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-i ay semanas tan importantes, que se distinguen de sus demás compañeras de septenario en que tienen nombre propio: La semana de Pasión, la semana Santa, la gran semana de San Sebastian... Emula de estas la presente, aspira con justo t tulo á tener su antonomasia respectiva. ¿Cuál? Esa que proclaman en desconcertado concertante los silbatos de ciento y pico de locomotoras: La de vamonos! Véase la Prensa de estos d as y se verá la lista de emigrantes de la villa y corte, que viene á ser en este momento histórico la verdadera lisia grande. Han salido para tal parte los señores de Tal, y para cual parte las señoras de Cuál... etc. etc. etc. Antiguamente las personas de cierta categoría, que por illa teman opción á noticia y derecho á suelto, tenían la saHsFacción de ver co isignado en los papeles públicos sus llegadas; pero el progieso de los tiempos ha introducido en esto una novedad digna de mención. Hoy no se anuncian nuestras llegadas, sino nuestras salidas. Esta costumbre es altamente previsora, porque hay mucha fpnte que no se propone llegar, sino meramente salir. Muchai familias cursis de los antiguos tiempos, que vivían constantemente en la titánica lucha deJ quiero y no puedo, teman qu: gravar su conciencia con graves infracciones del noveno piecepto del Decálogo y decir que habían estado en las piaya- d: A ó en las ag las de B, cuando no habían pasado de Alcobwidas ó Villanueva del Pardillo; pero hoy pueden darse el lono apetecido sin faltar en un ápice á la verdad. Salen para Biarritz y se quedan en Torrelodones; pero no mienten, porque ellos para Biarritz salen, sino que no llegan. Es lo d- e aquel vago á quien la familia de su novia preguníaba por sus medios de subsistencia. -Yo salgo por unos cinco duros diarios. Y el hombre salía todos los días por ellos, sino que volvía á su casa sin haber encontrado ni dos pesetas. j p n vano se esfuerzan algunos entusiastas de la villa y corte en convencernos de que Madrid, tifus y viruelas aparte, tiene excepcionales condiciones para pasar en él deliciosamente las imperiosas vacaciones del estío. La gente se obstina en viajar, entre otras razones poderosas, por contribuir a la cultura nacional. No hay que olvidar el axioma que dice que los viajes instruyen mucho. ¡Y digo si instruyen! No hace usted más c uz proponerse via ar y empieza usted á aprender cosas. Va usted á la Central y pregunta, por ejemplo: ¿A qué hora despachan en la estación los billetes de ¡da y vuelta para tal parte? -Todo el día. Toma usted un coche á la una de la tarde con objeto de tomar sus billetes para el tren gallego, con las horas de anticipación que previenen los anuncios, llega á la estación, y con efecto, el despacho está cerrado. Ya ha aprendido usted que en la Central no saben de estas cosas. En la estación pregunta usted á un mozo á qué hora despachan los billetes de primera de ¡da y vuelta, y el mozo le dice que no hay billetes de ¡da y vuelta para ese tren, y tiene usted que buscar un cartel v enseñar al mozo lo que hay soLre el particular. Por donde se ve que hasta los mozos aprenden con nuestros viajes y se disfruta de la satisfacción que proporciona el convertirse uno de ignorante preguntón en maestro de los mozos catedráticos. Luego entra el capítulo de la amenidad: las sorpresas. En la estación hay tres relojes, y... cada uno tiene hora distinta. He aquí un pasatiempo de última novedad: dados los tres relojes de la estación, averiguar á qué hora sale el tren de las 19 y i5. Pero ¿no deben ir estos relojes con el meridiano? pregunto; y un golfo que oye mi exclamación, me dice guiñando picarescamente el oio v apuntando sucesivamente á las tres horas distintas: ¡Esta es para el meri- ésta para el di- y... aún queda otra... l decoraciones de Colirón sirvieron para las óperas de la última desastrosa campaña y anteriormente para las zarzuelas. El famoso Colirón, inocente y todo no le desagrada, aunque el lego (el leguito eterno de todas las zarzuelas, el que come mucho, bebe más, dice chicoleos á las mujeres y baila cuanto hay que bailar, ¡qué nuevo todo esto! descompone cuadros como la escena de amor, intercalándose en ella groseramente con una bota de vino. Pero llegan las famosas seguidillas, y ¡adiós zarzuela culta y regeneración del género chico, y consideración y respeto al público! Las señoras que lo son se sienten mortificadas. Y los espectadores de sentido común protestan por lo bajo, diciendo: ¿Pero hay autoridades en Madrid que prohiben una revista si en ella se alude á las instituciones monárquicas, y, en cambio, toleran que Riquelme cante coplas tan asquerosas, así como suena, tan asquerosas como la del cesante, la del gato, la de la leche, la del conejo, que atacan, no ya al buen gusto, sino á la decencia del respetable público? ¡Desgraciados autores, si por falta de ingenio tienen que buscar el aplauso de la galería con cantares pornográficos! ¡Desgraciados actores, si para hacerse aplaudir de la masa inculta no reparan en mortificar al público digno y sensato! ¡Desgraciadas empresas, que para atraerse los perros de la gente indocta toleran, merced al poco celo de las autoridades, que se canten couplets tan verdes ó más que los que se cantan en cafes cantantes y tabernas! Y el buen público protesta, pero en silencio, cuando su indignación y su sentido moral ofendido disculparían la protesta ruidosa y hasta violenta. Y puesto ya á soportar, soporta las bufonadas de Ontiveros, y el arte de Allens- Perkins, que consiste en no saber cantar ni tener voz, pero eso sí, en silbar muy bien con una tarjeta en los labios; pasa porque sean notables artistas mujeres guapas, pero sin gracia, á quienes, cantando, no las oye ni el cuello de su camisa (es verdad que no le usan, porque si lo usaran no habría escote) y cómicos como Riquelme, que no saben más que gritar, hacer gestos, bailar flamenco, cantar jondo é imitar lo inimitable. El buen público; tiene razón. ¿Hasta cuándo, señores del escalpelo, van á abusar ustedes de su buena fe, ocultándole la verdad y diciéndole que no vaya allí donde probadamente no debe ir, si lo que busca es arte y artistas, expansión culta y regeneración teatral? Hemos hablado del Lírico porque es el único teatro serio que está abierto en la actualidad. Conste además una cosa. Que no somos parientes, amigos ni enemigos de nadie de dicho teatro. Que no nos ha negado ningún favor la empresa. Al contrario. Cuando comenzó la temporada nos ofreció una butaca para todos los estrenos, y la contestamos agradeciéndola el favor y rehusándole, pero advirtiéndola que iríamos á los estrenos pagando nuestra localidad. Porque A B C no admite billetes de ningún teatro. Va á todos, pero pagando. iPues poquito que nos gusta nuestra independencia! C. Cuadros de la calle os que frecuentan el Ministerio de Instrucción Pú blica y 8: llas Artes, habrán visto á la puerta, entre los golfillos apiñados para avisar los carruajes, pedir limosna y vender los periódicos una niña sucia y astrosa que alterna en completa libertad con los pillet es. La conozco desde hace tres años; la primera vez que llamó mi atención fue en una tarde sombría de Diciembre; estaba parada en la esquina de la calle de Atocha, y un cielo nuboso, dejando caer pesada lluvia, parecía envolver la triste miseria de la niña desamparada. Me había resguardado de la lluvia en un portal, y desde allí miraba á la muchacha que, sin miedo al aguacero, corría detrás de los transeúntes, extendiendo la descarnada y morena manecita, escurriéndose con ejercitada agilidad debajo de los paraguas. En una de sus correrías se paró cerca de mí, y mirándome con inocente y descarada curiosidad, escondió la moneda de cinco céntimos que le entregué, entre los CARLOS LUIS DE CUENCA pliegues de su haraposa manga. La voz de una mujer resonó imperiosa llamando á la niña y exigiéndole el dinero que negaba haber recibido, hasta que, al fin, registrándola brutalmente, se apoderó de la moneda. 13 S TEATROS, LA La muchacha rompió en llanto, y como no corriese AUTORIDAD Y LOS m 1- valiente detrás de otros transeúntes, un pellizco y un sordo emESCALPELISTAS pujón la impulsaron de nuevo á cumplir su deber. r a e s p a ñ o a j s e g u n expresión de un poeta. ¿Que las funciones en los teatros del género chiAquella escena me produjo amarga impresión, y de co siguen empezando, y acabando, por consiguiente, una hora no haber desaparecido la infame explotadora, no hubiese después de la anunciada? Se aguanta. ¿Que el gobernador ci- podido contenerme para interpelarla duramente. vil, sea quien sea, dice que va á meter en cintura á las empreHan pasado esos tres años, y la pobre niña continúa sas por sus informalidades y á los revendedores por sus abusos, y deja á unas y otros hacer lo que les viene en gana? Se en la puerta del Ministerio ejerciendo la mendicidad. Ya no es la pequeñuela que vi el primer día, delgadita, calla. ¿Que los actores Je faltan a respeto con sus desplantes, sus morcillas y sus coplas? Lo tolera. ¿Puede darse más con el talle deprimido y alargado, los hombros estrechos, el cabello revuelto, salvaje como la cría de una bestia, buen público que el buen público madrileño? Es candido, resignado y confiadote hasta la exageración. las manos y el rostro quemados por el sol; sus ojos ¡Y cuidado que tiene motivos de agravio hasta con los seño- grandes, vivos, negros, inquietos y provocativos, reveres del escalpelo que no corresponden ciertamente á la lan toda la precoz insolencia de la vida abandonada y confianza aue en ellos deposita! Vov á demostrarlo con un viciosa donde va haciendo la evolución de niña en mujer. ejemplo: Con los pies desnudos, la cabeza descubierta y el vesSe estrena en el teatro Lírieo Bl famoso Colirón. Al día siguiente viene la crítica diciendo: La obra es muy bonita. tido desgarrado en jirones, revela el desgaire altanero de la libertad que ningún respeto puede quebrantar; los Constituye un exitazo. El público enloqueció de entusiasmo, porque vio en ella la tendencia regeneradora del género lla- movimientos rápidos de una servidumbre adquirida por mado chico. No hay en famoso Colirón chulos ni chulas, herencia y perpetuada en la miseria diaria. ni golfos, ni guardias, ni chistes verdes, ni retruécanos. Es La he vuelto á ver hace pocos días, á pesar de la ley canela pura. Riquelme está hecho un artista de cuerpo entero. de protección á la infancia, que al fin se ha promulgado Allens Perkins es una notabilidad cantando y declamando. entre nosotros setenta y nueve años después de existir ¡Y qué decoraciones tan nuevas! Y á los pocos días agrega, poco más ó menos: Decidida- ya en el Extranjero, y que no sabemos si será de las que mente el Lírico está de suerte. famoso Coliron, la preciosa se escriben y no se cumplen. Estaba la niña apoyada de y culta zarzuela de la temporada, llena el teatro. Además, espaldas en la pared y envuelta en los rayos del abrasado Ontiveros hace las delicias del publico. La notable tiple seño- sol de Agosto; la rodeaban unos cuantos muchachos, rita González obtiene un triunfo cada noche en Venus- Salón, compañeros de golfemia. No pude resistir al deseo de y Allens Perkins otro... hablarle, cuando tantas veces se había presentado entre Y el buen público se dice: mis recuerdos y mis reflexiones. -Vaya, pues esta noche al Lírico, á ver la culta y precio- ¿Por qué no me pides limosna? -le dije. sa zarzuelita de moda, á aplaudir los adelantos de Ontiveros- -Conozco á usted- -rae respondió, -y me da very Riquelme y el arte de la González. Dicho y hecho. Va alJLírico y empieza por notar que las güenza. -Si comprendes que haces mal en pedir en vez de trabajar, ¿por qué continúas así? -No puedo trabajar, porque ¡e hago falta á mi madre que está enferma. ¿No es aquella mujer que te pegaba hace mucho tiempo y que ahora tiene un puestecillo ambulante? La niña vaciló, y al fin dijo: -No, aquella es una vecina que no quería que malgastara el dinero. ¿Y ahora que haces? -Por la mañana vengo aquí, y por la tarde voy al campo á espigar. Y me explicó de qué manera una turba de chiquillos busca entre los rastrojos de las mieses recién segadas las espigas que caen de los haces y las desmedradas que escapan de la hoz, vendiéndolas luego por un pedazo de pan. ¿No has ido nunca al colegio? -No señora, le hacía falta á mi madre. ¿Te dan limosna los ministros? añadí, fija en la ¡dea de averiguar si la vista de aquella miseria había producido alguna impresión en la conciencia de los gobernantes. -A los nuevos no les pido... pero hoy ha estado aquí el marqués de Vadillo y me ha dado diez céntimos, añadió con alegría, ¿No sabes que hay una ley p a n qui ya no se pida limosna? -Yo no hago mal á nadie, y si no pido nos moriremos de hambre. -Trabajarás. -No sé; y si me encierran me muero y se muere mí madre, -añadió con terror abriendo mucho los ojos, como si quiera abarcar todo aquel horizonte en una protesta por su libertad. ¿Y si os protegen... La muchacha me miró con desconfianza, y escapó corriendo á sujetar la portezuela de un coche, retirándose luego lejos de mí, como si temiese aquella protección que ella no pedía, ni á su entender necesitaba. Me alejé tristemente, comprendiendo que la ley de protección á la infancia que nos han dado es muy insuficiente, y que los pensadores tendrán que proseguir la campaña con nuevos bríos para lograr no sólo reprimir la vagancia, sino proteger al niño en la gestación, en la lactancia, en las escuelas y en el interior de los hogares. Y mientras me abismaba en penosas reflexiones, volví la cabeza y contemplé á la muchacha recostada en la candente pared del Ministerio, cuyos ventanales de vidrio brillaban con los rayos del sol como cresterías de oro, elevándose el edificio con su mole inerte de una fría, muda é infecunda grandeza, mientras que allí, enfrente, en la sencilla estación del Mediodía, el tren se lanzaba rugiendo en busca de lejanos horizontes, alzando sn p: nacho de humo como si quiera incensar los aires y llevar á los cielos aquel vapor ceniciento, prueba del fecundo trabajo que redime á los puiblos y á las razas. Y entonces sentí u i soplo de esperanza acariciar mi frente, pensando qu: no importa que duerman las ideas en los templos creados para difundirlas, si la- conciencia del pueblo está despierta. Los pueblos que trabajan no mueren; la humanidad que progresa marcha siempre con paso firme por el cam no de las redenciones. CARMEN DE BURGOS SEGUÍ BjLSg. HJ IT t Vsaoa Ba L V a r o A COPLAS DE CIEGO Muerden los perros rabiosos que por los Madriles andan, y en busca de aire más fresco los políticos se marchan. Aunque esto la Prensa dice, también lo contrario pasa: hay perros que veranean y hay políticos que rabian. Víctima de la leche, el otro día falleció Rosalía intoxicada y al tiempo de morir quedóse fría. ¡Cómo no había de quedar helada, si la intoxicación de Rosalía se produjo con leche merengadal Como hoy día ve adornados los sombreros Paz Baeza con frutas á los dos lados v encima de la cabeza, peras, higos y uvas tintas ha plantado en su sombrero; total, tres frutas distintas sc- re un melón verdadero. Dicen que hubo un feroz terremoto el diez en Lisboa, y que sólo duró dos segundos, lo cual que me choca. Yo esperaba que los portugueses (que siempre exageian) nos dirían que lo resistieron dos horas y media. El miércoles en Torres del Condado un tren á Lucas Gómez destrozó, y el parte recibido en el Juzgado de asombro me llenó, pues tiene un parrafito que así empieza: El cadáver de Gómez, á pesar de tener aplastada la cabeza, 0 pudo declarar. JUAN PÉREZ ZUÑ 1 GA MADR 1 LEÑER 1 AS L irnimiri uaiu itrm mu