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-Hija, te daré lo que pueda... -y la díó unos perros. poco y conocer! o que aquellas perturbaciones significaLa muchacha se acercó rápidamente á otros que pre- ron en nuestra historia, para comprender que, en efecto, senciaban la escena y les rogó con ei mismo encareci- la publica opinión, tal vez inconscientemente, pero con miento que contribuyeran á evitar ia temida paliza. instintiva perspicacia, comprendía que Espartero persoUnos se negaron, otros cayeron, y la niña, ya menos nificaba en 1854 la aspiración más extendida en la Espacompungida, se alejó muy de prisa después de dar las ña liberal, y que en 1 868 había sido Prim el verdadero Deus ex machina de la conspiración, cuyo desenlace, por gracias. Dos días después otra niña, que puede asegurarse era curso accidental de los varios sucesos, se realizó en la idéntica á la anterior, perdía otra peseta en la calle de la batalla de Alcolea. No la ganó Prim, pero quizá sin la tenaz, la insistente, la perseverante labor previa de Prim, Montera, próximo á la calle de Jacometrezo. Los mismos llantos, análogas exclamaciones que la no se hubiera librado. otra Hña, el terror hacia la felpa materna y e! logro de La autoridad de Espartero en Julio de 1854 fu no recuperar ó de obtener la peseta por cuestación entre co- obstante, más indiscutible y menos discutida que la de cineras y transeúntes. Prim en 1868. Y cuando pretendía en otro lugar perder otra vez la Tenía la personalidad de Espartero mucho más reliepeseta una niña tan semejante á las dos anteriores, que ve que tuvo la del general Prim. Hallábase á mucha más podría afirmarse que eran una sola, alguien que había altura el exregente que ninguno de los políticos de su sido víctima ó testigo de las pérdidas anteriores, intervi- época, y en popularidad y en prestigio no existía entre no á tiempo de evitar que la obtuviese. sus contemporáneos quien, ni de muy lejos, pudiera com- -Mira, niña- -la dijo, -eso de perder la peseta pue- parársele. de suceder una vez, pero para encontrarla todos los días Hablo del hecho; ni lo discuto, ni lo analizo. Exponhay que trabajar como cada cual; díselo á tu madre para go sencilla y sinceramente lo que vi; no lo juzgo. que siga este consejo saludable. Los historiadores, cuando llegue su turno (que no ha Los que le escuchaban sonrieron maliciosamente; los llegado todavía) colocarán á cada uno de aquellos perque iban á caer recogieron velas, y la muchacha no sonajes en el sitio á que, en justicia y en verdad, tenga aguardó á más para desaparecer de aquel sitio, no muy derecho; yo no soy historiador, soy cronista. Refiero lo lejos del cual la esperaba una mujer que siguió el mismo presenciado por mí, lo que sucedió á mi vista, y tan escamino. crupulosamente me limito á desempeñar ese humilde paEs rigurosamente histórico. No faltarán lectores que pel, que ni aun consulto colecciones de periódicos de lo hayan presenciado como el que lo traslada á este pe- aquellos días, ni busco datos en la Gaceta; á solicitar auxilios de la memoria me atengo. Acaso de este modo riódico. deje lagunas en mí relato; tal vez, más aún, seguramente faltarán en él pormenores de mero trámite- -se trata de hechos que acaecieron hace muy cerca de medio siglo; -pero, en cambio, estoy seguro de no modificar con suQepito está enfermo. El médico sospecha que tiene gestión extraña las impresiones producidas en mi espíritu algún trastorno gástrico, pero no consigue que el por los acontecimientos. enfermo le enseñe la lengua. Era yo casi niño aún- -no había concluido la segunda- -Pero ¿por qué te resistes á sacar la lengua, si otras enseñanza. -Se habló de recibir al General, y allá nos veces lo has hecho? fuimos varios estudiantes á vitorearlo y á aclamarlo. No- -Pues... por eso- -dice el niño. -Ayer se la saqué estoy muy seguro de que supiésemos de veras por qué al profesor en clase, y no fue cachetina la que me dio! lo aclamábamos, ni de que tuviésemos por entonces opinión política; íbamos á la manifestación porque sí, porque iba mucha gente, porque se gritaba y se aplaudía, y CTUALIDADES DE ANTAÑO. SER- porque, muchachos todos, necesitábamos expansión para MÓN DE LAS SIETE PALABRAS... la alegría de vivir, y algazara y ruido y movimiento. EN JULIO Estoy viendo, como si lo viera entre sueños, aquella Muchos madrileños recordarán haber sido testigos explanada de la Cibeles, en la cual- -según la locución presenciales de las ruidosas, de las entusiásticas manifes- del vulgo- -no cabía un alfiler: habría aglomeradas entre parte del Prado y la calle de Alcalá mas de veinte mil taciones con que ei pueblo recibió espontáneamente, prescindiendo en absoluto del elemento oficial- -reduci- personas. La carretela donde iba Espartero de pie, adedo por aquellos días á la más mínima expresión, -en los lantaba con suma dificultad, abriéndose paso á duras pecomienzos de Octubre de 1868, al general Serrano, al nas entre la apiñada muchedumbre. De pronto el carruaje se detuvo. Va á hablar, va á general Prim, al marino Topete, á Castelar, á Becerra y a todos los que, mas ó menos directamente, con menor ó hablar dijeron algunos de los que se hallaban más prómayor eficacia, habían contribuido al triunfo del movi- ximos; y como por encanto cesó el vocerío y reinó resmiento revolucionario de Septiembre; movimiento inicia- petuoso silencio. do por la Marina, secundado por gran parte del Ejército ¿Qué podrá decir este pobre señor... me preguntay convertido en verdadera revolución merced al concur- ba yo mentalmente. ¿Cómo va á lograr que le oigan toso de varias causas, cuyo examen no es de este lugar ni dos? ¡Y qué ocasión es ésta de echar discursitos! de este momento. Pronto salí de dudas El General que, como he dicho, iba de pie en la carreSerán muy contados los que puedan hoy relatar de visu análogas manifestaciones, realizadas en 1854 para re- tela, acompañado por no recuerdo quién- -ni me imporcibir á Espartero, á O Donnell y á los doce hombres de ta, -dejó ver en su expresivo rostro una semisonrisa corazón que bastaron á D. Leopoldo para llevar á cabo peculiar suya, característica en él y que expresaba, por un cambio muy aparatoso de Ministerio; que á esto se singular contraste y á un tiempo mismo, arrogancia y bondad, candor y valentía, sacó de la vaina el acero, y redujo, en puridad, la llamada revolución de Julio. Yo, que- -no sé si por mi fortuna ó por mi desgra- blandiéndolo enérgicamente gritó con voz poderosa que se oyó á gran distancia: cia, aunque me inclino á creer lo primero, pues, suceda ¡Madrileños: esta es ia espada de Luchana! lo que suceda, nadie puede quitarme lo bailado, -preA esto se redujo la arenga. sencié los unos y los otros sucesos y aun tomé parte como ¿Se proponía Espartero decir algo más? ¿Pensaba actor en las unas y en las otras manifestaciones, declaro sincera y lealmente que ninguna de las organizadas continuar hablando? Ni entonces lo supe, ni lo sé ahora. Sé que el discurso terminó allí. Y juro que la acción, en 1868 pudo compararse con la improvisada para recibirá Espartero el 29 de Julio de 1854: ¡se han cumpli- la voz, la actitud y las palabras de Espartero electrizaron á las masas en tales términos y hasta en extremo tal, do precisamente estos días cuarenta y nueve años! Y, cosa extraña, lo mismo en 1854 que en 1868, el que aun pretendiéndolo él, no habría podido añadir á las instinto popular, cometiendo aparentemente notoria in- dichas una sola palabra. Ruido ensordecedor de aplausos, de vivas á la liberjusticia, señaló á cada caudillo, con la expresión del público entusiasmo, el lugar que de veras le correspondía. tad, á Espartero, al pueblo español, al vencedor de Después de la revolución de Septiembre, el hombre Luchana, surgió como oleaje de mar embravecido, y. el más aclamado era Prim; para él eran los vítores más rui- coche, no ya arrastrado por los caballos, sino impulsado dosos y más nutridos; en loor suyo cantaba el pueblo por multitud frenética, prosiguió su camino. Muchas ovaciones, numerosos triunfos he visto en mi aquello de ya larga vida; no recuerdo nada igual, ni aun semejante, En el puente de Alcolea á tal entusiasmo, que rayó en delirio. la batalla ganó Prim... Ni Emilio Castelar en sus más aplaudidos discursos, afirmación de todo en todo inexacta, pues ni Prim estuvo en Alcolea ni, por consiguiente, pudo tomar parte en ni Echegaray en sus éxitos más ruidosos, ni Gayarre en sus beneficios más celebrados obtuvieron nunca triunfo la batalla, ni mucho menos ganarla. Lo mismo podrían parecido. haber dicho que había ganado la batalla de Bailen. Compréndese bien que la manifestación del 29 de JuAlgo muy parecido á esto había pasado en 1854 con el general Espartero. Tranquilo residía este en su retiro lio no pareció bien á todos. ¡Nunca llueve á gusto de de Logroño, alejado de la política y hasta huyendo del todo el mundo! Los adversarios de la nueva situación política, y aun mundanal ruido y si no iba por la escondida sendapor donde han ido los pocos sabios que en el mundo han algunos defensores de ella, poco afectos á la prepondesido cuidaba de sus gallináceas, sin acordarse de que ha- rancia esparterista, procuraron ridiculizar el suceso, que algún zumbón, para hacer gracia en determinadas regiobía Ministerios en el mundo. Nada, absolutamente nada hizo enderezado á preparar nes, calificó de sermón de las Stete palabras de Esel alzamiento del Campo de Guardias; ni O Donnell ni partero. La ocurrencia hizo fortuna y quedó de repertorio Dulce habían contado con él para disponer aquella famosa revista de monturas, y de pronto hallóse convertido para los inventores de agudezas de o t r o s en la primera figura de aquel ensayo de revolución por ANTONIO S Á N C H E Z P É R E Z acuerdo tácito, pero claramente manifestado, de la opinión, atendida muy prudentemente por los altos poderes dd Estado. Periódico artístico Parece, á primera vista, que ambos hechos desautori 1 as preciosas notas de color que publica en su número de zan la máxima vox popitli vox Dei; pero basta meditar un mañana nuestro colega Blanco y Negro; sus curiosas in- formaciones fotográficas, entre lasque merece ser citada como notable en su género! a relativa al juego del lawn- tennis; sus cuentos esmeradamente ¡lustrados; sus poesías, una de las cuales lleva un verdadero cuadro hecho por Juanito Francés; y en suma, cuanto encierra el número, en el que se dedica buen espacio á las actualidades, consolida en Blanco y Negro la merecida fama que tiene de ser uno de los mejores periódicos artísticos del munáo. COPLAS DE CIEGO En París hay un sport que comienza á tener fama, y en el país del confort de la escalera se llama, según dice Rochefort. Y ayer, viendo á la carrera subir á su cuarto á Vera seguido por un inglés, dije: ¡Diablo! ¡Este sí que es el voort de la escalera! Si en América murió Galea el banderillero y hoy dice la Prensa: No. que está vivo aquel torero cuando de vuelta le vea la patria de Don Raimundo, bien puede afirmar Galea que viene dej otro mundo. Papas suelen llamar á las patatas, y ayer decía el andaluz Luis Matas: -Los del Cónclave hicieron la eleccí y juntos á comer no volverán; mas ¿sabes lo que llama mi atención? ¡El empacho de papas que tendrán 1 Ayer se fumó Zapata cien puros en Panticosa, y al verle exclamó su esposa; ¡Esto sí que es la sfumata! El paro general piden á voces ios obreros del pueblo catalán, y en Pobla de Grifols incita al paro un cartel que han mandado publicar. P e r o se ha equivocado el q u lo ha impreso y así dice el cartel que fijo está: ¡Obreros! ¡Es preciso que agrupados promovamos el parto general! JUAN P É R E Z ZUÑIGA Burla, burlando... A w- -t w. Sueltos diversos C i g u e apretando el calor en Madrid, como en todas parres, y sigue la Villa y Corte sin más respiradero nocturno que los Jardines del Buen Retiro, no asequibles á todas las fortunas, á todos los gustos ni a todas las clases sociales. Y el Ayuntamiento, á pesar de los artículos del Imparcial y de crónicas como la de Sánchez Pastor en A B C tan fresco. Es el único fresco de Madrid. ¡Dichoso él! T V as pasados publicó la Gaceta la ley de Protección á la infancia. ¿En que se conoce que dicha ley se ha publicado? Precisamente en que por las calles de Madrid se ven los mismos cuadros de niños durmiendo en montón al lado de una persona qne pide limosna, ó de mendigantes que llevan para excitar más ia caridad niños á cuestas o de la mano infelices criaturas. TP e Allende Pajares es un precioso libro en el que el Con J de de las Navas, reputado, y muy legítimamente, como un buen literato, ha reunido cuentos muy bonitos y paisajes muy bien sentidos, todo ello de Asturias, el hermoso país de la riqueza y de la poesía de la Naturaleza. ALMANAQUE MEMORÁNDUM i E R N E S 7 San Cayetano, fundador; San Donato, obis -p O y mártir; San Alberto de Sicilia. La Misa y Oficio Divino son de San Cayetano. Rito doble, color blanco. Cuarenta Horas: Parroquia de San Míllán. SN fc 1800. Bolívar consolida la independencia de Venezuela. El día dura catorce horas y seis minutos. Luna llena T) á las cinco y catorce minutos de la mañana en Acuario. v C Á B A D O Santos Ciríaco, Largo y Smaragdo, mártires; San Pedro Fabro. La misa y Oficio Divino son de San Ciríaco y Compañeros mártires. Rito sencillo, color encarnado. Cuarenta Horas: Parroquia de San Míllán. 1901 El Gobierno francés concede la Legión de Honor á los pintores Madrazo y Rivera. El día dura catorce horas y cuatro minutos. O M I N G O 9 San Román, soldado y mártir; San Ju lian y compañeros mártires. La Misa y Oficio Divino son de la Transfiguración del Señor. Rito doble mayor, color blanco. Cuarenta Horas: Parroquia de San Lorenzo. Sv í Verbena de San Lorenzo en Madrid. 1901. Muere en Saigón el príncipe Enrique de Orleans. El día dura catorce horas y dos minutos. 1 UNES 10 San Lorenzo, mártir; San Diosdado; Santa Astenia, virgen y mártir. La Misa y Oficio Divino son de San Lorenzo. Rito doble, segunda clase: color encarnado. Cuarenta Horas: Parroquia de San I.oi cr. zo Fiestas en El Escorial. 1557. Batalla de San Quintín. El día dura catorce horas. No se devuelven los originales IMPRENTA DE BLANCO Y ECRO mi 1,1 1 nuir, 1 T I r nrirriHiirí rnntwrnwicTirni 1 1 m namnin nmi 1, HIT TM 1 1 1