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¡Santo cielo! -exclama leyendo el peliagudo anuncio la honrada Conciencia. ¿Adonde hemos llegado? ¿Qué carencia de sentido moral indica el hecho de que se considere lo encontrado en la calle tan propio del hallador, que sea preciso, para intentar recuperarlo, ofrecer más de lo que vale? ¿Qué pueblo somos, ó que pueblo creemos ser? Y aquí de los lamentos. Usurpadores de lo ajeno, ¡vive Dios que es negra mancha! Convencidos de que lo somos y resignados con ello, ¡á fe que es tenebroso pesimismo! De los dos males, ¿cuál escoger que menos duela? Y mientras la Conciencia se compunge y plañe y abomina, no sé qué diablo socarrón canta á grito pelado dos versos de una égloga: ¡Flérida, para mí dulce y sabrosa más que la fruta del cercado ajeno! Sorprendida la plañidera, calla, y el diablo la increpa: -Señora Conciencia: ya lo oís, antiguo es el mal, de rancio y aun noble abolengo, cantado en versos por un gran poeta, ni más ni menos ¡oh humana flaqueza! que uando Madrid no soñaba siquiera en ser capital de para servir de disfraz galante á un anhelo de amor. No España y estaba bajo la dominación de los árabes, os escandalicéis y oídme, que la filosofía de la Historia tenía, según cuentan las crónicas, baños muy notables es grande consuelo para vosotros los amigos á ultranza que le daban fama. del pasado y dados á respetarle hasta en sus picardigüeEstaban situados en la calle de las Aguas, que se ex- las y deslices. Aficionadillos á lo no legalmente adquirido tiende desde la de las Tabernillas á la de Don Pedro, y debieron ser nuestros abuelos, los buenos españoles en era tal la abundancia del líquido elemento, que después tiempos del Sr Garcilaso, pues que no halló el poeta mede servir para las abluciones de los que habitaban el cas- jor símil para ensalzar las gracias de la amada que las tillo famoso que tranquilizaba al rey moro, regaba con dulzuras del bien ajeno gozado á furto. ¿Meditáis, amiprodigalidad las huertas de Pozacho, que se hallaban en ga? ¿Acaso andáis buscando atenuantes, cuando no justificaciones, á la conducta de nuestros antepasados? Ya os la parte baja de la calle de Segovia. Mesonero Romanos, el insigne cronista cuyo centena- entiendo. Vais á decirme que entre los coetáneos de Garrio se celebrará pasado mañana, decía, hablando de ba- cilaso abundan los héroes; que aquél fue para España el ños, en la primera edición de su Manual de Madrid pu- tiempo de los guerreros vencedores; que en guerras, ya se sabe, vencer es apropiárselo ajeno... Tenéis razón. blicada el año 1831, lo siguiente: Son muchas las casas de baños establecidas en la ¿Qué nombre tendría en el Diccionario internacional la Corte de algunos años á esta parte. Las principales son palabra conquista, si para las naciones rigiese el Código las de la Victoria, en el café llamado de Lorencini; la Civil? de la calle de! Caballero de Gracia, la de la calle de Pueblo que vence- -me decís, -pueblo que merodea. Fuencarral, las de la calle de Jardines, la de Santa Conformes; por eso mismo no debe sorprenderos esto Bárbara, Plaza de Oriente, Guardias de Corps y otras, que entre nosotros acontece; somos hijos de conquistadonde según la mayor ó menor elegancia varían los pre- dores y conservamos la afición al botín... ¿Que pasaron cios de seis á diez reales cada baño. los héroes? ¿Quisierais, señora Conciencia, que todo lo Cuatro años después, en 1835, publica El Curioso Pár- hubiéramos perdido á la vez? Huyóse la esencia: ¡bentanle un donoso artículo de su Panorama Matritense, des- dito el tiempo que respeta el ánfora! Perdióse la canción: cribiendo las costumbres observadas en las casas de ¡bendito el aire que nos conserva el eco! baños, la larga espera en los patios, la entrada por rigu ¿Me llamáis inmortal? ¡Perdón, señora! Sé demasiado roso turno en los cuartos no muy espaciosos, y los mil- -ya lo dijo el poeta- -para no haber perdido la inocenincidentes que se desarrollaban al ir á tomar un baño. cia. Escuchadme hasta el fin. Decís y digo que somos Habla con este motivo de los del Cura, que eran los hijos de conquistadores: hijos y nietos; aquellos bueníprimitivos de la calle de Jardines; de los de Berete, en la simos romanos que nos dieron la ley á cambio del espoplaza de Lavapiés; de los de la calle de la Flora, lim- lio dejaron en nuestra sangre, junto con otros hervores no pios aunque mezquinos; de los antiguos de Santa menos dañinos y desazonantes, el amor á lo ajeno, y toBárbara, que pretendían tener propiedades medicinales; dos los preceptos de los códigos, murallas de papel con de las suntuosas pilas romanas de la puerta del Conde- que la civilización intenta proteger el artificio de la proDuque, y de los de la Estrella, que eran en aquel tiempo piedad, se hunden al paso lento y socarrón del alma sin el colmo de la elegancia. escrúpulos, que como agua mansa se nos pasea por el Los baños del Manzanares, de los que tomó asunto cuerpo... y después de hundirse se van tan á gusto, blanuno de los saínetes más aplaudidos de Ricardo de la damente llevados por la corriente. Vega, que desempeñaba admirablemente el inolvidable Consolémonos, sin embargo; no somos, por fortuna, Lujan, fueron anteriores á los de las casas, y deben su gente ambiciosa; que á serlo, ¿qué desmanes no hubiéorigen, según cuentan, á ttna embajadora de Dinamarca ramos cometido impulsados por este malhadado prurito en tiempos de Felipe que no pudiendo resistir los del goce extralegal, cuando pueblos moralísimos, germacalores de Madrid, hizo que sns criados le abriesen una nísimos y sajonísimos no saben en la ocasión contenerse? hoya en las arenas del río para refrescarse. No somos ambiciosos; nuestro atavismo conquistante se de las reservas tácticas, las estaciones de vías férreas, ó recíprocamente, viniendo áser un auxiliar importantísimo y trascendental en el flujo y reflujo de hombres y recursos que constantemente se establece en la guerra desde las bases de operaciones á las líneas de combate y de éstas á aquéllas. En el suministro de municiones de boca y guerra está llamado el automóvil, con toda seguridad, á desempeñar importantísimo papel, aminorando la extensión y la dificultad y lentitud de movimiento de los parques administrativos y las columnas de municiones, que hoy representan, nadie lo duda, un positivo adelanto, pero también un formidable escollo en los momentos de la realidad de la lucha, del que bien puede y debe preocuparse toda nación que atienda con interés al adelanto y perfeccionamiento en todas sus funciones de su organismo militar. Debe tenerse en cuenta que no sólo utiliza el ejército el automóvil destinado al transporte de grandes pesos (mercancías, municiones, vestuario, armamento, etc. etc. ó el construido para conducir un regular número de viajeros, sino también los de dos á cuatro asientos que suelen usar los turistas, que son de gran aplicación en los cuarteles generales y en los servicios que actualmente se confían á parejas montadas ó pequeñas patrullas. El automovilismo, comparado con la tracción animal que aún hoy se utiliza, resulta más económico, puesto que su sostenimiento no origina gastos más que cuando se utiliza, é implica supresión de ganado, arneses y piensos; acelera el transporte, permitiendo regularizar con precisión y exactitud los servicios; ofrece mayores recorridos, más velocidad y reducción de tiempo en las paradas; disminuye el número de carruajes y conductores en los parques y columnas móviles, y en éstas y aquéllos regulariza el orden de marcha, hace desaparecer las dificultades y entorpecimientos á que dan origen las enfermedades y pérdidas de ganado; y finalmente, economiza el tiempo, factor importantísimo en las operaciones militares. Como siempre, en nuestro país, dando pruebas de lo poquísimo que nos preocupa cuanto implica adelanto y progreso, hemos prescindido casi en absoluto hasta del estudio de cuanto se refiere con el automovilismo en el ejército. Considerando que esto es un grave error, en otros números expondremos lo más culminante del uso que en algunas naciones extranjeras hace el ejército de los automóviles. FERNANDO ALCAZARREÑO Tan primitivo procedimiento se emplea todavía. Las satisface con apropiaciones harto más inofensivas; bástahoyas se cubren con esteras viejas, y ya está instalado el nos á los buenos españoles con gozar en el seno del hobaño, del que se puede gozar por un precio muy eco- gar doméstico el papel y los sobres de la oficina, con nómico. disfrutar la franquicia postal, con pasar de matute ¡sport Entre los baños del Manzanares fueron famosos los emocionante! ora un capón, ora un cordero; con entrar de LosJerónimos; los de tos Cipreses, que recibían las pri- al teatro de balde, con leer de gorra los libros de los amigos. el sic de cceteris. ¿No es un consuelo, Concienmeras aguas, y muy populares los del Jlrco Iris. Cuando fuera de la Puerta de Alcalá se establecieron cia timorata, el considerar que nuestros pecados contra el los Campos Elíseos con su teatro 1 ossini- -donde cantaron séptimo mandamiento son, sí muchos, menudos, acaso Tamberlick y Vialellí, -con ría navegable, con salón de todos ellos materia parva? conciertos, donde los dio muy notables el insigne BarAdemás, ¿no pudieran ser todas estas pequeneces mabieri, y con otros atractivos, se instaló allí una notable nifestaciones de un amable comunismo, de un horror casa de baños; pero el colmo de la perfección en esta platónico, y hasta si se quiere cristiano, á la propiedad clase de establecimientos lo realizó el doctor Díaz Bení- individual? ¿No pudiera este afán á lo ajeno ser- -aunque tez, de simpática memoria, en sus Baños Árabes del ba- parezca paradoja- -forma peregrina del desinterés que rrio de Salamanca. contra toda modalidad de privilegio se revela? ¿No es En el Madrid Moderno son ya muchas las casas par- España el país por excelencia de los conventos? ¿No ha ticulares que tienen cuarto de baño, y se puede asegurar sido siempre el español de pura sangre el hombre de los que hoy no produciría tantas protestas el ministro que heroicos desprendimientos, maguer que el más aficionaestudiase una pila para remojarse al lado de su despacho do á la sopa boba? ¿No puede ser símbolo de toda nuesoficial, como las que mereció el marqués de Orovio tra moral de raza la ilustre figura del bandido generoso cuando decidió bañarse en el Ministerio de Hacienda. que robaba á los ricos para dar á los pobres? La hidroterapia ha adelantado mucho; el baño, el tub, Calló el diablo; pero la Conciencia, no convencida por la ducha, son cosa tan general y corriente como en otros las argucias de su filosofía marrullera, siguió planteántiempos la palangana, y la generación actual ha vuelto al dose el negro dilema: ¿Lo somos, ó creemos serlo y no uso higiénico del agua, que tan extendido estuvo entre nos importa? Y siguió preguntando: ¿Cuál de ambos los orientales, los griegos y los romanos, y que desapa- males escoger que menos duela? reció cuando prevalecieron las intransigencias y los fanaG. MARTÍNEZ SIERRA tismos de la Edad Media. KASABAL PERDIDA PÉRDIDA. -Se ha extraviado en la calle de Goya, entre las de Lagasca y Serrano, un portamonedas con una sortija: al que lo entregue en la calle de Goya, 10, se le dará una gratificación mayor que el valor del objeto perdido. Heraldo de Madrid. La santa de D. Práxedes DE JULIO, SANEl día de hoy era enanos TA P R Á X E D E S anteriores de gran sala para los vmucn monárquicos liberales. La Reina doña Cristina cumplía años (sigue cumpliéndolos, y así Dios haga que cumpla muchos) y D. Práxedes Mateo Sagasta celebraba su fiesta onomástica. Los deberes más elementales obligábales á telegrafiar á San Sebastián (casi ningún año ha dejado de estar en Miramar Su Majestad el día de sus cumpleaños) y á enviar una tarjeta á D. Práxedes. Es de suponer que hoy le dediquen un recuerdo cariñoso. Un año le cogió el día de su santo en San Sebastián. Era presidente del Consejo de Ministros y había ido á despachar con la Reina. Por la noche estaba contestando á los telegramas de felicitación que había recibido. Formaban un montón enorme. -Ya ve usted que mis amigos me hacen trabajar el día de mi santo, -me dijo. -Pero es un trabajo grato, porque cada despacho de éstos es un testimonio de cariño. ¡Es verdad! -replicó; agregando después de una paasa, y con aquella sencillez, candor muchas veces y otras ironía: -Menos mal que me coge de ministro, quz si no, mis buenos amigos me arruinaban para contestarles dándoles las gracias. -Pero cuando no es usted Gobierno tendrá usted qcje contestar pagando los telegramas. -Sí, pero cuando dejo de ser presidente no recibo tantas felicitaciones, -agregó con ana sonrisa que daba á entender muchas cosas. Muchas, y entre ellas seguramente la amarga verdad que encierran los dichos vulgares de en las alturas todo son galanuras del árbol caído todos hacen leña á moro muerto gran lanzada etcétera. En finas ironías fue maestro, casi más que en referir cuentos, que tanto renombre le dieron en las lides parlamentarias. Aunque más que cuentista supo ser despachurra- cuentos, con lo cual sus triunfos eran más decisivos. Romero Robledo, otro cuentista parlamentario muy temible, le acosaba una vez en el Congreso con la cuestión del proteccionismo de Gamazo y el librecambismo de Moret. -A su señoría- -exclamaba el batallador exministro- -le pasa con Gamazo y con Moret lo que le sucedía á un jardinero con dos perros muy fieros que guardaba. No tenía más que una cadena, y claro, si sujetaba al uno se le escapaba el otro... ¡Buen tonto era el jardinero! -interrumpió D Práxedes con la mayor naturalidad; ¿tenía más que comprar otra cadena? El cuento quedó despachurrado, desconcertado el orador y la Cámara muerta de risa. En otra ocasión, y el caso que cito viene como anillo al dedo en el día de hoy, discutía con un personaje político privadamente (por eso no cito el nombre) paseando muy despacio y haciendo frecuentes paradas para escuchar los cargos que le hacía su interlocutor, enemigo rabioso en política. -Desengáñese usted, D. Práxedes; sus intenciones son buenas, no lo dudo, pero los actos no corresponden á la verdad. No hay más que fracasos y desaciertos. Decididamente tiene usted el santo de espaldas. -No lo crea usted. Ni de espaldas ni de frente ni de ninguna manera, porque yo no tengo santo. i- -Yo tengo santa. En efecto; como queda consignado al principio, hoy, día en que el ilustre finado celebraba su fiesta onomástica, celebra la Iglesia no á u santo, sino á Santa Práxedes, virgen. ¿Se acordarán de él hoy todos los qae le telegrafiaban y enviaban tarjetas de felicitación en este día, más cuando era presidente del Consejo que cuando no lo era? ÁNGEL MARÍA CASTELL u LOS BAÑOS C