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CRÓNICA, LOS DE ABAJO Después de la crisis ministerial, hemos tenido crisis municipal. El alcalde ha dicho que le importan más las grandezas de los de abajo que las pequeneces de los de arriba. La frase se hará célebre; tan célebre como aquélla otra relativa á la necesidad de barrer mucho y de barrer bien. La Casa de la Villa es, hace muchos años, un centro de elocuencia parlamentaria en que no falta algún apostrofe ó algún dicho que la historia perpetúa, como los pensamientos de los convencionales franceses. De aquello del barrido no quedó nada, porque moral y materialmente se sigue barriendo mal y poco; de este retruécano de grandezas y pequeneces, tampoco hay que aguardar mucho; los pequeños continuarán sin poder vivir en esta muy heroica villa; los grandes viven bien en todas partes. Pero es consolador que haya alcaldes que lancen flechas, como los Parthos cuando se retiran por el foro; esto crea opinión, según dicen, y el terreno queda preparado para que después de las flechas vengan las reformas. Pero las reformas ¡ay! no llegan nunca, y Madrid sigue convertido, municipalmente hablando, en un villorrio donde se vive de milagro y se muere más de prisa que en cualquier otra parte del globo. Quizás todo esto dependa de que aquí no existe el espíritu de localidad, que para lo político puede ser muy perjudicial y para lo municipal es siempre beneficioso. Los madrileños no forman cuerpo; los madrileños no sienten el amor al paisano; los madrileños no tienen un átomo de espíritu regional. Un hijo de Madrid en el Ayuntamiento es un milagro: ha habido Municipio que se componía, en su mayoría, de gallegos; otras veces toca el turno á los andaluces, y nunca á los madrileños. Habría que oir á los habitantes de otras capitales si les nombrase el Gobierno un alcalde que no fuera paisano de ellos; habría que oir á ciertas comarcas si la Casa de la Villa se llenase de forasteros. Eso no podría ser de ningún modo; eso no puede ser más que en la corte de España, que, por tener cierto carácter neutro, parece propiedad de todos los españoles, aunque en la mayoría de las provincias se fomenta el odio contra Madrid, suponiendo que aquí se gasta lo que ellos pagan para sostener las cargas del Estado. Y lo que sucede con los concejales ocurre con los diputados á Cortes; y para que nadie sea aquí madrileño, ni siquiera han nacido en esta villa la mayoría de los chulos y chulas que, según los que escribimos, parecen constituir la nota característica de la población. Hace falta, pues, que vengan individuos de otras regiones á interesarse por la prosperidad de este pueblo, y hasta ahora va resultando que no se interesan ó que hay un obstáculo insuperable para realizar aquellas mejoras de que gozan una porción de capitales en España y en el Extranjero. Esos de abajo, á quienes ha aludido en su frase el señor marqués de Portago, disfrutan en Madrid de los siguientes beneficios: Un vino caro que los conduce á la cárcel ó á presidio al menor abuso. Una leche que envenena por familias todos los veranos y no alimenta en ningún tiempo. Unas legumbres de las huertas de los contornos regadas con aguas inmundas. Un pan falto de peso ordinariamente y mermado en más de la mitad durante los períodos electorales. Un domicilio sin luz y sin ventilación en calles donde no llega la acción del Ayuntamiento para ningún servicio, por los cuidados que exigen la media docena de barrios del centro, que constituyen para la Casa de la Villa la población de Madrid. Un hospital q e es una vergüenza, desde el punto de vista de la higiene y desde otros puntos igualmente interesantes. Y por último, dentro de poco faltará también cementerio para los de abajo, cementerio, que es la mayor de las necesidades en Madrid, dado lo anteriormente expuesto, y la fuente de ingresos que mayores rendimientos debe producir en nuestra Casa de la Villa. Y todavía su desgracia los impide ser víctimas de otras deficiencias, porque no teniendo nada que se les queme, no saben cómo anda eso del servicio de incendios; y como no han tenido que comprar carne jamás, ignoran qué clase de reses se destinan aquí al consumo público. Los de abajo tienen una frase que agradecer al marqués de Portago. A los demás alcaldes, nada. Menos da una piedra, según el decir de las gentes; pero, desgraciadamente, novan á poder comer los pobres con la retórica municipal. Y los de arriba... los de arriba hace muchos años que se rien de las frases enérgicas y de toda clase de apostrofes más ó menos elocuentes. EMILIO S Á N C H E Z PASTOR ACTUALIDADES DE ANTAÑO. EL- MINISTERIO METRALLA Las jornadas de Julio de 1854 comenzaron en Madrid con una corrida de toros y concluyeron coii r ¿s al aire libre. Fue aquello una fiesta permanente de medio me interrumpida por un tiroteo que duró cuarenta y ocho horas. Como se comprende perfectamente, los ciudadanos que peleaban contra las iropas del ejército eran poces; los que, pasadas las horas de peligro, tomaron parte en las danzas y en el holgorio (ó jolgorio, como el uso admite, aunque no lo permita la Academia) fueron más numerosos; y los que hiriendo de héroes de las barricadas, acudieron armados á la gran parada con que se celebró el triunfo de aquel alzamiento, eran ya innumerables como los mártires de Zaragoza. ¡Y si vieran ustedes qué lindo y qué animado estaba Madrid por aquellos días, sobre todo por aquellas noches! Para formarse idea de ello, basta figurarse que nuestras verbenas de ahora, á cada una de las cuales corresponde bullicio y júbilo y algazaras en determinado barrio, ó en determinada calle, ó en las cercanías de ésta ó de la otra parroquia, se celebraran al mismo tiempo en todos los barrios, en todas las calles y cerca de todas las parroquias. Una verbena general: eso fue Madrid en la segunda quincena del mes de Julio de 1854. Como sí se hubieran organizado simultáneamente los festejos á San Antonio de la Florida (la primera verbena que Dios envía) y á San Juan, y á San Pedro, y á la Virgen del Carmen, y á San Lorenzo, y á Santiago, y simultáneamente los celebrara todo el vecindario. No había entonces arcos voltaicos (el alumbrado eléctrico no era conocido todavía entre nosotros) no se encontraban puestos de rosquillas, ni vendedores de santos de barro; pero sí se hallaban, como ahora se hallan, improvisados salones de baile interceptando la vía pública y obstruyendo el paso. Aquellos salones eran el espacio comprendido entre dos barricadas contiguas. Estas barricadas, algunas toscamente levantadas y otras construidas con sujeción á los principios de la ingeniería militar, habíanse convertido en especie de santuario donde se veneraba no la imagen de tal ó cuál santo milagroso, sino el retrato de Espartero, ó el de San Miguel (el general, se entiende, no el arcángel) ó el de O Donnell, Dulce, Serrano, Ros de Olano ó Messina, ó los de todos ellos. Esta semejanza subía de punto por la noche, pues aquellos retratos aparecían iluminados en altaritos, que daban al frente de la barricada aspecto de capilla. Y allí delante de aquellos cuadros rodeados de caprichosos y pintorescos adornos, ya de coronas de laurel, ya de ramos de flores, ya de cintas y banderas con los colores nacionales, bailaban al son de bandurrias y guitarras y al compás de las castañuelas, cuyo repiqueteo no cesaba nunca, los defensores de las barricadas y muchachas sandungueras y garridas que acudían á compartir con ellos las alegrías del triunfo, como habrían compartido las tristezas de la derrota. La masa neutra del buen j. ueblo de Madrid (que también había entonces masa neutra; más neutra y más masa que ahora) salía todas las noches á visitar las barricadas, con la curiosidad misma y el mismo afán con que en las fiestas reales salían á ver las iluminaciones, reducidas á unos cuantos vasos de colores con lamparillas dentro y combinados con más ó menos arte y menos ó más gracia. Aquellas fiestas, aquellos bailes nocturnos y callejeros, aquella decoración anormal de la villa y corte que parecía por una parte campamento en víspera de batalla, y por otra romería de un santo patrono, duró, como he dicho, quince días. De esos quince días, solamente en dos hubo Gobierno constituido: el Ministerio Metralla, cuya Presidencia, juntamente con la cartera de Marina, desempeñó el duque de Rivas, y en que fueron ministros: de Hacienda, Cantero; de Estado, Mayans; de Gobernación, Ríos Rosas; de Gracia y Justicia, Gómez de Laserna; de Guerra, Córdoba; de Fomento, Roda. Un solo Consejo, uno sólo, aunque tan largo como su vida ministerial, celebró aquel Gobierno. Reunidos estuvieron sus miembros, y sin darse punto de reposo, desde la madrugada del 18 de Julio hasta la noche del 19. Triunfante ya la revolución, consideraron inútil y aun perjudicial para el país, sobre ser para ellos peligroso, la continuación en un mando que no ejercían, y presentaron sus dimisiones. Fuéronles admitidas, y el general Espartero quedó encargado de la formación del Gabinete. Si bien, por hallarse á la sazón ausente de la corte el exregente é ignorarse cuándo podría encargarse de su delicada misión, fue nombrado ministro de la Guerra interino el general D Evaristo San Miguel, muy popular en Madrid por aquel entonces. En poder del pueblo armado estuvo Madrid hasta el 3 1 de aquel mes, en que fue nombrado el Ministerio definitivo. Espartero, que había llegado el día 29 á Madrid, formó el signiente Ministerio: Presidencia, Espartero. Guerra, O Donnell. Estado, Pacheco. Hacienda, Collado. Fomento, Lujan. Gracia y Justicia, Alonso. Gobernación, Santa Cruz. Marina, Allende Salazar. Y desde Agosto, disueltas las Juntas revolucionarias, deshechas las barricadas, en orden relativo las cosas, comenzó á normalizarse la marcha de la política. Espartero, que después de ser llamado por la Reina, se trasladó á Zaragoza y á Barcelona, tardó muy cerca de dos semanas en acudir al llamamiento. Resumió entonces su programa en la famosa frase que ha pasado á la Historia: Cúmplase la voluntad nacional. Doce días esperó á que esa voluntad se manifestase. Durante esos doce días el pueblo permaneció arma al brazo, esperándolo tranquilamente. Debió de presumir que la voluntad nacional, ó no existía, ó estaba reducida á que él fuese Ministro. Pero, vamos, que Madrid estuvo muy divertido y muy animado en esos días, ¡Lo que bailaron aquellas buenas gentes! ANTONIO S Á N C H E Z P É R E Z JT 1 JV lENTIDERO GRAFÍA TEATRAL. CH 1 SMO- -Ya habéis visto que después de una larga y provechosa campaña en Oviedo, Jumilla, Salamanca, Infiesto, ztc, se encuentran á la disposición de las empresas los distinguidos actores de carácter Maura y Silvela, de más carácter desde luego el primero. -No me ha extrañado el fracaso. ¿Usted cree que se puede vivir con un repertorio rancio y gastadísimo? ¡Jmposiblel ¡Y eso que, principalmente Maura, tenía una clac formidable! ¿Y qué os parece, mi noble amigo, de la nueva compañía de verano dirigida por Villaverde? ¡El triunfo del Apóstol Santiago! ¡Cuatro primeros actores gallegos, y uno con tendencias! Los del jeito están de enhorabuena, y los concurrentes á la Virgen del Puerto también. ¡Cuántas veces bailarán las farrucas con Besada, Cobián, Villaverde y Bugalla sin saber qne son tales! -Poco les va á durar la breva, sin embargo. El actual Ministerio es un Ministerio de verano, que morirá con los primeros fríos, como La dama de las camelias. -También en Apolo hubo crisis. Salen Anselmo Fernández é Isidro Soler, cubriendo sus vacantes Duva! candidato impuesto por Orejón, y Luis Manzano. En el puesto de la López Martínez, que dicen irá al Teatro Cómico como base de compañía, viene otra tiple que aún no está nombrada. Carreras, Felisa Torres y Anselmo Fernández van á Santander, donde debutarán el 10 de Agosto, para seguir luego en Bilbao hasta Carnaval. Con el anterior terceto van la Rovira, actualmente en el Lírico, Concha Cubas é Ibarrola. La Brú y la Pino veranearán- en San Sebastián; Pinedo en la Rioja, y Mesejo con Isidro Soler, en lab ferias de Chinchón y Alcalá, laborando. Cuenta la empresa de Apolo para principio de temporada con La vuelta del rebaño, de Marquina y Gay; La sequía, de Miguel Echegaray y Jiménez, y otra zarzuela del propio Echegaray, con música del maestro Chapí. A última hora se dice que Joaquina Pino tampoco formará parte de la Compañía de este teatro en la temporada próxima. Esto es lo que se ha resuelto hasta ahora. -Lo que no parece resuelto, según mis informes, es el conflicto inevitable entre Thuillier y Fuentes, por mor del negocio de feria en Bilbao que tenia comprometido el segundo, cuando Don Juan se arrojó pretendiendo soplarle la dama. Hay quien asegura que hablarán los aceros; de ella, los dos- -por ser amos, y que tendremos comedia de capa y espada. -Pues, en el otro mundo las cosas siguen á pedir de boca para la compañía de Tirso Escudero La función á beneficio de Rosario Pino, en Buenos Aires, ha revestido los caracteres de una solemnidad. Todas las localidades del teatro se vendieron dos días antes á doble precio, se agotaron las flores, y los joyeros tuvieron que pedir por telégrafo repuesto- de alhajas. Benavente ha conseguido señalados éxitos. -A proposito de Benavente: ¿Sabe usted lo que prepara para la temporada próxima? ¡Una friolera! El dragón de fuego, en tres actos y ocho cuadros, para el Español; la acción se desarrolla en la India, y es, por su corte y confección, semejante á La noche del sábado; marido de su viuda, comedia en dos actos, con destino á Lara; una zarzuela cómica en tres actos, para debut de Quinito en el genero grande; una pieza en un acto, que se estrenará en Lara; una zarzuelita para Chapí: y, con la valiosa ayuda de Alfonso Danvila, un arreglo escénico de la novela Manon Lescaut, amén de algo que escribirá para Thuillier, que embarca con rumbo á las playas teatrales de Méjico á principios de otoño. Total, muy cerca de ¡dieciséis actos! ¡Asombra la labor de Benavente t o dos los años! ¿Cómo demonio se las compondrá nuestro admirable cronista para dar cima á tal empresa? ¡Cómo! ¿Lo ignora usted? ¡Pues hombre, según tengo entendido por algunos literatos amigos míos, todas las comedias se las envían, escritas en francés por supuesto, Lavedan y Donnay, y él no se toma más que el trabajo de variar un poco los personajes, cambiando el título de las obras, naturalmente! ¡Acabáramos! ¡Ya decía yo que él solo, imposiblel- ¿Va usted por los Jardines? -Siempre que hay estreno; y como la empresa, en su deseo de dar constante variedad al cartel, cuida mucho de que las obras no envejezcan, se puede decir que voy todas las noches, ya por la tonificante temperatura, sí que también por las operetas que con extraordinario lujo y espléndida mise en scene representa la compañía. ¡Ay, amigo mío, qué Carnet del diablo! ¡Ríase usted de las fajas y cinturones eléctricos que anuncian en la cuarta plana los periódicos! En la actualidad Bocaccio vuelve á la escena, y próximamente nos darán La pequeña bohemia, feliz caricatura de la ópera de Puccini. Y por hoy no va más. JORGE FLORIDOR La fiesta de Santiago GANTIAGO, patrón de España, es fiesta que toda la Nación celebra. Este año, por la coincidencia de ser sábado, la fiesta ha sido mayor, puesto que ha durado dos días. El cuerpo de Caballería también ha festejado á su patrono. A la ciudad compostelana habrá ido medio Galicia, y ya que ahora no ha podido ir, parece que en Agosto visitará Santiago S. M el Rey para hacer la ofrenda que, según tradición antiquísima, hacen todos los reyes españoles al Apóstol. En Madrid los edificios públicos han lucido las colgaduras y el Ejército ha vestido de uniforme. Esto por lo que respecta a la fiesta oficial; que la popular sabido es que se celebra eon la clásica verbena, en la que hacen su aparición las primeras sandías del año, y con lo que pudiera llamarse peregrinación He la colonia gallega á la Virgen del Puerto. Han tenido ambas fiestas la animación de siempre. La colonia gallega es en Madrid numerosísima. Hasta en el Gobierno se ve la preponderancia que tienen los hijo de íri- rrnr -n nu imff