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CIAS No contienen opio ni morfina. -2 pesetas frasco en todas las buenas farmacias 4 (3 BIBLIOTECA DE A B C BNTRE DOS PLANETAS 47 los reflejos de los rayos solares producidos sobre un suelo pantanoso centelleantes como brillantes estrellas, y no obstante, se distinguían con claridad en la penumbra de la gigantesca arboleda las variaciones de los matices más suaves. Sobre el marco de la puerta brillaba de tamaño natura el busto del inmortal k m filósofo marciano que había revelado á su planeta la doctrina de la Numenidad. Del lado de las ventanas florecían extrañas plantas. La más notable era la llamada Ro- Wa la flor bailarina, planta semejante al lirio, sólo que su larga vara iba continuamente meciéndose de aquí para allá con movimientos serpentinos y dejaba percibir al mismo tiempo un suave trinar como melodioso gorjeo de pájaros. Entre estas mesas había, de un lado una máquina de escribir, y del otro un aparato dedicado á resolver los problemas más difíciles de las matemáticas. Las ventanas llegaban hasta el piso de la habitación. Parecían, sin embargo, estar revestidas con un tapiz hasta la altura de un metro, pero este tapiz relumbraba con resplandores verdes obscuros y se mecía suavemente de arriba á abajo, y á veces brillaban en él peces de tamaños mayores y menores, golpeando con sus cabezas contra los cristales. Era el mar, que se asomaba al interior de la estancia. El cuarto se hallaba en la parte exterior de la isla que habian vislumbrado en el Polo Norte los infelices expedicionarios capitaneados por Torm. Pero esta colonia de los marcianos no estaba sobre una isla natural. Habían construido en el mar interior del Polo un islote artificial, mejor dicho una balsa flotante de grandes dimensiones, que debía soportar el campo de los inmensos electroimanes que servían para balancear la estación exterior y establecer por medio de ella el campo abar. En el interior de la balsa gigante, construida en forma anular, estaban las maquinarias y los aparatos, mientras que la parte exterior servía de habitaciones y de almacenes para las provisiones y herramientas que iban acumulando allí los marcianos, preparando así la conquista de la Tierra desde el Polo Norte. Por la escalera que conducía desde el tejado de la isla al corredor y á las habitaciones vecinas, bajaba una figura femenina. Apoyándose en el barandal, se movía penosamente, como oprimida bajo un peso enorme. Dolorosamente se encogía cada vez qjie tocaba con el pie el escalón siguiente. Siguió con la misma penosa dificultad por el corredor, asiéndose igualmente con am- bas manos á una de las barandillas que guarnecían á éste. Llegando á la puerta de la habitación la tocó, y en seguida la puerta se enrolló en sí misma sin producir el menor ruido. Tras de ella volvió á cerrarse la puerta silenciosamente y sin ayuda alguna. Entonces cambió de pronto la actitud de la persona, Se enderezó ágil y robusta. Con agradable movimiento irguió la cabeza y respiró varias veces profundamente. Resbaló algunos pasos por la estancia, no ya inclinada y penosamente, sino como flotando, y en actitud graciosa salvó el trecho que la separaba de la mesa. Allí observó la esfera que indicaba la presión en el cuarto, y el alegre destello que pasó por sus ojos reveló su contento. Corrigió levemente la manecilla que servía para regularizar la gravedad reinante en z- habitación. Un ramal del campo abar permitía á los isleños adaptar sus habitaciones á las condiciones de gravedad necesarias á su constitución. La gravedad en Marte es una tercera parte de la gravedad en nuestra Tierra. Con suave movimiento se quitó en seguida la capa que cubría sus hombros, y cuidadosamente la tiró á lo alto desde el punto en donde se hallaba. Desató la toquilla que traía á la cabeza en el exterior, y la soltó igualmente al aire, sin darle rumbo fijo. Al llegar á los guantes, oprimió un botoncito, y alzó levemente las manos con los dedos abiertos: solos se zafaron y subieron al aire. Todos los objetos tirados para arriba volaban hacia un rincón de la habitación, abrían una plaquita y se deslizaban por detrás de la pared en busca de sus sitios correspondientes, mientras la placa volvía á cerrarse. Estaban todos forrados con un tejido descubierto por los marcianos, que tenía la propiedad de ser atraído lo mismo que el hierro por el imán, aunque en grado infinitamente mayor, por un aparato construido al efecto. La fuerza, de atracción comenzaba á funcionar en el momento de abrirse el cierre que sujetaba las prendas al cuerpo, Dada la escasa gravedad que reinaba en la habitación, bastaba echar los objetos con leve empuje á lo alto; el guardarropa automático se encargaba del resto. Los marcianos se ahorraban así el trabajo de guardar sus cosas en orden. La construcción de los diferentes orificios por que pasaban las prendas mientras volvían á resbalar al interior del guardarropa, las dejaba automáticamente cepilladas y colocadas cada una en su departamento correspondiente, para volver á. estar á Ja mano, en cuanto hicieran falta. ni. -i i i n i i i i m aa rn m. I o, in IMIFF rnnirirrnra iiniii iiiranninnniiimsni rrm inci