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V x TZh CEKUO DE LOS ÁNGELES A doba no aman ni se ocupan de los toreros, ni el Presidente de la Audiencia, ni el Gobernado ni e Obispo, ni los ermitaños, ni con ellos, en fin, un gran numero de personas ilustradas y provectas. s i LA ERMITA DE LOS ÁNGELAS vi INTERIOR DE LA ERMITA Fotografías h. Alonso No s ha podido averiguar de cuándo data la erección de la ermita; se supone que no es muy posterior al M o nasterio de San Lorenzo de El Escorial. Y fundados en la semejanza que tiene la ermita con la iglesia parroquia! de Getafe, en cuyo término está enclavada, y deberse la traza de ésta al famoso Juan de Herrera, quien, como se sabe, tuvo gran parte en la construcción del Monasterio de El Escorial, atribuyen muchos la ermita del cerro de los Angeles al celebrado arquitecto. Cubren el cerro frondosas viñas y copudos olivares, oasis verdadero en aquella inacabable extensión que le rodea, casi siempre escueta de vegetación. Desde su altura se descubre junto a horizonte una faja blanquecina quebrada, envuelta en jirones grises de humo: es Madrid. üetafe Villaverde, Pinto, Valdemoro, los Carabancheles, Leganés, Vallecas, se dominan perfectamente desde lo que llaman centro matemático de España cuantos han tratado del famoso cerro. Nada se sabe acerca de la fecha en que se edificó la ermita, y nada tampoco de la época en que vivió un hijo ilustre de Getafe, D Juan Perigarzón, virey que fue de América, y general esforzado á cuya pujanza se debe la conquista de las banderas, que se guardan todavía, tomadas al enemigo en la batalla de Milán, según parece, y de los cañones que, fundidos, sirvieron para moldear las campanas que aún se conservan en la torre de la ermita. Es cuanto acerca de su pasado se ha podido averiguar. La veneración á la imagen y las prácticas religiosas que hoy subsisten, datan probablemente de la época en que fue instituida la ermita. La imagen de la Virgen de los Angeles es sacada en procesión y trasladada en un carro triunfal (que se conserva en la ermita) á la iglesia parroquial de Getafe, donde permanece desde su fiesta titular- -que ha sido anteayer- -hasta Pascua de Pentecostés, siendo entonces vuelta á su altar con las mismas solemnidades. Si hay sequía pertinaz, organizan también procesión de rogativa, poniendo como intercesora á la imagen citada y llevándola procesionalmente en el carro triunfal. 1 Al día siguiente pasamos por La Perla. Juan, el incomparable peón hermano de Rafael estaba en la puerta, rejuvenecido, más grueso y más callado que cuando venía á Madrid. CARROZA PARA LLEVAR A LA VIRGEN DESDE GETAFE ¡Como hizo tantas buenas obras el Jlbueío, la hermana de la Caridad de los pobves la gente baja venera su memoria y quiere á los suyos! ¿Luego el Guerra seguirá el ejemplo de su gran maestro... -Rafael no es espléndido; guarda y aumenta su importante fortuna, que le hace ser uno de los primeros contribuyentes de la capital. Ya es Don J afael Guerra, con palacio, cortijos, dehesas y grandes fincas, el propietario que preside reuniones de labradores y que en administrarse lo hace tan bien como antes mataba oros. Tiene su espléndido club y su gran partido; por las noches, su tertulia- -en ¡a que él dice siempre la última palabra- -es la más numerosa del paseo del Gran Capitán. Allí está de diez á una de la madrugada, con su sombrero blanco, su chaqueta corta, sus brillantes en la pechera y su grueso bastón, presidiendo ocho ó diez mesas que rodean, llenos de orgullo, varias docenas de admiradores. Los Molinas forman tertulia, partido separado, y en su gran corro, allí inmediato, no se habla más que del Abuelo, del inmenso artista que ya no existe... RAFAEL MOLINA LAGARTIJO (ÚLTIMO RETRATO) -Ahí ar lao está mi chiquillo; él le dirá á osté lo que aquí jacemos... Naa: pasa la vía á trago y con un caló... ¡pero jace má en Madrí, cámara! Toqué mi sombrero y, efectivamente, ardía. El bochorno era de hoguera y el aire no se podía respirar. Madrid, comparado con Córdoba, es el mismo Guadarrama. Los Molinas en Córdoba I 1 UÉSPED en la ciudad moruna al cumplirse justamente los tres años de la pérdida del Gran Califa Lagarlijo, recordemos al muerto, no ya en sus faenas ni en su sublime arte- -que sería inocencia, -sino en su alargada y popular familia. ¿Quiere usted encontrar á Juan Molina? Pues no deje usted de pasarse por el café de La Perla. Allí stá el hombre, el famoso banderillero, acompañado de sus hijos, de algunos parientes y de muchos íntimos, de diez á doce de la mañana... -os dirá cualquier transeúnte á quien preguntéis á vuestro paso. -El caballero puede evitarse la molestia, porque hoy se ha ido al campo, á sus posesiones... -también os advertirá, de la misma manera y en la misma calle, otro amable cordobés. -Sí; pero pué vé a Rafaelito, ¿oye? -Rafaelito torea hoy en Málaga, y pasado en San Lucas, y el 2 en Lisboa... ¿no estás enterao? ...Sí, señor, que es verdad; y dispensa, compare, ue, me había equivocao de mes... Y se despiden de usted estos dos mortales dignos y orgullosos por haberos hecho un gran favor. Confieso que ante estos y otros parecidos excesos de Jos descendientes del Gran Capitán y de Séneca, quedé entristecido y no salí de mi asombro hasta que Emilio Miranda, el famoso Secretario, me aseguró que en Cór- Fotosnifíns T. Molina GRUPO DE LOS MOLINAS DE CÓRDOBA. EN ÉL ESTÁN JUAN MOLINA, SU HIJO RAFAEL, SU HERMANO MANUEL, SU SOBRINO CONFJ 1 TO EL SUEGRO DE ÉSTE BURRANCO RECALCAO Y CH 1 QUIL 1 N ADEMÁS DE OTROS PARIENTES QUE NO FIGURAN EN EL TOREO