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Mesonero Romanos, miliciano había que N oreunidas enforjarse ilusiones: las potencias europeas Verona tenían decretada la desaparición del régimen constitucional en España, y lo único que podía hacer el Gobierno era organizar una resistencia seria contra las tropas extranjeras. Y así, una de las resoluciones del Poder público á fines del año i8? 2 fue publicar un llamamiento al patriotismo para que aumentara el número de milicianos voluntarios, declarando que quienes no se alistaran por propio impulso tendrían que empuñar más tarde las armas á la fuerza. Por virtud de este requerimiento, el ilustre madrileño cuyo centenario se celebró hace pocos días, se presentó en el Ayuntamiento y se alistó en la milicia, contra su escasa aptitud bélica, su mediano entusiasmo y la oposición de su amantísima madre Esto ocurría en 3 de Diciembre, y el i. de Enero de i8? 3 el nuevo defensor de la libertad- -juntamente con otros ciudadanos, -destinado al tercer batallón de infantería, juraba la bandera en el paseo de Atocha, aprendía poco después la instrucción y montaba guardias y retenes. Declarada la guerra á los constitucionales españoles por Luis XVI) 1, las Cortes resolvieron trasladarse con Fernando Vil á Sevilla, esperando que un alzamiento nacional daría buena cuenta de los franceses que se preparaban para invadir el territorio. El 20 de Marzo salió de Madrid la corte, y tres días después las Cortes, sirviéndoles de escolta, entre otras fuerzas, dos batallones de milicianos de Madrid. A Mesonero Romanos le tocó quedarse con su batallón y con el escuadrón de caballería. Como Madrid quedó abandonado, las fuerzas de la milicia tuvieron que prestar muchos servicios de guardias, patrullas y demás, y hasta hubieron de rechazar una acometida de la partida realista mandada por Bessiéres. Así transcurrió un mes, hasta que sabiendo que las tropas francesas habían entrado en España el 17 de Abiíl y que avanzaban sin encontrar resistencia alguna, se resolvió poner en salvo los papeles del Estado, la artillería y las cenizas de las víctimas del 2 de Mayo. El día 2 í se pasó revista en el Salón del Prado al batallón, á los cazadores y al escuadrón de la milicia, y se convino en que dos secciones de aquella fuerza, mandafias por el jefe de la milicia, regidor de Madrid y futuro mártir de la libertad D. Pablo Iglesias, salieran al tíía siguiente para Cádiz, por Badajoz, custodiando las cenizas de los héroes del 2 de Mayo, los presos y la artillería, y que el resto de la fuerza, al mando de D. José Luis Amandi, saliera el 24 con dirección á Sevilla guardando nada menos que unos trescientos carros y galeras. Mesonero Romanos se encontraba en este último grupo. En sus Memorias de un setentón relata el insigne cronista el llanto de las familias y todos los incidentes de una despedida dolorosa, de que hacemos gracia al lector. No marchó Mesonero Romanos con el grueso del formidable convoy de papelotes, sino que, juntamente con otros compañeros, precedió á los demás para preparar alojamientos. Quizá esta circunstancia y la de ir regularmente pertrechado de dinero, hizo más cómoda y amena la marcha del flamante defensor de las libertades, pero no le libró de la lluvia torrencial, que duró desde el día 26 de Abril hasta el 2 de Mayo, ya trasmontada Sierra Morena. Tuvo suerte el destacamento de vanguardia de que formaba parte Mesonero. La Mancha era un hormiguero de pai tidas facciosas, que el 28 atacaron al resto de la columna, y ninguna de ellas acometió á los encargados de disponer alojamientos. Por fin, el 14 de Mayo estaban en las cercanías de Sevilla, donde esperaban á la columna los dos batallones de milicianos que salieron de Madrid el 20 de Marzo. En Sevilla estuvo Mesonero hasta el 1 2 de Junio, día en que las Cortes y el Rey salieron para Cádiz, en vista de que los franceses se acercaban sin que nadie se les opusiera seriamente ni se produjera el levantamiento nacional con que habían soñado los constitucionales. Los días que duró la estancia de los milicianos en Sevilla no fueron ciertamente de descanso, porque durante ellos hubo que sofocar dos intentonas de rebelión de los realistas, perseguir facciosos y cubrir el servicio de guarnición. A últimos de Junio apareció la vanguardia de los franceses en las inmediaciones de Cádiz, y el sitio de esta ciudad duró cien días. Durante ellos, la milicia de Madrid se condujo con verdadero heroísmo, prestando servicio en las avanzadas, resistiendo asaltos, realizando salidas y conteniendo sublevaciones de las tropas regulares. En todas estas andanzas estuvo mezclado Mesonero, teniendo el sentimiento de ver caer muertos, heridos y prisioneros á bastantes compañeros suyos. Firmada la capitulación por el duque de Angulema, se convino en que los milicianos rindieran las armas, conservando sólo el sable y pudíendo volver á sus casas, siempre que no marcharan por camino real. Los que carecían de dinero pasaron hambre en el camino, se vieron escarnecidos y maltratados en los pueblos, acabándoseles de desarmar á los pocos días, y encontrándose al llegar á Madrid con que estaban esperándolos los voluntarios realistas para obsequiarles con una paliza. Mesonero, afortunadamente, no pasó por trances tan duro gracias á su ingenio y á su dinero. Con otro compañero desembarcó en Málaga, alquiló unas caballerías, y en un pueblecillo de la provincia de Jaén, derrochando labia y serenidad, consiguió que el alcalde le expidiera un pasaporte en el que no constaba su calidad de exmiliciano. Circunstancia que le libró de insultos, malos tratos y de la paliza que le esperaba, como á los demás, en la puerta de Toledo. Tal fue la historia militar de Mesonero Romanos, y tal fue la jornada de la Milicia Nacional de Madrid, que duró desde Marzo á Octubre de 1823, jornada digna de ser ensalzada y recordada. EL ARRÁEZ MALTRAPILLO Jl ¡entras el luto oficial se reduzca á manifestaciones externas que no afecten para nada al bolsillo ni al estómago de los afligidos de real orden, no creo que nadie tenga autoridad suficiente para privar al prójimo de su salario. Otra cosa sería si esas órdenes ó súplicas se redactaran de la manera siguiente: Muy señores míos: Con motivo de la desgracia que aflige á nuestra patria, y como prueba de la sincera pesadumbre que abruma á los ciudadanos, todos los empleados públicos ceden tantos días de haber á favor de los asilos y hospitales. Dejen ustedes de cobrar los suyos, asociándose de ese modo á nuestra pena. Y no habría motivo alguno de protestas ni lamentaciones. SINESIO DELGADO Chismes y cuentos nciALM 6 NTE no hay corazones más sensibles que Jos de la gente de teatro. A nadie duelen las calamidades públicas, á nadie afectan las desgracias de todas clases como á los que viven de su trabajo sobre la escena. Los demás mortales podrán disgustarse más ó menos porque un pueblo se inunde, porque un barrio se queme ó porque deje de existir un personaje de importancia, pero no por eso abandonan sus ocupaciones, ni dejan de cobrar sus emolumentos, ni prescinden de la comida cotidiana. Los cómicos, los músicos, los comparsas, los carpinteros, cuantos intervienen directa ó indirectamente en los espectáculos públicos, se entristecen y apenan de tal modo por orden gubernativa, c, e dejan de trabajar inmediatamente, lo cual supone, para los que disfrutan tin sueldo de cuatro pesetas para abajo, que son los más, uno ó varios días de vigilia forzosa. Los que mandan le dicen: ¡Hola! ¿Vuestra misión consiste en divertir ó entretener á los demás? ¡Pues cuando los demás se afligen hay que quitaros la ración, para que lloréis con más ganas! C e desborda un río y se lleva por delante unas cuantas casas, dejando á sus habitantes en la miseria. En se guida se despiertan los sentimientos caritativos de la Nación y se conviene en la necesidad de remitir socorros á los inundados y de reedificar las casas hundidas. Pénense en movimiento los aficionados á bullir en esas cosas, que son ciento y la madre, se excita la conmiseración de las buenas almas y se nombran las comisiones correspondientes. Comisiones que tienen en el acto la misma luminosa idea: dar funciones teatrales y corridas de toros. Y allá van los autores dramáticos perdonando el importe de los derechos, los músicos de las orquestas tocando por amor al arte, los actores cediendo sus sueldos, los coristas, maquinistas, apuntadores y empleados de todas clases renunciando al pedazo de pan que debiera tocarles aquel día; los toreros exponiendo gratis la pelleja, y... Regino Velasco no cobrando nada por el billetaje y los carteles. Es la copla eterna. De ese modo se reúnen en un momento los recursos necesarios, y algunas veces más de los necesarios; los comisionados redactan y publican luminosas Memorias, queda demostrada la caridad inagotable del pais y resulta que los verdaderamente inundados son los cómicos y danzantes... f j ace poco ha muerto Su Santidad el Papa León XIII. Su muerte ha sido una gran desgracia, no sólo para la cristiandad, sino para la humanidad entera, y á todos los habitantes del mundo, creyentes y ateos, la pérdida del varón sabio y justo que dirigía la Iglesia católica ha rausado impresión dolorosa y profunda. Pero, con el alma embargada por el pesar, los empleados civiles, militares y eclesiásticos, desde los reyes á los porteros, desde los capitanes generales á los soldados rasos, desde los arzobispos á los sacristanes, han percibido sin la menor interrupción sus asignaciones respectivas; los industríales y comerciantes han continuado sus negocios como si tal cosa, y los obreros de todos los oficios han cobrado sus jornales. Pero los teatros de toda España se han cerrado uno ó varios días por súplica ó mandato de la autoridad, y los artistas ó juglares, cristianos ó herejes, que se acercaron á las contadurías en busca de las dos pesetas necesarias para su alimentación y la de los suyos, se encontraron con que el Gobernador estaba muy triste y les había suprimido las dos pesetas. De modo que cuando la autoridad siente deseos de llorar, los cómicos son los encargados de derramar las lágrimas, y cuando los gobernadores fuman, las compañías más ó menos cómico- líricas escupen. 1 j abrán tenido que oir los ayes y lamentaciones de to- dos los infelices, sucesores y herederos de los del carro de la muerte, que andan por esos pueblos de Dios interpretando á Echegaray en paneras y zaguanes, cuando se enteraran por el alguacil de que el Papa había muerto y no era cosa de distraer á la muchedumbre con El Gran Galeote A la honda pena que habrán sentido como buenos católicos, no habrán tenido más remedio que añadir el dolor material que ocasiona el alejamiento de las patatas y el bacalao con que se había soñado en un momento de locura. Y no digamos nada de los que hayan tenido la mala suerte de caer en una de esas provincias en que el gobernador no se ha conformado con menos de tres día de aflicción profunda. ¡Esos si qne se habrán mesado Jos cabellos y habrán rasgado stts vestiduras en señal de. duelol APUNTES FINANCIEROS Fija la vista en los intereses materiales, prescinde cas) siempre la Bolsa del aspecto político de una crisis y se preocupa principalmente de sus consecuencias económicas. Convencidos los mercados de que es indispensable llevar hasta sus últimos límites la política de nivelación y de economías, es natural hayan saludado con alza la formación de un Ministerio presidido por quien siempre ha defendido esas ¡deas. Ayudado por el Sr. González Besada, podrá el Presidente del Consejo, con entera independencia, implantar las reformas necesarias; su labor durante los meses de verano, aun sin legislar abusivamente por decretos, ha de convertir á los díscolos de la mayoría y hasta puede decidirles á prestar su apoyo á un Gobierno dotado de energía y de capacidad suficientes para resolver problema tar arduo como el de nuestra regeneración financiera. Así razona la especulación. Examinando la cotización de la víspera de la crisis y comparándola con la del lunes de la semana pasada, encontramos elocuentes diferencias: el Interior pasa de 96,97 á 78,25, ganando 1,27 por 100; el Exterior alcanza el cambio de 91, progresando 1,75 por 100; los caminos españoles suben en París á 206 los Nortes, ganando i5 francos, y á 3 s 6 los Zaragozas, con un beneficio de 16 enteros; el cambio, que estaba á 37,60, desciende á 36,5o. No pudo ser más significativa la acogida dispensada por el mercado al Sr. Villaverde. Al final de la semana resulta menor el terreno ganado. En Madrid quedaba el viernes el Interior á 77,60 y los francos á 36,70; en París cotizaba el sábado nuestro Exterior 90,33. Más que á las dificultades con que ha de tropezar el nuevo Ministerio, se debe atribuir este movimiento á la reacción natural producida siempre por realizaciones de beneficio después de una subida violenta. Esta reacción será momentánea; el proyecto del Sr. Villaverde para conseguir la baja del cambio, publicado por la prensa diaria, y sus declaraciones posteriores afirmando su predilección por las emisiones amortizables, han causado excelente efecto; el mercado tendrá suficientes fuerzas cuando terminen las realizaciones presente 1 para emprender con brío una nueva campana de alza. NOCTURNO MADRILEÑO T A orquesta ambulante ha formado frente á la ¡erraste I de Fornos. Los curiosos van apiñándose en círculo á su alrededor. El hombre del platillo lanza una mirada escrutadora á la concurrencia y parece satisfecho... Entre el ruido de los coches y la charla gárrula de los parroquianos, las oleadas musicales se deslizan flébiles, dulzonas... ¿Qué tocan? No lo sé, ni tal vez es posible averiguarlo. Mis ojos recorren la fila de músicos pintorescamente raídos, pero limpios, con ese aspecto dos veces triste de la penuria vergonzante. En la cara de todos ellos hay algo muerto. Son ciegos. No sé por qué me fijo, sobre todo, en el hombre del violón... Ahí está: la espalda apoyada en el fuste de un farol público que lo chorrea de luz municipal pobretona y temblequeante, abrazado al monstruo músico, cuya panza rasca, encorvándose de cuando en cuando. Apenas veo su cara depauperada y triste bajo el ala del sombrero deslucido. Pero recordaré siempre aquella mano nerviosa que se contrae en lo alto sobre las duras cuerdas, mano aterida y descarnada, mano de mártir ó de condenado... Entretanto la orquesta sigue gimoteando sus armonías lloronas en el ruido de la calle. Y el postulante comienza á recorrer la reunión, á pasar entre las mesas. La calderilla cae disonante en el platillo de estaño. Acabó la sesión. El grupo del sexteto desaparece en la sombra de la calle. Con la música á otra parte. Pero la silueta del pobre violonista sigue martirizando mi fantasía. Y mientras los amigos charlan, yo, obsesionado con aquel abrazo simbólico de la mendicidad y la música, me hundo en una meditación grave que tiene la ventaja de llevarme muy lejos del sitio y de la hora en que nos hallamos. En todos los países incultos los artistas son pobres; pero los desheredados de cada una de las artes viven ds modos muy distintos. El escritor pobre hace un libro y pide por favor que se lo compren, ó da bombos pagados, ó compone reclamos en verso que los comerciantes retribuyen por la cuenta que les trae. El pintor de bohardilla dibuja y colora esas tablitas dolorosas que venden por las calles y establecimientos públicos; hace carjcaturas en los cafés, dibujos para anuncios y carteles, co mercia, en fin, cambia sus trabajos por los ochavos miserables. El mismo escultor lanza al mercado esas figurillas de escayola, que los golfos venden por lo que pueden, y de cuyo producto son muchos á comer. Sólo el pobre músico indigente se detiene en medio de la calle y, después de resonar una melodía en su violín, pide sencillamente una limosna... Y es porque él no puede decir: Esto te doy á cambio de tu dinero Y, sin in i T nmr a ¡i rpir SUFBI m ¡muiinnira ÍFÍIM niiaiinfimniíi iirmirs 1 TUTI