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que tiene una hija llamada Eulogia, primer premio del Conservatorio en el ramo de Declamación. En ¡Cuan fugaces son las glorias de este mundo! cuanto entra un nuevo secretario particular, ChinLos que ayer disfrutaban las delicias del cargo chorro entra á verle y le dice: oficial y se veían reverenciados por los subalter- -Suponiendo que se halle usted dotado de la nos y atendidos con cariñosa solicitud por ujieinteligencia necesaria para distinguir lo malo de lo res y ordenanzas, viven hoy en la sombra del modesto hogar, huérfanos de toda consideración y bueno, me permito invitarle á visitar mi humilde domicilio, con el ojéelo de que oiga usted declamar privados de todo arrullo. á mi hija Eulogia. Mientras no surge la devastadora crisis, el se- -N o sé si tendré tiempo... cretario particular del ministro es una especie de- -Puede usted ir á la hora que guste, bien sea prelado con chistera, ante el cual se humillan los por la mañana, tarde ó noche. ¡Va usted á ver una creyentes fervorosos. Para él son todos los halagos y todas las atenciones. Su voluntad es ley actriz de ríñones! Dice la carta del Tenorio como del reino; sus chistes producen explosiones de las propias rosas. Lo único que la perjudica un risa y espasmos de regocijo; su tos siembra la tanto es la gordura. Anteayer la pesamos, y arrojó ochenta y siete kilos y medio. amargura en el pecho de los subordinados. Yo he conocido un secretario particular en el- -El señor secretario ha tosido, -exclaman los ejercicio de sus funciones, que era amado por toescribientes mirándose asustados. Y acuden á preguntar á su jefe si se ha indis- dos, reverenciado por muchos y cuasi besado por algunos. Oficiales, escribientes y porteros hacían puesto. de él elogios inconmensurables, y por tener, has- -No, no es nada; exceso de trabajo- -contesta tenía un jefe de negociado que le cortaba los ta él. -Esta vida de constante trajín tiene necesacallos. riamente que ejercer influencia sobre los bronEl buen señor tuvo necesidad de dimitir, y desquios. Hay una tos característica que llaman los médicos tos de secretario particular producida de aquel punto y hora, todo su poderío, toda su por los esfuerzos que tenemos que hacer para in- importancia y todos sus méritos vinieron á tierra estrepitosamente. terpretar fielmente los deseos del ministro. -Vaya, adiós, señores, -dijo á la hora de la- -Cuídese usted, D Pepito, -dice un escripartida. biente con vo temblorosa. -Abur, -contestaron sus exaduladores con- -Sí- -añade otro, -no caiga usted enfermo, desabrimiento. ¡por María Santísima! Media hora después regresaba á su antiguo des- -No ha habido nunca en esta casa un secretapacho, donde había dejado por olvido un docurio particular como usted. -No es porque esté usted delante, pero el mento importante. Quiso entrar, pidió á un portero que le frandís que usted se vaya, vamos á quedar tristísimos. quease el paso... -Gracias gracias; retírense ustedes, -dice el ¡Y no le abrieron! secretario, sintiéndose zar de todas las Rusias. ¡Sic iranúi gloria mundi! No son solos los escribientes los que adulan al Luis TABOADA secretario. Adúlanlo también los oficiales, más ó menos jerárquicos, de Administración civil, y aun A S P E C T O S DE MADRID. LA HORA los diputados á Cor tes y senadores del Reino. El secjpet. ario particular, que despacha todos DE LA COMPRA Madrid ha despertado; es decir, Madrid entero, no. los días con el ministro, que recibe sus inspiraciones diariamente y ejecuta sus órdenes de pri- Todavía duermen muchos de sus moradores, ni más femera mano, puede influir de un modo indirecto lices, ni más ricos, ni más desocupados que los que ya andan por la calle. Aún duerme el millonario en su lecho en pro de los solicitantes. Por eso le jalean y le de plumas, y también duerme el miserable que hasta poco bailan el agua los de arriba y los de abajo. antes de lucir el alba paseaba sus andrajos y su hambre, Cada vez que ocurre una crisis y entra un husmeando la limosna que podría costearle su albergue nuevo procer á regir nuestros destinos, lo prime- de unas horas; duerme el ministro que estuvo hasta la ro que hacen los empleados es saber quién va á madrugada en su despacho, y duerme el albañil que, sin trabajo ni esperanza, anduvo días y días buscando desempeñar la secretaría. -Dicen que el nuevo ministro trae de secre- ocupación y ha visto que es inútil pretenderla; descansa de algún baile, tario particular á un tal Gómez, manchego, algo la gran dama que, al volverafeites y deshacertuvo que entretenerse en desvanecer postizos, y hoyoso de viruelas, bajo él... -exclama un fun- descansa la obrera que despertará pronto para ir á concionario, dando á sus palabras tono misterioso. sumir en el taller una belleza que se extingue por falta- -Gómez, Gómez... no le he oído nombrar de aire y de alegría. A todos esos los nivela el sueño: todos son ante él iguales, como si el sueño fuese el úninunca, -interrumpe otro. -A mí me suena ese nombre, -agrega un ter- co sociólogo capaz de hacer felices á los hombres. que sea pariente de Lucas, -dice un subalterno, muy gracioso, que es la alegría del negociado y tiene la costumbre de decir chistes todas, las mañanas de diez á doce. Cuando llega el nuevo secretario, todos acuden á saludarle respetuosamente. N o falta alguno que entra en el despacho, se pone en jarras, mírale de hito. en hito y rompe á reír diciendo: ¿Conque eres tú? ¿Conque es usted nuestro nuevo jefe? ¿Sabe usted quién soy yo? -No tengo el gusto... -Martínez, Martínez Trinchante, de Daimiel. Su papá de usted y yo, como hermanos. Todavía conservo un gato que me regaló la última vez que estuve en el pueblo. ¡Qué gato, digo, qué persona tan excelente es su papá de usted! -Gracias. -Pues sí; yo estoy en esta casa desde el año 97 sin ascender, y han pasado por encima de mí catorce ó quince de mi categoría; conque no te digo más, y permite que te tutee, Pepito, pues tu padre y yo como hermanos. Dicho esto, el visitante comienza á poner de oro y azul al secretario saliente. -No me gusta hablar mal de mis superiores jerárquicos, pero créeme: tu antecesor era muy mala persona. ¿Sí? -Y un imbécil y un desconsiderado. Además, ¡qué sucio! siempre estaba metiéndose cosas en la boca: los mangos de pluma, el raspador, el papel secante, el pincel de la goma... Éi ministro tampoco era hombre simpático... ¡y qué ortografía la suyal ¿Sabes cómo escribía Álava? Con hache. Para el desgraciado caído, todas son censuras en la oficina; para los nuevos, halagos y lisonjas. Pero la capital ha comenzado á tener vida y movimiento. No sé por qué, la gente toda anda á esa hora más de prisa: acaso por impulso natural de desent mecer los miembros después del reposo. Mujeres y hombres, pobres casi todos, marchan apresuradamente, con la vista baja, cada cual á lo suyo. No pocos de ellos y casi todas ellas, llevan una cesta colgada del brazo: se encaminan al mercado de sus barrios respectivos. Si se me permitiera un símil, diría aquí que el mercado es, para centenares de familias, la pizarra en que puede escribirse, aunque á veces no se escriba, la solución del más difícil de todos los problemas. El mercado es quizás, y sin quizás, el mejor observatorio desde el cual puede mirarse á la sociedad contemporánea. Por él desfilan todas las pasiones, todos los regalos, todas las desesperanzas; allí se compra la comida y allí se ve gratuitamente el germen de que se forman el robo y el desprendimiento, la hipocresía y el orgullo, el odio y el amor. Alguien ha dicho que la virtud era cuestión de temperamento; si los carniceros sintiesen la comezón del filosofismo, corregirían la frase contraponiendo á ella esta otra: para beatificar la conciencia, basta un cuarto de kilo de solomillo diario. Y si no queréis creerlo, encaminaos conmigo á un mercado cualquiera de Madrid. Los diferentes tipos que en ellos encontramos podrán dar sensaciones distintas, vistos aisladamente; pero todos llevan dentro de su cesta un idéntico manual de ciencia de la vida: manual sucio y viejo, manual lleno de aceite, manual despreciable que apesta á tocino, pero que es de los pocos donde pueden leerse sin salir engañado. Como centinela avanzado de la plaza de abastos forzosamente habremos de encontrar una casa de préstamos, en ocasiones dos, que frente á frente entablan despiadada competencia sobre cuál de ellas admite más despojos de los vencidos de la vida. La peseta es el mínimum de tipo de las tasaciones; menos de eso no dan: sería una porquería lo que tomasen pero hay que ver los Jotes de á peseta: vestidos de percal, camisas bastas de algodón, que á pesar de su exiguo valor, fueron el lujo y la alegría de la pobre enamorada que iba á hacer su nido... VIDA EN BROMA. LOS CAÍDOS Hay un Sr. Chinchorro, oficial de un ministerio, Sigamos. Os parecerá ridicula, p ero mas que risa m produce pena, esa mujer del manto largo, con facha en qne se mezcla la visión de la dueña de Lope á la hechura antipática de la beata de ahora. Bajo el manto lleva oculto un saquíto: al saquito van cayendo provisiones baratas de esas que no exigen ni grande desembolso ni grande fuerza digestiva. Esta tarde veremos á la compradora llevando por Recoletos á sus hijas, con sombreros floridos de confección casera, con los vestidos por vigésima vez reformados. Son bonitas y honradas las hijas; acaso son tontas. En su ambiente social nadie las miraría si no fuesen de ese modo, ya que no pueden jr mejor. Necesitan no comer para vivir. ¡Pobrecitas, las cursis! Allá va el encargado de la compra de un hotel de fama. Lleva á sus órdenes tres pinches que guardan lo que él pide sin regateos, sin hablar casi, como plenipotenciario que por fórmula trata con el embajador de una potencia amiga sobre cuestiones ya resueltas de antemano. Lleva en un dedo una sortija que daría de comer por mucho tiempo á las niñas bonitas y cloróticas de la alimentación vegetariana. Pero no es de su clase. Ni él quiere señoritas, ni quieren ellas cocineros. Por ahí pasa un mendigo que de puesto en puesto va buscando una limosna: acá un pimiento, allá un tomate, más lejos un insulto... Mientras, un perro vagabundo que también ha pedido limosna á su manera, moviendo la cola junto á dos ó tres puestos, comprende que es más práctico dar una dentellada á cualquier cosa comestible; va á entrar en una carnicería, lo ve el amo, le tira una pesa: la pesa que no ha dado al can da á un transeúnte en un pie, y el perro, sin aullar, sin protestar, sigue su ruta buscando nueva presa, mientras los hombres se pelean llamándose animales. Y continúa la multitud invadiendo el mercado, y el espacio se llena de un rum rum que aturde; y desde cada tienda, cada vendedor procura decir algo que atraiga la atención sobre su mercancía, y os salen al encuentro flacas y desgarbadas mujercillas, ambulantes verduleras que tienen el montón de cebollas que les queda como pretexto para explotar el vicio de lacayos y trasnochadores; y antes de que salgáis de allí desfilan ante vuestros ojos el inspector de policía tambaleándose por las continuas libaciones á que le convidaron los que hacen trampa con el peso; el señorito de la goma que ha ido allí á terminar la borrachera y se resbala y cae sobre un montón de frutas, y sale á escape entre silbidos y abucheo; la parrona que llega á última hora para llevarse á la mitad del precio lo que nadie quiso... Y cuando al fin abandonáis la plaza, sacando la impresión confusa de todas esas escenas y esos seres que o revelan un mundo de miseria y de barbarie, no encontráis más que caras satisfechas, caras sonrientes que llevan reflejada la solución del gran problema. Todavía, al salir del mercado, dudáis si es necesario luchar por la riqueza y la instrucción, viendo el silencio religioso con que se escucha al charlatán que, ante un pintarrajeado lienzo, desentierra la historia de la fiera corrupta, y viendo á la grasienta cocinera que ha sisado unos cuartos para ir al puesto de brillantes baratijas y comprar dos pendientes con dos culos de vaso, que quizás sean la envidia de todas las comadres de una calle entera. JOAQUÍN LÓPEZ BARBAD! LLO COPLAS DE CIEGO Me han dicho que JLacierva se propone limpiar de pordioseros las calles de Madrid... ¡Idea magna! ¡Propósito soberbíol ¡Con qué asombro verán los que á la corte vuelvan del veraneo que, en lugar de pedir, van los mendigos entregando dinero! Los que en la crisis reciente brevas lograron pescar, Jas sueltan temporalmente para irse á veranear. Mas no es raro que hagan esto buscando holgura mayor, pues sé que alguno en su puesto ha entrado con calzador. Fue tal el pescozón que ayer don Bruno dio á su niña Vicenta, ue llego á levantarle dos rampollos encima de una oreglia. Un marido desgraciado de figurilla asquerosa, á su hermosísima esposa malhirió el lunes pasado. Tras de nacer jorobado le jorobó sin cesar su mujer, y harto de estar hoy en el encierro frío, dice: ¡Basta ya, Dios mío; que esto es mucho jorobarl En el bacteriológico Instituto, cuarenta conejillos indefensos de la hidrofobia con el sucio virus fueron robados y vendidos luego. Lo chusco es que los pobres compi adores hipócritas serán sin querer serlo. ¿Por qué, lector? Porque estaran rabiando y estarán con la risa del conejo. JUAN PÉREZ ZUN 1 GA T 7II Ellini SI till U TÜI l i l i ID BFffln i r i r IÍIÜBT