el centro del barco y la popa, con lo cual la longitud del árbol transmisor del movimiento se reduce á la mitad, disminuyéndose así considerablemente el peso y los rozamientos. VISTA DEL FONDO DEL CASCO INDICANDO LA FORMA DE DOBLE QUILLA Y COMO VAN MONTADAS LAS HÉLICES El resultado final es ganar un 33 por 100 en la velocidad de la navegación, según se ha comprobado en los ensayos hechos. Actualmente se está terminando de construir en Fuerte Hudson, Staten lsland, un buque de setenta pies de eslora, El Triunfo, con arreglo á los planos de Herr C a r J H. Flindt. 7 Triunfo estará terminado en el próximo mes de Septiembre, y con él se propone el inventor obtener un andar de cuarenta millas por hora. Si esta prueba final da el resultado apetecido y se adopta el invento para los grandes trasatlánticos, se podrá ir de Europa á América en tres días y medio. VICENTE VERA CRÓNICA, EL ORO POR LOS SUELOS ¡Buena la ha armado M r Hunter! La verdad es que en este mundo no hay hora tranquila. Aparte de las malas condiciones higiénicas del planeta, según el ilustre Arriera decía, hemos organizado la vida de modo y manera que no haya un momento de paz en los espíritus, aunque gobiernen los hombres más ¡lastres del país y cuiden de nosotros con la solicitud que todos los Gobiernos lo hacen. M r Hunter es un qrímico que ha descubierto la manera de convertir la plata en oro; es un hombre que anuncia la posibilidad de verificar el mismo cambio con otros metales; es un hombre que ya está ensayando la manera de convertir el plomo en brillantes monedas auríferas. ¡Qué catástrofe económica! Si esto es exacto como parece, si con poco gasto se convierte en moneda de oro el mísero perro chico, la revolución va á ser rápida, brutal y con todas las condiciones de energía y velocidad que la quería el Sr. Maura cuando no estaba en el Poder. Ya la fábula, anticipándose á la historia, como siempre, simbolizó en el rey Midas el peligro de la codicia de dinero; aquel monarca, que convertía en oro cuanto tocaban sus manos, tuvo que pedir á los dioses, más que á escape, que le quitaran tan envidiada facultad y que le dejase en su natural estado el rico vino de Chipre, aunque sus dedos tocasen á la copa, para no morirse de sed. Los Midas contemporáneos, los que tienen enterradas las onzas que pudieron dedicar á crear industrias, á fomentar negocios útiles á la humanidad ó á socorrer al prójimo, estarán en estos momentos sin saber qué hacer, maldiciendo á la química y llorando su suerte. ¡Ahí es nada encontrarse con que la moneda reunida á costa de privaciones criminales y de sabe Dios cuántos actos contra la caridad, se ha reducido á la mitad ó á la cuarta parte de su valor! ¡Ahí es nada reunir un montón de oro y encontrarlo reducido por artes de la química en un montón de plomo ó de cobre por su valor! ¡Cómo va á fallar aquella cuenta de las damas que, por lucir alhajas, hacen el sacrificio de comprarlas sin poder, fundadas en lo que creían un axioma económico, y que esperaban diciendo: El oro siempre tiene su valor: cuando haga falta dinero se empeña ó se vende El oro no tiene sieiapre el miscao valor, cosa que ya podrán haber adivinado los que le han visto una vez á 115 y ahora á 3 y ó 38 por i oo; el oro es como todas las cosas humanas, tiene sus quiebras, y la química puede reducirlo á verdadero vil metal, como hasta ahora se le ha llamado injustamente. En España estuvimos hace pocos años avezados á un espectáculo curioso. Un ministro de Hacienda tuvo la ocurrencia de imponer á las empresas de tranvías el tributo de un céntimo por viajero, que naturalmente debía abonar éste. Como la moneda de céntimo y de dos céntimos era y es muy escasa, se representó al ministro los inconvenientes que en la práctica iba á suscitar semejante procedimiento; pero el ministro no hacía caso de razones, y como se acercaba la fecha de i. de Julio, en que debían comenzar á regir los nuevos presupuestos, el director de una de las Empresas dispuso que? e buscasen céntimos por todas las tiendas para que los cobradores pudiesen dar las vueltas al público. LA HÉLICE ACTUAI Y LA NUFVAMENTF INVENTADA Esto ha hecho Herr Flindt, dando más vuelo á los extremos de las alas de la hélice y sustituyendo la porción central de ésta por una rueda metálica maciza. Pero en los ensayos subsiguientes notó el inventor que la resistencia que esta rueda maciza oponía á su desplazamiento en el agua, retardaba el movimiento de avance, contrarrestando así el mayor efecto útil obtenido con la reforma en la disposición de la hélice. Era, pues, necesario idear algún medio de evitar la acción retardatriz de la rueda central. Entonces se le ocurrió á Herr Flindt modificar por completo la forma y disposición del fondo del casco de las embarcaciones, suprimiendo la quilla y sustituyendo esta por un surco, á los lados del cual, y á todo lo largo del fondo del casco, van dos salientes, como si fueran dos quillas. Estos salientes se arquean cerca de la popa, separándose del esto del casco, quedando así un espacio donde se ajusta una hélice en cada uno de dichos salientes. De este modo, la rueda maciza de la porción central de las hélices forma cuerpo con las quillas y no presenta resistencia á la marcha del buque, obteniéndose así en la marcha de éste todo el mayor efecto útil que la nueva disposición de las hélices gemelas produce. Para apreciar el resultado del invento, consideremos que éste fuera aplicado al gran trasatlántico Deutscbíand antes mencionado. En las hélices que actualmente lleva este inmenso buque, la distancia desde el centro del eje ó árbol hasta el extremo del ala, es de catorce pies; de suerte que cada hélice, al girar, corta en el agua una circunferencia de algo más de ochenta y cuatro pies. Con la disposición discurrida por Herr Flindt, el radio de la hélice será de quince pies y la circunferencia descrita de más de noventa pies. Con las máquinas actuales de treinta y cinco mil caballos de fuerza, las hélices del Deutschland pueden dar noventa revoluciones por minuto; pero si conservando la forma que ahora tienen, se las hiciera de un piernas de radio, no darían más que sesenta vueltas, de modo que no aumenta! la la velocidad del buque. En cambio, con el invento de Herr Flindt, las hélices de quince pies de radio pueden dar las noventa vueltas por minuto sin aumentar el poder de las máquinas. El resultado es un incremento notable en la velocidad. Ademas, ahora lo- buques llevan las hélices al extremo inferior de la popa, y como las máquinas van en el En la primera redada se pescaron bastantes monedas de dicha cantidad; mas como no eran suficientes, hubo que buscar más, y se encontraron, pero ¡con premio de uno por ciento! Ante este aviso desistió la Empresa de nuevas compras; se vio que si continuaba su gestión hasta reunir los céntimos que necesitaba para los cambios, hubieran llegado aquéllos á valer aproximadamente lo que el oro costaba entonces, que era bastante menos que hoy. Por poco si colocamos los céntimos á la altura de las monedas de cinco duros. Esto probará que la moneda es el más inseguro de los valores y que nadie sabe lo que tiene en el bolsillo, sobre todo en esta época de maravillosos descubrimientos diarios. Hacer oro ha sido el ideal de la humanidad por espacio de muchos siglos; la alquimia buscaba la piedra filosofal con anhelo, y sabe Dios el número de combinaciones, potingues y conjuros que han hecho los magos en las pasadas edades para fabricar oro. Se cuenta que en tiempo del Papa León X un italiano le presentó una porción de fórmulas matemáticas y cabalísticas con las cuales se llegaba á obtener oro de cierta clase de piedras. El Papa se dio por convencido; e! descubridor le pidió un premio, y León X le regaló un bolsillo, diciéndole: -Puesto que sabes hacer oro, lo único que necesitas ya en la vida es un bolsillo para guardarlo. Esta guasita, que prueba la justa incredulidad de aquel Pontífice ante el maravilloso descubrimiento de su subdito, no se podría emplear hoy con M r Hunter, porque si hace las conversiones que anuncia, no serán bolsillos lo que se necesiten para el oro: todo el mundo se apresurará á tirarlo á cualquier precio. El Sr. Villaverde es quien ha tenido la gran suerte. Parece que este Ministerio se ha formado para dos cosas: para ganar las elecciones municipales y para traer oro á España. Sabe Dios cómo realizará su primera misión; pero la segunda se la facilita bonitamente la ciencia. Las mauristas representaban al Sr. Villaverde, por este empeño, con larga y puntiaguda caperuza negra, con amplio ropón estrellado y con una varita de virtudes, haciendo signos cabalísticos para que los francos bajaran al nivel de las pesetas enfermas, y que de esta manera habrían de sanar; ya empezaban á llamarle sus correligionarios el Mágico Prodigioso, y véase pbr dónde todas las burlas caen al suelo, y cómo nos encontramos con que en casa peseta tenemos una moneda de oro, y cómo aquellos codiciados francos van á bajar desde las nubes hasta, el arroyo. No hay que despreciar desde ahora los duros sevillanos, ni los duros de p omo, ni los pedazos de latón y hojadelata; todo eso paede llegar á valer más que el oro en cuanto este metal abunde, y quizás, quizás lleguemos por este camino á las monedas de suela de los primeros tiempos del comercio. El oro ha tenido siempre muchos enemigos: todos los que no lo han poseído se han entretenido en insultarlo; poetas y filósofos le han prodigado las mayores injurias, suponiéndole causante de todas las desgracias y autor primero de todos los crímenes. Hasta La Fontaine le ha atribuido en el cielo (pagano por supuesto) na terrible eficacia negativa, como lo prueban los siguientes versos: Jamáis le ciel ne fut aux humains plus facile que quand Júpiter méme était de simple bois; depuis qu on I a fait d or il est sourd á nos voix. Lo que quiere decir, que á Júpiter le ha molestado mucho que le representen los mortales en estatuas de oro, y que ha preferido siempre ser leño para recibir la adoración de los habitantes de la tierra. No es de alabar el gusto de Júpiter, con permiso sea dicho de La Fontaine; pero se ve que ya contaban con el abaratamiento del vil metal. Por desgracia para el padre de los dioses, ya no le hacen estatuas ni le adoran en ninguna parte; de modo que ha perdido la coyuntura de tener otra vez estatuas de madera, como cuando el cielo era más fácil á los humanos. Conque ya lo sabe todo el que tenga oro: á gastarlo antes que baje; para unos su depreciación va á ser un mal muy grande, para otros una ventaja, porque lo poseerán fácilmente. Cada cual recibe estas noticias según la situación en que se encuentra; esto es lo mismo que las ferias, de las que cada uno habla según le va en ellas. Por eso, leyendo la noticia del descubrimiento de M r Hunter en un círculo, o! seguiditas estas dos exclamaciones: A uno. ¡Dios mío, que va á ser de la garantía del Banco! A otro. -Me alegro por las casas de préstamos. Ni siquiera el oro llueve á gusto de todos. EMILIO S Á N C H E Z PASTOR BURLA, BURLANDO En el reparto de premios de una escuela rural. puntualidad. J maestro. -Quinta clase; premio de Fulanito de Tal. Tin alumno. -Señor maestro, todavía no ha llegado. n la escuela: maestro. -Se debe escribir como se habla. Un alumno. ¿Y cuando se habla gangoso? E T rnifirirn e t iin 1 T tr 1 f T I I MHSITTITÍTÍTÍ I I TÜI IT r i